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miércoles, 25 de noviembre de 2015

El sueño de Dakhla. Manuel Moya


DELI ÇAY
I
Eres, lo sé, un pozo,
un simple pozo en mitad de un camino
y en ti el sol se pone sobre la tarde extrema.
En ti me miro, miro mis ojos que a ti se asoman
y me sé vivo, porque en la oscuridad aún cintilas.
II
Mira ese casco enterrado en la arena.
El sol derrama sobre él su luz sin tregua.
El viento entre sus crines merodea.
Vive hoy, pues todo destino pertenece a la arena.
III
Cierto que muchas veces me he arrepentido.
Pero ¿estaba yo en mis cabales? ¿podía disponer de mí?
Mas al volver la primavera, cuando contemplo las rosas,
de todo me arrepiento, y antes que nada
de haberme arrepentido.
IV
Escucha bien. Todos los presidios tienen puertas
o pájaros o un guardián dormido
o una mano que vuela hacia tu mano
o una noche propicia.
V
He cantado a las piedras
que no saben de hombres ni estaciones.
He cantado a las nubes que no saben
de piedras ni de hombres.
He cantado a los hombres
que no saben de estaciones de ni piedras.
A la noche he cantado para quien todo es lo mismo
y la nada.
VI
Rompe la aurora sobre la diana del ojo,
los rostros se hunden en la luz, no se rebelan.
Sólo quienes atrapados quedaron en la sombra
a su alrededor miran:
ellos sí que saben lo que esperan.
VII
Nadie venga a devolverte un corazón,
ni a borrarte la memoria de un infierno.
La casa de tu padre será siempre tu casa,
lo que escribes con humo, lo borra el cielo.
VIII
Justo donde el pajarero echó sus redes,
donde el leñador alzó su hacha,
yo duermo, y conmigo duerme el cielo.
No sé del mundo, pero he visto atardecer,
dios, cómo amanece.

LOS VENCEJOS
En la noche, los vencejos
son astros suspendidos en la nada.
¿pero es que intentan taladrarnos,
arrojarnos sus alfanjes?
No. Se aprestan simplemente
al cerco y la caída.
Mil generaciones vibran tras sus picos,
pero apenas sienten la barrera
del agua entre las plumas,
emprenden, colosales, la batida,
dejando sobre el limo
una brecha negra, ensortijada.
Como un imán se sienten los vencejos
cegados por el agua
mientras giran, giran, giran,
carbunclos desprendidos de los astros.


del libro "El sueño de Dakhla" (Algaida)

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