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jueves, 4 de diciembre de 2014

Invitación. un poema de Kenneth Fearing


Foto de Robert Demachy

INVITACIÓN
Haremos el amor, cuando los hospitales estén en silencio y el coche  
azul de la policía se detenga para descargar a los detenidos,
Dormiremos, mientras las luces de los reflectores atraviesan el cielo,
Cenaremos, mientras el actor indigente da cordiales apretones de          
manos en un bar de la zona alta,
Estaremos solos, iremos al teatro, nos emborracharemos, tal vez          
muramos, y habrá mil amantes en los techos de los autobuses,  
y ellos encontrarán el suicidio echados en el suelo de una          
habitación amueblada.
Será de día cuando los viajeros sueñen otra vez en parques          
soleados,
Será de noche cuando la heroína de la película sonría una vez más          
con lágrimas perfectas,
De noche cuando el cajero del banco sea chantajeado y el gentío          
refunfuñe en la plaza, de noche cuando una chica pasee con          
la cabeza hacia atrás para vigilar las sombras que la siguen          
por calles oscuras,
Será de noche cuando el juez beba con el vendedor y la novelista          
desnude su alma,
De noche cuando riamos,
Será de noche cuando el terror se convierta en agonía, la agonía en  
terror, el terror en furia, y la furia en deleite,
Será de día cuando olvidemos,
Será de día cuando el aire se vuelva cálido, y leamos las noticias.
Aquí seremos invitados por pies descomunales, caras desoladas,          
risas, ojos astutos, ojos relucientes de amor, labios apretados          
de dolor,
Aquí seremos exhortados por la realidad confundida con el sueño,
Seremos exhortados por el hambre de los vivos, atrapados por los          
incesantes propósitos de millones,
Con los millones sabremos esto, y olvidaremos,
Seremos despertados, haremos el amor, soñaremos, viajaremos a        
través de espacios sin fin, y sonreiremos al cruzar          
la habitación.

y otro poema:

RESURRECIÓN
Recordarás los besos, reales o imaginados;
Recordarás las caras ante ti y las palabras intercambiadas;
Recordarás el minuto repleto de significado, el momento
de dolor, la hora malgastada;
Recordarás las ciudades, y las llanuras, y las montañas, y el mar,
Y recordarás la amistosa voz del asesino, o la voz del cura,
 inhumanamente suave;
Recordarás la sonrisa triunfante de los engañados;
No olvidarás la compasión que brillaba en los ojos del
prestamista rechazándote, no olvidarás el propósito
que se escondía bajo la calidez del comerciante;
No olvidarás la voz del magistrado corrupto temblando de
horror en la sala del tribunal por encima de chulos y prostitutas,
La grandiosidad del estadista al micrófono, la grave
majestuosidad del funcionario atento,
La cara del imbécil, radiante en los periódicos y en la pantalla;
Recordarás la esperanza que trepaba por la espita del barril del
bar y peroraba con el habla segura de los perdidos,
La felicidad exhibida con claridad en las deslumbrantes carteleras,
El amor que se revelaba con indiferencia en las revistas y novelas,
o se manifestaba en las extremidades temblorosas
de antiguos millonarios;
Recordarás el triunfo fácilmente definido por el mesías rebelde,
por la barra de pan en la mano de la mujer del gueto,
por la inscripción en la tumba del patriota;
Recordarás tu risa que surgió con el vapor del despojo en la calle
En odio y piedad exactamente compensada,
Estas son cosas que volverán a ti,
Para mezclarse con los días y las noches, con el sonido
de motores y con el calor del sol,
Con la fatiga y el deseo,
Mientras tú trabajas, y duermes, y hablas, y ríes, y mueres.

Traducción de Jorge Ordaz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aceptada la invitación.