un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

lunes, 25 de enero de 2016

los ojos de Xauen. un poema de J.P.G


los ojos de Xauen
en Xauen alguien inventó el azul del cielo
y lo puso en la tierra
en Xauen en la plaza de Uta-al Hammam
que es como un territorio de la infancia y los juegos
y donde a la mirada no se le escapa nada
encontrarás mujeres que miran a los ojos
con los ojos más hermosos del mundo
y hombres que se saben todas las palabras valiosas
en todas las lenguas conocidas
en Xauen
un descanso en el camino de las caravanas y los viajeros solitarios
no hay certeza de lo que los ojos ven
no hay certeza de un mañana

viernes, 22 de enero de 2016

La casa de los corazones rotos. antología poética


Antologada, preparada y vivida intensamente por el poeta Abel Santos (Barcelona, 1976), "La casa de los corazones rotos" es una muestra de la poesía española contemporánea. Libre de una intención antológica que reagrupe una tendencia o una postura estética determinada, Abel Santos ha recogido a los poetas que desde hace años han configurado su universo de lecturas, emociones y andar literario.

Carmen Beltrán, Gsús Bonilla, Javier Cánaves, Pablo Casares, Sofía Castañón, Manuel del Barrio Donaire, Ramón Eder, Ferran Fernández, David González, Karmelo C. Iribarren, Raquel Lanseros, Fernando López Guisado, Vicente Llorente, Miguel Merino, David Minayo, Itzíar Mïnguez Arnáiz, Cristina Morano, Ana Pérez Cañamares, Diego Vasallo, Ana Vega, Manuel Vilas, Roger Wolfe… componen un viaje, toda una casa llena de corazones que gritan y cantan algunos de los mejores momentos de la poesía que tenemos.


un poema de David Minayo "La casa de los corazones rotos"


EL AMOR EN TIEMPOS DE LOS DESGUACES DE COCHES

Me compré un coche nuevo.
Lo llevaba al taller oficial, le montaba
repuestos de marca, pasaba
puntualmente
todas sus revisiones.
Le regalaba rosas,
la llevaba a cenar,
tenía
un anillo
escondido en el cajón de mi mesilla.
Pero con el tiempo se hizo viejo
y dejó de preocuparme su apariencia
y dejé de llevarle
a los mejores talleres
y dejé de servirle
el mundo en bandeja
y dejé de quererla.

Lo mantuve
porque aún no podía comprar uno nuevo.

Los desguaces
están repletos
de corazones rotos.

La Linea del Horizonte Ediciones



La Linea del Horizonte Ediciones es un sello editorial enfocado al viaje y sus culturas. Nace de la curiosidad y el movimiento, del afán por compartir una apasionada mirada sobre el mundo y sus habitantes, a través de títulos que nos inviten a pensar, a reflexionar, a vivir la experiencia del viaje y de la lectura en un mundo radicalmente transformado por relaciones y hábitos nómadas.
Estamos seguros de algo: leer y viajar es la misma cosa, y eso nos lleva a querer inundar de letras viajeras a todos aquellos que, como decía Baudelaire, siempre creen estar mejor donde no están.
Nos interesa el pasado y los relatos de los grandes inconformistas de la quietud, esos que nunca se cansaron de poner rumbo a nuevos horizontes para descubrir otros mundos. Y nos interesa el presente en esa necesidad de deambular por geografías ajenas que, al final, cartografían la propia. En nuestras colecciones no faltará el punto de vista, la reflexión pausada, el pequeño ensayo que ayude a pensar el viaje como una experiencia de enriquecimiento sin más trabas que esa delgada línea que hace frontera con el infinito.
Pertenecemos al siglo XXI, y a un mundo en el que apenas queda nada por descubrir pero si mucho por ver, ya que la mirada es el paisaje de la realidad cambiante. Y como el mundo ya es un mapa de redes, navegaremos con libros pensados para inciertas travesías, porque lo que cuenta son las peripecias con las que llegan a bordo los nuevos lectores.
Nuestra editorial es un proyecto hecho realidad por Pilar Rubio Remiro y nació en la primavera de 2013, una época lluviosa que hizo especialmente fértil a la naturaleza.

miércoles, 20 de enero de 2016

poesía para fumadores


poemas de José Pastor González, Rakel Rodríguez, Carlos Serrano, Francisco Javier Siles, Juan Cruz López, Ángel Rodríguez López, Antonio de Egipto, Ana Toledano.   Ilustraciones de Manuel Olivencia
para descargar y leer: poesía para fumadores (en scribd)
para leer en calaméo

sábado, 16 de enero de 2016

Azad Daulati. poemas


I
Protégeme del viento que me asfixia
en este clamoroso mundo incierto.
No me dejes caer, maestro mío;
enséñame a volar si me hace falta.

