un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

martes, 28 de febrero de 2017

sábado, 25 de febrero de 2017

"Yugoslavia, mi tierra" Goran Vojnović

"Yugoslavia, mi tierra" Goran Vojnović (Traducido por: Simona Škrabec)

Al buscar en Google el nombre de su padre, un oficial del Ejército Popular Yugoslavo que supuestamente había muerto durante la guerra de los Balcances, Vladan Borojevic descubre por sorpresa un oscuro secreto familiar que le devuelve al inicio de la guerra: «Mi niñez terminó de golpe una mañana cualquiera del verano de 1991». Diecisiete años más tarde emprende un viaje por Croacia, Bosnia y Serbia en busca de su padre; el contraste entre lo que ve y lo que recuerda le ayudará a entender también hasta qué punto se desintegró el mundo donde él había vivido con su familia.
"Yugoslavia, mi tierra" nos habla del destino de los Balcanes antes y después de la guerra y, sobre todo, de cómo la guerra afectó a todos sus habitantes, incluso a quienes supuestamente consiguieron escapar de ella.
Publicada por primera vez en 2012, "Yugoslavia, mi tierra" consagró a Vojnovic como uno de los escritores eslovenos más importantes de su generación.

viernes, 24 de febrero de 2017

un poema de Manuel Moya en "El corazón de la serpiente"

Heart of the Snake Blues

Well I was standin’ at the crossroad, and my baby not around.
Well I begin to wonder, ‘Is poor Elmore sinkin’ down’
                                                ROBERT JOHNSON


en la muerte de BB King (15 de mayo de 2015).


