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jueves, 6 de julio de 2017

Raras Joyas del cine negro: Envuelto en la sombra

Título original: The Dark Corner
Año: 1946
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos
Director: Henry Hathaway
Guion: Jay Dratler, Bernard C. Schoenfeld
Música: Cyril J. Mockridge
Fotografía: Joseph MacDonald (B&W)
Reparto: Lucille Ball, Clifton Webb, William Bendix, Mark Stevens, Kurt Kreuger, Cathy Downs, Reed Hadley, Constance Collier, Eddie Heywood
Productora: 20th Century-Fox Film Corporation para descargar película
Sinopsis: Un detective privado, que casi vive en la miseria, descubre un día que lo están siguiendo. Tras acorralar a su perseguidor, averigua que actúa a las órdenes de un antiguo socio con el que acabó enemistado. Poco después se ve envuelto en un calculado plan de asesinato. (Filmaffinity). una reseña en la revista cultural Factor Crítico
Galt tiene dificultades para expresar sus emociones. Katleen ya lo ha advertido aunque lleve sólo siete meses trabajando para él. Hay algo huidizo, elusivo en Galt, como si cierto resentimiento frunciera su talante. Cuando golpea expeditivo a Foss, para arrancarle las palabras, el por qué de su seguimiento, parece que golpeara su pasado, como si su sospecha abofeteara a un espectro que surgiera de entonces. Y ese engañoso traje blanco se convierte en tela de una pantalla blanca en la que proyecta su confusión, porque el nombre de Jardine (Kurt Kreuger) enciende el proyector de una película inacabada, de un conflicto pendiente que ha quedado mordido en su lengua. Aunque Katleen, con esfuerzo, logra que se lo revele. Y es un pasado con olor a celda y traición, con un rastro de heridas que no ha encontrado su desague.
Galt tiene dificultades para expresar sus emociones. Katleen ya lo ha advertido aunque lleve sólo siete meses trabajando para él. Hay algo huidizo, elusivo en Galt, como si cierto resentimiento frunciera su talante. Cuando golpea expeditivo a Foss, para arrancarle las palabras, el por qué de su seguimiento, parece que golpeara su pasado, como si su sospecha abofeteara a un espectro que surgiera de entonces. Y ese engañoso traje blanco se convierte en tela de una pantalla blanca en la que proyecta su confusión, porque el nombre de Jardine (Kurt Kreuger) enciende el proyector de una película inacabada, de un conflicto pendiente que ha quedado mordido en su lengua. Aunque Katleen, con esfuerzo, logra que se lo revele. Y es un pasado con olor a celda y traición, con un rastro de heridas que no ha encontrado su desague.
Estoy acorralado en un rincón oscuro, y no sé quién me está golpeando, expresa con desesperación Galt (Mark Stevens), en una secuencia de la formidable Envuelto en la sombra (The dark corner, 1946). En ese momento, se siente muerto, sin aire, confinado en un callejón sin salida. Envuelto en las sombras, agitándose en un rincón oscuro en el que siente que las paredes se ciernen sobre él y cada vez le oprimen más. Han urdido una inextricable maraña alrededor de él, y no sabe siquiera quiénes ni por qué. Pensaba que la luz le enfocaba a él como objetivo, pensaba que el pasado resurgía para ajustar cuentas, pero ha descubierto que más bien se pretendía cegarle con la luz. Como el engañoso blanco del traje de aquel detective, Foss (William Bendix), que les perseguía en la feria a él y su secretaria, Kathleen (Lucille Ball). Con él están jugando al tiro al blanco, pero no como piensa. El espectador pronto sabrá que en la sombra hay quienes traman, manipulan y mueven sus piezas, mientras Galt, ignorante, forcejea en la oscuridad. Porque Galt es un mero peón en una retorcida trama. La realidad es un laberinto en que cada nuevo paso acrecienta la oscuridad. El perseguidor no era sino un señuelo. La amenaza no era sino la víctima.
Estoy acorralado en un rincón oscuro, y no sé quién me está golpeando, expresa con desesperación Galt (Mark Stevens), en una secuencia de la formidable Envuelto en la sombra (The dark corner, 1946). En ese momento, se siente muerto, sin aire, confinado en un callejón sin salida. Envuelto en las sombras, agitándose en un rincón oscuro en el que siente que las paredes se ciernen sobre él y cada vez le oprimen más. Han urdido una inextricable maraña alrededor de él, y no sabe siquiera quiénes ni por qué. Pensaba que la luz le enfocaba a él como objetivo, pensaba que el pasado resurgía para ajustar cuentas, pero ha descubierto que más bien se pretendía cegarle con la luz. Como el engañoso blanco del traje de aquel detective, Foss (William Bendix), que les perseguía en la feria a él y su secretaria, Kathleen (Lucille Ball). Con él están jugando al tiro al blanco, pero no como piensa. El espectador pronto sabrá que en la sombra hay quienes traman, manipulan y mueven sus piezas, mientras Galt, ignorante, forcejea en la oscuridad. Porque Galt es un mero peón en una retorcida trama. La realidad es un laberinto en que cada nuevo paso acrecienta la oscuridad. El perseguidor no era sino un señuelo. La amenaza no era sino la víctima.
Estoy acorralado en un rincón oscuro, y no sé quién me está golpeando, expresa con desesperación Galt (Mark Stevens), en una secuencia de la formidable Envuelto en la sombra (The dark corner, 1946). En ese momento, se siente muerto, sin aire, confinado en un callejón sin salida. Envuelto en las sombras, agitándose en un rincón oscuro en el que siente que las paredes se ciernen sobre él y cada vez le oprimen más. Han urdido una inextricable maraña alrededor de él, y no sabe siquiera quiénes ni por qué. Pensaba que la luz le enfocaba a él como objetivo, pensaba que el pasado resurgía para ajustar cuentas, pero ha descubierto que más bien se pretendía cegarle con la luz. Como el engañoso blanco del traje de aquel detective, Foss (William Bendix), que les perseguía en la feria a él y su secretaria, Kathleen (Lucille Ball). Con él están jugando al tiro al blanco, pero no como piensa. El espectador pronto sabrá que en la sombra hay quienes traman, manipulan y mueven sus piezas, mientras Galt, ignorante, forcejea en la oscuridad. Porque Galt es un mero peón en una retorcida trama. La realidad es un laberinto en que cada nuevo paso acrecienta la oscuridad. El perseguidor no era sino un señuelo. La amenaza no era sino la víctima.

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