II
Cuando paso leve entre el alboroto
y el bullicio de gentes en el zoco,
disipa el viento toda mi esperanza.
Frente al sol, soy menos yo y soy más mundo.

III
Me escondo en un rincón de la taberna
y finjo ser feliz por un instante.
El destino castiga a los idiotas,
no quiero formar parte del desastre.

VI
No me asusta el infierno en la otra vida
ni el castigo que impongan simples hombres.
Si hay un Dios, me hallará con mis pecados.
Nunca más cumpliré leyes injustas.

VIII
Mentiras se oyen hoy en las ciudades
relatadas por sabios embusteros.
Se nublan las mentes y no hay verdad.
Llueve sobre el pueblo erguido en el barro.

XI
A veces me desvela tu recuerdo,
palpo el insomnio y la suerte me tienta.
La partida comienza desde cero,
sé que me llamas y tu voz se aleja.

XIII
Contemplo el idioma de los árboles,
rebusco en sus raíces tus lamentos.
La búsqueda es mi única certeza
pues si te encuentro a ti, podré encontrarme.

XVIII
No habrá destino alguno en estos días
en los que el corazón ni late o sueña;
y si tú no logras volver a guiarme,
¿para qué el cielo y para qué el camino?

XVIII
Ahora que ya sabes cuánto ignoras
y caminas sin rumbo y en tinieblas,
esa flor insensata en el abismo
te enciende el corazón y te lo parte.

XXVII
Después de tanto tiempo en el camino,
reconozco que nada he descubierto,
pero solo, herido y despojado,
mis pies se mueven libres de cadenas.

XXVIII
Sin masticar el polvo de las sendas,
sin dormir en la arena y en la roca,
¿cómo vas a ser dueño de ti mismo?
Escoge tu camino y ponte en marcha.


viernes, 15 de enero de 2016

algunas novedades literarias (2015-2016)

"Generación cochebomba" de Martín Roldán Ruiz en la editorial pepitas de calabaza


"Secretos para iniciados" de la poeta Laura Moruno Moruno en Alpha-X Ediciones


después del magnifico y sobrecogedor "Voces de Chernobil" de la periodista y premio nobel 2015 Svetlana Alexievitch (existía una edición previa en Siglo XXI, con el título "La plegaria de Chernobil") la editorial Debate edita "La guerra no tiene rostro de mujer"
para descargarse "Voces de Chernobil" (epub) y en (pdf)



"La muerte de la autoridad" de Sylvain Maréchal y la Legión de Tiranicidas en la editorial piedra papel libros


Canalla Ediciones reedita "149 PCE" de Ape Rotoma


y un blog http://www.instruccionesdeuso.es/

jueves, 14 de enero de 2016

Barullo. Rodrigo García


"Barullo" (un libro dodecafónico) reúne las últimas obras, que según el autor, «vivieron y ardieron en el teatro» entre 2009 y 2015: "Muerte y reencarnación en un cowboy", la polémica "Gólgota Picnic" y la reciente "Daisy". Seguidas por un explosivo cóctel de textos, tramados en diferentes épocas y hasta ahora dispersos, con los que Rodrigo García sigue poniendo en movimiento ciertas vivencias, pensamientos e interrogaciones.

martes, 12 de enero de 2016

en la otra orilla no hacemos prisioneros


en la otra orilla no hacemos prisioneros
me agarro a los restos de un naufragio
que ni siquiera es mío
este último temporal
ha dejado muchos cadáveres
los tiburones se están dando un buen festín
los supervivientes
esperamos en la orilla
con las armas afiladas

sábado, 9 de enero de 2016

un pueblo que se ríe de sus pobres está muerto


un pueblo que se ríe de sus pobres está muerto
al atardecer va por las afueras del pueblo
a coger unos cardos robar unos caquis rebuscar unas almendras
vuelve a casa pegado a las paredes
como un perro abandonado y apaleado
evitando que le vean
furtivo avergonzado
escondiendo su escaso botín
y su triste derrota
desde el bar
dos ex-yonkis
con el corazón tan endurecido como las venas
se ríen cuando le ven pasar
-robaperas- le llaman
deja los cardos los caquis el puñado de almendras
en la mesa de la cocina
y para no tener que ver a su mujer llorar
vuelve a la calle
va al bar
a echar la lotería primitiva
nadie le saluda nadie le dice nada nadie le convida a un vino
nadie se despide cuando marcha
oye reír a los dos ex-yonkis
y decir algo sobre -que pena de hombre- al camarero
deambula por el pueblo
buscando unas colillas
para echar algo de humo
y engañar al hambre
y meterse en la cama sin cenar y sin esperanzas

poema de J.P.G 
ilustración de Eneko

Triste, solitario y final. Osvaldo Soriano


un articulo de Juan Jiménez García sobre "Triste, solitario y final" de Osvaldo Soriano en la revista Détour

