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lunes, 17 de noviembre de 2014

un relato pornográfico de Alexander Selkirk

fotografía de Nicholas Dahmane

DEJA QUE SUCEDA
¿Cuánto puede soportar un hombre?. Bla, bla, bla, bla... durante más de dos horas no para de hablar de La Verdad, el Conocimiento, el Alma, la Búsqueda. Todo lo dice con un sosiego, serenidad y un brillo en los ojos, que parece estar tocada por un don especial, mágico. Sus ojos son hermosamente radiantes e hipnóticos. Es una diosa. Una diosa de la belleza y lo que más me interesa de ella son las perfectas curvas de sus tetas, su prieto culo, sus labios frescos y carnosos. Pero no hay nada que hacer, en esta casa no hay nada con que calentarse, nada de alcohol, prohibido los malos humos, solo incienso o sándalo, todo limpio, sano, aséptico, insípido, naturalmente aburrido. Música sinfónica matemáticamente perfecta, cena vegana y escasa, batidos energéticos, té verde con menta... Yo quiero meter algo de pasión, de música, de confusión, de caos, de sexo, en aquella casa, en aquel cuerpo, pero es difícil.
- Vamos a follar- le digo cuando ya estoy cansado de tanta cháchara zen-macrobiótica sanadora y de mover la cabeza como esos perritos que van en los salpicaderos de los coches.
- No has entendido nada- dice retrocediendo su cuerpo de la mesa y de mi presencia.
- El sexo también es importante en la vida.
-Yo te estoy hablando de aspectos más importantes, de abrir la mente, del camino de la felicidad.
- Me lo pones fácil, yo estoy hablando de abrirte de piernas, del camino hasta tu cama. 
- Eres un chimpancé. 
Me pongo a hacer el mono. Ni por esas, esta chica no se ríe con nada. No hay forma. Me doy por vencido. 
- Bien, chica, deseo que encuentres lo que buscas, yo marcho. 
- ¿Solo te importa mi coño?
- Tu coño, tu sonrisa, tu saliva, tu calor, tu placer, tu boca... pero solo hablas mierda,  mierda, con tu edad y tu cuerpo deberías estar bailando, bebiendo, follando, en vez de estar comiéndote la cabeza con estupideces de viejas menopáusicas trasnochadas... 
- Eres imbécil.
- Lo dicho, marcho, suerte princesa, inténtalo algún día, tal vez merezca la pena.
Me estoy poniendo la chupa cuando dice: no te vayas así, por favor... no quiero... no quiero... 
Y se echa a llorar. No soporto ver llorar, el llanto es dolor y no soporto el dolor. 
- Vamos, tampoco vamos a hacer un drama de esto.
Me acerco a ella, le seco las lágrimas que resbalan por su cara.
- No te vayas, quédate... quédate por favor... no quiero dormir sola.... abrázame, abrázame fuerte, duerme conmigo, pero no me pidas... sexo, por favor... 
La abrazo.
-Otro día hablamos, por hoy lo dejamos, descansa, no te agobies, todo es más sencillo.
- Quédate, abrázame... no te pido mucho, ¿no?, vamos a la cama... si quieres, abrázame, necesito que me abraces.
- vale, vale, no hay problema, vamos a la cama y nada de sexo- miento, solo quiero sexo, quedarme es mi única y última oportunidad y no voy a desaprovecharla. No soporto las lágrimas, ya lo he dicho, ni engañar a la gente, ni hacerle daño a nadie pero a veces hay que mostrarse impasible. 
Poco a poco deja de llorar y se tranquiliza. Decidimos irnos a la cama. Mientras ella va al cuarto de baño, voy a su habitación, me quito la ropa y desnudo me meto en la cama, me tapo con una sábana inmaculadamente blanca. Ella vuelve del cuarto de baño en bragas, tapándose disimulada y tímidamente los pechos. Está apetitosa, apetecible, gloriosamente hermosa. Se mete en la cama y apaga la luz.
La abrazo.
- Estás desnudo- dice asustada y nerviosa.
- Desnúdate. Quítate las bragas.
Duda.
Se quita las bragas bajo la sábana.
- Nada de sexo por favor, solo abrazarnos y dormir juntos.
Se acurruca en mi pecho, paso mi brazo por sus hombros, llego con mi mano hasta su coño, está extremadamente húmedo y abierto. 
- No, no, por favor. 
Acaricio su coño y con la otra mano llevo la suya hasta mi polla, la deja allí muerta, inerte, pero mi polla empieza a cobrar vida, a endurecerse, a ponerse pina, ella la siente latir en su mano, la toca sin ganas, como con miedo, sin mucho arte, casi por compromiso. Sigo acariciando su raja, su coño, su culo, se acurruca todavía más, se hace un ovillo para facilitarme el trabajo, siento como la humedad resbala por mis muñecas. Oigo su respiración, cómo se altera, oigo cómo suspira, siento como su mano agarra con fuerza mi polla, como hace el intento de darle ritmo al asunto, pero se detiene al instante. La beso, no abre la boca, la muerdo los labios, consigo meter la lengua, la muevo, ella la deja inmóvil, solo en algún momento de excitación o de relajación hace por participar. Acaricio las curvas de sus tetas, froto sus pezones hasta ponerlos de la dureza del diamante. Jadea, se retuerce, la susurro al oído que me chupe la polla, niega varias veces con la cabeza y quita la mano de mi polla, se la vuelvo a llevar a ella, se lo toma con algo más de interés, pero está visto que hacer pajas no es lo suyo. Abandono sus rajas, le como las tetas, bajo hasta su coño, le doy suaves lenguetazos centrándome en su clítoris, cuando lo rozo, me agarra la cabeza y empuja de ella hacia su coño. Estoy allí un buen rato, chupando, lamiendo, sorbiendo, mordiendo, jugando. Jadea y se tensa y destensa y gruñe y murmura. La doy la vuelta, la pongo a cuatro patas, acaricio su espalda mientras se la meto con toda la suavidad que me puedo permitir, se derrumba, se deja hacer, la vuelvo a poner a cuatro patas, poco a poco voy acelerando el ritmo hasta llegar a envestirla como un animal, con ganas de partirla en dos. Gruñe, escupe, se retuerce, muerde la almohada, empuja su coño contra mi polla, se contornea, murmura, abrázame fuerte, fuerte, fuerte. Cuando mi polla no puede más y escupe toda su leche en su coño, ella grita y araña el colchón con rabia. Me derrumbo a su lado, guapo, dice, me da un beso en la boca y me acaricia la cara. Se levanta y va al cuarto de baño, oigo la ducha. Cuando vuelve, luminosa, radiante, una diosa renacida, humana, se pone las bragas y se acurruca junto a mi. Al rato duerme plácidamente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

como en el bar hay poca luz he leido glotonamente hermosa, en vez de gloriosamnete hermosa, o a lo mejor ha sido la cabeza y no la luz. Ah, que hermoso y romántico relaton de hecho recuerdo con cariño cuantas veces he vivido su primera parte.

pedro