Nadie va a Hopson para quedarse. Si no eres uno de esos locos por el blues,
aquí pierdes el tiempo. No es un lugar para turistas,
sólo tiene un bar donde se toca por las noches, una comisaría
y una vieja fábrica de algodón que se cae a pedazos.
Ni siquiera el diablo pernoctaría aquí más de dos noches seguidas
a no ser que estuviera muy colocado
o de nuevo hubiera venido a tentar al primer borracho
que se hiciera pasar por un tal Bob Johnson,
pero si se te enturbian los ojos con la leyenda de John Lee Hooker,
si la palabra algodón te llega lastimada de látigos y culebras,
quizás sea este tu sitio.
Una vieja camioneta pintada de azul, la mítica estatal 49,
un motel de mala muerte, y un poco más allá, caminando hacia Clarksdale,
un cruce de carreteras con tres guitarras cruzadas
y un cartel oxidado que indica que Memphis queda 76 millas al norte
es todo cuanto encontrarás en Hopson, quedas advertido.
Hopson sería un lugar como otro cualquiera
si antes no hubiera sido un inmenso campo de algodón
y los negros no hubieran muerto allí como ratas,
pero un viejo negro que cada tarde se sienta en el porche de su cabaña
a escuchar la radio y seguir sin atención el vuelo de los estorninos
te recordará que estás justo en el sitio, en el mítico crossroad, en la encrucijada.
Así que con mucho tiempo por delante para acudir al club de blues,
con pocas ganas de hacer turismo por el condado,
me siento junto al viejo Ray, un tipo al que le faltan dos falanges
y que apenas si se ha alejado un par de veces de su tierra y de su río.
Con lentos sorbos de cerveza, fijando sus ojos en las nubes
que corren como palomas escopeteadas hacia el Este
me pregunta si vengo de muy lejos
y luego, tomándose su tiempo, me cuenta que una vez tomó el tren para Memphis,
cree que fue en verano del 77,
recién muerto Elvis, pero maldita la gracia que a él le hacía Elvis,
él fue porque en su entierro al menor de sus hijos lo atropelló un coche,
y le rompió la pierna por tres partes. A eso fue él a Memphis,
a eso y a hablar con un abogado para que le sacara las entrañas al conductor borracho
que atropelló a su hijo y mató a dos más en el maldito entierro de Elvis.
Pero en sus palabras no aparece nada parecido al rencor.
Como si cantara,
como si una canción le surcara las venas.
No le gusta Elvis, eso es todo. Todo el oropel, toda esa carraca que llevaba encima.
Un hombre no necesita de nada de eso para ser un hombre.
Por cada libra de carne, explica, un hombre ha de llevar encima cien libras de tierra.
Cuando llevas tu propia tierra en los hombros se va libre por el mundo,
y uno es alguien en las nieves de Canadá o en las playas de California:
cien libras, no hacen falta más, para ser alguien y ser libre.
El viejo Bob Johnson, sin ir más lejos.
Cien libras, una armónica y una estación de tren le bastaron
para entenderse con el mundo
y hacerse entender entre todos esos blancos que querían sacarle los ojos.
Elvis ya estaba muerto cuando lo del accidente de su hijo, así que eso no cuenta.
Sin embargo podría hablarle durante horas del viejo Bobby Johnson
(“I want you to squeeze my lemon / until the juice runs down my leg.”),
que era amigo de francachelas de su padre y más de una vez durmió en el cobertizo,
o de BB King, que hoy se ha marchado para siempre,
según acaba de escuchar en la radio que le trajo su hijo la última vez que vino a visitarlo.
No lo dice porque sea negro, pero el viejo Bobby,
ése sí que sabía cómo poner a bailar a las culebras,
él sí que podía echarse por lo alto el río Mississippi
y hacer que moviera su culo de lodo para volver tarumbas
a unos peces tan grandes como caballos
porque se alimentaban de la carne de los negros.
Entonces, cuenta, no hacía falta coger el tren para Chicago o Greenville
para escuchar a los mejores. Bastaba esperar en el cobertizo de casa
a que el bueno de Bobby o cualquier otro pasara
y quisiera invocar a todas esas culebras azules de los algodonales.
Quizás le suenen Muddy, Muddy Waters, o John Lee Hooker
o quizás el pobre de Charley Patton,
tipos que venían por aquí, bebían con el viejo
y les salían ampollas en las yemas de los dedos y en las entrañas de tanto sobar sus guitarras.
Al bueno de BB King él sólo lo ha escuchado en la radio,
pero tampoco hace falta haber estado en Las Vegas
para saber todo el jugo que ese gran hijo de puta podía sacarle a sus Gibsons,
de modo que no le hable de Elvis, por favor.
Porque fue el viejo bluesman y no Elvis el que en verdad tuvo la culpa de todo,
BB King y la radio, esa preciosa radio que los chicos arrancaron de un Chevy del 56
abandonado al lado de la estatal, allá donde aquel árbol.
Porque aquí, me dice señalando la distancia, en estos acres desnudos que usted ve,
nació el blues. A latigazos, a pura sangre, como usted quiera,
pero fue aquí donde nació.
You can run, you can run, tell my friend-boy Willie Brown
You can run, tell my friend-boy Willie Brown.
Desde el modesto porche de su casa nos quedamos absortos ante la llanura
y, en efecto, no lejos, se recorta un solitario árbol
donde acaso vayan a descansar todos los pájaros de diez millas a la redonda.
Aquél, me dice, apuntando en dirección a Clarksdale, es el famoso crossroad.
En otro tiempo esto fue un bosque pero desde que llegaron los esclavos
no ha sido más que una inmensa llanura de algodón,
que es lo mismo que decir una tierra condenada,
añade alzando la lata de cerveza en dirección a las nubes.
Un día, me dice, el río se tragará todo el Estado y hará bien:
fue ahí mismo, en ese cruce, donde se cuenta que el viejo
Bobby Johnson invocó al diablo,
no te olvides, aquí donde tantas criaturas murieron como
perros, peor que los perros,
sangrando ante una bala de algodón.
Sus huesos forman parte de esta tierra, y uno debe llevarlos consigo
camino adelante en esas cien libras de tierra, pero tampoco
tiene que hacerle mucho caso
a un negro idiota que ni siquiera va a llegar con todas sus falanges a la tumba.
La naturaleza siempre acaba por ganar y si no que se lo pregunten a los pobres nepalíes
que, según ha escuchado en la radio, acaban de sufrir dos terremotos
y han muerto como conejos aplastados en sus casas.
También aquí murieron como conejos, de modo que lo que el pobre Bob Johnson
creyó ver en el cruce, no fue al diablo, sino a las miles de almas errantes que quedaron aquí,
sepultadas por las crecidas del Mississippi para servir de abono a los algodonales.
Fue a ellos a quienes se encomendó, fue a esos pobres diablos
a quienes se metió en las tripas ese día.
La vida de los pobres siempre es igual en todos lados,
tienen que comer lo que les echen y cada tarde dar gracias al Señor por seguir vivos.
Y cantar, cantar mucho para que los otros se paren a escuchar sus lamentos.
Pero todo eso acabó en el 46, cuando los mismos
que nos habían explotado durante generaciones,
decidieron que les sobraban los negros y pusieron máquinas para recolectar el algodón
y los muchachos tuvieron que poner a enfriar sus negros culos en las nieves de Chicago.
Él se hizo carpintero de un día para otro.
Durante años tuvo una carpintería en un cobertizo cercano a su casa.
Entonces no venía un alma al famoso cruce de la 61 con la 49 y esto estaba muerto.
De la carpintería ha vivido y no es que le gustara demasiado
trabajar la madera, ni tampoco puede decir que fuera un virguero
con las gubias y las garlopas, pero desde entonces fue su propio patrón
y en algo tiene que trabajar un jodido negro como él, dice.
La madera es tan buena como cualquier otra cosa para ganarse los cuartos
y nunca faltará la madera ni el trabajo de la madera en el Estado de Mississippi, no señor.
No hay cerca de pino a treinta millas a la redonda que no haya pasado por sus manos,
ni negro que no se haya ido en uno de sus ataúdes,
puedo apostar mi culo, si es que dudo de sus palabras.
Su hijo, dice, alzando la lata ya vacía al moribundo cielo, él sí que era bueno,
hubiera sido el mejor ebanista del Estado, pero, lo que son las cosas,
le dio por la jodida guitarra y en esta tierra cuando a alguien le da por la guitarra
es como si hubiera vendido sus manos a un ángel, eso es,
o al maldito diablo, nunca se sabe, como se cuenta que hizo
Bobby Johnson justo ahí, en ese cruce.
Y todo por esa radio que los chicos arrancaron de un Chevy del 56,
todo porque según Bobby, ese tal Willie malvendiera su alma por ganarse la vida tocando,
todo porque ese maldito río se haya llevado por delante a tantas criaturas
y haya tantos a los que le han sangrado los dedos rasgando unas cuerdas
tan cabronas como el espinoso algodón,
todo porque este sitio no da otra cosa que vagabundos y guitarreros de voz rota,
de modo que su hijo no paró hasta tocar con BB King, ese sí que era bueno, hermano,
pero todo se quedó en eso, en una vez y ayer, según he escuchado por la radio,
ha muerto el gran BB King, que dios lo acoja.
Por esa sola vez sacrificó mi hijo su trabajo de ebanista y eso no es justo, no señor,
o vaya usted a saber, igual sí que le mereció la pena,
porque, pensándolo mejor, lo que no merece la pena
es dejarse los dedos en una maldita sierra,
llegar solo a esa edad en la que uno espera las nubes
no para que descarguen todo lo que llevan en sus entrañas
sino sólo para verlas pasar, pero mi hijo, bueno, mi hijo
tocó una vez junto al gran Riley King y eso es algo de lo que ya ni usted ni yo podremos presumir
y ahora seguirá por Baltimore con su cojera y su vida y su guitarra, y seguramente
hoy es un día muy triste para él y es que la vida se lo acaba llevando todo, como el jodido río.
Mis dos falanges, por ejemplo.
I’ve got a sweet little angel / I love the way she spread her wings
Yes got a sweet little angel / I love the way she spread her wings
y todo ese pedazo de cielo ahí, no sé cómo explicarme, bah,
lo mejor será que vaya a por otras dos cervezas,
antes de que se ponga a soplar ese maldito viento de Arkansas
o que al diablo le dé por hacer un agujero del tamaño de una sandía
en el corazón de la noche y tenga que lamentar toda su vida
el haber arrastrado su blanco trasero por el arrabal de Hopson.