Imaginemos: Stan Laurel (conocido como el Flaco) busca los servicios del detective privado Philip Marlowe (del que Raymond Chandler había escrito sus aventuras). Nadie quiere contratarle ya para ninguna película, como en su momento tampoco quisieron contratar a su inolvidable pareja, el Gordo. Sí, tuvieron su época, pero ¿y ahora qué? Marlowe no está muy dispuesto, como ya no está muy dispuesto a nada. Autodestructivo por inanición, el dinero no importa y tampoco está seguro de querer ayudar a ese viejo. Años después… Osvaldo Soriano, periodista argentino en viaje a Los Ángeles para escribir sobre la pareja cómica, se encuentra frente a la tumba de Stan. Hasta allá también llega de visita el detective. Y ambos se encuentran.

Osvaldo Soriano solo necesitó una novela para ser alguien. Como no tenía bastante con escribirla, se hizo personaje también. Y como no tenía bastantes complicaciones en la vida, decidió complicarse la novela convirtiéndola en una obra para infinidad de personajes, algunos reales, todos en actitudes falsas (que quién sabe si podrían haber sido: el mundo está tan loco). Porque Triste, solitario y final es una película extraviada de Stan Laurel y Oliver Hardy. Tiene todo su humor destructivo, toda su furia, toda esa anarquía y nada de bondad chapliniana.

Una novela construida en base al cariño mutuo del detective por el escritor (lo cual no les evita putearse), una relación posible por imposible, que se enfrentará a un movimiento de ojo por ojo, diente por diente, pero también al caos. Al caos y al azar. Allá por donde pasan nada puede permanecer impasible ni inalterado. La búsqueda de respuesta para las preguntas sobre Stan es la anunciación del fin del mundo. Habrá tipos feos, chicas guapas, pistolas, muchas pistolas, puñetazos pugilísticos, policías, un gato (importante el gato, corazón palpitante de comportamiento dudoso, que apareció un día en el apartamento y se apropió del espacio). También muchos famosos del espectáculo, empezando por el inacabable (por estatura) John Wayne, y todos serán usados para una escenificación de una batalla basada en hechos irreales pero de consecuencias dolorosas. Habrá muertos y heridos. Secuestrados. El ritmo será tan trepidante como una película con el gordo y con el flaco. El gordo Soriano, el flaco Marlowe.

El gordo Soriano no entiende nada. No porque las cosas sean complejas, que también lo son, sino porque él no habla inglés. Solo un poco. Lo suficiente para que le tomen por idiota o por un idiota peligroso. Con Marlowe puede hablar. Pero el flaco Marlowe no es un tipo de muchas palabras para con los demás. No es que viva el mundo desde la perplejidad, sino más bien que está en retirada (desde hace años). Como la vieja gloria que es, conserva las formas y la desgana. Juntos son imbatibles porque nadie puede destruir aquello que no existe o solo a ratos.

Triste, solitario y final es grande. Es grande porque es atrevida, como sus modelos y sus protagonistas. Es grande porque no teme ser pequeña. Y grande porque nada en ella es pequeño. Las pasiones son grandes o no son. Son otra cosa y tienen otro nombre. A Soriano, que amaba profundamente el fútbol, le salió un partido trepidante, pero tan bruto que solo podía ser rugby. Aunque no, porque los golpes siempre llegan un poco por detrás y siempre se vaya corriendo detrás de algo. La vida es así. Si las películas decía Samuel Fuller que eran como batallas, este libro es una película.

miércoles, 6 de enero de 2016

emborracharse. salud


emborracharse. salud
las curvas de tus pechos
el mejor paseo para mi lengua
el primer trazo
de un vértigo con el que emborracharme 
a tu salud

