un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

martes, 19 de marzo de 2019

mensaje escrito en el interior de una bola de nieve. Pedro César A. Verde


MENSAJE ESCRITO EN EL INTERIOR DE UNA BOLA DE NIEVE
la entrada al instituto completamente nevada
entonces la veo en mitad de una batalla
campal de bolas de nieve
espero que lo entienda
me agacho y con las manos desnudas
agarro un puñado de nieve y la prenso
cierro el ojo izquierdo y apunto
espero que me crea
y la bola sale disparada como una vida cualquiera hacia adelante hasta impactar
en su rostro
espero que comprenda lo que quiero decirle
aunque creo que ella sólo siente la violencia
de la nieve prensada contra su cara
¿qué es lo que falla?
¿el sentimiento?
¿el método?
¿el momento?
seguiré ensayando el movimiento,
mientras recorro el camino de regreso
a casa
con tierra, con piedras, con poemas arrugados,
y si es necesario, con las manos vacías

últimamente, apenas nieva en la ciudad


lunes, 11 de marzo de 2019

Lo comprendí anoche. un relato de Iván Rojo

LO COMPRENDÍ ANOCHE
Vi a Cabezabuque en el Eroski, un jueves a las 21:15. Un jueves como cualquier otro que no soñaba con convertirse en histórico. Le hice una foto de estrangis y se la mandé a mi amigo Pedro. Me respondió de inmediato: Coño, Cabezabuque. Estaba igual que hace veinticinco años. En aquellos tiempos Pedro, Rubén, Jano y yo rebautizamos a todo el barrio. A Cabezabuque lo machacamos quizá más de la cuenta. Siempre me pareció un buen chaval pero era jodidamente malo al fútbol. Ahora, en el súper, me pareció un buen hombre. Quizá incluso un gran hombre con una gran cabeza. Creo que él también me reconoció. Ambos fingimos lo contrario. Cabezabuque, ¿supe un día tu nombre? Cabeza-buque, me gustaría volver atrás y hacerme amigo tuyo. Cabezabuque, bajo los fluorescentes de la sección de congelados habría besado tu frente clara, noble, en desagravio. Te deseo suerte y salud. Cabezabuque se juntaba con el Mediopollo y el Calambrazo. El Mediopollo era un peruano diminuto que tenía el tórax huesudo como el de los pollos asados. El Calambrazo era un pelirrojo regordete sacudido sin contemplaciones ni tregua por innumerables tics. Con Cabezabuque formaban un trío de película de instituto americano. Parecían la Santísima Trinidad cuando atravesaban el parque las noches de verano, como clandestinamente, guardando las distancias con el mundo. Pienso en ellos y me emociono. Unos años más tarde Mediopollo se tiró por la ventana de casa de sus padres. Pedro lo vio ahí tirado en la acera impar de Pío XI. Eran las diez de la mañana. Cabezabuque está vivito y coleando, ya lo he dicho. Espero que el Calambrazo siga recorriendo eléctricamente la faz de la Tierra. En el bloque desde el que saltó Mediopollo vivían Barbie y Ken, un matrimonio sesentón, ambos muy bajos, prácticamente enanos pero proporcionados y siempre muy arreglados. Coquetos. Parecían dos muñecos recién salidos de fábrica. Iban juntos a todas partes. La mujer, de un rubio platino cegador, tenía un pie equino que calzaba en zapatitos maravillosos, como de juguete, rojos o blancos. Cojeaba graciosamente dando enérgicos golpes de cadera, como si bailara. Ken tenía el pelazo hacia atrás en una melenilla agitanada y llevaba botines relucientes. Un día Barbie se enteró de que Ken se la estaba pegando con una vecina y se armó la de dios es cristo. Llegaron a las manos en la terraza del bar Granados y la policía vino y se llevó a Ken esposado. No les llegaba ni por el codo a los polis. Jamás he vuelto a verle. A Barbie sí. Ya debe de haber cumplido los noventa. Sigue tan pizpireta como siempre pero si te fijas bien notas que le falta algo. Todos los días le compra el cupón a Bill Gates. A Bill Gates lo llamábamos y llamamos Bill Gates porque son como dos gotas de agua. Cuando los ordenadores se generalizaron flipamos al ver al cegato del barrio en todas las teles. Por entonces solo era un chaval, pero el parecido era asombroso e innegociable. En un santiamén pasó de ser Paquito a Gates. Era el hijo de la dueña de los recreativos. La Ojazos. Solo tenía uno. Uno de cada, un hijo y un ojo. Llevaba un parche de fieltro y le daba a la petaca cosa mala. El güiscacho se olía desde la esquina. El pobre Bill Gates no veía tres en un burro. Puede que hubiera heredado algún problema de su madre. Era el único que no jugaba a las maquinitas. Se pasaba las tardes detrás del mostrador oyendo música con sus auriculares de espuma naranja, la cabeza todo el rato adelante y atrás. Ahora tiene unos más modernos con los que escucha la radio en la puerta del Consum de Archiduque mientras reparte la suerte. Todo el vecindario le llama Bill desde hace tanto que ni me acuerdo. Un habitual de los recreativos era el Pionero. El nombre le venía de tiempo atrás, cuando un buen día empezó a fardar de que ya había follado. El tío era un fenómeno en el Tetris, de algún modo mágico parecía saber de antemano la pieza que le iba a salir. La metía sin excepción en el hueco preciso. Siempre había un montón de chavales viendo sus partidas. Y ahí era cuando se soltaba y nos contaba sus andanzas sexuales. El Pionero, es cierto, se las ligaba a todas. Tenía una vespino rosa. El tío era un genio. Iba siempre muy bien acompañado. Y no era ni remotamente guapo, lo cual acrecentaba épicamente su leyenda. Casi le doy una hostia por la espalda el día que dijo que se había hecho a la hija del Mosca. El Mosca tenía unas gafas verde botella de policía motorizado y tres hijas que nos molaban a todos. Como el tipo era testigo y no paraba de dar la brasa con el reino de los cielos las llamábamos Las Hijas de Dios. La mejor, todo el mundo estaba de acuerdo, era la mediana: Poderoso tren inferior. Le habíamos oído la expresión a un comentarista deportivo. No he vuelto a contemplar piernas como las de aquella chavala. En aquel momento prestábamos atención preferente y casi exclusiva al culo y las tetas de las muchachas pero a Poderoso tren inferior resultaba imposible no mirarle las piernas. Eran subyugantes. Dolorosamente perfectas. La chica lo sabía y lucía minishorts veinte años antes de que se pusieran de moda. Al final el Pionero aclaró que se había enrollado con la mayor de las Hijas de Dios, sin duda la más floja. El dato tranquilizó mi espíritu. Poderoso tren inferior desapareció pronto del mapa y nunca más se supo. Me alegro; es una bendición que esas piernas sigan caminando incorruptas por las calles de mi cerebro. Por las máquinas se dejaba también ver el Limeño. No recuerdo porque le pusimos ese mote. Hasta donde sé era de aquí al lado, de los pisuchos de La Fuensanta. El Limeño era uno de esos navajeros que se extinguieron poco después, a mediados de los noventa. La saliva se le apelmazaba en las comisuras. Mediría metro y medio pero sus ojos verdes te miraban desde la altura de un gigante. Te vencían sin solución. El Limeño siempre iba puesto pero daba la impresión de controlar. A los conocidos solo nos atracaba como último recurso. Y lo hacía amistosamente, con respeto, casi con cariño. Siento en lo más hondo la certeza de su muerte. Espero que fuera algo tan rápido y limpio como cualquiera de sus robos con intimidación. También estaba Induráin. Entonces tendría cuarenta y pocos y era obvio que le faltaba un hervor. Se paseaba por Patraix en su orbea milenaria todo el santo día embutido en un maillot de Banesto. Un maillot oficial. Por supuesto llevaba la gorra a juego. Le encantaba que le gritaran Induráin a su paso. Saludaba con la mano, se venía arriba e intentaba hacer un caballito. El hombre parecía feliz en todo momento. A cada pedalada coronaba el Tourmalet. El sol que lo iluminaba era el fresco sol pirenaico del Tour de 1991. Dios, y el Botánico. Se llamaba Héctor, de este sí que me acuerdo, y tenía pueblo en Cuenca. Héctor era el Botánico porque su padre había tenido un accidente de tráfico y llevaba años como un vegetal. Un par de noches hicimos botellón de chupitos en su casa aprovechando que su madre salía con un novio que se había echado. En una habitación estaba el padre en la cama conectado a un respirador, mirando el techo. Lo vi a través de la puerta entreabierta una vez que fui a mear. Creo que en ese instante, en aquel pasillo, me hice hombre. Ahora me sabe mal lo de Botánico, pero también me sigue enorgulleciendo en cierto modo haber sido el autor intelectual de ese nombre de guerra. Cuando se fue a la mili le gustó tanto que pronto se hizo militar y le mandaron a Cartagena. Vete a saber si sigue allí. Quizá esté patrullando Afganistán o haya montado una floristería. Como es natural casi nunca pienso en Héctor, quiero decir el Botánico. En cambio sí lo hago, con extraña frecuencia, en su padre vegetativo. En aquel pobre tipo atrapado como un mosquito en la quieta luz ambarina de su habitación, mientras a cinco metros de distancia su hijo y cuatro niñatos se ponían hasta arriba de coñac, vodka rojo y licor café. Qué maravilla. Parecía una advertencia. Una premonición. Un poema del siglo XXIII. A veces pienso que sencillamente era Dios.

