un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

martes, 22 de enero de 2013

Suplemento Groenlandia 16


Con aportaciones literarias (poemas y relatos) de Francisco Priegue, Lucía Fraga, Pepe Pereza, Elizabeth Pineda, Eva María Medina, Enrique Fuentes-Guerra, Ana Patricia Moya, José Pastor González, Rubén Casado Murcia, Iván Rafael, Marta Polincinska, Isabel Tejada, Lydia Ceña, José Ángel Conde, Alfonso Vila Francés y Amancio de Lier.

Portada de Amarande Guzmán.

viernes, 18 de enero de 2013

Jim Thompson. “Hijo de la ira

  “Si uno nace en una orilla de mierda, sin otro material a mano, ése tiene que ser el que utilice para construir sus castillos de hadas”
Jim Thompson

discriminado por llevar sangre cherokee en sus venas, curtido y maleado en la pobreza y en trabajos duros (limpiabotas, mozo de hotel, vaquero, camionero, vendedor ambulante, guarda armado, jornalero...), perseguido durante la caza de brujas del senador MacCarthy, ninguneado por público, escritores y críticos, puteado por directores de cine de los que fue guionista, silenciado, desesperado, alcoholizado, olvidado, Jim Thompson se quiso despedir del mundo literario (aunque posteriormente publicó alguna novela más) con esté último acto de venganza escrita, con el hijo parido con más odio.
Los personajes de las novelas de Jim Thompson siempre son violentos, brutales, sádicos, impúdicos, obscenos, y en esta novela, “Hijo de la ira”, son los seres más repudiables, los más hijos de puta de los hijos de puta, y nadie se salva, no hay buenos, no hay malos, no hay esperanza.
“Hijo de la ira” no es una literatura para estómagos delicados, ni para mentes mojigatas, ni para inquisidores, ni para moralistas... yo que tú no dejaría de leerla.

de la contraportada del libro en RBA: Antes de morir, borracho y olvidado, Jim Thompson se despidió con esta novela. Era consciente de que en ella volcaba todas sus obsesiones, toda la crítica a los valores morales que habían marcado su larga carrera, toda la angustia que le había llevado al alcohol, el LSD y la desesperación, convencido de que, al contrario de lo que predecía la crítica, sus novelas no morirían con él. Confirmaba así que su vida también estaba marcada por esa frase que guiaba todas sus novelas. “Hay un solo argumento posible: las cosas no son lo que parecen”. En esta sorprendente y valiente novela, también. Allen, un joven negro criado por una madre blanca y que le ha sometido a abusos sexuales, dolor y soledad, sabe a sus dieciocho años que sólo puede evitar el terror que siente ante las chicas de sus edad humillándolas. Inteligente y cínico, descubrirá cómo ejecutar una venganza tan inesperada como cruel. Será mucho más fácil de lo que había pensado. Allen, como la mayoría de los antihéroes de Jim Thompson, cómo él mismo, se enfrenta a su peor enemigo: su propia condición humana. Desinhibido de cualquier atadura, Thompson culmina su carrera con una novela repleta de símbolos, de violencia y de sexo. Un retrato imprescindible del maldito siglo XX.

martes, 15 de enero de 2013

3 poemas de Rakel Rodríguez


3 poemas del próximo libro de Rakel Rodríguez   “Si no hay viento, habrá que remar”

Remando

Crees ahora
que es más fácil esperar
a que escampe
a que todo pase
que las nubes desaparezcan.
Crees ahora
que es imposible cambiar el horizonte
y te mantienes inmóvil, paralizada, expectante.
Pero
tal vez te equivocas
tal vez
si caminas
puedas darle la vuelta

 
Ensalívame y brillaré más

Como la piedra
me resquebrajo me rompo crujo...
sin la amalgama de tu cuerpo.
Ensalívame y brillaré más...

Ese lugar donde cantan

De donde vengo,
la gente no sonríe gratuitamente.
Pero ríen con todos sus dientes,
con sencillez.
No sonríen
pero cantan.
Canciones antiguas,
romances, que se abren paso
desde su pasado, atravesando su presente,
canciones comunitarias que hablan de otra época.
Porque ya no les queda futuro
y lo saben y viven cada minuto
al borde de la vida.

