un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

lunes, 25 de febrero de 2019

en la oscuridad de la noche


en la oscuridad de la noche
se lanzan al cuello
a degüello
me pillan desprevenido
desarmado
me atrapan
me desgarran
me despedazan
creí que ya estaban olvidados
enterrados bajo tierra y polvo
quemados a fuego y lágrimas
ahogados en el fondo del mar
y de miles de mentiras
pero aquí están
han encontrado
algún resquicio
alguna grieta
algún agujero
y se cuelan en mis sueños
huelen sangre
y vienen con hambre
son tan reales como la muerte
tan crueles como la vida
tienen nombres y apellidos
rostro y heridas
y pasado
pero no envejecen
no hablan
no los puedo agarrar
son sombras reflejos humo
pero todo es tan real
todo tan lógico
todo tan cruel
todo tan negro
y sin luz al final de la noche
me dejan desamparado
en un mundo vacío
aterrorizado
despierto
aúllo con pánico animal
aprieto los dientes
aprieto los puños
me araño los ojos
intento respirar
y es como si tragara arena
siento como se rompen mis huesos
como tiran de mí
como me arrastran hasta su mundo
donde no existen
culpables ni inocentes
tampoco compasión
ni perdón

poema de jose pastor. colaboración en el periódico Irreverentes
 fotografía de Michael Ackerman

domingo, 24 de febrero de 2019

cosas que pasan en el mes de febrero que no veréis en las ciudades (2019)


cosas que pasan en el mes de febrero que no veréis en las ciudades (2019)
florecen los sauces los albaricoqueros los durillos
y las mimosas y los narcisos
con ese amarillo que parece el sol
y florecen también las amapolas y el tomillo
y canta la perdiz
y corteja la tórtola
y los mirlos y los estorninos y las currucas
y se ven las primeras salamanquesas y las primeras lagartijas
[en febrero sale la lagartija del agujero]
y el vuelo de las mariposas
añade más pinceladas primaverales
al paisaje.
y se apura la recogida de la aceituna
y se limpian los almendros y olivos
[árbol que se poda en febrero, tendrá fruto duradero]
y se queman las ramas de la limpia
y las hogueras y sus señales de humo
hacen que la sierra parezca un escenario de una película de indios y vaqueros
cuando los ojos pálidos
empezaban a preocuparse
y se podan las viñas
y algunos bajan al río
para ver si ha crecido
con el deshielo
y los días son más largos y el sol calienta
pero todavía es demasiado pronto para plantar
la tierra todavía no se ha calentado lo suficiente
pero se escarda, se cortan cañas, se apila estiércol
preparando la tierra la huerta los cultivos.
y en los bares, aquí,
se habla de las torres de alta tensión en el valle de Lecrín
[Di NO a las torres de alta tensión en el valle de Lecrín]
o del real madrid-barcelona
y de que viene la policía nacional para renovar el dni
o que se acaba el plazo para la declaración censal del ganado
y de las próximas elecciones generales
donde lo que más se repite es el
"yo voto a cualquiera que prometa subir el precio de la almendra"
o "voto a quien me de trabajo"
y en los pueblos el campo las montañas
por las noches
el cielo la luna las estrellas la oscuridad
se ven como nunca se verán en las ciudades.
es febrero
un mes loco, duro, de espera, embustero
[en febrero, un día sol y otro brasero]
un mes de carnaval
un mes que nos recuerda que todo es efímero
el invierno
la primavera
la vida

el poema es de josé pastor
la fotografía de Toni Catany

dos poemas de Araceli Pulpillo

"Vonlenska. Una historia finita" Araceli Pulpillo (Piedra, Papel, Libros)


SOY
Soy un conejo agazapaddo en una cuneta,
una señal de tráfico desconchada,
unos labios pintados en Grand Rouge o Rouge Impact.
Soy la mujer que te toca las manos grandes,
con sus dedos grandes, y quiere metérselos en la boca.
Soy el arañazo de una gata suicida.
Soy el último polvo en el asiento de un coche,
el beso desenfrenado a oscuras frente a un futbolín.
Soy la no-Karen del nunca-Hank.
Soy el Bósforo de Almasy en la escotadura supraesternal,
la espuma aromática en la bañera de Ben Saprut,
la última melodía de Joaquín Tenorio.
Soy una marca de nacimiento en el tobillo,
un lunar detrás de la oreja izquierda,
el crecer la hierba en el hueco de la pared.