un relato de Iván Rojo

sábado, 9 de marzo de 2019

lecciones de patriotismo

lecciones de patriotismo
frente a vuestra españa de "primeros los españoles"
el hombro con hombro
el apoyo mutuo
frente a vuestro machismo
la poesía de Gloria Fuertes
y patada en los huevos
frente a las corridas de toros
el corro de la patata
y rock and roll
frente a vuestra apuesta por la caza
nuestra apuesta por las huertas
frente a vuestra xenofobia y racismo
nuestros puños
frente a vuestra homofobia
nuestros cuerpos
nuestros labios
nuestras bocas
nuestros besos
con lengua
frente el valle de los caídos
nuestros muertos en las cunetas
y su recuerdo
frente a la unidad de españa
la unión de los pueblos
frente a vuestra patria y vuestra bandera
la tierra y una escoba de varetas
frente a vuestros chistes
Gila
frente a vuestros señoritos
El Cabrero
frente a vuestras cruzadas
nuestra rebelión
frente a vuestras ordenes y desfiles
nuestra desobediencia
frente a vuestra españa amordazada
nuestras protesta
nuestra voz
frente a vuestras mentiras
nuestra palabra
y nuestras preguntas
frente a vuestro miedo y cobardía
nuestra dignidad
frente a vuestra españa
triste resentida oscura
nuestras sonrisas y nuestra pasión
frente a vuestros uniformes y trajes
nuestra ropa de trabajo
y el carnaval
frente a vuestra raza
nuestro mestizaje
frente a vuestro pasado
nuestro futuro
frente a vuestro avance
ni un paso atrás

Safari en la pobreza. Darren McGarvey

"Safari en la pobreza. Entender la ira de los marginados de Gran Bretaña" Darren McGarvey (Capitán Swing)

prefacio en la revista digital fronterad

miércoles, 6 de marzo de 2019

veda abierta

veda abierta
el hijo modélico
sano, deportista, buen estudiante
la mujer
de su casa
limpia, abnegada, ordenada
y fiel
el padre
el cabeza de familia
el hombre de la casa
trabajador
firme
comprensivo pero firme
una familia de toda la vida
como dios manda
la vida como un anuncio de cereales
y el trabajador
obediente, respetuoso y educado
y el ciudadano responsable
concienciado y participativo
y el soldadito valiente
el defensa contundente
el camello de fiar
el empresario exitoso
gente de orden
de ley y orden
de los que cuando salen de caza
son implacables
minuciosos
metódicos
crueles
y sin remordimientos

martes, 5 de marzo de 2019

Ovejas negras. Jacob Iglesias

 "Ovejas negras" Jacob Iglesias (Editorial Páramo)