martes, 5 de enero de 2016

Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta. Rodrigo García

Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta.
Prefiero que me quite el sueño Goya a que me lo quite Adidas‚ Pescanova‚ Volkswagen‚ la vecina‚ un gilipollas que dice ser mi amigo o una cabrona que repite que me quiere.
Si no puedo dormir una noche‚ joder‚ al menos que sea por un cuadro de Goya.
Y no por un coche que no puedo comprar.
Ni por una lata de albóndigas que me zampé fría y me sentó fatal.
Ni por haber llegado otra vez tarde a las rebajas a pillar lo más barato de lo peor‚ que era para lo que nos alcanzaba el dinero.
Lo cierto es que me quita el sueño cada chorrada que me deprimo hasta casi tocarfondo. Y no me gusta nada. Con catorce años ya me dije: tú no vas a tocar fondo. Y empecé a comprar‚ intercambiar y pedir prestados y no devolver jamás libros y a robarlos como un enfermo‚ de donde fuera y a quien fuera: da lo mismo la FNAC‚ la Casa del Libro‚ una biblioteca pública o la del padre de mi mejor amigo. Que les den por culo a todos.
La gente piensa que para no tocar fondo hay que planificar algo. Y lo que yo digo es: la única forma de no tocar fondo es hacer algo. Y hacer algo es‚ evidentemente‚ lo opuesto a planificar algo. Planifican los tímidos y mientras tanto el mundo se va haciendo torpemente; la historia y la geología avanzan gracias a los que se pringan hasta arriba‚ a los que tienen huevos.
¡Pero mira la gente que se pringa!
¡Vaya Hit Parade!
¡Tony Blair‚ Hitler‚ Jesús Gil…
¡Qué cabronada!
Menos mal que hay gente del otro lado‚ joder. Inútiles‚ pero peor es nada.
Hay que hacer algo. Sin preocuparse por las consecuencias. Porque la premeditación es el rasgo que peor han desarrollado los seres humanos y mejor que la premeditación –que no es otra cosa que una montaña de prejuicios sedimentados‚ digno de una nueva ciencia que yo llamaría geología-psíquica– mucho más fiable resulta el instinto. No sé si cuando se caza con los dientes o se ataja por el camino más corto para atrapar a la presa se trata de una premeditación-elemental (evidentemente el animal no medita‚ pero a veces parece haber algo un poco más allá del simple reflejo) o no es más que una conducta innata y hereditaria. Sólo sé que tengo pasta en el banco y que debemos hacer algo con toda la pasta ahorrada.
Y eso tiene que ser YA.
Tenemos que ir al Prado una de estas noches‚ les digo a mis hijos.
Y ellos me dicen que tenían planeado ir a Disneyworld de París. Nosotros pensamos que ir a Disneyworld de París sería una idea mejor.
Porque para comprender la tristeza del hombre moderno‚ mejor un ratito con Mickey Mouse en persona‚ o sea‚ un chaval mal pagado que curra doce horas calcinado bajo un traje de peluche sin agujeros de respiración‚ que pasear frente a Saturno devorando a sus hijos o el Duelo a garrotazos o a cualquier cosa que hayan pintado Goya‚ Velázquez‚ Zurbarán o El Bosco‚ me dice el mayor de mis dos chavales.
Y yo les digo: mirad chavalotes‚ no quiero usar vuestras cabezas como putos balones de fútbol. ¿Qué Disneyworld ni qué pollas? Vamos a ir al museo del Prado una de estas noches y de camino vamos a subir al taxi a algún amiguete para que nos dé un poco de charleta y vamos a llevar algo de beber también‚ una de esas botellas perfectas que tienen Macallan dentro… Y mogollón de cocaína.
Me siento con los pibes en la mesa de la cocina –que es el único sitio de la casa que
aguanto– y dejo las cosas claras: tengo dinero ahorrado‚ los ahorros de toda una vida.
Y pongo encima de la mesa de la cocina mis ahorros de toda una vida; que fui esta mañana al banco y los saqué‚ con dos cojones: cinco mil euros. Un pastón.
Tengo cincuenta años y cinco mil euros en el banco.
Tengo casi un kilo en el banco y vamos a hacer algo‚ les digo los chavalotes‚ vamos a hacer algo bien gordo‚ joder.
Con esa pasta no puedes ir ni a la esquina‚ me dice mi hijo de seis años.
¡Con un kilo no hacemos nada!
Ni un piso‚ ni un viaje cojonudo‚ ni la cirugía plástica‚ ni un coche como Dios manda.
No puedes comprar nada que te dé estabilidad‚ porque la estabilidad tiene un precio‚ al menos la económica‚ que ya veremos la emocional‚ si es que existe. Ya que la estabilidad emocional depende directamente la estabilidad económica‚ me dice mi hijo de seis años.
Y yo le digo a mi hijo de seis años que me repita lo último que ha dicho.
