un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

lunes, 31 de agosto de 2015

Fabián y el caos. de Pedro Juan Gutiérrez


Cuba en la década de 1960. La revolución  ha triunfado y dos chavales que aparentemente no tienen nada en común se hacen amigos, Pedro Juan, viejo conocido de los lectores de Pedro Juan Gutiérrez, es atlético, fornido y con el tiempo será un seductor amante de las mujeres voluptuosas.
Fabián es todo lo contrario: enclenque, asustadizo y miope, toca el piano, es homosexual y su familia -una madre madrileña y un padre catalán que emigraron a la isla en los años veinte- vivió tiempos mejores en la Cuba prerrevolucionaria.
Esa amistad improbable seguirá a lo largo del tiempo y las vidas de estos dos chicos volverán a cruzarse en los años venideros. Pedro Juan se habrá convertido entonces en un hedonista que disfruta del sexo con mujeres de generosos pechos que no le piden compromiso, incluida una sexagenaria desaforada. Fabián será un artista sin capacidad para enfrentarse a una realidad hostil. Lo han detenido por maricón y, aunque acaba saliendo airoso, el miedo se apoderará de él y vivirá cada vez más encerrado en sí mismo. Ambos se reencontrarán en una fábrica de enlatado de carne donde trabajan los parias de la nueva sociedad revolucionaria pero sus destinos serán irremediablemente dispares.
Basada en hechos reales, esta es una novela de contrastes: de luces y sombras, de vitalismo y desesperación, de goce y represión.
Escrita con el habitual tono directo y visceral del autor, y con el telón de fondo de una Cuba efervescente y sórdida, narra la amistad imposible entre dos  parias de la revolución, entre dos jóvenes que viven de espaldas a las proclamas y mentiras oficiales y buscan sus espacios de libertad con destino dispar. Fabián y el caos es una nueva muestra del arrebatador talento de esa suerte de Bukowski caribeño que es Pedro Juan Gutiérrez y está repleta, como toda su obra, de sexo y desolación, de vigor y pesimismo.

domingo, 30 de agosto de 2015

unos poemas de josé pastor en la revista "Entre Líneas" (julio 2015)


Sumario: 
Un cuento de Nelba Quindemil/ 3 
Fragmentos del poemario escupiendo al viento de José Pastor González/ 11 
Las Crónicas de M. Polo/ 13 
Colaboraciones de Yoyita/ 17 
Ni perdidos ni olvidados/ 20 
Yo alucino Por Sara Suejen/ 21 
¿Sabía usted? : / 21 
Luis Báez Mayor Por Juan Calero Rodríguez/ 26 
Nicolás Estevánez Murphy Por Juan Calero Rodríguez/ 30 
La canción de la bella prostituta (extracto) de Marián Jimeno Pastor/ 34 
Su verdadero camino por Enrique A. Meitín/ 36 
Selección poética de Fernando Chelle / 41

sábado, 29 de agosto de 2015

Pablo Gutiérrez. Los libros repentinos


Los libros repentinos nos cuenta la historia de Remedios, una anciana de existencia frustrada, cuya vida puede ser contada a golpes de sinsabores: casada con un hombre mal elegido con el que buscaba emancipación y libertad, con dos hijos sin suerte, lejos de ella desde hace años, y todo en un barrio gris, humilde, pobre, perteneciente a esas zonas oscuras de las ciudades alejadas de guías turísticas y de campañas electorales. Un día, apenas unas horas después de morir su marido, una caja llena de libros llega a su casa por error. A partir de ahí Remedios entabla una intensa relación literaria con autores clásicos españoles que la ayudan a conocer su propia historia y a interpretar el mundo que la rodea. Remedios - y nosotros con ella - descubrimos que Baroja, Galdós, Clarín, Unamuno.. aún pueden servirnos para radiografiar a nuestra sociedad actual, nuestras ciudades, nuestras carencias y miserias, también nuestras grandes esperanzas. Estos libros son para Remedios, como podrían serlo para cualquiera de nosotros, nuestra salvación, la cuerda que evita nuestra caída.

Los libros son el inicio, la mecha de una revolución, la que Remedios emprende para revelarse contra lo establecido, dando(nos) una lección de que la acción y las posibilidades de cambio no están en las grandes cosas, sino en nuestro entorno más cercano: pequeñas acciones que encierran grandes gestas.