FOTOGRAFÍA

Desde el parque de la Victoria
contemplamos menguar el atardecer otoñal,
sentimos un rumor vespertino
que ruge en el crepúsculo.
La fuente, atascada de hojas,
colorea el grisáceo frío de este paseo.

No advertimos vivir este presente efímero.
Somos jóvenes
y no sabemos que nos queremos.
Somos jóvenes
y no sabemos cuánto nos queremos.

La cámara inmortaliza lo que ya es pasado.
Aullamos deseos incontrolables,
estamos rodeados de olores, colores,
                             atmósfera envolvente.

Sonreímos a los ojos, a los labios,
a los árboles, al agua,
Sonreímos.
Somos jóvenes
y estamos hechos de maleza inmarcesible.

viernes, 22 de febrero de 2019

miércoles, 20 de febrero de 2019

cuatro poemas de Miquel Martí i Pol

 "Un día cualquiera" Miquel Martí i Pol (Nórdica libros)


He heredado la esperanza de los abuelos

He heredado la esperanza de los abuelos
y la paciencia de los padres.

Y de los dos, las palabras
de la cuales ahora me sirvo
para hablaros.

Me han dicho que el nacimiento me da derechos
inviolables.
Pero yo soy miedoso y siempre me siento
un poco alicorto y solitario.

Vivo en un pueblo pequeño,
en un país pequeño
y, sin embargo, quiero que quede bien claro
que esto que escribo lo escribo para todo el mundo,
y que para mí es como si el mundo entero
girase en torno al eje de mis poemas.

Deambulo a solas por las calles en silencio
y cada atardecer escucho el canto de las sirenas
desde la azotea de mi casa.


Me declaro vencido...

Me declaro vencido. Los años que me quedan
los malviviré en penumbra. Cada mañana
deshojaré una rosa -la misma-
y con tinta evanescente escribiré un verso
débil y nostálgico en cada pétalo.
Os lego mi sombra en testamento:
es lo más perdurable y sólido que tengo,
y los cuatro palmos de mundo tranquilo
que creo cada día con la mirada.
Cuando muera, cavad un profundo hoyo
y enterradme en él de pie, frente al mediodía,
que el sol. al salir, me ciegue el fondo de los ojos.
Así la gente que me vea exclamará:
-Mirad, un muerto con la mirada viva.


Descubristeis que en sólo un instante...

Descubristeis que en sólo un instante
puede amarse como en toda una vida.
Descubrísteis el gozo como una isla
desconocida que puede aparecer
ante la proa de la nave que os lleva,
una mañana ignorada,
por una ruta antigua.
Lanzáos ardientemente entonces
a la locura de amaros, ahora
que vuestro cuerpo es ágil, y haced trizas
el ánfora que conservaba el viejo perfume,
para aspirar de un solo golpe
toda su intensidad dominadora,
y quién sabe si morir después de la prueba.


Hablo del grito unánime...

Hablo del grito unánime
de la sangre y me reprochan
deslustrados prejuicios.
-Antiguamente...-, me objetan,
a mí, que soy viejo de siglos.

¿En qué polvorientas riberas
ordenáis las palabras?

Compañeros: libremos a las barcas
de tanta cuerda inútil.

Hay grandes ríos esperándonos.

martes, 19 de febrero de 2019

Los quehaceres de un zángano. Fernando Morote

reseña de "Los quehaceres de un zángano" de Fernando Morote en el periódico Irreverentes

"Los quehaceres de un zángano” es un collage de relatos, poemas, páginas de un diario personal, reflexiones, vivencias, recuerdos… 

“Los quehaceres de un zángano” es un puzzle autobiográfico y de ficción, de realidades y sueños, de historias y ajustes de cuentas, de esperanzas y necesidades… que el lector deberá montar para llegar a conocer y comprender al personaje central de la novela.

