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lunes, 21 de septiembre de 2015

La abolición del trabajo. Bob Black



NADIE DEBERÍA TRABAJAR
Nadie debería trabajar jamás. El trabajo es la fuente de casi toda la miseria existente en el mundo. Casi todos los males que se pueden nombrar proceden del trabajo o de vivir en un mundo diseñado en función del trabajo. Para dejar de sufrir, hemos de dejar de trabajar. Eso no significa que tengamos que dejar de hacer cosas. Significa que hay que crear una nueva forma de vida basada en el juego; dicho de otro modo, una revolución lúdica. Por «juego» también se debe sobreentender fiesta, creatividad, convivialidad, comensalía y puede que hasta arte. El juego va más allá de los juegos infantiles, por dignos que sean. Hago un llamamiento a favor de una aventura colectiva basada en el júbilo generalizado y la exuberancia libre y recíproca. El juego no es pasividad. Sin duda todos necesitamos mucho más tiempo para la pereza pura y la flojera del que nunca llegamos a disfrutar en la actualidad, al margen de nuestros ingresos o nuestra profesión, pero una vez recuperados del agotamiento inducido por el trabajo, casi todos queremos hacer algo. El oblomovismo y el estajanovismoson las dos caras de una misma moneda envilecida. La realidad existente es totalmente incompatible con la vida lúdica. Tanto peor para la «realidad», el agujero gravitatorio que nos sorbe la poca vitalidad que aún distingue a la vida de la mera supervivencia. Curiosamente (o no) todas las viejas ideologías son conservadoras porque creen en el trabajo. Algunas de ellas, como el marxismo y la mayoría de variedades del anarquismo, creen con tanta pasión en el trabajo porque creen en muy poco más. La izquierda dice que hay que acabar con la discriminación en el empleo. Yo digo que hay que acabar con el empleo. Los conservadores son partidarios de leyes que garanticen el derecho al trabajo. Siguiendo la estela del travieso yerno de Karl Marx, Paul Lafargue, yo me declaro partidario del derecho a la pereza. Los izquierdistas son partidarios del pleno empleo. Como los surrealistas (con la diferencia de que yo no lo digo en broma), yo soy partidario del pleno desempleo. Los trotskistas agitan a favor de la revolución permanente. Yo agito a favor de la diversión permanente. 

-texto completo: La abolición del trabajo

en papel  "La abolición del trabajo" (seguido de A modo de epílogo. "Lo que no hay que confundir en cuanto a esclavitud asalariada y rechazo al trabajo"): pepitas de calabaza ed.

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