un poema de Manuel Moya en "El corazón de la serpiente" en Editorial Pre-Textos

jueves, 23 de febrero de 2017

un poema de José Luis Martínez Clares en "Lo que mirarán tus ojos"

It happened one night
No es verdad que la oscuridad
calle todo lo que sabe,
que la noche
sea inescrutable.
Son luminosos sus propósitos
    me exige coraje
porque la verdadera libertad
es la que se ejerce en territorio hostil

un poema de José Luis Martínez Clares en "Lo que mirarán tus ojos" (Editorial Alfonsipolis). se puede comprar aquí

miércoles, 22 de febrero de 2017

Identidad. un poema de Carmen del Río Bravo

Identidad
A veces pienso como hubiera sido
Si mi Burgos infancia no fuera Gamonal, carretera Vitoria, Tesorera.
Si mi Madrid infancia no fuera La Elipa, Marqués de Corbera, San Blas, San Fernando.
Si mi Valladolid infancia no fuera Girón, la Rondilla.
Si mis patios de juego no hubieran sido descampados.
Si mis padres, mis tíos, mis abuelos
no me hubieran llevado,
no hubieran tenido que llevarme
al Espolón, a la Isla, a la Fuente'l Berro, al Retiro, al Campo Grande, al Poniente, a las Moreras.

A veces pienso
quien hubiera sido
si mi infancia hubiera tenido
más parques y menos descampados.

un poema de Carmen del Río Bravo en "No ardo, me oxido" (Baile del Sol Ediciones)

martes, 21 de febrero de 2017

Balada triste de los Playmobil. de Pedro César A. Verde

Balada triste de los Playmobil
I
el niño sin rostro
juega con sus playmobil

les cambia las pelucas
y los gorros cuando quiere
en sus manos rígidas
les pone
armas
alimentos
herramientas
los coloca en filas
organiza sus cometidos
les dice cuál es la hora
de la comida
les hace luchar
los derriba
los reconcilia
si se enfada los pisa
los playmobil jamás
protestan
cuando se cansa
los mete en una caja
y los guarda bajo la cama
allí todos buscan su tacto
plastificado
su mirada fija
no se preguntan ni esperan
nada
pero nunca pierden su estúpida
sonrisa
II
¿qué podemos hacer con ellos?
hay dos bolsas
de la compra
hasta los topes
olvidadas encima
del armario
-tengo una idea,
vamos a la huerta
volcamos las bolsas
sobre la tierra
y colocamos
los playmobil
frente al muro
en varias filas
nos alejamos
unos metros
y apuntamos
con las carabinas
están resignados
pero sus miradas
quieren recordarnos
los buenos momentos
pasados
--gracias por todo, les digo--
comenzamos
a disparar
saltan por el aire
algunas pelucas
y algunos brazos
uno tras otro
van cayendo
hasta acabar
con el último
en una sola tarde
toda nuestra infancia
fusilada
III
seis y cuarto suena el despertador
me levanto como un zombi
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy en el bus del trabajo
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy de vuelta en casa
no soy el dueño de mis actos
seis y cuarto suena el despertador
me levanto como un zombi
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy en el bus del trabajo
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy de vuelta en casa
no soy el dueño de mis actos
seis y cuarto suena el despertador
me levanto como un zombi
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy en el bus del trabajo
no soy el dueño de mis actos
cuando quiero darme cuenta
estoy de vuelta en casa
no soy el dueño de mis actos
mi vida es una concatenación
de movimientos
que yo ejecuto sin saberlo
que me ejecutan sin saberlo
pero nunca pierdo mi estúpida sonrisa  

un poema del magnífico libro "Retrovisor" de Pedro César A. Verde (Canalla Ediciones)