Federico Barrionuevo, el personaje principal de “Los quehaceres de un zángano” (Ediciones Erradícame, 2018) es un treintañero lleno de conflictos internos, que busca encontrar un lugar en el mundo, que busca darle un sentido a la vida, en un mundo que no entiende y no le entiende. Lo intenta de todas las maneras posibles, estudiando Derecho (como esperaban sus padres), abandonando los estudios para trabajar en trabajos no cualificados, apuntándose a cursos y seminarios de teatro o filosofía para dar salida a sus dotes creativas/artísticas, bebiendo y drogándose hasta perder el control… Finalmente encuentra una oportunidad en la escritura y en el amor (a Valentina). Federico Barrionuevo se enfrenta a su realidad, a sus frustraciones, a sus miedos, a su pasado y a su futuro, y al Perú de los años 90, agarrándose desesperadamente al amor y a la escritura. En esta lucha constante por reconstruir su vida, por darle un sentido a la vida, hay desgastes, incertidumbres, poemas, literatura, amigos, amor, ilusión… pero no lo tiene fácil, nadie lo tiene fácil, para encontrar ese lugar en el mundo que tan pocos consiguen.

Fernando Morote, autor de “Los quehaceres de un zángano” (y del poemario “Poesía Metal-Mecánica” altamente recomendable e irreverente), escribe con rabia, a veces hasta con rencor, con una prosa cuidada y directa, salvaje e incendiaria, a veces grosera e hiriente, siempre con ironía y originalidad. Fernando Morote gusta y busca provocar, perturbar, hacernos cómplices, hacernos replantearnos cuestiones y certezas, y en “Los quehaceres de un zángano” muchas veces lo consigue.

“En medio de esta febril actividad, pese a que muchas veces terminaba ahorcándome o apuñalando innecesariamente a alguien, empecé a sentir que si quería seguir sobreviviendo necesitaba seguir escribiendo. Había encontrado en el acto de escribir un médico, un sanador, un amigo íntimo que me consolaba y aliviaba mis heridas”

"Los quehaceres de un zángano" de Fernando Morote (Ediciones Erradícame)

sábado, 16 de febrero de 2019

tres poemas de "No hay nada que huya" de Joaquín Fabrellas


VII
Entonces fui la luz
el lento trueno
la pureza
la humedad en la lumbre
la niebla mística
e incluso la luz entre los árboles
quizá me hayáis visto y yo era vosotros

XXXIII
Yo fui un color
dios me envidiaba
mis fauces de perro sublime
pero nunca miré atrás ni adelante
permanecía en el único punto inmóvil
de la ausencia
allí empezaron a construir mi casa
mi casa no está hecha de viento

XXXVI
He olvidado vuestro nombre
y vuestro rostro
ensayad el silencio mineral
la pureza en la sábana
poner la silla y dar el salto
lloraré por vosotros sin lástima
¿no veis que soy inmortar?
Explicadme la huida
si no creíais en Dios
porque vosotros no podéis escribir
escribo yo
he hablado con el vendedor de biblias
me dio una navaja suicida
fue el único que me vio vivo


"No hay nada que huya" Joaquín Fabrellas (Piedra Papel Libros)

miércoles, 13 de febrero de 2019

cuatro poemas de Avelino Hernández


Marbella´s Summer Circus

Pasen, señores, pasen y vean:
la mujer con barba,
el enano forzudo,
el ternero con seis patas
y la llegada del Príncipe Shaf a su mansión
en la ciudad de Marbella.
3000 personas le acompañan.
300 mercedes de alquiler aparcan a la puerta.
1500 teléfonos móviles sonarán en se entorno
400 azafatas rubias han sido contratadas para los invitados.
Vean, admiren, vean
el equipaje del séquito que llega
en una flota de camiones de transporte internacional.
La casa, por cuya puerta el príncipe está ya entrando
está valorada en 27 millones de euros.
Hay además 200 suites reservadas en los mejores hoteles y villas
alquiladas por 180.000 euros al mes para los huéspedes. No, no,
por seguridad, esta vez no se han tirado a la vista del público los
habituales dólares entre reporteros, famosos en decadencia,
policías, el alcalde y los munícipes.
Pasen, señores, pasen y vean
¡Único!
¡Solo por veinte días!,
la mayor vergüenza de Europa
en el Marbella's Summer Circus.


Cita
Y ahora ya que los dos sabemos
que ser o no ser
no era un cita de Shakespeare,
nos queda hacer lo que mejor hacemos;
seguir queriéndonos.