Es admirable como, con este planteamiento, Pablo Gutiérrez, entremezcla su novela - su discurso, narrándonos la historia en una tercera persona - con fragmentos literales de novelas de estos autores, en cursiva, para que podamos identificarlas, pero perfectamente mimetizadas en la novela (parecen haberse escrito para esta historia, en una suerte de copia-pega literario impecable), en el homenaje más original que he podido ver en un autor hacia otros autores. Los libros a los que pertenecen los fragmentos que Remedios-Pablo Gutiérrez lee-utiliza están referenciados al final del libro, en una clara invitación a ser leídos y descubiertos (o re-descubiertos en algunos casos).

La historia de Remedios es también el envoltorio de lo que Pablo Gutiérrez aborda a lo largo del libro con trazo fino y precisión de cirujano. Como decía antes, el barrio donde se desarrolla la historia pertenece a esos lugares de los que una ciudad no presume, no habla, en muchas casos ni siquiera conoce... tampoco la literatura suele frecuentar estos lugares, barrios humildes (no son los barrios marginales a los que sí recurre la literatura y el cine), viviendas sociales del extrarradio (extramuros en palabras de Gutiérrez) al otro lado de las autovías radiales de las ciudades, ocultos tras grandes paneles para no perturbar el viaje del conductor que vuelve a casa. Estos barrios definen la desesperanza de nuestra sociedad, los grandes fracasos colectivos. Pablo Gutiérrez nos abre los ojos y nos muestra la trastienda de nuestro estado del bienestar (que dicho sea de paso, se empequeñece día a día a nuestro alrededor).  
primeras páginas de los "Los libros repentinos"

lunes, 24 de agosto de 2015

cuando no seamos jóvenes


cuando no seamos jóvenes
le veo sentarse bajo la sombra del almendro
cada cuatro o cinco minutos
tiene que parar a descansar
resopla se limpia el sudor de la cara
enciende un cigarro que no puede acabar de fumar
maldice murmulla se lleva las manos a la cabeza
aprieta los puños
se levanta
aprieta los dientes
coge la azada y vuelve a la faena
lo intenta por todos los medios
pero no puede
no le valen ni los trucos que da la experiencia
cabecea vuelve a maldecir vuelve a cabrearse
vuelve a sentarse a la sombra del almendro
se le escapan las fuerzas
se le escapan las lágrimas
creo que se ha dado cuenta
que ahora todo es cuesta abajo
ya para siempre
y no hay donde agarrarse

domingo, 23 de agosto de 2015

miércoles, 19 de agosto de 2015

un poema de josé pastor


otras diferencias
le tiemblan las piernas al verme
pero intenta mantener su pose
de chica salvaje rebelde libre e independiente
la que más baila
la que pide las rondas de cervezas
la que no se corta
me reta al futbolín
es dura de pelar
se le escapa una sonrisa nerviosa y hermosa
como el vuelo de un jilguero
cuando alabo su habilidad con el futbolín
es joven, hermosa, divertida, descarada
huele a hierba recién segada
y le brillan los ojos, la piel, los labios
juguetea con el piercing que lleva en la lengua
con una erótica ingenuidad
no se si intencionada o involuntaria
capaz de desarmar al más pintado
me gusta
me gusta mucho esta chica
entre los dos hay magnetismo
y atracción por lo prohibido
es una gata asilvestrada
tiene diecisiete años
yo casi el triple
no me importa la diferencia de edad
no me importa casi nada que no sea ella
pero su padre es amigo mío
y pesa veinte kilos más que yo

martes, 18 de agosto de 2015

Alfonso Brezmes. La noche tatuada


La pregunta

¿Quién
va dejando
guijarros en la noche
que
uno tras otro
me devuelven
cada día
hasta mí?

No leíste los cuentos

Y así te va.
Ya es tarde para lamentos:
se hace tarde,
y pronto todo estará oscuro.
¿Ves esta boca, amor?
Está hecha a la medida de tus sueños…
No hay tiempo ya: cierra los ojos.
No leíste los cuentos
y ahora yo -así es la historia-
tendré que comerte.