lunes, 20 de febrero de 2017

Punk, Pero ¿Qué punk? de Tomás González Lezana

“Punk, Pero ¿Qué punk?” es una guía (inevitablemente incompleta) sobre la escena punk nacional desde sus inicios en los 80 hasta nuestros días. Elaborada por Tomás González Lezana en paralelo a su labor de investigación para la redacción de biografías de grupos de este género en la base de datos de LaFonoteca, se organiza tanto en torno a las principales escenas geográficas de los 80 (como Euskadi, Barcelona o Madrid) como a otras categorías como las distintas vertientes del género (Oi!, onda siniestra, punk ramoniano, hardcore, ska…)
Además de hacer un recorrido por muchos de los principales grupos españoles de punk, el autor plantea cuestiones como la provocación y la irreverencia en las distintas escenas o el contenido político en las letras.
Es fundamental en el libro la aportación de Carlos Azagra, responsable tanto del diseño de la portada como de las ilustraciones incluidas a lo largo de todo el libro, tomadas de sus viñetas de Pedro Pico y Pico Vena. Se incluye una entrevista al dibujante como protagonista y cronista de excepción dentro del género. en http://lafonoteca.net/tienda/punk-pero-que-punk/
Tomás González Lezana en "El Sótano" (Radio 3) con una selección de punk

sábado, 18 de febrero de 2017

Al oeste de Roma. John Fante

Con su característica escritura de frases cortas, con su estilo seco, irónico, tragicómico, tierno y desgarrador, John Fante en "Al oeste de Roma" demuestra (con creces y sin aspavientos) que era de los grandes. Bajo el título "Al oeste de Roma" se encuentran una novela corta "Mi perro idiota" y un relato "La orgía". “Mi perro idiota”, esta narrada en primera persona (y tiene claras referencias autobiográficas). Su protagonista y narrador (Henry Molice) es un escritor cincuentón en paro, que sueña con dejarlo todo (mujer, hijos, hogar, vecinos, Porsche, ofertas de trabajo...) y marchar a Italia. A partir de la anecdota de encontrar un perro abandonado en el patio de su casa, John Fante, ironiza a través de su personaje, sobre el absurdo de los actos cotidianos de nuetra vida y la imposibilidad de realizar unos sueños, ya inalcanzables. La ironía, el conformismo y el humor como armas para enfrentarse a su realidad es lo que salva a Henry Molice del asesinato, el suicidio, el manicomio, la huida sin retorno o la apatía total.
“La orgía” está narrada por el hijo pequeño de Nick. Nick es un albañil que trabaja con su amigo de toda la vida Frank Gagliano. La mujer de Nick odia a Frank por su ateismo y no lo admite en casa. Cuando Nick recibe de regalo una mina de oro por parte de Buck (su ayudante) se asocia con Frank para trabajarla. Todos los fines de semana Nick y Frank se van a explotar la mina. Un fin de semana, los acompañará el hijo de Nick, enviado por la madre, para controlar que hacen su marido y Frank Gagliano en aquella mina.


Para conocer más de John Fante hay una concienzuda y muy documentada biografía: "John Fante, Vidas y obra. Como un soneto sin estrambote" (Editorial Alrevés) 

y un documental "A Sad Flower In The Sand" (en inglés)

jueves, 16 de febrero de 2017

un poema de Manuel Vilas en "Resurrección"

Doug Yule
A veces pienso en Doug Yule.
Doug Yule: un tipo que tocó,
cuando todo estaba acabando, en la Velvet Underground.
La Velvet Underground: un grupo célebre,
años sesenta, Warhol y todo eso,
la sonrisa plutónica de Manhattan, y todo eso.

Le veo llamando a la puerta de la lujosa casa de Lou Reed
en Nueva York.
“Ya está aquí el pesado de Doug”.
Timbre de oro en donde Doug estampa sus dedos delicados.

Me podrías dejar tocar en tus conciertos, estoy tan acabado.
Necesito una oportunidad. Mi nombre no suena en
ninguna parte.
¿Qué es el talento? Yo te lo diré: es una puta suerte que yo
no tuve.
Tú envejeces y todos alaban tus arrugas, son arrugas sagradas
las tuyas;
las mías son las arrugas de un viejo nada más;
y dime qué diferencia puede haber en esas arrugas,
si somos viejos los dos.
Tenemos los sesenta bien cumplidos.
Mis vecinos se quejan cuando toco la guitarra,
yo no tengo estudio, y llaman a la policía.
Y la policía no sabe quién soy, un loco más, un jodido viejo
aporreando una guitarra monstruosamente vieja.

Después de que me invites a una cerveza, volveré al Metro,
y me perderé,
no te preocupes.
No, por favor, no me regales tu último disco dedicado.
Métetelo por donde te quepa, no me llamas nunca,
nunca me llamas,
podría necesitar cinco pavos que tú no me los darías.
Escribí en la década de los ochenta varios artículos sobre ti
en una revista de Oregón y te los mandé fotocopiados
y tú no me contestaste, no me diste ni las gracias.
Decía de ti que eras la gran leyenda negra de estos tiempos
cargados
de electricidad, de ciudades muertas,
de lunas convertidas en putas lunáticas.

Vengo a tocar contigo en los conciertos.
Vengo a que me des un poco de lo que te sobra.
Una oportunidad de ser yo también un viejo de oro,
un genio envejeciendo,
de que me hagan entrevistas,
de que me pregunten a mí también
por la Velvet Underground.
No sabes lo que es estar en el paro de la gloria,
en el puto paro de la fama.
No tengo ni una web en condiciones, por qué no me llamaste
cuando reuniste a los Velvet y te fuiste a Europa.
Llamaste a todos, menos a mí, maldito sinvergüenza, quería
matarte.
Tuve que gastarme un pastón en el psicoterapeuta por lo de la gira
de la Velvet, no podía abrir el periódico, allí estabais los cuatro,
aunque tampoco os dedicaban tanto espacio,
tanto espacio,
tanto espacio.
Por qué no me llamas nunca.
Qué bien, tocar en Europa, sacar una pasta, viajar, y la fama.
Y los hoteles, y las entrevistas,
y los cruasanes con miel en el desayuno.