Un bar cualquiera
Entre en el bar, un bar cualquiera.
Tenías en la mesa una cerveza, yo pedí un martín seco.
Me mirabas con ansiedad pero me sonreías.
“Cáncer irreversible; un año…”
“¡No puede ser! ¿Por qué?
Y los dos nos callamos.
Sólo acertábamos a no dejar de mirarnos.
Bebí vermú,
Bebiste cerveza.
Me tomaste la mano,
Te trencé los dedos,
Me acariciabas el vello del brazo.
Sin decirnos nada.
Nos levantamos.
(En otras mesas
A nadie le importaba)
Hiciste el gesto
De sacar el pañuelo
Y enjugarte los ojos.
Pero lo guardaste
En el tirante del sujetador.
Y los dos nos reímos.
Y nos dimos un beso.
Fuiste a pagar al mostrador.
Tomé la bolsa con lo que habías comprado
Mientras me esperabas.
Guardaste las vueltas,
Regresaste,
Buscabas la bolsa.
La tenía yo,
Me dijiste gracias.
Y salimos a la calle cogidos de la mano,
Sonriéndonos,
Para volver a casa.
Nunca ya aquel bar podrá ser para nosotros un bar cualquiera.
Ninguno de nosotros recordamos cómo se llama.


Confesiones
Cuando decidí entregarme a las mareas,
¡qué paz tan grande!
Un poco de tiempo aún y cenizas luego; nada.
Qué descanso, cuando decidí que me abandonaría al mar!
Pero aquellos días había llovido en la Sierra
y el torrente caía bravío en la cascada.
Me confesaste en la orilla:
"¡No puedo entender la vida sin ti!"
Y arrojaste al remolino el palo con el que jugabas.
Yo ya lo sabía.
Cuando, juntos, me ves callado en estas horas
es porque afronto el único dolor que aún no domino:
imaginarte sola.
"¡Pues no vayas!" -me rogaste, los ojos húmedos.
Y aquella tarde en el torrente de la marina de Valldemossa
decidí negarme al mar y a las mareas
porque no puedes entender sin mí la vida.

lunes, 11 de febrero de 2019

segunda colaboración (poética) con el periódico Irreverentes

cuando las salas de espera de las estaciones de trenes eran un buen refugio
las noches de invierno
cuando en Valladolid el frío es cortante como la muerte
la sala de espera de la estación de trenes
era un buen refugio
bajo techo
caliente y acogedor
sin maderos encabronados
sin fascistas apaleadores
sin ratas envalentonadas
allí
una docena de mendigos
entrabamos en calor
compartiendo vino y mentiras
colillas y desdichas
cartones y fracasos
la compañía y el vino
ayudan
algo
cuando estás en la calle
la compañía es una forma de engañar a la locura
al vacío y a las miradas de desprecio o indiferencia
y el vino calienta
y combate los silencios y los miedos

dormíamos como vivíamos
a trompicones
poco y mal
pero era un descanso
una pequeña tregua
en la pelea por seguir vivos

cuando amanecía
mendigábamos unas monedas
para tomar un café en la cantina
y sentirnos
por un instante
personas normales y corrientes
y mirábamos por el ventanal
-como si aquella cantina fuera el salón de nuestra casa-
unos trenes
que nos podían llevar
lejos de allí
y darnos una segunda oportunidad
de empezar de nuevo
en cualquier parte

pero nunca
subimos
a ninguno de aquellos trenes
y seguimos en la sala de espera
de estaciones
que han dejado de ser
acogedoras

mis colaboraciones en el periódico Irreverentes 

sábado, 9 de febrero de 2019

diez tesis sobre cómo desarticularon el medio rural y sobre cómo intentar recuperarlo


