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jueves, 13 de abril de 2017

Entrevista ficticia a Gloria Fuertes


- Empezaste a escribir muy joven, pero no precisamente porque tu familia te apoyase.
Nací en la calle de La Espada y viví en Dos Hermanas, Tres Peces y Cuatro Caminos. Barrios de gente obrera, mucha necesidad, mucha puta y algún convento (…) Cuando mi madre me veía con un libro, me pegaba. Nadie de mi familia me dijo nunca: “escribe, hija, escribe, que lo haces bien…” Nadie. No tengo nada que agradecer a mi familia. Pero cuando se quiere una cosa, aunque tu familia no te ayude, se consigue. Si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, sales adelante seguro.
- Incluso aunque tengas que superar una terrible Guerra Civil.
Sin la tragedia de la guerra quizá nunca hubiera escrito poesía. No tenía más que un traje, un cuaderno y mucho miedo a que se gastara el lápiz (…) Empecé a escribir poemas cuando descubrí que se podía querer a una persona que no era de tu familia, menuda sorpresa me llevé.
- Estás en el bando de los vencidos y, además, eres mujer y te gustan las chicas…
Yo he sido feminista desde que era niña, pero no lo he sabido hasta bien pasados los cincuenta años, creo que fui la primera mujer que se recorría Madrid en bicicleta, y que iba con falda-pantalón primero y pantalón sin más después, y con corbata, una cosa delirante. Y que estaban muy mal vistas. Yo lo hacía porque me gustaba, pero ahora veo que era un poco rebelde, supongo que siempre lo he sido.
- Tan rebelde que a finales de los sesenta casi acabas en la cárcel por leer un poema…
Lo leí en un recital de la librería Abril, por la calle Arenal, y un señor muy malo me denunció por pacifista. Me llevaron a los sótanos de la comisaría de la Puerta del Sol y me metieron en un cuartucho gris, frío, con bancos de piedra. Había otras cinco mujeres detenidas que ni me miraron. Encendí un cigarrillo y se acercaron todas. “Dame un chupi, pásame la toba…” Y así empezamos a hablar y a preguntarnos qué hacíamos allí cada una. “Yo por mechera”. “Yo por puta”. Y una de unos sesenta años dijo: “Pues yo por abortar”. Al ver la cara que se nos quedó, añadió: “Por hacer abortos gratis a otras”. Cuando me preguntaron a mí, dije que por un poema. Me miraron confundidas.
- Muchos años antes habías creado "Versos con faldas". ¿Cómo surgió este grupo poético?
Yo lo único que hice fue inventarme el nombre, queríamos acabar con el “si me lees te leo” tan típico de las tertulias de hombres que tanto nos ignoraban y que tan pocas ganas tenían de leer nuestros poemas, que ya entonces eran tan buenos o mejores que los suyos. El objetivo era que fuese el público – y no unos escritores rancios llenos de prejuicios – quien juzgase nuestra poesía.
- Ellos, como mucho, solo podían ser ‘poetos’, ¿no?
(Risas) La poesía es cosa de mujeres porque las mujeres son las que tienen más sensibilidad. La poeta es siempre mujer. La mujer que escribe poesía es una poeta. El hombre que escribe poesía, como muchísimo, es un poeto.
- ¿Qué es para ti la poesía?
La poesía es lo más. Es un misterio absoluto. Quien escribe poesía es un elegido. Poesía es decir lo máximo con lo mínimo. Es emocionar, alegrar, mejorar. Es un agua benéfica que por donde pasa te moja. La poesía ayuda, acaricia y, sobre todo, pellizca. Hay que ser poeta en todo y para todo. Hay mucho técnico, pero poco poeta (…) Si un hombre leyera poesía y le llegara al corazón, no tendría odios políticos, por ejemplo. La poesía puede deshacer el odio del corazón.
- ¿Aciertan quienes incluyen tu obra para adultos en la poesía social de los 50?
Yo no sé si mi poesía es social, mística, rebelde, triste, graciosa o qué. Quiero – y me sale sin querer – escribir una poesía con destino a la Humanidad. Que diga algo, que emocione, que consuele o que alegre. Otras veces, al señalar lo que pasa, denuncio o simplemente aviso. No sé la carga poética que arrastran mis versos, lo que sí sé es el amor del que nacen. Yo escribo con corazón y a lápiz, como otros escriben con bolígrafo o a máquina. Si esto es poesía social, que baje Dios y lo vea.
- ¿Qué valoras más en tus poemas: lo que quieres contar o cómo lo cuentas?
Hay poemas técnicamente perfectos que no dicen NADA. Hay otros que parecen descuidados de forma, pero que dicen TODO. Podéis escoger a vuestro gusto. El ideal es que el poema sea perfecto en fondo y forma. Si esto no es posible, escoge siempre los poemas que nos dicen ALGO.