Eh, eh, Doug, nunca, nunca fuimos los jodidos Rolling Stones.
Tampoco te creas que mi nombre suena tanto.
Peor le fue a Nico, que se cayó de una bicicleta y se murió,
tú aún pareces estar vivo, también la palmó el bueno de Sterling,
así que de poco le sirvió que le llamara para lo de Europa.

No sé por qué me haces esto.
Igual envidias algo de mí que yo no sé qué es.
Dímelo, a ver si me quedo tranquilo y puedo dormir en paz.

Mucho calor en Nueva York este verano.
Ya está aquí el pesado de Doug.
Nadie se acuerda de que yo también estuve allí,
nadie me pregunta por la Velvet.

Y cuando sale mi nombre, parece el nombre de un impostor.
Compro tus discos desde hace treinta años.
Llevo escuchándote desde hace treinta años.
Arrugas, los dos.
Los dos somos arrugas;
las tuyas, de oro;
las mías, de viento.                                                                                                                                                                                          
un poema de Manuel Vilas en "Resurrección" (Visor 2005. XV Premio Jaime Gil de Biedma)

miércoles, 15 de febrero de 2017

un poema de Ape Rotoma en "Mensajes de texto y otros mensajes"

Del alcoholismo y sus margenes
                                 A Roger Wolfe
Llevo ya sin probar gota
cinco años y nueve meses
y tan a gusto.

Sin embargo
lo que siento
al recordar lo anterior,
mi larga, contradictoria
y pasional relación con el alcohol
es cálido y confortable,
algo entre la gratitud
y una nostalgia serena.
Ya sé que tampoco en esto
satisfago expectativas ajenas
pero lo cierto es que no lamento
ni una sola copa
ni uno solo de los pasos
que sabía perfectamente que iba dando
y sabía en qué dirección.
Tragos, borracheras, litros.
Todos fueron necesarios
en el mismísimo instante en que ocurrían
para atravesar tempestades
y amenazas,
para conservar la calma,
para superar el día haciendo pie,
para dormir,
para conocer a alguien
y desconocer a miles,
para entender
y para no perder tiempo
en intentar entender,
para compensar el exceso de café
o de cocaína o de espid en un momento dado,
para mirar a la gente sin tener ganas de huir
o de hostiarla,
para dar intensidad a instantes planos,
para dar sabores distintos al tabaco,
para dar a la imagen de uno mismo
ante uno mismo
un aspecto soportable,
para tapiar ciertas regiones del cerebro
en ocasiones inútiles
y sumamente molestas,
para despistar al tiempo,
para intuir,
para estar solo y a gusto
o estar con otros sin náusea,
incluso para follar
que entonces lo hacía
a veces.
Tragos, borracheras, litros
sin los que no estaría
aquí
aún
(de eso
podéis estar bien seguros).
Tragos, borracheras, litros
que, de hecho, en la última etapa
de esa relación,
cuando ya era por mi parte
de sumisión absoluta
y aun así grata, fueron
necesarios
para todo,
pero lo que se dice
todo,
desde el consabido ejemplo de atar
los cordones de los zapatos
venciendo el temblor del pulso.
Al final
no ha resultado tan caro,
dado que estaba dispuesto
a pagar bastante más.
Conocía perfectamente las tarifas habituales.
Don Antonio Escohotado
en este asunto es preciso
hasta la crueldad.
El mero coste económico
incalculable
y aun así ridículo
frente al de otras adicciones,
el páncreas algo tocado,
secuelas imperceptibles
de una anemia
y de una neuropatía
que me privó en gran medida
de la vista
varios meses
y supongo
que alguna otra tara más
de la que no soy consciente,
alguna ocasión perdida,
algún amigo,
algún momento quizá importante
y los cinco días enteros
que duró el delírium trémens,
que es el mono
y que dicen que es la hostia,
pero que mi compasivo inconsciente
me ha escamoteado al completo
del recuerdo.
Ahora bien,
que quede claro,
todo esto no significa
que me cueste no beber una mismísima mierda,
que me suponga un esfuerzo.
No es así.
Yo no hago esfuerzos.
Mi cuerpo ya no lo exige
y eso es todo.
En cuanto a mi mente,
la muy puta,
hay que decirlo:
si Dios no hubiera inventado la marihuana
yo seguiría bebiendo
en este mundo
o en otro
(mucho más probablemente).
                                                                                                                                                                un poema de Ape Rotoma en "Mensajes de texto y otros mensajes" del facebook de Daniel Montoly