Y el tío va y lo repite.
Y yo me reboto. Y le digo: mira pendejo de mierda‚ la estabilidad emocional y la estabilidad económica mantienen una relación inversamente proporcional. Así que no me toquéis las pelotas.
Y mi hijo mayor me suelta‚ el muy cabrón: con un kilo‚ chaval‚ me parece que eres de lo menos estable que me he cruzado últimamente por la calle.
Y yo les digo: no me seáis hijos de puta‚ nosotros no aspiramos a una vida estable‚
porque la vida es un follón de la leche y nosotros aspiramos a revolcarnos en ese follón‚ a confundirnos con lo que tocamos y a diferenciar en la bruma lo que nos da la gana y creemos pertinente: lo que nos pertenece a cada uno de nosotros. Según la genética‚ lo aprendido y el azar.
Y mi hijo de once años interpreta como le da la gana mis palabras y me suelta: a eso le llamo yo intensificar el vacío. ¿Tu de qué vas? ¡No somos unos tarados! ¿No vamos a ir a una discoteca a meternos pastillas‚ tío‚ qué cojones te pasa? Para cansar un cuerpo‚ nosotros lo vamos a cansar con cierto sentido‚ le vamos a dar a la fatiga nuestra propia orientación‚ tiempo y calidades.
Y el de seis años dice: Lo que yo busco es un rayo de plenitud
en medio de este marasmo estúpido
empeñado en agravar la nada.
Quiero ocultar algo de la vista de todos
y quiero cavar.
Y voy a coger una pala y voy a ponerme a cavar.
El vértigo no nos da ninguna clase de espesor.
Al contrario.
Tanta velocidad nos deja en los huesos.
Acumular experiencias –leí en un libro– no nos protege.
Y yo le suelto: ¿Ah‚ si?! ¿Y para eso queréis ir a Disneyworld‚ capullos?
Y mi hijo me habla del significado del pato Donald y yo me llevo las manos a la
cabeza.
No conozco a mis abuelos –dice.
No he heredado ninguna tradición.
No sé encender el fuego.
No sé ni dos palabras de un dialecto a punto de extinguirse y que
No puedo perpetuar.
Sólo puedo elegir entre agitarme o detenerme y coger de la mano a un tipo disfrazado de Mickey Mouse en Disneyworld y contar mis problemas y mis alegrías a ese desconocido todo sudado bajo el traje de muñeco.
Sólo al perro Pluto le puedo contar mi vida.
Me estáis jodiendo el proyecto‚ les digo.
Vamos a intentar ser razonables. Tenemos cinco mil euros. Mis ahorros de toda la vida‚ joder. Vosotros os cachondeáis‚ decís que con eso no vamos a ninguna parte. Y yo os digo: nos vamos a pulir la pela y nos la vamos a pulir mejor que nadie. Mejor que Lady Di y Dodi Al Fayed juntos echando un polvo en el asiento de atrás de un Mercedes a 230 por hora bajando por el túnel del puente del Alma.
Porque si Cristo multiplicó los panes y los peces‚ nosotros con cinco mil euratas podemos hacer virguerías: ir de putas‚ comprar whisky‚ mogollón de cocaína y acabar todos en el Museo del Prado.
A ver las Pinturas Negras de Goya.
Y el chavalote mayor me dice: prefiero ir a Disneylandia
Y el chavalote pequeño suelta: por una vez en la vida‚ vamos a hacerle caso al viejo‚
a ver si hay suerte‚ a ver si suena la flauta…
Con esta carta blanca que me dan mis hijos ya estoy en condiciones de plantear mi
propuesta como debe ser.
Nada de ir por ahí‚ los tres puestos hasta el culo‚ los chavalotes y yo‚ por discotecas‚
puticlubs de carretera‚bares de taxistas‚ churrerías‚ afters‚ comprando bocatas en la
calle a los chinos a las seis de la mañana… no señor.
Eso nos gusta‚ pero de momento‚ eso‚ para nosotros‚ significa “tirar el dinero”. Porque tenemos novecientos talegos nada más. Y nosotros no vamos a “tirar el dinero”‚ vamos a repartir la pela que tenemos con criterio‚ y vamos a diferenciarnos de mogollón de peña gracias al criterio‚ que no hay que confundir con la sensatez –ya que para nosotros el criterio incorpora el elemento confusión al cien por ciento– y eso se lo debemos a nuestra biblioteca‚ joder.
A la famosa biblioteca de Espinaredo.
Porque si algo nos diferencia del resto‚ es que en casa tenemos una biblioteca. La Famosa Biblioteca de Espinaredo.
La lavadora está rota‚ en la tele se ven sólo dos cadenas‚ la plancha perfora la ropa‚ el lavavajillas jamás funcionó‚ la aspiradora hace un ruido infernal‚ el móvil no tiene cobertura ni batería y la memoria del Mac petó… pero la biblioteca nos sigue funcionando‚ joder.
Y les digo a los chavalotes: de todos los electrodomésticos que compramos para la casa‚ me quedo con la biblioteca.