- ¿Y cómo logras que ese ‘algo’ llegue a tus lectores, que les emocione?
Para conseguir conmover y sorprender al lector hace falta pillarle por sorpresa. Por esto ya en mis primeros libros fui escribiendo poemas muy breves. Mini-poemas, momentos. Mi libro "Sola en la sala" supuso la máxima expresión de esa idea, logré concentrar toda la esencia de mis sentimientos en el menor número posible de palabras. Exprimí la idea y obtuve el zumo, el tuétano de mi poesía. Es una época en la que, como curiosidad, yo solo me alimentaba de zumos… y otras bebidas.
- ¿Corriges mucho tus poemas?
La poesía es como el hipo. Me da, no sé cuándo ni por qué, y tampoco sé pararla. Escribo mientras me dura. Cuando escribo es como si entrase en trance. Cualquier otra cosa que haga en mi vida la medito más que la escritura. Parece que me dictan y que yo solo soy un instrumento. Cuando alguna vez me he puesto corregir un poema, siempre me ha quedado peor que el original, y he comprendido la fuerza poética que tiene la intuición. No soy nada crítica con lo que escribo, me gusta casi todo. Mi poesía está hecha de un tirón.
- No me lo creo, pero no quiero discutir contigo. ¿Qué temas te interesan más?
En mi poesía el tema que más me interesa es el dolor. El dolor en mí y en los demás, por este orden egoísta. Después, el amor. En tercer lugar, lo contrario del amor: las injusticias, las guerras y los bichos.
- Pero en tu obra para adultos, junto a ese dolor y a esa crítica, también hay humor, mucho humor.
Comprendo que los poetas que han nacido en un seno y ambiente burgués tengan cierto sentido de culpabilidad. No es mi caso. Yo nací en un seno de hambre y de pobreza. Me crié en una chabola a ras de tejado, no había luz eléctrica ni agua. Retrete sí, con una cortina de sábana vieja pieceada. Exquisitamente decorativa.
 - ‘Un globo, dos globos, tres globos’ te convirtió en una escritora famosa, pero te etiquetó también como una escritora para niños. ¿Te llegaste a agobiar?
Tenía una participación casi diaria. A los niños les llevaba poesía, les enseñaba a dibujar con poemas. Luego me ofrecieron ser guionista de ‘Barrio Sésamo’ pero yo no me veía escribiendo de encargo. Un poeta no puede escribir de encargo (…) Me gusta mucho salir por la televisión, pero lo paso fatal. Me tengo que tomar una tila antes de aparecer. Pero la gente me coge más cariño cada vez que salgo, será que me ven humana (…) Soy un cruce de niña sabia y niña, y eso da a veces la impresión de ingenuidad.
- ¿Puedes definir el humor en una frase?
El humor es tener buena uva.
- ¿Qué poetas te han influido más?
Cuando empecé a escribir, de niña – adolescente, como no había leído nada, mi primera poesía no tenía influencias. Empecé a escribir como hablaba, así nació mi propio estilo, mi personal lenguaje. Necesitaba decir lo que sentía, sin preocuparme de cómo decirlo. Quería comunicar el fondo, no me importaba la forma, tenía prisa. Luego he leído y leo a otros poetas, pero no pienso que me hayan influido, pienso que sigo como entonces: huérfana e independiente.
- Estás a punto de cumplir cien años y ya eres inmortal. Regálanos un epitafio a los que sí moriremos.
Ya no toso.
 la entrevista es del blog después del hipopótamo

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