Diccionario de la novela negra norteamericana. Javier Coma

Javier Coma
Nace en Barcelona el 12 de noviembre de 1939. Terminó la carrera de Derecho en 1961. Crítico de jazz de Radio Nacional de España en Barcelona (1958-1962). Redactor-jefe (con José Luis Guarner) de «Documentos Cinematograficos» (1962-1963). Creativo de Publicidad (1965-1981). Escritor freelance desde 1981.
Libros publicados: Los comics, un arte del siglo XX, (Guadarrama, Madrid, 1978). Del gato Felix al gato Fritz, (Gustavo Gili, Barcelona, 1979). La novela negra, (El Viejo Topo, 1980). Espíritu de los comics, (Toutain, Barcelona, 1981). Y nos fuimos a hacer viñetas, (Penthalon, Madrid, 1981). Historia de los comics, director (4 vols.), Toutain, Barcelona, 1983. El ocaso de los héroes en los comics de autor, (Península, Barcelona, 1984). Els comics tal com eren (catalán), (Fundació Caixa de Pensions, Barcelona, 1984). Diccionario de la novela negra norteamericana, (Edicions 62 (catalán), 1985, y Anagrama, Barcelona 1986). De Mickey a Marlowe, (Península, Barcelona, 1987). Comics, clásicos y modernos. (El País, Madrid, 1987). El pato Donald, de Walt Disney, director. (Alborada, Madrid, 1988). Cuando la inocencia murió, (Eseuve, Madrid, 1988). Los comics en Hollywood (con Román Gubern), (Plaza&Janés, Barcelona, 1988). El trazo vivificado, (Semana Internacional de Cine, Teruel, 1990). Diccionario del cine negro, (Ediciones 62 (catalán) y Plaza&Janés, Barcelona, 1990, y RBA, Barcelona, 1995). Diccionario de los comics - La Edad de Oro, (Plaza&Janés, Barcelona, 1991). Diccionario del western clásico. (Plaza&Janés, Barcelona, 1992 y Planeta DeAgostini, Barcelona, 1999). El esplendor y el éxtasis. Historia del cine americano 1930-1960, (Laertes, Barcelona, 1993). Diccionario de films míticos, (Plaza&Janés, Barcelona, 1993). Diccionario del cine de aventuras, (Plaza&Janés, Barcelona, 1994). Temes i autors de la novel.la negra (catalán), (Edicions 62, Barcelona, 1994). Centauros del desierto/Cantando bajo la lluvia, (Dirigido por, Barcelona 1994). Lo que el viento se llevó/Robín de los bosques, (Dirigido por, Barcelona 1995). La gran caravana del western, (Alianza Editorial, Madrid, 1996). Los vikingos/Scarface, (Dirigido por, Barcelona 1996). Solo ante el peligro/El hombre tranquilo, (Dirigido por, Barcelona 1997). Aquella guerra desde aquel Hollywood, (Alianza Editorial, Madrid, 1998). Cine y literatura (con Juan Marsé), (Círculo de lectores, Barcelona, 1998). Raíces profundas/Que bello es vivir, (Dirigido por, Barcelona, 1998). Los sobornados/Cautivos del mal, (Dirigido por, Barcelona 1999). Cine del Oeste (3 vols.), (Planeta-DeAgostini, Barcelona 1999). Cine bélico (2 vols.), (Planeta-DeAgostini, Barcelona 2000). John Wayne (2 vols.), (Planeta-DeAgostini, Barcelona 2000). Cine western (3 vols.), (Planeta-DeAgostini, Buenos Aires, 2001). Los pajaros/Río Rojo, (Dirigido por, Barcelona 2001). Cine bélico (2 vols.), (Planeta-DeAgostini, Buenos Aires, 2001). La Brigada Hollywood, (Flor del Viento, Barcelona, 2002). 50 amores clásicos, (Nickel Odeon, Madrid, 2002). Los contrabandistas de Moonfleet/Cuerpo y alma, (Dirigido por, Barcelona, 2003). Entre el Nobel y el Oscar. (Flor del Viento, Barcelona, 2003). La ficción bélica, (Inédita, Barcelona, 2005). Diccionario de la caza de brujas. (Inédita, Barcelona, 2005). En curso de edición Las películas de la caza de brujas, (Notorious, Madrid, 2007).

lunes, 13 de febrero de 2017

"Sueños eléctricos". 50 películas fundamentales de la cultura rock. de Eduardo Guillot

"Sueños eléctricos. 50 películas fundamentales de la cultura rock" de Eduardo Guillot

Asociado a la cultura juvenil surgida en Estados Unidos a raíz del boom económico posterior a la Segunda Guerra Mundial, el rock and roll se alió de inmediato con el cine. Se trataba de dos industrias basadas en el entretenimiento y enmarcadas en un contexto capitalista que estaban destinadas a entenderse. El cine contribuyó tanto a desactivar la inicial chispa rebelde del rock como a servirle de trampolín promocional, pero a lo largo de los sesenta años que dura su relación esa función propagandística inicial fue dando paso a una multiplicidad de miradas que trasciende géneros y categorizaciones.Sueños eléctricos reúne medio centenar de títulos esenciales para entender el estrecho vínculo entre cine y rock. Del salto a la pantalla de Elvis Presley a la revolución de The Beatles, del rockumental a la ópera rock, del sueño hippy de Woodstock a su abrupto finala lomos de los moteros de Easy Rider y del nihilismo punk a la fiesta sin fin de las raves. editorial UOC 
y más información en: http://www.notodo.com/libros/suenos-electricos.html

