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sábado, 23 de julio de 2016

cuando el silbido de las balas es la única música


cuando el silbido de las balas es la única música
cargo la escopeta, me meto una raya de coca, amarga y metálica como las balas y el odio. no hay nada que hacer. esta ciudad está muerta, bares muertos, cuerpos y almas muertas, cerebros destruidos como en esa canción de Eskorbuto, que aquí nadie ha escuchado. como la "Ciutat Podrida" de La Banda Trapera del Río, pero aquí no hay río, no hay mar, no hay músicos... Cojo más cartuchos, los restos de la papelina, el tabaco y el mechero y salgo de casa como un fugitivo. hay una gran luna llena en el cielo y es hermoso pero nadie se para a mirar. Ando hasta dejar la ciudad detrás, subo al Cerro del Castillo, desde aquí todo es más sencillo o menos complicado, más hermoso o menos feo. puedo localizar la plaza mayor, el ayuntamiento, la iglesia del Carmen, la gasolinera de la avenida dos de mayo, el cementerio... me meto lo que queda de coca, la moca me cae hasta la boca, con su sabor a barro, venganza y derrota. y disparo a la ciudad, a la oscuridad, al silencio, al dolor, disparo con la esperanza del suicida y la desesperación de un maqui acorralado. disparo hasta que llegue el amanecer y la gente despierte, en una ciudad en llamas.

la ilustración es de Álvaro García "seisdedos"

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