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jueves, 9 de febrero de 2017

Mohamed Chukri, una vida dificil. Una conversación (epistolar) con Rajae Boumeane el Metni

la revista Détour en su número 7 nos ofrece una conversacion con la traductora al español de Mohamed Chukri. Mohamed Chukri, una vida dificil. Una conversación (epistolar) con Rajae Boumeane el Metni       -Cómo fue tu encuentro con la literatura de Chukri y qué te impulsó a traducirlo (y además, con todo lo que significó de encontrar a los herederos y conseguir sus derechos)?
- ¿Cómo fue mi encuentro con la literatura de Chukri? Buena pregunta para arrancar con un kan yamakan, érase una vez…
Mi primer contacto con la obra de Chukri fue, como todos los de mi generación, a través de "Al Jubz Al Hafi" ("El pan a secas"). Yo también leía, a escondidas, la obra. Te voy a ser sincera: no leí la obra entera porque me parecía chocante por su temática: sexo, prostitución, homosexualidad… todos temas tabúes en la sociedad árabe en general.
El verano de 2003 fui de visita a Tánger, compré "Paul Bowles, el recluso de Tánger" y me puse a leerlo. Me gustó y decidí traducirlo, por mi cuenta, al español.  Volví a Tánger para solicitarle a Chukri la pertinente autorización pero él se encontraba tan mal que me aconsejaron posponer la visita.
Cuando murió Chukri el 15 de noviembre de 2003, murió, en cierto modo y el mismo día, mi proyecto de publicar la traducción de "Paul Bowles, el recluso de Tánger". Mis viajes a Marruecos fueron muchos. En todos los medios se hablaba de la Fundación Mohamed Chukri, tardé siete años en averiguar que dicha fundación nunca existió y que todos los derechos de autor estaban en manos de sus herederos. Así que me encontré ante un nuevo reto: contactar con los herederos. Los viajes entre España y Marruecos volvieron a hacer acto de presencia y cada viaje hacía mella en mí dejándome una dosis de desilusión. Algunos conocidos y amigos me repetían una y otra vez: «Es muy difícil tratar con los herederos. ¿Conseguir los derechos de autor? ¡Imposible!»
En 2011, y precisamente en verano, opté por tirar la toalla, encuadernar mi traducción y disfrutar, en la medida de lo posible, de mi primera obra traducida y no publicada. En diciembre del 2011 fui a Tánger, tenía que ver a Mohamed Mrabet, pintor, narrador oral y autor de "Amor por un puñado de pelos", transcrita del árabe dialectal, traducida y publicada en inglés por Paul Bowles en 1968. En Tánger se celebraba la fiesta de la lectura, acudí a uno de sus eventos y allí conocí a algunos amigos íntimos de Chukri como el dramaturgo Zoubeir Ben Bouchta o el periodista Abdellatif Ben Yahya. Mi odisea terminó participando en un acto dedicado a Chukri, hablé de mi proyecto. Luego decidí ir a Tetuán y contactar con Abdelaziz, el hermano de Chukri. De este modo, volvió a renacer mi proyecto de las cenizas.
Cuando conseguí los derechos de autor de los herederos, tenía que superar otro desafío: encontrar una editorial dispuesta a reeditar a Chukri. Tras varios intentos fallidos, di con Cabaret Voltaire. Cuando hablé con Miguel del tema de Chukri, pensó que se trataba de una broma porque la editorial llevaba mucho tiempo tras la obra de Chukri. 
     

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