Y como la biblioteca no es ni un electrodoméstico ni una sola cosa‚ como la biblioteca de Espinaredo es una coagulación de volúmenes y lomos y tipografías y pensamientos y sueños y cobardías y colores y centímetros de alto‚ largo y fondo‚ y de olor a papel‚ como una biblioteca es todo menos un electrodoméstico‚ cosa que se ve a la legua‚ mis chavalotes no dicen nada‚ pero se fían‚ joder. Se fían. Y sueltan‚ finalmente: venga‚ vámonos al Prado.
Que preferimos que nos quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta.
Y no le vamos a dar el kilo que tenemos ahorrado a ninguna inmobiliaria‚ ni a ningún banco ni a ningún concesionario Renault. Nos vamos a pulir la pasta en ir a ver a Goya. A nuestro aire.
Me parece que vamos a ir una de estas noches al museo del Prado‚ cuando ya está cerrado el museo‚ y nos vamos a colar por la ventana. Le vamos a dar una pedrada a una ventana y nos vamos a colar.
Los chavales insisten en que quieren ir a Disneyworld y yo les digo que te la pone más dura romper una ventana y colarte en el Prado a las tantas de la noche que gastar la pela viajando hasta París para ver al maricón del perro Pluto.
Y que si no les mola lo del Prado‚ estamos a tiempo de cambiar el plan. Que nos vamos a unos garitos de carretera que yo me sé‚ que quedan a tomar por el culo‚ en la carretera que va desde Infiesto a Llanes‚ a follarnos todo lo que se nos ponga por delante. Así los chavales saben ya desde muy temprano qué es el sexo. Así saben lo que les espera. Que todo el mundo habla del sexo y nadie sabe follar como tiene que ser‚ hostias. Y que le llaman a esos intentos patéticos‚ nada menos que practicar el sexo. Como si se tratara de tirar la jabalina o de chutar un corner. Van a saber ya desde chavales‚ que los tíos se corren incluso metiendo la polla entre dos almohadas o en el peor de los casos en una misma almohada doblada al medio. Y que las tías‚ no se corren prácticamente nunca si no es metiéndose mano a sí mismas. Que todo dios se las apaña para correrse solo‚ tocándose y haciendo cosas ingeniosas incluso‚ y que en contacto con el otro todo es fingimiento y desesperación. Y que una eléctrica necesidad de cariño reprimida‚ jode siempre el experimento. Van a saber que el sexo que todos glorifican y subliman‚ es sencillamente un chasco para un porcentaje altísimo de la población. Ya que echar un buen polvo una noche‚ puede que te toque. Pero follar como un salvaje mínimo cuatro días por semana está bien chungo. Y todo el mundo cree que ha follado bien y realmente nadie ha follado bien nunca. Y tendríamos que hablar durante dos semanas de lo que significa “disfrutar en la cama” y de lo que significa el placer. Y se ponen todos como focas‚ a reventar de pasteles. Saben comer pasteles‚ pero no saben comer una polla. Hacen tres‚ cuatro‚ cinco comidas al día‚ pero no saben comerse un coñito.
La cosa es que vamos a ir al Prado pero desde un poquito a tomar por culo‚ para sacarle provecho al viaje.
Vamos a pillar a un taxista y le vamos a decir: escucha‚ nosotros vivimos aquí al lado‚ en la calle Huertas y queremos llegar al Prado pero tardando bastante‚ como mínimo‚ hora y media‚ así vamos charlando. Y el taxista me dice: mira tío‚ el Prado queda a dos calles y lo mejor es que te vayas andando que un poco de ejercicio es bueno para que se te pase la borrachera. Además‚ el Prado cierra a las siete y ya son casi las nueve. Y yo le digo: escucha gilipollas de mierda‚ que yo sé de qué te estoy hablando: vamos a ir hasta Barajas primero‚ a recoger a un amiguete. Y de Barajas al Prado. Y el tipo echa a andar el contador de las perras y salimos por fin de excursión. Manda huevos: ¡y yo que creía que como padre de familia si metías tus niños en el taxi te respetarían más! Pero ni así…
Tenemos casi un kilo encima –les digo a los chavales– mirad el fajo‚ y si os parece bien‚ lo vamos a repartir de esta manera: 20 talegos se nos van a ir en el taxi. Porque vamos a estar dando vueltas como mínimo tres horas.
En drogas llevamos gastadas ya 150 lucas.
Y con las 700 y pico que nos quedan he contratado por una hora y media al filósofo Peter Sloterdijk. Porque es filósofo y porque está de moda. Si estuviera de moda y no fuera filósofo‚ no lo subimos a nuestro taxi con nosotros ni de coña. No vamos a subir al taxi a Tom Cruise‚ ni a Zidane‚ ni al rapero ese que no sé ni cómo se llama‚ sólo porque están de moda.
