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domingo, 18 de octubre de 2015

dos poemas de José Luis Gracia Mosteo

dos poemas de "De Romancero negro"  (Finalista del Premio Fray Luis de León 2013. Inédito).

fotografía de Lee Jeffreis

Muerte de Amín Ndongo, gorrilla 
¡Sitio, sitio! ¡Tengo sitio!, berreaba el negrata
a la puerta del hospital. Nada importaba
si el cliente quería o no sus servicios:
él se colocaba ante al capó y dirigía
el aparcamiento como un consumado guardia.
Algunos le daban cincuenta, otros veinte céntimos;
incluso había quien se estiraba un eurillo, temeroso
de encontrar el buga rayado y el parabrisas crujido.
¡Sitio, sitio! ¡Tengo sitio!, repetía, y todos
tenían que pagar el óbolo de la tranquilidad.
Así subsistía, abriendo puertas, buscando una plaza,
Amín que dormía en un furgón abandonado:
once horas por once eurillos dirigiendo el tráfico.
Un sábado al anochecer, un deportivo
robado con tres chavales y un colega ciego
de coca cortada, llegó a su curro.
¡Sitio, sitio! ¡Tengo siti…!, les gritó.
No pudo terminar. Cabalgó el BMW y besó
las llantas de aleación ligera antes de tomar
la patera del diablo hacia su aldea africana.

La banda de la línea uno (I)
No viajes en la línea Uno,
por Dios, no viajes ni subas
desde las diez de la noche,
a montar en esa línea,
si no te las quieres ver
con la banda del Rafita.
Ya sabes, son tres chavales
que se dicen salvatruchas;
no cojas el suburbano,
da en el búho una vueltita,
que llevan navaja y Täser
y un puño con el que atizan
para limpiar los pelucos,
iPhones y prendas bonitas.
No viajes en la línea Uno,
no subas. Ni se te ocurra.


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