sábado, 11 de febrero de 2017

un poema con el que colaboro en el Suplemento REVISTA GROENLANDIA 17

armas para desarmar al enemigo
hoy no me arrancan una sonrisa
ni a navajazos
pero llegas
me dibujas con tus labios
un beso en la boca
húmedo lascivo rojo de carmín
y me dejas marcado y desarmado
el resto del día                                                                                                                                                                                                                                                                                                       https://issuu.com/revistagroenlandia/docs/suplemento_final_groenlandia_17 Con las colaboraciones de: Ana Patricia Moya, Ángel Silvelo, Celia Munera, Michel Noguera, Manuel Molina, Rosario Troncoso, Juan Cruz López, Marian Raméntol, Beatriz Pérez, Michele Mimmo, Tomás Soler Borja, José Pastor González, Juan García López, Javier Úbeda Sánchez, Antonio Cruz, Silvia Pastrana, Ángel Rodríguez, Cristian Acevedo, Adolfo Marchena, Carmen del Río Bravo, Rafael Indi, Fabiana Iglesias, María Góngora, Francisco Priegue, Mer González, Rubén Casado, Iker Pedrosa, Ignacio Ballester, Jesús Cárdenas, Noel Pérez, Daniel MacMillen, Isabel Tejada, Lola Crespo, José Ángel Conde, Laura García, Enrique Trenado, Ballerina Vargas, David González, Romina Cazón, Sensi Budia, Antonio Báez, Rosa Silverio, Francisco David Murillo, Pablo Díaz González, Francisco Jiménez Cifuentes, Javier García y Alfonso Vila Francés.

un poema "de cuando los trenes paraban en todas las estaciones" en la revista Suplemento Groenlandia 17

a veces me siento como un anfibio
son anfibios mis sueños
son anfibios mis huesos mis besos mis versos
y mi piel desnuda
son anfibios mis nervios mi lengua mi sangre
liquidas son mis caricias mis palabras
piedra mis cicatrices y el sudor frío de mis miedos
fuego mis  deseos mi rabia
aire mis esperanzas mis preguntas
son anfibios mis andares y mis respuestas
anfibios mis ancestros mis recuerdos
mi mirada y mi reflejo
mis canciones mis amores
es anfibia mi suerte
y todos los amaneceres
en que siento el latido de mi cuerpo
entre tus manos

https://issuu.com/revista…/…/suplemento_final_groenlandia_17
http://es.calameo.com/read/001891265f0782a2b279d
https://es.scribd.com/…/338…/Suplemento-Final-Groenlandia-17

jueves, 9 de febrero de 2017

Mohamed Chukri, una vida dificil. Una conversación (epistolar) con Rajae Boumeane el Metni

la revista Détour en su número 7 nos ofrece una conversacion con la traductora al español de Mohamed Chukri. Mohamed Chukri, una vida dificil. Una conversación (epistolar) con Rajae Boumeane el Metni       -Cómo fue tu encuentro con la literatura de Chukri y qué te impulsó a traducirlo (y además, con todo lo que significó de encontrar a los herederos y conseguir sus derechos)?
- ¿Cómo fue mi encuentro con la literatura de Chukri? Buena pregunta para arrancar con un kan yamakan, érase una vez…
Mi primer contacto con la obra de Chukri fue, como todos los de mi generación, a través de "Al Jubz Al Hafi" ("El pan a secas"). Yo también leía, a escondidas, la obra. Te voy a ser sincera: no leí la obra entera porque me parecía chocante por su temática: sexo, prostitución, homosexualidad… todos temas tabúes en la sociedad árabe en general.
El verano de 2003 fui de visita a Tánger, compré "Paul Bowles, el recluso de Tánger" y me puse a leerlo. Me gustó y decidí traducirlo, por mi cuenta, al español.  Volví a Tánger para solicitarle a Chukri la pertinente autorización pero él se encontraba tan mal que me aconsejaron posponer la visita.
Cuando murió Chukri el 15 de noviembre de 2003, murió, en cierto modo y el mismo día, mi proyecto de publicar la traducción de "Paul Bowles, el recluso de Tánger". Mis viajes a Marruecos fueron muchos. En todos los medios se hablaba de la Fundación Mohamed Chukri, tardé siete años en averiguar que dicha fundación nunca existió y que todos los derechos de autor estaban en manos de sus herederos. Así que me encontré ante un nuevo reto: contactar con los herederos. Los viajes entre España y Marruecos volvieron a hacer acto de presencia y cada viaje hacía mella en mí dejándome una dosis de desilusión. Algunos conocidos y amigos me repetían una y otra vez: «Es muy difícil tratar con los herederos. ¿Conseguir los derechos de autor? ¡Imposible!»
En 2011, y precisamente en verano, opté por tirar la toalla, encuadernar mi traducción y disfrutar, en la medida de lo posible, de mi primera obra traducida y no publicada. En diciembre del 2011 fui a Tánger, tenía que ver a Mohamed Mrabet, pintor, narrador oral y autor de "Amor por un puñado de pelos", transcrita del árabe dialectal, traducida y publicada en inglés por Paul Bowles en 1968. En Tánger se celebraba la fiesta de la lectura, acudí a uno de sus eventos y allí conocí a algunos amigos íntimos de Chukri como el dramaturgo Zoubeir Ben Bouchta o el periodista Abdellatif Ben Yahya. Mi odisea terminó participando en un acto dedicado a Chukri, hablé de mi proyecto. Luego decidí ir a Tetuán y contactar con Abdelaziz, el hermano de Chukri. De este modo, volvió a renacer mi proyecto de las cenizas.
Cuando conseguí los derechos de autor de los herederos, tenía que superar otro desafío: encontrar una editorial dispuesta a reeditar a Chukri. Tras varios intentos fallidos, di con Cabaret Voltaire. Cuando hablé con Miguel del tema de Chukri, pensó que se trataba de una broma porque la editorial llevaba mucho tiempo tras la obra de Chukri. 
     