sábado, 15 de agosto de 2015

pata negra




tras escuchar a Solea Morente y Los Evangelistas

pata negra
era inspiración
era locura
eran guitarras callejeras
alegrías y rock gitano
bulerías eléctricas y blues fronterizo
eran noches de invierno
que llovía a chaparrones...
y tanto polen
como hambre
ahora, treinta años después
escuchando a Los Morente y compañía
todo me parece pose y malas copias
marketing y mánagers millonarios
no hay nada de aquella magia
de aquella poesía
de aquella rabia
de aquella pasión
y el hambre es muy distinta
ahora,
pasa la vida
y es mejor el silencio

viernes, 14 de agosto de 2015

Me hicieron de izquierdas a hostias



Me hicieron de izquierdas a hostias  
Tendría cinco o seis años cuando a mi padre le dieron una paliza en la plaza del pueblo por no ir a misa. O por robar leña, que nunca nos enteramos del motivo. Aquel domingo mi padre había salido de madrugada a recoger leña. Al volver al pueblo la guardia civil le estaba esperando, le detuvieron, lo arrastraron a la plaza y esperaron a que saliéramos de misa y como escarnio público apalearlo con saña y a conciencia. Recuerdo los gritos de mi padre y a mi madre llorando y suplicando a los pies del cabo Martínez, y a mi tita María y su hija Marta Aurora levantándola del suelo y consolándola como buenamente podían. La Conejo, vecina nuestra, intentaba taparme los ojos para que yo no viera lo que estaban haciendo con mi padre, pero llegó El Bigotes la apartó de un empujón y me obligó a  mirar, que lo vea y aprenda. El cura, el médico y el juez de paz con la camisa azul que siempre vestía, permanecieron inmisericordes, inmutable el ademán, sin hacer nada por ayudar a mi padre. Tampoco hizo nada Don Francisco, el maestro, que a base de guantás, capones y pescozones se había empeñado en enseñarnos el padre nuestro, el cara al sol y la tabla de sumar. Él se llevó la leña que había recogido mi padre. Así nos fueron enseñando, a golpes. Hace unos meses pusieron el nombre de Don Jaime a una de las calles del pueblo. El padre Jaime, el cura del pueblo, el que nos enseñó el creo en dios, los pecados capitales y veniales y el resto del catecismo con la ayuda  de varas de avellano que mandaba cortar a mi primo Gerardo. Así era siempre, todo a base de hostias, tortazos y golpes. Un año antes de ir al servicio militar, estando en el bar de Matea, un mando de la guardia civil me arreó un puñetazo en toda la boca porque decía haberme oído cagarme en la mar. Del puñetazo me arrancó un diente. Y tuve que levantarme, buscar el diente y tragarme la sangre y el orgullo con papas. El mismo mando de la guardia civil, años más tarde, en su santa cruzada por el buen uso del lenguaje y de las normas sociales y morales, al hijo de Gabriel, que no tendría por entonces, más de once o doce años, le hizo beberse un litro de aceite de ricino por soltar un taco durante un partido de fútbol que jugaban los chavales de nuestro pueblo contra los chavales de Los Bérchules. Y qué decir de los golpes que nos caían por todos lados, sin ton ni son, durante el servicio militar. Y los dos días que pasé en el cuartelillo de Órgiva a base de pan, agua y zurriagazos por discutir con Don Julián por una cuestión de jornales. 
Fueron 40 años de dictadura en que nos enseñaron a palos. Muerto el dictador pocas cosas cambiaron en el pueblo, solo el color de las camisas del juez de paz. La ley era lo que decía Don Julián y ahora también su hijo, el señorito Luis. La guardia civil seguía campando a sus anchas por el pueblo y por los campos, repartiendo a diestro y siniestro. Y lo que decía Don Jaime iba a misa y donde hiciera falta. Y el sustituto de Don Francisco, Don José, tenía fama de ser acérrimo defensor de la letra con sangre entra. 
Con la llegada del partido socialista a los ayuntamientos de los pueblos de La Alpujarra creí por un momento que todo cambiaría. Ángel era de mi quinta, era mi amigo y era de izquierdas. Su padre las había pasado canutas por sus ideas y sus prontos, hasta sufrió un simulacro de fusilamiento por dar una paliza a El Bigotes. Ángel siempre presumió de ser de izquierdas pero durante los años duros y grises de la dictadura siempre supo mantenerse al margen y con la boca cerrada. Pero era buena gente. Ocho años en el ayuntamiento le cambiaron el carácter y la economía. Se hizo algo arrogante y supo sacar provecho de sus años como alcalde. Cuando se jubiló no tuvo que preocuparse por su futuro y el de los suyos, se había arreglado la casa donde vivía, se había comprado a tocateja un cortijo en la rambla del doctor, tenía  un land rover para el trabajo en el campo y un renault 11 para cuando iba a Granada y se sentía orgulloso de haberle pagado una buena carrera a su hija. Lujos que alguien con siete obradas de olivos y almendros no podía permitirse. Seguía siendo un buen tipo, no olvidó de donde venía y se podía hablar con él aunque no compartiéramos algunas ideas. Su hija ahora es la alcaldesa del pueblo, ha hecho del pueblo su cortijo particular, hace y deshace a su antojo y cualquiera le lleva la contraria. Antes, los que mandaban eran los señoritos que ganaron la guerra civil. Ahora los que mandan son otros señoritos, los que tuvieron la oportunidad de estudiar y que después se arrimaron a la política y al poder. Se han apalancado a sus poltronas y no se van  ni con lejía. La alcaldesa con su flamante BMV dice que es socialista por tradición y por convicción. Pero no tiene ni puta idea de lo que es ser de izquierdas, no aprendió a hostias. 