Primero nos engañaron con el éxito, ahora con la felicidad.
***
Lo mejor de los tecnócratas es su eficacia: lo mismo gestionan con éxito el sistema sanitario que un campo de concentración.
***
Soledad: un salón con la televisión siempre encendida.
***
En grupo el hombre no tiene más que dos opciones: o rebaño o jauría.
***
 Esos ardorosos vigilantes de la libertad que nunca la echaron en falta durante la dictadura
***
Pocas cosas más temibles que la numerosa legión de los entusiastas.
***
A algunos autores malditos la locura se les subió a la cabeza.
***
Por la forma en que algunos agarran la copa, pareciera que estuvieran bebiendo su propia arrogancia
.

lunes, 4 de marzo de 2019

los primeros días de diciembre todavía tienes una oportunidad. en el periódico Irreverentes

 

mi cuarta colaboración en el periódico Irreverentes

los primeros días de diciembre todavía tienes una oportunidad
días de aceituna
y de preparar la huerta
días de probar el vino del año
y de abrir las botellas de pacharán que preparamos el año pasado
¡y brindar!
días de rebusca de almendras
y de ir a coger los últimos caquis
días de amaneceres fríos
de mañanas soleadas y luminosas
de atardeceres rosados
de choperas alfombradas de amarillo
días de dejarse querer
de disfrutar
de creer en milagros promesas y bellas mentiras
días hermosos
solo
cuando llega la noche
y el invierno es tan real
y frío largo y cruel
como la muerte
cuando no sirven las mentiras
cuando no sirven las palabras
cuando no sirven el calor de los recuerdos
es el momento
de echarse al camino
de noche
y borrar todas las huellas de regreso al hogar
y viajar al norte
donde los inviernos son eternos
de un silencio blanco
de un vacío perfecto
de una belleza aterradora
y donde el único rastro de vida
es el humo de las chimeneas en las cabañas
de los que se quedaron
para mantener vivo el fuego
y la esperanza

poema de josé pastor
ilustración de  José Vela Zanetti (1913-1999)

Dogman

 
Título original: Dogman
Año: 2018
Duración: 102 min.
País: Italia
Dirección: Matteo Garrone
Guion: Maurizio Braucci, Ugo Chiti, Matteo Garrone, Massimo Gaudioso
Música: Michele Braga
Fotografía: Nicolai Brüel
Reparto: Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, Francesco Acquaroli, Alida Baldari Calabria, Aniello Arena, Gianluca Gobbi
Productora: Coproducción Italia-Francia; Archimede / Le Pacte / RAI / Eurimages
Género: Thriller. Drama
Sinopsis: El dueño de una peluquería canina a las afueras de Roma se deja influenciar por un delincuente local hasta que su vida personal se complica y decide tomar las riendas de la situación.
Premios:
2018: Festival de Cannes: Mejor actor (Marcello Fonte)
2018: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película en habla no inglesa
2018: Premios del Cine Europeo: Mejor actor (Fonte), vestuario y maquillaje
2018: Festival de Valladolid - Seminci: Sección oficial
Críticas:

lunes, 25 de febrero de 2019

en la oscuridad de la noche


en la oscuridad de la noche
se lanzan al cuello
a degüello
me pillan desprevenido
desarmado
me atrapan
me desgarran
me despedazan
creí que ya estaban olvidados
enterrados bajo tierra y polvo
quemados a fuego y lágrimas
ahogados en el fondo del mar
y de miles de mentiras
pero aquí están
han encontrado
algún resquicio
alguna grieta
algún agujero
y se cuelan en mis sueños
huelen sangre
y vienen con hambre
son tan reales como la muerte
tan crueles como la vida
tienen nombres y apellidos
rostro y heridas
y pasado
pero no envejecen
no hablan
no los puedo agarrar
son sombras reflejos humo
pero todo es tan real
todo tan lógico
todo tan cruel
todo tan negro
y sin luz al final de la noche
me dejan desamparado
en un mundo vacío
aterrorizado
despierto
aúllo con pánico animal
aprieto los dientes
aprieto los puños
me araño los ojos
intento respirar
y es como si tragara arena
siento como se rompen mis huesos
como tiran de mí
como me arrastran hasta su mundo
donde no existen
culpables ni inocentes
tampoco compasión
ni perdón

poema de jose pastor. colaboración en el periódico Irreverentes
 fotografía de Michael Ackerman

domingo, 24 de febrero de 2019

cosas que pasan en el mes de febrero que no veréis en las ciudades (2019)


cosas que pasan en el mes de febrero que no veréis en las ciudades (2019)
florecen los sauces los albaricoqueros los durillos
y las mimosas y los narcisos
con ese amarillo que parece el sol
y florecen también las amapolas y el tomillo
y canta la perdiz
y corteja la tórtola
y los mirlos y los estorninos y las currucas
y se ven las primeras salamanquesas y las primeras lagartijas
[en febrero sale la lagartija del agujero]
y el vuelo de las mariposas
añade más pinceladas primaverales
al paisaje.
y se apura la recogida de la aceituna
y se limpian los almendros y olivos
[árbol que se poda en febrero, tendrá fruto duradero]
y se queman las ramas de la limpia
y las hogueras y sus señales de humo
hacen que la sierra parezca un escenario de una película de indios y vaqueros
cuando los ojos pálidos
empezaban a preocuparse
y se podan las viñas
y algunos bajan al río
para ver si ha crecido
con el deshielo
y los días son más largos y el sol calienta
pero todavía es demasiado pronto para plantar
la tierra todavía no se ha calentado lo suficiente
pero se escarda, se cortan cañas, se apila estiércol
preparando la tierra la huerta los cultivos.
y en los bares, aquí,
se habla de las torres de alta tensión en el valle de Lecrín
[Di NO a las torres de alta tensión en el valle de Lecrín]
o del real madrid-barcelona
y de que viene la policía nacional para renovar el dni
o que se acaba el plazo para la declaración censal del ganado
y de las próximas elecciones generales
donde lo que más se repite es el
"yo voto a cualquiera que prometa subir el precio de la almendra"
o "voto a quien me de trabajo"
y en los pueblos el campo las montañas
por las noches
el cielo la luna las estrellas la oscuridad
se ven como nunca se verán en las ciudades.
es febrero
un mes loco, duro, de espera, embustero
[en febrero, un día sol y otro brasero]
un mes de carnaval
un mes que nos recuerda que todo es efímero
el invierno
la primavera
la vida