INTRODUCCIÓN: DIEZ TESIS SOBRE CÓMO DESARTICULARON EL MEDIO RURAL Y SOBRE CÓMO INTENTAR RECUPERARLO
Ascensión Igual es una de tantas habitantes del medio rural español que tuvo que dejar su pueblo para ir a vivir a una ciudad, Teruel. Nació, como casi todo el mundo hasta hace pocas décadas, en su casa, en la aldea de Los Baltasares. Pese a que su juventud fue bastante convulsa por la Guerra Civil Española, tuvo una vida bastante tranquila en la vecina aldea de Mas Blanco, en la que vivió toda su vida. Sin embargo esta aldea, como decenas de miles en todo el mundo, fue vaciándose poco a poco de gente en búsqueda de una vida aparentemente mejor en la ciudad. Pese a que se resistía, la falta de médicos y de servicios básicos en la zona, como agua, electricidad o un acceso rodado en condiciones, le obligó a emigrar igualmente. Fue la última habitante de Mas Blanco, una masada que hoy está casi deshabitada.
A principios del siglo XXI se difundió la noticia de que por primera vez en la historia de la humanidad, más de la mitad de la población mundial ya residía en ciudades, todo un hito en la historia de la urbanización y que fue anunciado como un triunfo del progreso y de la modernidad. Las luces de neón de la ciudad atraen cada día, especialmente en países pobres, a miles de personas que huyen del atraso cultural y material del campo. Es una historia que se repite una y otra vez: la historia de la urbanización y del capitalismo es la historia de la desarticulación de comunidades rurales e indígenas, y de sus economías.
El medio rural es un concepto difuso que se crea hace apenas un siglo para designar aquello que no es ciudad. Aquí lo entendemos como un conjunto muy heterogéneo de territorios vencidos, o más bien de territorios “de vencidos”: campesinos, masoveros, artesanos, pescadores o ganaderos trashumantes, por no hablar de la biosfera y el medio natural, han sucumbido a las lógicas del mercado y al capitalismo depredador de recursos naturales y generador de grandes desigualdades, especialmente entre campo y ciudad. Ello ha provocado una crisis sin precedentes de muchos de estos territorios rurales. Sin embargo, es evidente que no todos los habitantes del medio rural son vencidos:
una parte muy importante de las élites locales, desde propietarios latifundistas, grandes empresarios, especuladores, intermediarios comerciales, algunos representantes políticos o la propia iglesia han sido vencedores en el proceso de destrucción de las economías rurales y han participado, cuando no alentado, ciertas políticas favorecedoras de su desarticulación. No obstante, este libro se centra en los vencidos: las comunidades rurales de pequeños ganaderos, agricultores, pastores, jornaleros, menestrales, artesanos o pescadores, el estamento más popular de estas sociedades, que sin embargo han sido históricamente mayoría aplastante frente a terratenientes, burgueses, nobles o eclesiásticos.
En definitiva, esta obra se centra en la historia popular y sus tradiciones, que es la gran desconocida en la historia oficial de los pueblos (Algarra, 2015). Por esta razón hablamos del medio rural como un vencido, ya que su base social es la que ha sido sistemáticamente desarticulada.
No obstante, por otro lado el medio rural y natural sigue siendo irrenunciable para la condición humana y su supervivencia como especie. Es imposible, de momento, concebir una vida sin todos los servicios que nos presta. Pese al enorme progreso tecnológico que las sociedades capitalistas han desarrollado en el último siglo, pese a la intensidad del éxodo rural y de los procesos de urbanización en el planeta, y pese al grado de destrucción infligida en nuestra biosfera, seguimos necesitando a la naturaleza y sus recursos que aún existen y nos seguimos alimentando básicamente de los productos de la tierra, aunque grandes grupos de presión agroalimentarios intenten convencernos de que una agricultura tecnificada y modificada genéticamente, por lo tanto sin agricultores, es posible. Todo ciudadano necesita alguna vez en su vida servicios profesionales que normalmente se hallan en la ciudad, como una asesoría legal, fiscal, un notario o un psicoterapeuta. Pero desde luego, cada ser humano necesita comer al menos una vez al día, respirar un aire limpio, beber un agua con unas mínimas condiciones higiénico-sanitarias, e incluso, la tranquilidad espiritual que transmite un paisaje agrario, un bosque o un lago de montaña. Por esto el medio rural es un imposible vencido: unos territorios, unas formas de vida, unas relaciones con la naturaleza en crisis y decadencia en muchos lugares del mundo, pero absolutamente necesarias para la supervivencia de la biosfera y del ser humano, al menos hasta que no seamos capaces de colonizar otros planetas para hacer lo mismo que en la Tierra, o bien que seamos capaces de producir aire, agua y biodiversidad genética de manera artificial.
