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sábado, 16 de enero de 2016

Azad Daulati. poemas


I
Protégeme del viento que me asfixia
en este clamoroso mundo incierto.
No me dejes caer, maestro mío;
enséñame a volar si me hace falta.

II
Cuando paso leve entre el alboroto
y el bullicio de gentes en el zoco,
disipa el viento toda mi esperanza.
Frente al sol, soy menos yo y soy más mundo.

III
Me escondo en un rincón de la taberna
y finjo ser feliz por un instante.
El destino castiga a los idiotas,
no quiero formar parte del desastre.

VI
No me asusta el infierno en la otra vida
ni el castigo que impongan simples hombres.
Si hay un Dios, me hallará con mis pecados.
Nunca más cumpliré leyes injustas.

VIII
Mentiras se oyen hoy en las ciudades
relatadas por sabios embusteros.
Se nublan las mentes y no hay verdad.
Llueve sobre el pueblo erguido en el barro.

XI
A veces me desvela tu recuerdo,
palpo el insomnio y la suerte me tienta.
La partida comienza desde cero,
sé que me llamas y tu voz se aleja.

XIII
Contemplo el idioma de los árboles,
rebusco en sus raíces tus lamentos.
La búsqueda es mi única certeza
pues si te encuentro a ti, podré encontrarme.

XVIII
No habrá destino alguno en estos días
en los que el corazón ni late o sueña;
y si tú no logras volver a guiarme,
¿para qué el cielo y para qué el camino?

XVIII
Ahora que ya sabes cuánto ignoras
y caminas sin rumbo y en tinieblas,
esa flor insensata en el abismo
te enciende el corazón y te lo parte.

XXVII
Después de tanto tiempo en el camino,
reconozco que nada he descubierto,
pero solo, herido y despojado,
mis pies se mueven libres de cadenas.

XXVIII
Sin masticar el polvo de las sendas,
sin dormir en la arena y en la roca,
¿cómo vas a ser dueño de ti mismo?
Escoge tu camino y ponte en marcha.


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