el poema es de josé pastor
la fotografía de Toni Catany

dos poemas de Araceli Pulpillo

"Vonlenska. Una historia finita" Araceli Pulpillo (Piedra, Papel, Libros)


SOY
Soy un conejo agazapaddo en una cuneta,
una señal de tráfico desconchada,
unos labios pintados en Grand Rouge o Rouge Impact.
Soy la mujer que te toca las manos grandes,
con sus dedos grandes, y quiere metérselos en la boca.
Soy el arañazo de una gata suicida.
Soy el último polvo en el asiento de un coche,
el beso desenfrenado a oscuras frente a un futbolín.
Soy la no-Karen del nunca-Hank.
Soy el Bósforo de Almasy en la escotadura supraesternal,
la espuma aromática en la bañera de Ben Saprut,
la última melodía de Joaquín Tenorio.
Soy una marca de nacimiento en el tobillo,
un lunar detrás de la oreja izquierda,
el crecer la hierba en el hueco de la pared.


FOTOGRAFÍA

Desde el parque de la Victoria
contemplamos menguar el atardecer otoñal,
sentimos un rumor vespertino
que ruge en el crepúsculo.
La fuente, atascada de hojas,
colorea el grisáceo frío de este paseo.

No advertimos vivir este presente efímero.
Somos jóvenes
y no sabemos que nos queremos.
Somos jóvenes
y no sabemos cuánto nos queremos.

La cámara inmortaliza lo que ya es pasado.
Aullamos deseos incontrolables,
estamos rodeados de olores, colores,
                             atmósfera envolvente.

Sonreímos a los ojos, a los labios,
a los árboles, al agua,
Sonreímos.
Somos jóvenes
y estamos hechos de maleza inmarcesible.

viernes, 22 de febrero de 2019

miércoles, 20 de febrero de 2019

cuatro poemas de Miquel Martí i Pol

 "Un día cualquiera" Miquel Martí i Pol (Nórdica libros)


He heredado la esperanza de los abuelos

He heredado la esperanza de los abuelos
y la paciencia de los padres.

Y de los dos, las palabras
de la cuales ahora me sirvo
para hablaros.

Me han dicho que el nacimiento me da derechos
inviolables.
Pero yo soy miedoso y siempre me siento
un poco alicorto y solitario.

Vivo en un pueblo pequeño,
en un país pequeño
y, sin embargo, quiero que quede bien claro
que esto que escribo lo escribo para todo el mundo,
y que para mí es como si el mundo entero
girase en torno al eje de mis poemas.

Deambulo a solas por las calles en silencio
y cada atardecer escucho el canto de las sirenas
desde la azotea de mi casa.


Me declaro vencido...

Me declaro vencido. Los años que me quedan
los malviviré en penumbra. Cada mañana
deshojaré una rosa -la misma-
y con tinta evanescente escribiré un verso
débil y nostálgico en cada pétalo.
Os lego mi sombra en testamento:
es lo más perdurable y sólido que tengo,
y los cuatro palmos de mundo tranquilo
que creo cada día con la mirada.
Cuando muera, cavad un profundo hoyo
y enterradme en él de pie, frente al mediodía,
que el sol. al salir, me ciegue el fondo de los ojos.
Así la gente que me vea exclamará:
-Mirad, un muerto con la mirada viva.


Descubristeis que en sólo un instante...

Descubristeis que en sólo un instante
puede amarse como en toda una vida.
Descubrísteis el gozo como una isla
desconocida que puede aparecer
ante la proa de la nave que os lleva,
una mañana ignorada,
por una ruta antigua.
Lanzáos ardientemente entonces
a la locura de amaros, ahora
que vuestro cuerpo es ágil, y haced trizas
el ánfora que conservaba el viejo perfume,
para aspirar de un solo golpe
toda su intensidad dominadora,
y quién sabe si morir después de la prueba.


Hablo del grito unánime...

Hablo del grito unánime
de la sangre y me reprochan
deslustrados prejuicios.
-Antiguamente...-, me objetan,
a mí, que soy viejo de siglos.

¿En qué polvorientas riberas
ordenáis las palabras?

Compañeros: libremos a las barcas
de tanta cuerda inútil.

Hay grandes ríos esperándonos.

martes, 19 de febrero de 2019

Los quehaceres de un zángano. Fernando Morote

reseña de "Los quehaceres de un zángano" de Fernando Morote en el periódico Irreverentes

"Los quehaceres de un zángano” es un collage de relatos, poemas, páginas de un diario personal, reflexiones, vivencias, recuerdos… 

“Los quehaceres de un zángano” es un puzzle autobiográfico y de ficción, de realidades y sueños, de historias y ajustes de cuentas, de esperanzas y necesidades… que el lector deberá montar para llegar a conocer y comprender al personaje central de la novela.

