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lunes, 16 de noviembre de 2015

Dura la lluvia que cae. Don Carpenter


"Dura la lluvia que cae" (1966) es la primera novela del autor norteamericano Don Carpenter (1931 -1995). Una novela brutal, contundente, valiente, acojonante, minuciosa, reflexiva. Una novela sobre los perdedores, sobre el perder, sobre la lucha desesperada por salir del agujero, sobre la pasión por vivir, sobre los deseos, sobre el dolor. En ella se habla de la vida en los billares, en las celdas de aislamiento, en los trabajos de mala muerte, en las habitaciones de hoteles baratos. Su personaje principal, Jack Levitt, no conoció a sus padres y fue criado en orfanatos y reformatorios. De joven pasa el tiempo entre mesas de billar, bares, de vez en cuando visitando un prostíbulo, de vez en cuando realizando algún robo. Tras pasar una temporada en la cárcel, Jack Levitt intenta darse una oportunidad, unas veces la suerte le sonríe, en otras ocasiones las cosas no van tan bien. Todo es cuestión de pasar el tiempo,  de matar el aburrimiento, de conseguir algo de dinero, de creer en el amor, de vencer la soledad, de olvidar el dolor...
"Para entonces, el pasado estaría semienterrado en su imaginación y el futuro se alzaría ante él como siempre lo había hecho, implacable, sin rostro y más allá de su capacidad de control, pero con la lenitiva diferencia de que ahora lo conocía y lo aceptaba como era. Para entonces, se daría cuenta de que esa libertad que siempre había anhelado, aunque nunca comprendido, estaba fuera de su alcance y del de nadie, pues todos los hombres por igual la desean; una liberación de la sociedad humana sin su ausencia; una liberación de la conexión, del miedo, del peligro y, por encima de todo, de la soledad de estar vivo. Para entonces, Jack entendería que la plenitud sólo era temporal y que el deseo es el enemigo de la muerte. Para entonces, se daría cuenta de que todas las alternativas dramáticas que el dolor introducía en su mente nunca le satisfarían eternamente, sino que ellas, también, eran diferentes formas de esa pelea a puñetazos con un enemigo invisible en la que había consistido toda su existencia: haberla matado, soñaba con esto de mil amores, habría satisfecho su pulsión asesina de la infancia mucho después de que dejase de considerarla una protección; haberse dirigido, como se veía a sí mismo con terrible autocompasión, hacia el puente Golden Gate para un último salto a la eternidad, sólo habría sido un acto de venganza que no haría daño a nadie que no fuera él mismo. Había otras alternativas, por supuesto, surgidas de la necesidad de actuar o de dramatizar. Podría haberse convertido en ladrón profesional, vengándose así de una sociedad a la que ya ni quería ni odiaba. Podría haberse enganchado a las drogas o a la bebida, utilizándolas como armas contra el dolor que sentía; a algunos les funcionaban, pero sabía que no sería así en su caso. Podría haberse ido de la ciudad y escoger un trozo de tierra bien lejos, en las montañas del Oeste, y convertirse en uno de esos granjeros solitarios y amargados cuyos únicos amigos son las nubes lejanas y los riscos montañosos… La verdad es que era un sueño de lo más atractivo y no podía abandonarlo del todo. Podría haber ido a la universidad para ser más listo y meterse en negocios y ganar diez millones de dólares y pulírselos. Podría haberse hecho poeta, vivir una vida tranquila y aceptar en forma de beneficio espiritual lo que había perdido en su fracaso material. "

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