Donde estoy,
la gente sonríe.
Mucho.
Y hacen bromas sofisticadas
con las palabras,
lo pasan bien, se divierten.
Pero no cantan
se limitan a escuchar canciones modernas
y lúdicas que les pongan en contacto con su interior
creen que tienen un futuro por delante.
Y todavía no arriesgan cada segundo.

 


jueves, 10 de enero de 2013

dos poemas de Vicente Muñoz Álvarez



ZONA

Qué difícil
entender el mundo
tener la conciencia tranquila
cumplir con todo a tiempo
reciclarse estar al día
no desesperarse acobardarse
deprimirse abandonarse
no enfermar

qué fácil
desfallecer
arrojar la toalla
elegir mal el camino
qué pequeños somos
cuánto nos exigen
qué jodido nos lo ponen
y qué fácil es fallar.

(poema del libro "Canciones de la gran deriva")
 



ANIMALES PERDIDOS

No eran buenos tiempos.
Me acababa de separar de mi mujer
y había tenido que dejar mi casa en el campo
y alquilar un apartamento
en el extrarradio de la gran ciudad.
Escribía fumaba bebía
y de vez en cuando lloraba
al contemplar asomado a la ventana
la desolación del paisaje:
los bloques inhóspitos de hormigón en la niebla
el cansancio en los ojos de los transeúntes
y el tráfico ensordecedor de la gran avenida.
Por primera vez en 40 años
me encontraba solo en la tierra.
R, la vecina del 6º,
adoptaba animales perdidos.
Se había quedado viuda hacía 2 años
y recogía por la calle
perros vagabundos y enfermos.
Uno de ellos, N, carecía de extremidades
y estaba inmovilizado y ciego.
R le había construido
una especie de cuna acolchada
y le daba en ella de comer con los dedos.
Algunas noches N, agitado en sus sueños,
se caía de su lecho
e incapacitado para cualquier movimiento
aullaba desesperadamente
hasta que R se levantaba
y le volvía a colocar en la cesta.
Yo le escuchaba desde la soledad
de mi cuarto oscuro
y su aullido me desgarraba por dentro:
aquel sollozo infinito y lánguido y triste.
Tumbado en la cama,
incapaz de dormir,
fumaba un cigarro tras otro
y añoraba el norte perdido,
el calor y el rumbo perdido,
naufragando una y otra vez
en los mismos recuerdos.
No eran buenos tiempos:
nada me satisfacía llenaba
todo me estremecía
todo me hacía llorar.
Por primera vez en 40 años
me encontraba solo en la tierra.
Y me gustara o no,
tarde o temprano,
también solo debería reanudar el camino.

(poema del libro "Animales perdidos")