Federico Barrionuevo, el personaje principal de “Los quehaceres de un zángano” (Ediciones Erradícame, 2018) es un treintañero lleno de conflictos internos, que busca encontrar un lugar en el mundo, que busca darle un sentido a la vida, en un mundo que no entiende y no le entiende. Lo intenta de todas las maneras posibles, estudiando Derecho (como esperaban sus padres), abandonando los estudios para trabajar en trabajos no cualificados, apuntándose a cursos y seminarios de teatro o filosofía para dar salida a sus dotes creativas/artísticas, bebiendo y drogándose hasta perder el control… Finalmente encuentra una oportunidad en la escritura y en el amor (a Valentina). Federico Barrionuevo se enfrenta a su realidad, a sus frustraciones, a sus miedos, a su pasado y a su futuro, y al Perú de los años 90, agarrándose desesperadamente al amor y a la escritura. En esta lucha constante por reconstruir su vida, por darle un sentido a la vida, hay desgastes, incertidumbres, poemas, literatura, amigos, amor, ilusión… pero no lo tiene fácil, nadie lo tiene fácil, para encontrar ese lugar en el mundo que tan pocos consiguen.

Fernando Morote, autor de “Los quehaceres de un zángano” (y del poemario “Poesía Metal-Mecánica” altamente recomendable e irreverente), escribe con rabia, a veces hasta con rencor, con una prosa cuidada y directa, salvaje e incendiaria, a veces grosera e hiriente, siempre con ironía y originalidad. Fernando Morote gusta y busca provocar, perturbar, hacernos cómplices, hacernos replantearnos cuestiones y certezas, y en “Los quehaceres de un zángano” muchas veces lo consigue.

“En medio de esta febril actividad, pese a que muchas veces terminaba ahorcándome o apuñalando innecesariamente a alguien, empecé a sentir que si quería seguir sobreviviendo necesitaba seguir escribiendo. Había encontrado en el acto de escribir un médico, un sanador, un amigo íntimo que me consolaba y aliviaba mis heridas”

"Los quehaceres de un zángano" de Fernando Morote (Ediciones Erradícame)

sábado, 16 de febrero de 2019

tres poemas de "No hay nada que huya" de Joaquín Fabrellas


VII
Entonces fui la luz
el lento trueno
la pureza
la humedad en la lumbre
la niebla mística
e incluso la luz entre los árboles
quizá me hayáis visto y yo era vosotros

XXXIII
Yo fui un color
dios me envidiaba
mis fauces de perro sublime
pero nunca miré atrás ni adelante
permanecía en el único punto inmóvil
de la ausencia
allí empezaron a construir mi casa
mi casa no está hecha de viento

XXXVI
He olvidado vuestro nombre
y vuestro rostro
ensayad el silencio mineral
la pureza en la sábana
poner la silla y dar el salto
lloraré por vosotros sin lástima
¿no veis que soy inmortar?
Explicadme la huida
si no creíais en Dios
porque vosotros no podéis escribir
escribo yo
he hablado con el vendedor de biblias
me dio una navaja suicida
fue el único que me vio vivo


"No hay nada que huya" Joaquín Fabrellas (Piedra Papel Libros)

miércoles, 13 de febrero de 2019

cuatro poemas de Avelino Hernández


Marbella´s Summer Circus

Pasen, señores, pasen y vean:
la mujer con barba,
el enano forzudo,
el ternero con seis patas
y la llegada del Príncipe Shaf a su mansión
en la ciudad de Marbella.
3000 personas le acompañan.
300 mercedes de alquiler aparcan a la puerta.
1500 teléfonos móviles sonarán en se entorno
400 azafatas rubias han sido contratadas para los invitados.
Vean, admiren, vean
el equipaje del séquito que llega
en una flota de camiones de transporte internacional.
La casa, por cuya puerta el príncipe está ya entrando
está valorada en 27 millones de euros.
Hay además 200 suites reservadas en los mejores hoteles y villas
alquiladas por 180.000 euros al mes para los huéspedes. No, no,
por seguridad, esta vez no se han tirado a la vista del público los
habituales dólares entre reporteros, famosos en decadencia,
policías, el alcalde y los munícipes.
Pasen, señores, pasen y vean
¡Único!
¡Solo por veinte días!,
la mayor vergüenza de Europa
en el Marbella's Summer Circus.


Cita
Y ahora ya que los dos sabemos
que ser o no ser
no era un cita de Shakespeare,
nos queda hacer lo que mejor hacemos;
seguir queriéndonos.


Un bar cualquiera
Entre en el bar, un bar cualquiera.
Tenías en la mesa una cerveza, yo pedí un martín seco.
Me mirabas con ansiedad pero me sonreías.
“Cáncer irreversible; un año…”
“¡No puede ser! ¿Por qué?
Y los dos nos callamos.
Sólo acertábamos a no dejar de mirarnos.
Bebí vermú,
Bebiste cerveza.
Me tomaste la mano,
Te trencé los dedos,
Me acariciabas el vello del brazo.
Sin decirnos nada.
Nos levantamos.
(En otras mesas
A nadie le importaba)
Hiciste el gesto
De sacar el pañuelo
Y enjugarte los ojos.
Pero lo guardaste
En el tirante del sujetador.
Y los dos nos reímos.
Y nos dimos un beso.
Fuiste a pagar al mostrador.
Tomé la bolsa con lo que habías comprado
Mientras me esperabas.
Guardaste las vueltas,
Regresaste,
Buscabas la bolsa.
La tenía yo,
Me dijiste gracias.
Y salimos a la calle cogidos de la mano,
Sonriéndonos,
Para volver a casa.
Nunca ya aquel bar podrá ser para nosotros un bar cualquiera.
Ninguno de nosotros recordamos cómo se llama.


