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martes, 11 de febrero de 2014

Entrevista a Ana Curra.

fotografía de Alberto García-Alix

entrevista realizada por Álvaro Corazón Rural para http://www.jotdown.es/

Hubo dos Movidas, la light que se ha vendido, y la de los perdedores y transgesores.
Antes de la llegada de Internet, antes de saberlo todo con un par de clics, a las generaciones que no vivimos los años ochenta, Ana Curra (El Escorial, 1958) nos entraba por los ojos. Cuando rebuscando en las tiendas de elepés de segunda mano dabas con la portada del Grandes Éxitos de Pegamoides, la veías con su peluca rubia en alguna copia de El acto de Parálisis Permanente expuesta en algún escaparate a precios estratosféricos. También aparecía en las míticas fotografías de Alberto García-Alix que retrataron aquella época salvaje. Llegaron a llamarla «la Viuda de Madrid» cuando falleció su novio, Eduardo Benavente, líder de Parálisis Permanente y un genio en gestación. Desde aquel momento, considera que lo mejor de esos años fue devorado por los habituales tiburones y arribistas. Ahora no quiere protagonismos, ni siquiera pelear por lo que considera suyo. Pero nosotros sí queremos comentar la trayectoria de una artista que, entre muchos proyectos, participó en la puesta en marcha de uno de los primeros sellos independientes de este país.
¿Has leído los libros de Grace Morales y Patricia Godes sobre Mecano y los Pegamoides, que tienen esa visión tan crítica y tan escéptica, y por eso son tan interesantes, sobre los ochenta?
Patricia es muy polemista, siempre ha sido un poco radical y muy peculiar. Me cae muy bien y me divierte mucho, pero reconozco que te puede tocar las narices. Patricia y Grace son muy inteligentes y críticas con el mundo. Con sus historias cada una de ellas, sus manías, sus complejos y sus limitaciones, pero creo que la mujer madura a pasos agigantados frente al hombre y ahí tienes la prueba.
Naciste en El Escorial. ¿Cómo te convertiste en moderna, cómo llegaste a esos círculos de lo que luego se llamó la Movida?
El Escorial es un lugar esotérico donde los haya. El granito tiene unas vibraciones un tanto chungas, imprime carácter. Este lugar fue elegido por Felipe II porque había un cúmulo de energías muy especiales y de ahí me viene un poco mi lado oscuro, siniestro o esotérico. Esa parte de brujita que tengo. Pero también fue el resquicio de los franquistas, allí vivían. Yo rápidamente me distinguí y me empecé a encontrar incómoda en el pueblo. Así que me fui a Madrid a los diecisiete años y me encontré con la gente en el Rastro y los colegios mayores. Ahí empecé a relacionarme con grupos.
De niña escuchaba música clásica, mi madre había estudiado piano. A la vez que empecé a ir al colegio, me proporcionó clases de piano. Aprendí a hablar y a estudiar música a la vez. Cuando fui a Madrid a un colegio mayor, ya tenía prácticamente siete cursos de piano en el conservatorio. Y a través de mis hermanos me introduje en la música pop. Uno de ellos, recientemente fallecido, no paraba de pinchar en casa a Bob Dylan. Era como un predicador permanente, mi hermano lo ponía por la mañana, por la tarde y por la noche. Y el otro hermano que tengo ponía la Velvet Underground y mucha música de los años cincuenta. Lo cogí todo con mucha euforia, rápidamente me di cuenta de que la música era mi lenguaje natural.
¿Y los primeros conciertos que te marcaron?
El primer concierto al que me llevaron fue al grupo de Wilco Johnson, Dr. Feelgood, precursores del punk. Luego fui a Iggy Pop, que no tocó porque la gente empezó a escupirle y a insultarle. Lo que más recuerdo es que había poquísima gente. Era Iggy en su época de todo de cuero negro y de rubio platino, todo enmonado de anfetas. Le veías hecho polvo, luego todo eufórico, veías todos los estados que tenía. Igual que Johnny Thunders, que en su actuación todo dependía de que tuviera caballo o estuviera de mono, si había conseguido pillar o no.
Los conciertos en esos años eran un caos. No había ninguna profesionalidad, no sonaban, la gente se colaba en masa. Aunque todo era muy divertido, pocos conciertos veíamos decentemente en aquella época. Nada llegaba a funcionar en el escenario. El nuestro era un país que no tenía ninguna tradición en organizar música en directo. Aquí no teníamos nada. Ahorrábamos todo lo que podíamos para poder irnos a Londres que era lo más barato que teníamos al alcance para poder alimentarnos musicalmente.
Pero el punk y la nueva ola llegaron a España bastante a tiempo.
Es relativo. Lo asumimos por necesidades vitales que teníamos. No éramos conscientes de la situación política, social e histórica que vivíamos. Se absorbió inmediatamente por necesidad vital. El momento que se vivía en España era tan triste, tan gris, tan rancio… De pronto murió Franco, se produjo ese lapso de la Transición, en el que todo estuvo permitido de alguna manera durante unos años, y la gente que estábamos hartos de ver a nuestros hermanos con pantalones de pana, cansados de la España en blanco y negro, y queríamos otra cosa, nos agarramos a esto. Pero todo a un nivel muy ínfimo y muy pequeño. Hubo punk en barrios, pero no fue un fenómeno a gran escala.
De todas formas, gracias al punk nos hemos unido mucha gente de distintas clases, unos que estaban trabajando, otros eran estudiantes, unos venían de familias de clase trabajadora, otros de gente adinerada. Pero todos teníamos en común la parte lúdica del punk. El «hazlo tú mismo», el no estar dispuesto a vivir lo que habían vivido tus hermanos mayores, el decir: vamos a comernos el mundo a nuestra manera, sin saber, ya lo aprenderemos sobre la marcha.
Yo me iba con la gente de Los Escaparates, de donde salieron Eduardo Benavente, El Ángel y César Scappa, que les invitamos a compartir local con los Pegamoides porque nos fascinaba su lenguaje, su argot y su actitud. Nosotros a cambio de esa cultura de calle les proporcionábamos lo que habíamos visto en Londres. Aunque, bueno, César Scappa estaba entre dos mundos porque ya había ido a Nueva York en la época del CBGB’s, vio salir de ahí a los Ramones, a Television, a Patti Smith… y traía esa información, algo que entonces valía mucho porque no había Internet. Pero esencialmente ellos traían la rebeldía, la veracidad de la gente de barrio, y tú les aportabas la información. Yo siempre me he sentido muy cómoda en ambos sitios. Mis padres fueron grandes trabajadores, pero siempre he estado bien con gente como los Canut, que eran clase acomodada, y Eduardo, que era trabajadora. 

la entrevista completa  en la revista Jot Down

5 comentarios:

RaRo dijo...

No creo que el punk se diera entre la clase acomodada...

RaRo dijo...

No creo que el punk se diera entre la clase acomodada...

Anónimo dijo...

Pues la mayoría de los grupos punk de la movida (salvo excepciones) eran hijos de papas o de militares o de embajadores.

RaRo dijo...

si tú lo dices, anónimo...

Anónimo dijo...

es como el chiste ¿y tú por qué estás tan gordo?, pues porque no discuto nunca... Anda, cómo va a ser por eso... bueno, pues no será...