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domingo, 5 de febrero de 2017

cuando el insulto es una forma de evitar el mirarse en el espejo

cuando el insulto es una forma de evitar el mirarse en el espejo
veo el fútbol junto a un grupo de veinteañeros
hay uno de ellos que como buen soldado
viste el chándal oficial de su equipo (segunda equipación versión Marca)
se hace notar vociferando desagradablemente
y cuando su equipo se acerca al área contraria
da unos chillidos espeluznantes
como la de un cerdo camino del matadero
no para de gritar enano y subnormal a Messi
cada vez que este toca el balón
tiene una risa fea
como la del canalla de un mal dibujo animado
todo en él parece un mal dibujo animado
se despista con frecuencia
y está más atento a su smartphone
a sacarse mocos de la nariz
o a exigir las tapas al camarero que al partido
pero no pierde ocasión de gritar
enano
subnormal
cuando Messi aparece en la pantalla del televisor
sus colegas le mandan callar un par de veces
pero es insistente y metódico
cuando consigue articular una frase
con sujeto y predicado
nadie le hace ni puto caso
y sigue exigiendo al camarero la tapa de su coca cola
y sigue con su
enano
subnormal
acabado el partido se  baja del taburete
y para mi sorpresa
el dibujo animado no mide más de 1.50
aun así se pasea orgulloso por el bar
andando como John Wayne imitando a John Wayne
uno de sus colegas le da una toba y le llama enano
agacha la cabeza y se ríe
no lo debe tener fácil con las chicas el baloncesto
el futbol o en el cuerpo a cuerpo
pero es un tipo que por algún motivo
se cree grande e importante
tal vez sea grande e importante
no lo se
no me gustaría encontrármelo
en la sala de interrogatorios de una comisaría
me lo imagino como un eficiente torturador
metódico y profesional con los que no son como él
pero especialmente cruel
con los que son como él

2 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

En todos los regímenes hay un par de estos impartiendo justicia. Te cuento: tengo la costumbre de ver el fútbol en un bar del eterno rival, porque, cuando lo veo en uno de los míos, acabo admirando al rival. Animadversión a las adhesiones increbantables. Un abrazo

José Luis Martínez Clares dijo...

Inquebrantables... naturalmente.