Confesiones
Cuando decidí entregarme a las mareas,
¡qué paz tan grande!
Un poco de tiempo aún y cenizas luego; nada.
Qué descanso, cuando decidí que me abandonaría al mar!
Pero aquellos días había llovido en la Sierra
y el torrente caía bravío en la cascada.
Me confesaste en la orilla:
"¡No puedo entender la vida sin ti!"
Y arrojaste al remolino el palo con el que jugabas.
Yo ya lo sabía.
Cuando, juntos, me ves callado en estas horas
es porque afronto el único dolor que aún no domino:
imaginarte sola.
"¡Pues no vayas!" -me rogaste, los ojos húmedos.
Y aquella tarde en el torrente de la marina de Valldemossa
decidí negarme al mar y a las mareas
porque no puedes entender sin mí la vida.

lunes, 11 de febrero de 2019

segunda colaboración (poética) con el periódico Irreverentes

cuando las salas de espera de las estaciones de trenes eran un buen refugio
las noches de invierno
cuando en Valladolid el frío es cortante como la muerte
la sala de espera de la estación de trenes
era un buen refugio
bajo techo
caliente y acogedor
sin maderos encabronados
sin fascistas apaleadores
sin ratas envalentonadas
allí
una docena de mendigos
entrabamos en calor
compartiendo vino y mentiras
colillas y desdichas
cartones y fracasos
la compañía y el vino
ayudan
algo
cuando estás en la calle
la compañía es una forma de engañar a la locura
al vacío y a las miradas de desprecio o indiferencia
y el vino calienta
y combate los silencios y los miedos

dormíamos como vivíamos
a trompicones
poco y mal
pero era un descanso
una pequeña tregua
en la pelea por seguir vivos

cuando amanecía
mendigábamos unas monedas
para tomar un café en la cantina
y sentirnos
por un instante
personas normales y corrientes
y mirábamos por el ventanal
-como si aquella cantina fuera el salón de nuestra casa-
unos trenes
que nos podían llevar
lejos de allí
y darnos una segunda oportunidad
de empezar de nuevo
en cualquier parte

pero nunca
subimos
a ninguno de aquellos trenes
y seguimos en la sala de espera
de estaciones
que han dejado de ser
acogedoras

mis colaboraciones en el periódico Irreverentes 

sábado, 9 de febrero de 2019

diez tesis sobre cómo desarticularon el medio rural y sobre cómo intentar recuperarlo