Este libro no es solo una llamada más a deconstruir muchos imaginarios colectivos que proyectan, aún hoy, una cosmovisión esencialmente negativa sobre “lo rural”. Es una reflexión que intenta mostrar cómo la modernidad y el capitalismo han logrado no solo desarticular miles de comunidades rurales, sino imponer la idea de que se trataba de un proceso “inevitable”, “natural” o incluso necesario para el progreso social y económico. Sin embargo, la idea de este libro no es solamente reconstruir las causas de la quiebra generalizada de las sociedades rurales tradicionales. No se trata de una descripción más sobre la magnitud del desastre, o un alegato nostálgico sobre el empobrecimiento natural y cultural que conlleva el declive rural. Se pretende ir un paso más allá y ofrecer al lector un útil más, un manifiesto por un medio rural en positivo y con futuro, por unos modelos de vida más comunitarios y ecológicos y menos individualistas, consumistas y competitivos, que es el gran proyecto del sistema capitalista. Es, en definitiva una hoja de ruta, que frente a los reiterados discursos del “no hay alternativa”, dibuja algún escenario de futuro para el medio rural, aun sabiendo que gran parte de éste se halla biológicamente muerto si se habla de seres humanos, o si no convertido en territorios que ya nada tienen que ver con las sociedades rurales tradicionales.
Este libro está dividido a modo de manifiesto en dos grandes bloques y diez tesis o ideas a través de las cuales ilustramos cómo la crisis y desarticulación de sociedades rurales ha ido en paralelo con la consolidación del Estado capitalista. No se trata de un trabajo periodístico, y al contrario que otras obras sobre esta materia, la fuente de información principal no son los últimos pobladores o habitantes del medio rural, sino, por un lado, fuentes académicas y científicas, y, por otro lado, documentación histórica. No obstante, tampoco es un trabajo puramente académico. Cada tesis se ilustra con el análisis de un ejemplo real de población que el autor ha visitado, para conocer y estudiar su realidad y conversar con vecinos y alcaldes cuando ha sido posible, para formar así un pequeño collage que reivindica la riqueza cultural y material de un medio rural, en muchos casos a punto de desaparecer.
El primer bloque denominado “Autopsia”, intenta explicar el declive profundo, o incluso muerte de diferentes territorios rurales a partir de la conformación y expansión del capitalismo en sucesivos ciclos, desde la Ilustración y la primera revolución industrial surgida en una cantidad reducida de núcleos urbanos. La penetración creciente del capitalismo en el medio rural va paulatinamente reduciendo el tradicionalmente complejo, diverso y riquísimo medio rural a tres funciones básicas: residir (sobre todo en fin de semana o fiestas), depredar recursos y depositar residuos. La segunda de estas funciones es sin duda la más antigua. Casi se podría decir que existe desde la aparición de las primeras sociedades urbanas en la península y tiene un verdadero auge desde mediados del siglo XIX a través de la sucesión de ciclos mineros e industriales extractivistas en muy diversas áreas rurales en España y en todo el planeta, que, a medida que entran en crisis, dejan territorios devastados y de muy difícil reconversión. Todos aquellos espacios que no cumplen alguna de estas tres funciones, se van viendo poco a poco condenados a su desaparición. En las primeras cinco tesis enmarcadas en esta “autopsia” se relata básicamente cómo la humanidad ha ido transitando desde formas de organización muy variadas y complejas, pero generalmente comunitarias y escasamente jerarquizadas, a Estados-nación centrales, periféricos o coloniales que relegan el medio rural y natural a cumplir estas tres funciones básicas mencionadas.
La segunda parte de la obra, titulada “El despertar de la conciencia”, contiene tres tesis. Se trata de una invitación a entrar en el campo de la acción y acometer la difícil tarea de proponer una construcción distinta y una recuperación de las ruralidades desde una óptica del entendimiento de la naturaleza y de sus ciclos, de estos espacios como un lugar digno donde vivir y al mismo tiempo huyendo de idealizaciones sobre lo rural. Partiendo de una serie de proyectos y experiencias reales, más que un recetario de buenas prácticas, este bloque constituye un argumentario para que el imposible vencido resurja como proyecto político alternativo, una nueva carta puebla, aplicable desde ya en cualquiera de nuestros medios rurales en decadencia.
En definitiva, esta obra intenta explicar las causas profundas de la gran anomalía que vive la España actual del siglo XXI: territorios vacíos, despoblados, con densidades de población en ocasiones propias de desiertos como el Sáhara, pero con una enorme riqueza cultural y natural, tierras fértiles y condiciones geográficas excelentes para la vida humana en territorios que, desde la antigüedad, han sido poblados y explotados por diferentes sociedades humanas. En síntesis, hemos abordado la cuestión de cómo y por qué hemos llegado hasta aquí, para seguidamente reflexionar sobre qué hacer.