Tampoco vamos a subir a cualquier filósofo solo porque es filósofo.
Llamamos al Peter Sloterdijk porque es filósofo y está de moda. Y porque me sale a mí de las pelotas.
Y la secretaria del Sloterdijk nos dice que el muy capullo quiere 2 kilos para venirse a
España. Ni hablar‚ le dije. Nosotros tenemos 700 talegos y ni una sola perra más‚ joder. ¿En euros cuánto es? 4200 euros‚ me dice mi hijo de seis años. Por esa pela Peter Sloterdijk no se mueve de casa‚ me dice la secretaria por teléfono‚ la secretaria de Peter Sloterdijk por teléfono‚ la muy guarra.
Y yo me enrollo cantidad y le digo que al lado del Prado podemos tomarnos unas croquetas de cagarse en Casa Manolo. Y que el presupuesto nos llega también para media ración de Jabugo y una botella de Ribera. Y el Sloterdijk se pone al teléfono y dice: trato hecho.
El avión nos sale por 900 euros ya que “no pasa el fin de semana”. No me suelto a largar sobre los hijos de puta de las líneas aéreas porque me llevaría como mínimo seis horas.
El hotel nos sale por 500 euros esa noche‚ porque el mayor de mis chavales dice que quiere ponerle al Sloterdijk en el Palace y cuando le digo que el Ritz es más sensato porque queda al lado del Prado y que el Palace es peligroso porque está al otro lado del paseo del Prado y hay que cruzar entre tanto coche y el Sloterdijk seguro que va a ir mamado‚ me dice: al Sloterdijk lo vamos a poner en el Palace porque en el Palace dormía Borges y porque en el Ritz durmieron Britney Spears y Mel Gibson. Y porque me sale de los huevos.
Y esta última razón me conmovió tanto que dije‚ vale‚ si te sale de los huevos‚ se hace como tú dices.
O sea que con estos gastos imprevistos‚ nos quedan para el Sloterdijk unos 2.400 euros y tenemos que renegociarlo todo con su secretaria‚ porque le habíamos prometido prácticamente el doble. Pero ya era tarde porque el Sloterdijk ya había salido para aquí.
Ya ha salido para allá‚ me dice la tía.
¿Ya ha salido para aquí? le digo.
Pues vamos a buscarlo a Barajas.
Y nos presentamos. Y el tipo llega. Puntual. ¡Cómo son los germanos! Y me pregunta por las croquetas de Casa Manolo. Menudo es el tío: sale por el control de Policía y ya está con el rollo de las croquetas y el Jabugo. Lo metemos en el taxi y le explico de qué va la cosa. Le digo: mira‚ nosotros en la familia tenemos ahorrados cinco mil euros y nos los vamos a pulir de esta forma: queremos ir al Prado‚ romper una ventana y ver alguna pintura negra de Goya sin que nadie nos toque los huevos y quedarnos toda la noche a nuestro aire. Llevamos birras y bocatas de tortilla para tirar toda la noche.
Cuando amanezca nos volvemos a casa. Y Santas Pascuas.
Antes de meternos al museo‚ nos tomamos todos juntos las croquetas en Manolo y mientras enfilamos para Manolo‚ de camino en el taxi‚ vamos de charleta contigo.
Tu estás aquí para soltarnos la chapa en el taxi de Barajas a Casa Manolo. Y listo. ¿Que la charla se pone interesante?‚ le digo al taxista que le dé vueltas‚ para hacer tiempo‚ a Neptuno. O a los Jerónimos. Que son dos monumentos de mierda. Una es una estatua que no vale nada y la otra es una iglesia que tampoco vale gran cosa. Pero Madrid no tiene mucho de dónde rascar. Si quieres ver monumentos‚ te vas a Florencia. Aquí vienes a hablar de filosofía en el taxi‚ de Barajas al Prado y a zampar croquetas y a regarlas con un Riberita.
Y le detallo el presupuesto: lo que vale el taxi‚ el avión‚ la habitación del Palace‚ la ración de croquetas‚ la media ración de Jabugo‚ una botella de un Ribera aceptable‚ y el tipo me dice que el proyecto le parece bien. Me gusta el proyecto‚ me dice. Pero yo habría llevado a los chavales a Disneyworld de París.
Esta última frase‚ no sé si es del hijo de la gran puta del Sloterdijk o de mi hijo menor‚ que me va traduciendo todo del alemán y puede que me la haya colado el muy capullo.
El Sloterdijk ve la botella de Macallan y nos pide un trago y mi chavalote el pequeño le suelta‚ en un perfecto alemán: el Macallan es para dentro del museo del Prado y no está incluido en tu contrato. Contigo sólo tenemos croquetas‚ media de Jabugo y una botella de Ribera. ¡No te enteras‚ tío!
Bonita noche de verano en Madrid‚ ¡joder!