INTRODUCCIÓN: DIEZ TESIS SOBRE CÓMO DESARTICULARON EL MEDIO RURAL Y SOBRE CÓMO INTENTAR RECUPERARLO
Ascensión Igual es una de tantas habitantes del medio rural español que tuvo que dejar su pueblo para ir a vivir a una ciudad, Teruel. Nació, como casi todo el mundo hasta hace pocas décadas, en su casa, en la aldea de Los Baltasares. Pese a que su juventud fue bastante convulsa por la Guerra Civil Española, tuvo una vida bastante tranquila en la vecina aldea de Mas Blanco, en la que vivió toda su vida. Sin embargo esta aldea, como decenas de miles en todo el mundo, fue vaciándose poco a poco de gente en búsqueda de una vida aparentemente mejor en la ciudad. Pese a que se resistía, la falta de médicos y de servicios básicos en la zona, como agua, electricidad o un acceso rodado en condiciones, le obligó a emigrar igualmente. Fue la última habitante de Mas Blanco, una masada que hoy está casi deshabitada.
A principios del siglo XXI se difundió la noticia de que por primera vez en la historia de la humanidad, más de la mitad de la población mundial ya residía en ciudades, todo un hito en la historia de la urbanización y que fue anunciado como un triunfo del progreso y de la modernidad. Las luces de neón de la ciudad atraen cada día, especialmente en países pobres, a miles de personas que huyen del atraso cultural y material del campo. Es una historia que se repite una y otra vez: la historia de la urbanización y del capitalismo es la historia de la desarticulación de comunidades rurales e indígenas, y de sus economías.
El medio rural es un concepto difuso que se crea hace apenas un siglo para designar aquello que no es ciudad. Aquí lo entendemos como un conjunto muy heterogéneo de territorios vencidos, o más bien de territorios “de vencidos”: campesinos, masoveros, artesanos, pescadores o ganaderos trashumantes, por no hablar de la biosfera y el medio natural, han sucumbido a las lógicas del mercado y al capitalismo depredador de recursos naturales y generador de grandes desigualdades, especialmente entre campo y ciudad. Ello ha provocado una crisis sin precedentes de muchos de estos territorios rurales. Sin embargo, es evidente que no todos los habitantes del medio rural son vencidos:
una parte muy importante de las élites locales, desde propietarios latifundistas, grandes empresarios, especuladores, intermediarios comerciales, algunos representantes políticos o la propia iglesia han sido vencedores en el proceso de destrucción de las economías rurales y han participado, cuando no alentado, ciertas políticas favorecedoras de su desarticulación. No obstante, este libro se centra en los vencidos: las comunidades rurales de pequeños ganaderos, agricultores, pastores, jornaleros, menestrales, artesanos o pescadores, el estamento más popular de estas sociedades, que sin embargo han sido históricamente mayoría aplastante frente a terratenientes, burgueses, nobles o eclesiásticos.
En definitiva, esta obra se centra en la historia popular y sus tradiciones, que es la gran desconocida en la historia oficial de los pueblos (Algarra, 2015). Por esta razón hablamos del medio rural como un vencido, ya que su base social es la que ha sido sistemáticamente desarticulada.
No obstante, por otro lado el medio rural y natural sigue siendo irrenunciable para la condición humana y su supervivencia como especie. Es imposible, de momento, concebir una vida sin todos los servicios que nos presta. Pese al enorme progreso tecnológico que las sociedades capitalistas han desarrollado en el último siglo, pese a la intensidad del éxodo rural y de los procesos de urbanización en el planeta, y pese al grado de destrucción infligida en nuestra biosfera, seguimos necesitando a la naturaleza y sus recursos que aún existen y nos seguimos alimentando básicamente de los productos de la tierra, aunque grandes grupos de presión agroalimentarios intenten convencernos de que una agricultura tecnificada y modificada genéticamente, por lo tanto sin agricultores, es posible. Todo ciudadano necesita alguna vez en su vida servicios profesionales que normalmente se hallan en la ciudad, como una asesoría legal, fiscal, un notario o un psicoterapeuta. Pero desde luego, cada ser humano necesita comer al menos una vez al día, respirar un aire limpio, beber un agua con unas mínimas condiciones higiénico-sanitarias, e incluso, la tranquilidad espiritual que transmite un paisaje agrario, un bosque o un lago de montaña. Por esto el medio rural es un imposible vencido: unos territorios, unas formas de vida, unas relaciones con la naturaleza en crisis y decadencia en muchos lugares del mundo, pero absolutamente necesarias para la supervivencia de la biosfera y del ser humano, al menos hasta que no seamos capaces de colonizar otros planetas para hacer lo mismo que en la Tierra, o bien que seamos capaces de producir aire, agua y biodiversidad genética de manera artificial.
Este libro no es solo una llamada más a deconstruir muchos imaginarios colectivos que proyectan, aún hoy, una cosmovisión esencialmente negativa sobre “lo rural”. Es una reflexión que intenta mostrar cómo la modernidad y el capitalismo han logrado no solo desarticular miles de comunidades rurales, sino imponer la idea de que se trataba de un proceso “inevitable”, “natural” o incluso necesario para el progreso social y económico. Sin embargo, la idea de este libro no es solamente reconstruir las causas de la quiebra generalizada de las sociedades rurales tradicionales. No se trata de una descripción más sobre la magnitud del desastre, o un alegato nostálgico sobre el empobrecimiento natural y cultural que conlleva el declive rural. Se pretende ir un paso más allá y ofrecer al lector un útil más, un manifiesto por un medio rural en positivo y con futuro, por unos modelos de vida más comunitarios y ecológicos y menos individualistas, consumistas y competitivos, que es el gran proyecto del sistema capitalista. Es, en definitiva una hoja de ruta, que frente a los reiterados discursos del “no hay alternativa”, dibuja algún escenario de futuro para el medio rural, aun sabiendo que gran parte de éste se halla biológicamente muerto si se habla de seres humanos, o si no convertido en territorios que ya nada tienen que ver con las sociedades rurales tradicionales.
Este libro está dividido a modo de manifiesto en dos grandes bloques y diez tesis o ideas a través de las cuales ilustramos cómo la crisis y desarticulación de sociedades rurales ha ido en paralelo con la consolidación del Estado capitalista. No se trata de un trabajo periodístico, y al contrario que otras obras sobre esta materia, la fuente de información principal no son los últimos pobladores o habitantes del medio rural, sino, por un lado, fuentes académicas y científicas, y, por otro lado, documentación histórica. No obstante, tampoco es un trabajo puramente académico. Cada tesis se ilustra con el análisis de un ejemplo real de población que el autor ha visitado, para conocer y estudiar su realidad y conversar con vecinos y alcaldes cuando ha sido posible, para formar así un pequeño collage que reivindica la riqueza cultural y material de un medio rural, en muchos casos a punto de desaparecer.
El primer bloque denominado “Autopsia”, intenta explicar el declive profundo, o incluso muerte de diferentes territorios rurales a partir de la conformación y expansión del capitalismo en sucesivos ciclos, desde la Ilustración y la primera revolución industrial surgida en una cantidad reducida de núcleos urbanos. La penetración creciente del capitalismo en el medio rural va paulatinamente reduciendo el tradicionalmente complejo, diverso y riquísimo medio rural a tres funciones básicas: residir (sobre todo en fin de semana o fiestas), depredar recursos y depositar residuos. La segunda de estas funciones es sin duda la más antigua. Casi se podría decir que existe desde la aparición de las primeras sociedades urbanas en la península y tiene un verdadero auge desde mediados del siglo XIX a través de la sucesión de ciclos mineros e industriales extractivistas en muy diversas áreas rurales en España y en todo el planeta, que, a medida que entran en crisis, dejan territorios devastados y de muy difícil reconversión. Todos aquellos espacios que no cumplen alguna de estas tres funciones, se van viendo poco a poco condenados a su desaparición. En las primeras cinco tesis enmarcadas en esta “autopsia” se relata básicamente cómo la humanidad ha ido transitando desde formas de organización muy variadas y complejas, pero generalmente comunitarias y escasamente jerarquizadas, a Estados-nación centrales, periféricos o coloniales que relegan el medio rural y natural a cumplir estas tres funciones básicas mencionadas.
La segunda parte de la obra, titulada “El despertar de la conciencia”, contiene tres tesis. Se trata de una invitación a entrar en el campo de la acción y acometer la difícil tarea de proponer una construcción distinta y una recuperación de las ruralidades desde una óptica del entendimiento de la naturaleza y de sus ciclos, de estos espacios como un lugar digno donde vivir y al mismo tiempo huyendo de idealizaciones sobre lo rural. Partiendo de una serie de proyectos y experiencias reales, más que un recetario de buenas prácticas, este bloque constituye un argumentario para que el imposible vencido resurja como proyecto político alternativo, una nueva carta puebla, aplicable desde ya en cualquiera de nuestros medios rurales en decadencia.
En definitiva, esta obra intenta explicar las causas profundas de la gran anomalía que vive la España actual del siglo XXI: territorios vacíos, despoblados, con densidades de población en ocasiones propias de desiertos como el Sáhara, pero con una enorme riqueza cultural y natural, tierras fértiles y condiciones geográficas excelentes para la vida humana en territorios que, desde la antigüedad, han sido poblados y explotados por diferentes sociedades humanas. En síntesis, hemos abordado la cuestión de cómo y por qué hemos llegado hasta aquí, para seguidamente reflexionar sobre qué hacer.