martes, 8 de enero de 2013

Libre te quiero. Un documental de Basilio Martín Patino sobre el 15 M


Había dejado de rodar hacía una década cuando Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 1930) se sintió impelido por la realidad. «Me sentí obligado a participar de aquello, fue más una inquietud personal que profesional», se disculpa. 'Aquello' es el 15-M y las concentraciones multitudinarias de la Puerta del Sol.
'Libre te quiero', el documental que ha presentado en la Seminci fuera de concurso -porque le parece casi una impostura competir-, es una película que sintetiza treinta horas de grabación que hicieron en el centro de Madrid durante distintas jornadas. El título lo toma de la canción de Vicent y Amancio Prada, que ayer le acompañó. «Es apasionante ver cómo una sociedad se despierta y descubrir gente maravillosa. Comulgas con ellos, te sientes llamado a formar parte de eso que están viviendo y a colaborar. Y esta es mi manera de participar». Dicho esto, el salmantino quiere desprenderse de toda intención moralizante. «No soy un apóstol de cambio social alguno. Este es un oficio bonito, el de reflejar la realidad, pero desligado del afán transformador de la realidad. No quiero moralizar ni catequizar. Aunque por supuesto, coger la cámara y hacer una película implica cierta responsabilidad crítica».
Más allá de la política
Así que quedó con su director de fotografía de casi toda la vida, Alfonso Parra, y se fueron a la Puerta del Sol. «En seguida se notaba un mundo social espeso, con una necesidad de cambio. Grabamos a los grupos y a gente que destaca porque explica muy bien su mensaje», cuenta quien en otros tiempos hizo documentales condenados a esperar en el cajón y ahora estrena al cabo de su idea y su producción. Ha vivido la España agitada de la Transición cuando tomar la calle no era tan excepcional. «Entonces había una implicación política clara, ahora no se trata de eso, sino de mejorar lo que tenemos entre todos en la medida que nos corresponda». Por eso es optimista con el futuro de estas movilizaciones, «han sido importantes, son un germen». A pesar de su expresión ausente, más angelical que humana, Martín Patino repara raudo en un libro de la librería de la Seminci. «Es de un hombre que conozco y habla de mis cámaras. Me sorprende lo bien editado (edición de la Junta) que está el libro y que no lo conocía». Desde que se dedica al cine, «lo único que he sabido hacer y lo único con lo que me he ganado la vida», es coleccionista de 'artilugios para fascinar' que ha ido aquiriendo «en los sitios más remotos».
Con la casa llena de «mis cacharros», se plantea el lugar donde se expongan al público de manera permanente. Ahora están depositados en la Filmoteca de Castilla y León. Comenzó haciéndose sus propias cámaras con papel de cebolla y ha rodado con tecnología digital. En el estudio de esta evolución pensaba centrarse la actividad de la Fundación Martín Patino, pero aún no sabe muy bien el destino de ese proyecto. Quien dijera que se retiraba del cine tras el estreno de 'Octavia', ha recuperado el placer de contar, «y seguiré mientras las fuerzas me lo permitan. Me voy haciendo mayor».
'Libre te quiero'
Nacionalidad: España. Director: Basilio Martín Patino. Fotografía: Alfonso Parra. Montaje: Ado Elipe. Música: Amancio Prada. Duración: 60'.
ROXY B. Día 22, 11:45h.

miércoles, 2 de enero de 2013

"La Banda de la Tenaza" de Edward Abbey


El doctor Sarvis, noble, anárquico y filantrópico; su compañera Bonnie Abbzurg, una hermosa hippie, sexual, salvaje e independiente; George W. Hayduke, un experimentado veterano de la guerra del Vietnam, resentido y hosco pero de buen corazón e incansable; y Seldom See Smith, un mormón culto, equilibrado y coherente; forman “La Banda de la Tenaza”, un grupo de saboteadores que luchan contra la destrucción del paisaje y de la vida natural del suroeste de Estados Unidos. La novela de Edward Abbey (publicada por primera vez en 1975) cuenta las aventuras y desventuras, los compromisos y los miedos, las victorias y las derrotas, las certezas y las contradicciones, de estos cuatro personajes en su desigual lucha contra la tiranía de las máquinas, el poder establecido y el capitalismo ávido y ciego. Frente al ecologismo de salón y el ecologismo asimilado por el poder, frente al ecologismo de revista satinada y el ecologismo pasivo, Edward Abbey y su Banda de la Tenaza proponen un ecologismo activo, comprometido y luchador.
Tal vez la novela cae en el maniqueísmo tan profundamente americano de buenos y malos, tal vez los personajes sean demasiado arquetípicamente norteamericanos y tal vez esa contraposición entre naturaleza idílica y maravillosa frente a una industrialización destructiva e inhumana sea muy de jóvenes urbanos sobradamente preparados. Tal vez se abuse de las descripciones minuciosas de cómo llegar a un paraje determinado o de cómo sabotear el motor de un bulldozer. Tal vez. Pero la aventura, el compromiso, la actitud, la heterodoxia, el humor y la mala leche, hacen de la lectura de “La Banda de la Tenaza” no solo un buen entretenimiento sino una buena oportunidad para tomar postura y posicionarse.
 
La edición en España por Editorial Berenice recoge las ilustraciones que realizó Robert Crumb para una edición conmemorativa que se publicó en 1985. En 1989 se publicó una segunda parte con el título “Hayduke Lives”.
Hay un proyecto de Robert Reford para llevar “La Banda de la Tenaza” al cine.