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jueves, 7 de abril de 2016

Repóker de reinas. Prólogo de José Pastor

Antología de poesía femenina
Autoras: Ana Patricia Moya, Layla Martínez, Ada Menéndez, Ana Vega y Lucía De Fraga
Ilustraciones: "Noire" (Silvia López Cano)
Prólogo: José Pastor González
Groenlandia Editorial

me hace ilusión colaborar con este prólogo en "Repóker de Reinas"
Cinco Reinas por José Pastor González
Cinco escritoras dan juego, voz y vida a “Repóker de reinas”, cinco escritoras luchadoras, valientes, soñadoras, apasionadas, cautivadoras, con estilo y con algo interesante que decir. Cinco escritoras comprometidas y entrometidas, seductoras y vitalistas, que ponen las cartas, los versos, los relatos, la piel, la carne... sobre el papel y sobre la mesa y apuestan fuerte. Una apuesta basada en una escritura expresiva y precisa, jugando con pericia, con desparpajo, con sabiduría y con la vitalidad de activistas de la vida y la poesía. Cinco jugadoras, cada una con su instinto, su mirada, sus voces, su juego y sus versos.
Ada Menéndez es de las jugadoras que “juega a la ruleta rusa / con todo el cargador lleno”, de las que frecuenta garitos donde no hay tiempo para preguntas ni respuestas, de las que juegan “sin caretas sin roles sin nombre ni apellidos ni huella digital / sólo /mi cuerpo desnudo para ti”, de las que apuestan fuerte hasta dejarte sin blanca y sin habla. Ada Menéndez  siempre está dispuesta a doblar la   apuesta, “dispongo de taxímetro siempre a cero”, no desea lo fácil, ni la victoria final, “No deseo lo que acostumbran a pedirte / sólo quiero verte como tú te ves / cuando el silencio te rodea”
Ana Patricia Moya es una curranta, una luchadora de las que juegan con las cartas que le han tocado, sin trampa ni cartón, sin faroles, sin juegos de mano. Una jugadora que fue capaz de asesinar su inocencia a pedradas y desenmascarar a Walt Disney, a Adán y Eva, y a todos los cobardes escondidos en el mundo de Oz. Ana Patricia Moya juega a cara descubierta, con apuestas certeras y demoledoras, “hay huecos que ninguna polla jamás podrá llenar”. Sus bazas son la palabra, la piel y la honestidad y “hasta que mis nudillos se descarnen / hasta que mis ovario rabiosos estallen / hasta que mi paciencia agonice en una tumba” seguirá con el juego y la poesía “aunque conozca el final exacto de esta historia”
Ana Vega conoce lo que es “la ausencia del gesto”, el abandono, las batallas perdidas, el “No querer ver más”, pero es un animal salvaje, una jugadora de sangre caliente que es capaz de arriesgar todo como solo sabe hacerlo un animal salvaje herido. Ana Vega sabe que con esa fuerza de los que perdieron pero no se rinden, con esa “lucidez ciega” de los que conocen el lado oscuro de la vida, se puede ganar la partida a la derrota. Una jugadora que con poemas como “Nunca” es capaz de desarmar a cualquiera que no quiera disfrutar de la curvatura perfecta.
Layla Martínez  se ha curtido jugando tanto en las timbas más caóticas como en los clubs más selectos, de ahí esa forma tan imprevisible e inclasificable de su juego, de ahí ese nihilismo y esa elegancia, de ahí ese desparpajo y esas agallas. El juego de Layla en “Repóker de reinas” es onírico, poético, cruel, mágico y suicida. Un juego propio, que huye de las clasificaciones y de las fronteras, y que bebe del lenguaje de los insectos, de los tratados antiguos de botánica, de los venenos que susurran los poetas mejicanos, de la sabiduría de los locos y  los suicidas. Un juego desplegado en seis relatos, perfectamente hilvanados, como una telaraña, como un circulo vicioso perfecto, donde ha jugado sin comodín, arriesgando el todo por el todo y guiándose con el resplandor de una escritura que alumbra y calienta a todos esos caminantes que se pierden entre la maleza, la realidad y los sueños.
Lucía Fraga con la mirada hipnótica de mujer fatal, “Con una mirada que hizo temblar el Infierno”, juega mirándote a los ojos y exigiéndote que la mires. Lucía Fraga juega con plena libertad, no hay nadie ni nada que la ate, corta a navaja, a destajo, sin piedad, sabiendo lo que quiere. Con su juego tan frío como ardiente, “Soy un témpano que quema entre tus manos”, sabe que la libertad puede ser un abismo pero también una carta ganadora. Lucía juega mordiendo, con hambre, sin respetar reglas establecidas, sin límite de apuestas, quiere asaltar la banca y no necesita ni quiere justificaciones, “si el contrato lo he incumplido / Groucho Marx es mi abogado”.

Ahora las cartas están boca arriba, que ustedes lo disfruten, para mí fue todo un placer

El libro en: Issuu
El libro en: Calameó

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