del libro " para no volver por La Alpujarra"  VV. AA

jueves, 13 de agosto de 2015

Dinamita Cerebral. Antología de los cuentos anarquistas más famosos. (para descargar)


"Dinamita Cerebral" fue publicado originalmente en 1913. Aunque el libro ha sido reeditado en diversas ocasiones (siempre en pequeñas tiradas y por pequeñas editoriales y colectivos) es uno de esos libros descatalogados y difíciles de encontrar, altamente recomendable.
para epub
en pdf

con prólogo de Juan Mir, reunen los siguientes textos:
1. ¡Sin trabajo! (Émile Zola)
2. Los dos hacendados (Magdalena Vernet)
3. El culto de la verdad (A. Strindberg)
4. El nido de águila (Henrik Pontoppidan)
5. El hurto (Francisco Pi y Margall)
6. El Cuervo (Francisco Pi y Arsuaga)
7. Escrúpulos (Octavio Mirbeau)
8. El Ogro (Ricardo Mella)
9. El Central Consuelo (Ramiro de Maeztu)
10. La Prehistoria (J. Martínez Ruiz Azorín)
11. La Justicia (Carlos Malato)
12. ¿Será eterna la injusticia? (Anselmo Lorenzo)
13. La Justiciera (Bernard Lazare)
14. Coloquio con la vida (Máximo Gorki)
15. Un cuento de año nuevo (Anatole France)
16. In vino veritas (José Prat)
17. La casa vieja (F. Domela Nieuwenhuis)
18. El asunto Barbizette (Jacobo Constant)
19. Matrimonios (Julio Camba)
20. Jesucristo en Fornos (Julio Burell)
21. La Gloria Militar (Alfonso Kan)

miércoles, 12 de agosto de 2015

12 de agosto. Carta de Bukowski a su editor y amigo John Martin


12 de agosto, 1986
Hola John:
Gracias por la carta. En ocasiones no duele recordar de dónde venimos. Tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que tratan de escribir de ello, o hacer películas, no lo entienden. Le llaman “De 9 a 5″. Nunca es de 9 a 5, no existe un descanso para comer, y de hecho, en algunos lugares no debes comer si quieres mantener tu trabajo. Luego existen las horas extras, las cuales nunca se registran correctamente en los libros, y si te quejas de eso, encontrarán a otro idiota que te reemplazará.
Tú conoces mi viejo dicho: “La esclavitud nunca fue abolida, sólo se extendió para incluir a todas las razas”.
Lo que duele es la pérdida de humanidad en aquellos que pelean por mantener trabajos que no quieren, pero que temen ante una alternativa peor. La gente simplemente se vacía. Son cuerpos con mentes obedientes y temerosas. El color se les va de los ojos. Su voz se hace fea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.
Cuando era joven no creía que existieran personas que dieran su vida por esas condiciones. Ahora que soy viejo, sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Sexo? ¿La televisión? ¿Un automóvil en pagos mensuales? ¿O los hijos? Hijos que sólo harán lo mismo que ellos hacen.
Antes, cuando era muy joven y saltaba de trabajo en trabajo, era lo suficientemente ingenuo como para decirles a mis compañeros: “Oye, el jefe puede venir en cualquier momento y corrernos, así de simple, ¿no te das cuenta?”
Sólo me miraban. Yo les decía cosas que ellos no querían dejar entrar en sus mentes.
Ahora, en la industria, hay muchos despidos. Los despidos se cuentan por cientos de miles y sus rostros siempre son de sorpresa:
“Estuve aquí por 35 años…”
“No es justo”
“No sé qué hacer…”
A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y vuelvan al trabajo. Yo lo veía, ¿por qué ellos no? Me di cuenta de que el banco del parque era igual de bueno, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusieran allá? ¿Por qué esperar?
Escribí con asco en contra de todo. Fue un gran alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí, como un “escritor profesional”, y después de los primeros 50 años, he descubierto que hay otros disgustos más allá del sistema. 
Recuerdo una vez, cuando trabaja como empacador en una compañía de artículos de iluminación, que un compañero dijo de pronto: ¡Nunca seré libre”
Uno de los jefes caminaba por ahí, su nombre era Morrie, y soltó una gran carcajada, disfrutaba el hecho de que el tipo estuviera atrapado de por vida. 
Así que la suerte de salir finalmente de esos lugares, sin importar cuánto tiempo me tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría de hombres pensaría en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente. Y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará, sin importar lo lejos que me haya ido, cómo llegué en medio del asesinato, la confusión y la pena, hacia, al menos, una muerte generosa.
No haber desperdiciado por completo mi vida, parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho

Hank. 




lunes, 10 de agosto de 2015

mujeres tienen que ser. Metaverso. Radio3


segunda entrega (del programa Metaverso -Radio3-) dedicado en exclusiva a la poesía y a la mujer. Con Tania Panés (de la iniciativa Momento Verso), Malena María, Ana Pérez Cañamares, Inma Luna y María García Zambrano (de Justicia Poética Ya). Y en la sección "La hostia en verso" un poema de Georgina Castillo. 

jueves, 6 de agosto de 2015

La revolución es cosa de pobres

George Orwell, Eileen O’Shaughnessy y miembros de la unidad del Partido Laborista Independiente en el frente de Aragón durante la Guerra Civil española. Foto: DP.

un artículo de Toni García Ramón en la revista Jot Down

miércoles, 5 de agosto de 2015

3 poemas de Emma Cabal


este mes de agosto Emma Cabal publica con Canalla Ediciones
aquí unos poemas que he ido leyendo en su facebook y en blogs de poesía

Frágil

Eres frágil. Lo sabes.
Vulnerable.
Débil.
Lo descubriste pronto.
Para hacer que tiembles,
a veces bastan un verso
y un mar.


Preparada para salir

Estabas harta. Harta
de sentirte sola,
confusa,
abandonada.

Ya está bien. Se acabó.

Te pusiste
la minifalda más corta
los tacones más altos
y la chaqueta roja
y decidiste
comerte el mundo,
comerte la noche,
dejarte comer.

Saliste a la calle y entonces
ocurrió.

Un viejo borracho
se acercó
mucho a ti y quiso
manosearte
mientras te echaba en la cara
su aliento a vino.
Sentiste
unas ganas inmensas de vomitar.
                                                         

Y es que los lobos
ya no son lo que eran,
Caperucita.


Pienso en ti

Pienso en ti
y me crecen alas.
Y vuelo.
Y llego hasta tu pueblo
y te beso
y me tocas
y hacemos el amor en el aire.

Pero bastan una voz,
un ruido, una puerta que se abre
o se cierra,
para hacerme volver a la tierra.
Y para darme cuenta
de lo mucho que pesan
mis zapatos.

martes, 4 de agosto de 2015

Drácula. un poema de Iván Rojo


Drácula
Se llamaba Pedro
pero para nosotros era Drácula.
Jamás bajaba a jugar.
Tan solo le entreveíamos en su balcón
de vez en cuando, 
siempre ya anochecido.
Así que, claro: era Drácula. 
Y además estaba su color, su mal color.
Eh, Drácula, eh, Draculín,
le gritábamos desde la calle,
¿tienes miedo de nosotros o qué, bicho raro?
Y el chaval se retiraba a la seguridad de su casa.
Dejad en paz a Pedro,
nos decía alguna gente del bloque,
el pobrecillo está enfermo, tiene leucemia.
Pero teníamos nueve años
y no entendíamos de tragedias,
así que Pedro no estaba enfermo; era un vampiro,
y tampoco se llamaba Pedro; se llamaba Drácula.
Ojalá hubiera sido así.
Ojalá hubieras tenido colmillos.
Habríamos merecido que nos vaciaras las venas.
En fin, hoy me he acordado de ti, no sé por qué.
Y te quiero decir lo siento, tío.
Lo siento, Pedro.