¡Guauuu! Me veo a mí mismo en el taxi‚ junto a mis dos chavalotes‚ bajando por Serrano directos a la Puerta de Alcalá‚ con todas las ventanas abiertas‚ con el Sloterdijk hablando en alemán que no le pillo ni una palabra y el taxista menos‚ los semáforos de Serrano tan bien sincronizados‚ verde‚ verde‚ verde… que me digo: ole tus huevos‚ anda que no te gastas la pasta de puta‚ puta‚ puta madre. ¿Que con 5.000 euros no puedes hacer nada importante?
No me jodas: prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta.
Y cavo profundo en mi
Diminuto pedazo de tierra
Cavo siempre por debajo de mis pies que me sostienen cavando
Y doy espesor a una sola acción
Y la protejo de vosotros con tantos pensamientos como
Una cebolla de capas y capas y capas de piel de cebolla
Y soy más que nunca una cebolla
Rodeada de finas y precisas y húmedas capas de
Pensamientos
Y alejándome os busco
Entero
Desaparecido-desapareciendo
Cavando
Y el Peter Sloterdijk dice: ¡Qué idea cojonuda! ¡Yo también quiero entrar al Prado por la ventana esta noche! No me jodáis‚ ¿no me vais a dejar tirado? Y yo le digo: ¡vaya hijo de puta! con la pela que cobras‚ tú te vas al Palace‚ te pules el mini bar entero‚ pones el canal porno o llamas a una puta y a dormir la mona; que mañana te vuelves para Alemania y llega un taxi a recogerte a las cinco y media.
Aún así‚ salvado este contratiempo‚ la charla en el taxi se pone interesante. Mi hijo de seis años sigue cada reflexión del Sloterdijk sin perderse ni un detalle y suelta unas réplicas en alemán que deben ser la leche‚ ya que el Sloterdijk se queda en silencio unos segundos y le responde otra vez entusiasmado. Se habló de todo y con eso vamos a hacer un libro‚ porque llevamos escondida una grabadora en la mochila‚ entre la coca. No somos tarados. El Sloterdijk está de moda. Vamos a hacer un libro‚ nos vamos a forrar‚ y ni se va a enterar.
Me tengo que saltar prácticamente todos los detalles‚ joder. Para ir al grano. Cómo nos peleamos por la ración de ocho croquetas. Cómo bajaba la botella de Ribera. Las lágrimas y el babeo del Sloterdijk con el Jabugo en la boca entreabierta. Nos salió interesante el Sloterdijk. Estábamos cachondos. El cerebro a tope de sangre. Bum‚ bum la sangre por las venas. Preparados para echar un polvo de los que uno va a recordar de por vida o para romper una ventana del museo del Prado y colarnos a ver a Goya.
En mi esfuerzo por ser democrático dije a los pibes: ¿qué hacemos? ¿Vamos de putas a echar uno de esos polvos que uno luego recordará toda su vida o nos metemos al museo del Prado por la ventana?
Por nosotros‚ mejor vamos a Disneyworld‚ sueltan.
Y yo le digo al taxista‚ que está fuera de casa Manolo esperando: venga‚ tiremos para el museo del Prado que queda aquí a la vuelta.
Y ya en el taxi‚ el chaval de seis años‚ larga: cómo mola hablar con el alemán este. Es lo contrario a hablar contigo.
¡Qué faltón me salió el muy capullo! Y yo que a los niños ya he decidido no golpearlos más‚ joder. Y mira cómo me provocan los muy hijos de puta. Y yo les hablo de mi misión educativa y que cada uno da para lo que da.
Sloterdijk les habla de las macroesferas‚ de las microesferas y de una nueva interpretación de Heidegger y yo los llevo a la cancha‚ joder. A ver perder otro domingo al Atlético de Madrid. Cada cual da para lo que da. Y en el campo del Atlético se aprenden muchas cosas. La filosofía nihilista y la estoica‚ por ejemplo.
Y si la naturaleza y la vida te han dado algo de sentido del humor‚ puede que siendo socio del Atlético de Madrid desarrolles una capacidad asombrosa para el pensar Cínico‚ que no es tontería. Lo digo siempre: Diógenes era colchonero.
Vamos a dejar al nazi este en el Palace y vamos a ir al Prado. Con la mochila a tope de droga‚ bocatas de tortilla y birra y Macallan. Y piedras para romper las ventanas. Y la sangre haciendo Bum Bum. Una fiesta.

para conseguirlo en papel en: 

domingo, 3 de enero de 2016

El bar de las grandes esperanzas. J. R. Moehringer


Un libro autobiográfico que habla de la necesidad de los bares, los libros, la amistad y el amor para encontrar un pedacito de felicidad en un mundo que cada vez parece más complicado.
Una lectura refrescante donde acompañaremos a su protagonista, J.R., en sus vivencias y aprendizajes, en sus miedos y esperanzas, por sus bares y trabajos, por sus fracasos y victorias... Una lectura para disfrutar de cada una de sus páginas, anécdotas, personajes y pensamientos.  
Editado por: Duomo Ediciones