La Cerrada (Teruel), 23 de diciembre de 2017


para leer la introducción en issuu
para descargar la introducción en pdf
el libro "Despoblación y Abandono de la España Rural. El Imposible Vencido" Luis del Romero Renau (tirant editorial)

jueves, 7 de febrero de 2019

de fiesta chica


de fiesta chica
los almendros en flor
los olivos plateando
gente en la aceituna
echando los últimos días
antes que cierren las almazaras
o gente quemando ramas
o algún que otro hortelano
sembrando ajos
porque por "San Blas tus ajos, sembrarás"
y el río- que con las últimas lluvias-
quiere volver a ser río
y hacerse oír.
a pesar de que el monte está vestido
con sus galas de primavera
hoy es un día de invierno
de un febrero frío florido y ventoso
con un cielo cargado de nubes negras.
en el pueblo suenan cohetes de fiesta
de fiesta chica, de invierno
local, familiar, de pandilla
de pueblo
de procesión hasta la ermita de San Blas
acompañados por la banda de música
¡música! ¡baile!
pavicos y forasteros
¡de fiesta!
y a partir de las nueve de la noche
el repicar de el campanillo
tocado por la gente del pueblo
a mano
toda la noche
hasta ver amanecer
con la candela y el vino
para combatir está noche fría de un aire cortante.
mañana es día festivo, de diana, misa, vino en la fuente del vino
de convites, de estadales para males de garganta
de procesión, verbena y chocolate con churros.
son cosas de pueblo
de nuestra memoria
nuestra historia
nuestra vida
y se celebra con alegría
casi por supervivencia
casi por subsistencia
y casi sin motivo
pero aquí estamos
nada más
y nada menos

1 de febrero 2019 (cádiar)


lunes, 4 de febrero de 2019

un poema en el Periódico Irreverentes. indomables como


indomables como
esos gatos viejos, sucios, cegatos
en un rincón
lamiéndose las heridas de siete vidas
ya no parecen nada
a pesar que un día fueron todo
o no fueron nada
viejos, sucios, cegatos
solos
a los que nadie podrá arrebatarles
la belleza de la dignidad
de animales sin dueño

un poema de josé pastor y una ilustracción de Louis Wain (1860-1939)

viernes, 1 de febrero de 2019

mi cerebro como una bomba de relojería a punto de estallar

mi cerebro como una bomba de relojería a punto de estallar
en mi cerebro
hay un tipo hecho un ovillo
protegiéndose del frío
con su propio aliento
escondiéndose
de las ráfagas que tiran a dar
de las explosiones
de las tormentas
de los monstruos
de la destrucción
en mi cerebro
hay un tipo alzado en armas
de pie
con un kaláshnikov
pidiendo venganza
pidiendo justicia
entre estos dos tipos
hay miles y miles de años luz
de barrancos y desiertos
de montañas y sirenas
de valles y mentiras
de canciones y espejismos
de mares y cielos
de lagunas y lóbulos
de lunas y amapolas
el tipo del kaláshnikov
echa a andar
ha soñado que hay un tipo hecho un ovillo en alguna parte
y necesita encontrarle
para que no se convierta en una pesadilla
¡queda mucho camino! ¡y no hay mucho tiempo! 
y no tiene ni brújula ni mapas
los cambio por unas botas de siete leguas
anda y anda
sube y baja
día y noche
una y otra vez
con su kaláshnikov su rabia sus sueños sus botas
noche y día 
una y otra vez 
hasta recorrer todos los hemisferios
y cruzar todas las lineas divisorias
y cuando despierta
solo encuentra 
una y otra vez
su propia sombra

miércoles, 30 de enero de 2019

El coño es una telaraña/ un embudo de seda/ el corazón de las flores

Canto vigesimocuarto 
El coño es una telaraña,
un embudo de seda,
el corazón de las flores;
el coño es una puerta
que da quién sabe adónde
o a una muralla
que hay que derribar.

Hay coños que son alegres,
coños locos de atar,
coños anchos, estrechos,
coños de pacotilla,
charlatanes, tartamudos,
y hay coños que bostezan
y no dicen una palabra
así los mates.

El coño es una montaña
blanca de azúcar,
un bosque lleno de lobos,
es la calesa que arrastra a los caballos;
el coño es una ballena vacía
llena de aire negro y de luciérnagas;
es el bolsillo del pájaro,
su gorro de dormir,
un horno donde arde todo.

El coño cuando toca
es la cara del señor,
su boca.

Es del coño de donde ha salido
el mundo con las nubes, los árboles, el mar
y los hombres uno a uno
y de todas las razas.
Del coño ha salido incluso el coño.
¡Coño, el coño!

poema de Tonino Guerra del libro "La miel" (Pepitas de calabaza)
fotografía de Marc Lagrange

martes, 29 de enero de 2019

dos poemas de La miel. de Tonino Guerra


Canto Décimo
Ahora ya no vive nadie
en esa casa rosa que hay delante del prado
donde hacían las ferias de caballos.
Las persianas rechinan y se caen a pedazos
y dentro ha ido creciendo un melocotonero,
tal vez de un hueso que alguien tiró sin darse cuenta.

Era la casa de las tres hermanas americanas
hijas de aquel Fafín el loco que había estado en Brasil
y que volvió desde Génova en calesa
y le costó tres días
y llegó sin un céntimo.

La mayor de las tres hermanas apareció una mañana
ahogada en el lavadero, desnuda,
con el pelo cubriéndole la cara;
a la mediana la encontraron en un burdel de Ferrara;
la pequeña, la que me gustaba a mí,
un día que hicimos baile con gramófono
bailaba con mi hermano que la apretaba
por debajo de los hombros y yo, cabizbajo, miraba
las baldosas, que eran blancas y amarillas.


Canto Vigésimo
Al principio las gotas hacían temblar las ramas
y nosotros, detrás de la ventana, esperábamos
a que el agua lavara las hojas más ocultas.
Luego estalló la tormenta y llovió a mares,
habíamos puesto un vaso en el alféizar
para medir el agua de la lluvia.

A las cuatro salió el sol
y en la ventana brillaba el vaso
lleno hasta rebosar.

Mi hermano y yo nos lo bebimos a medias
y luego nos pusimos a comparar el agua
del pozo con la del cielo, que es más blanda
pero tiene el olor de los relámpagos


dos poemas de "La miel" Tonino Guerra (pepitas de calabaza)