miércoles, 8 de febrero de 2017

un poema de Rosa Silverio en "Sucia Resistencia"

Locura


Este animal que llevo dentro
que abre sus fauces
me muerde
se alimenta de mí
me enflaquece, me drena
ejerce su poder cuando le da la gana
y actúa como un dios sin consultarme
Este animal que llevo dentro
y que me rasga las paredes de la casa
desordena todas mis habitaciones
ha roto todos los floreros
ha triturado todos mis poemas
y se ha apropiado sin permiso de mi lecho
Este animal que llevo dentro
al que no puedo combatir con ningún arma
esta fiera que intento sacarme cada día
que es mi amante, mi sal y mi verdugo
en pocos años, estoy segura, terminará devorándome
y condenándome a la muerte.

un poema de Rosa Silverio en "Sucia Resietencia" (Groenlandia) y la ilustración de Igor Morski

lunes, 6 de febrero de 2017

un poema de Carmen del Río Bravo en "Sucia Resistencia"

Los hambrientos no tenemos dignidad
Los hambrientos no tenemos dignidad.
Recogemos el pan de la basura.
Elegimos no vendérnos
pero perdimos.
Y ahora,
besando el pan que recogemos
sabemos que ya da igual
que podrán hacer lo que quieran con nosotros.
Ya nos robaron la última
-el último respeto en el último rechazo-.
Da igual lo que nos pisen
lo que nos pasen.
La miseria y las hambres
nos han robado el alma
el último ruego nos quitó ya todo.
El postrer gesto eterno de estirarnos
no es más que una respuesta física
de caídos.
(poema de Carmen del Río Bravo en "Sucia Resistencia" -Groenlandia-. fotografia del fotoperiodista Samuel Aranda

domingo, 5 de febrero de 2017

cuando el insulto es una forma de evitar el mirarse en el espejo

cuando el insulto es una forma de evitar el mirarse en el espejo
veo el fútbol junto a un grupo de veinteañeros
hay uno de ellos que como buen soldado
viste el chándal oficial de su equipo (segunda equipación versión Marca)
se hace notar vociferando desagradablemente
y cuando su equipo se acerca al área contraria
da unos chillidos espeluznantes
como la de un cerdo camino del matadero
no para de gritar enano y subnormal a Messi
cada vez que este toca el balón
tiene una risa fea
como la del canalla de un mal dibujo animado
todo en él parece un mal dibujo animado
se despista con frecuencia
y está más atento a su smartphone
a sacarse mocos de la nariz
o a exigir las tapas al camarero que al partido
pero no pierde ocasión de gritar
enano
subnormal
cuando Messi aparece en la pantalla del televisor
sus colegas le mandan callar un par de veces
pero es insistente y metódico
cuando consigue articular una frase
con sujeto y predicado
nadie le hace ni puto caso
y sigue exigiendo al camarero la tapa de su coca cola
y sigue con su
enano
subnormal
acabado el partido se  baja del taburete
y para mi sorpresa
el dibujo animado no mide más de 1.50
aun así se pasea orgulloso por el bar
andando como John Wayne imitando a John Wayne
uno de sus colegas le da una toba y le llama enano
agacha la cabeza y se ríe
no lo debe tener fácil con las chicas el baloncesto
el futbol o en el cuerpo a cuerpo
pero es un tipo que por algún motivo
se cree grande e importante
tal vez sea grande e importante
no lo se
no me gustaría encontrármelo
en la sala de interrogatorios de una comisaría
me lo imagino como un eficiente torturador
metódico y profesional con los que no son como él
pero especialmente cruel
con los que son como él

viernes, 3 de febrero de 2017

La última tentativa

Dirigida por Robert Mulligan ("Matar a un ruiseñor" y "Verano del 42"), con guión de Horton Foote ("La Jauría humana"), con una sugerente fotografía en blanco y negro de Ernest Laslzo y protagonizada por un gran Steve McQueen y una esplendida Lee Remick. para descargar

jueves, 2 de febrero de 2017

un poema de "Retrovisor" de Pedro César A. Verde

Dos rombos

Recuerdo que
me daba tiempo
a escuchar
la música
de Henry Mancini
y ver aquellas tres divas
frente a un hombre
del que sólo
escuchaba la voz

Mi madre
me mandaba
a la cama,
y de camino
a mi cuarto
yo me preguntaba
qué tipo de cosas
tan malas
ocurrirían
cuando aquellos
dos rombos
aparecían
en la parte
superior
de la pantalla
advirtiéndome
de un peligro
desconocido
para mí

Creo que
entonces comenzó
mi pasión
por lo prohibido                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Pedro César A. Verde de "Retrovisor" (Canalla Ediciones)      

un poema de "Hoz en la espalda" de Isla Correyero

Realidades (Mujer 4)

Lo más real de mi sufrimiento no fue lo que perdí
sino lo que aún perderé en el tenso futuro que me queda.

Lo más real es la herida abierta cada minuto más
y más contaminada.

Lo más real no es el dolor continuo desde hace
9 años

sino la belleza del paisaje general del mundo
que ya comienzo a ver.

Lo más real soy yo

andar sola.

Brillar.   
                                                                                                                                                




"Hoz en la espalda" de Isla Correyero (Huerga&Fierro editores)