La Cerrada (Teruel), 23 de diciembre de 2017


para leer la introducción en issuu
para descargar la introducción en pdf
el libro "Despoblación y Abandono de la España Rural. El Imposible Vencido" Luis del Romero Renau (tirant editorial)

jueves, 7 de febrero de 2019

de fiesta chica


de fiesta chica
los almendros en flor
los olivos plateando
gente en la aceituna
echando los últimos días
antes que cierren las almazaras
o gente quemando ramas
o algún que otro hortelano
sembrando ajos
porque por "San Blas tus ajos, sembrarás"
y el río- que con las últimas lluvias-
quiere volver a ser río
y hacerse oír.
a pesar de que el monte está vestido
con sus galas de primavera
hoy es un día de invierno
de un febrero frío florido y ventoso
con un cielo cargado de nubes negras.
en el pueblo suenan cohetes de fiesta
de fiesta chica, de invierno
local, familiar, de pandilla
de pueblo
de procesión hasta la ermita de San Blas
acompañados por la banda de música
¡música! ¡baile!
pavicos y forasteros
¡de fiesta!
y a partir de las nueve de la noche
el repicar de el campanillo
tocado por la gente del pueblo
a mano
toda la noche
hasta ver amanecer
con la candela y el vino
para combatir está noche fría de un aire cortante.
mañana es día festivo, de diana, misa, vino en la fuente del vino
de convites, de estadales para males de garganta
de procesión, verbena y chocolate con churros.
son cosas de pueblo
de nuestra memoria
nuestra historia
nuestra vida
y se celebra con alegría
casi por supervivencia
casi por subsistencia
y casi sin motivo
pero aquí estamos
nada más
y nada menos

1 de febrero 2019 (cádiar)


lunes, 4 de febrero de 2019

un poema en el Periódico Irreverentes. indomables como


indomables como
esos gatos viejos, sucios, cegatos
en un rincón
lamiéndose las heridas de siete vidas
ya no parecen nada
a pesar que un día fueron todo
o no fueron nada
viejos, sucios, cegatos
solos
a los que nadie podrá arrebatarles
la belleza de la dignidad
de animales sin dueño

un poema de josé pastor y una ilustracción de Louis Wain (1860-1939)

viernes, 1 de febrero de 2019

mi cerebro como una bomba de relojería a punto de estallar

mi cerebro como una bomba de relojería a punto de estallar
en mi cerebro
hay un tipo hecho un ovillo
protegiéndose del frío
con su propio aliento
escondiéndose
de las ráfagas que tiran a dar
de las explosiones
de las tormentas
de los monstruos
de la destrucción
en mi cerebro
hay un tipo alzado en armas
de pie
con un kaláshnikov
pidiendo venganza
pidiendo justicia
entre estos dos tipos
hay miles y miles de años luz
de barrancos y desiertos
de montañas y sirenas
de valles y mentiras
de canciones y espejismos
de mares y cielos
de lagunas y lóbulos
de lunas y amapolas
el tipo del kaláshnikov
echa a andar
ha soñado que hay un tipo hecho un ovillo en alguna parte
y necesita encontrarle
para que no se convierta en una pesadilla
¡queda mucho camino! ¡y no hay mucho tiempo! 
y no tiene ni brújula ni mapas
los cambio por unas botas de siete leguas
anda y anda
sube y baja
día y noche
una y otra vez
con su kaláshnikov su rabia sus sueños sus botas
noche y día 
una y otra vez 
hasta recorrer todos los hemisferios
y cruzar todas las lineas divisorias
y cuando despierta
solo encuentra 
una y otra vez
su propia sombra