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jueves, 6 de abril de 2017

Lokura. Hovik Keuchkerian


Ya no hay remedio
¡Coño!, una sentencia. Ustedes deciden cuando se debe morir. ¡Lo deciden todo! «¡Fumar mata!» ¡Coño!, pues claro que mata… y beber y conducir y bucear y querer demasiado, ¡no te jode con Nostradamus!… ¿Y la falta de vergüenza y la traición y el truco barato y la falta de honestidad y su política de mierda y su credo de traficantes de vidas y sus cuentas bancarias con sangre y sus desprecios a los don nadie, con minúsculas por supuesto, y sus parkings, con pingajillo y cartuchera, y sus cumbres de poder, «¡despéjenme la puerta trasera no sea que tengamos que salir por piernas!», y esas voces al otro lado del teléfono…? Todo eso sí que mata. Y no tiene cartel ni aviso de las autoridades sanitarias ni campañas de publicidad con bandas sonoras que hacen llorar en los salones de nuestras casas… Tienen despachos casi con vida, maletines de piel, diamantes incrustados en los ojos, aunque ven, reuniones con sus “Grupos de trabajo”, memorándums, actos sociales, putas deseosas de chupar su dosis de poder en billetes morados… Y luego está el: «Hoy llegaré tarde cariño, tengo trabajo. Dale un beso a los niños, estoy ocupado» -¡como los baños, qué asco!-.
Hovik Keuchkerian de Lokura

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