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domingo, 19 de mayo de 2013

Layla dice: (sobre "Alguien tiene que limpiar la mierda)


Hace unos días tuve la suerte de que me regalaran un libro que era dos: si empezabas por uno de los lados, encontrabas un poemario de José Pastor González, si empezabas por el otro, uno de Rakel Rodríguez. Me gusta la edición y me gusta que estos dos poetas compartan libro. Los dos son de esos poetas duros y ásperos que escriben desde el estómago y desde las heridas que de las manos. Me gusta que escriban así, sin deberle nada a nadie y sin esperar nada a cambio. Solo porque lo necesitan. Porque la poesía es un grito. Leí el poemario de noche, después de uno de esos días a los que no sabes cómo has logrado sobrevivir. Y hubo un poema en especial que me atravesó el estómago. No tengo ninguna duda de que ese poema habla de mi padre. No es importante que José no lo conozca o que no sepa su historia, sé que habla de él. 
Mi padre trabajó durante varios años en una planta de reciclaje. La basura iba pasando por una cinta transportadora y él tenía que seleccionar lo que tuviese algún valor o se pudiese reciclar de alguna forma y lanzarlo hacia arriba. Encima de sus cabezas unos tubos aspiraban los desperdicios que ellos lanzaban. Yo era pequeña, pero recuerdo el olor de mi padre. Aquel olor no se quitaba con nada, no importaba las veces que se duchase ni la colonia que se echase. Yo no lo notaba, me gustaba que trabajase en la planta de reciclaje. De vez en cuando, algún niño tiraba a la basura juguetes que estaban nuevos y mi padre me traía alguno. Ponis, muñecas, gi-joes, dinosaurios. Mi madre no los quería ni ver, pero a mí me gustaban. De hecho son de los pocos que aún sigo guardando. Por eso me gusta que José haya escrito este poema, ya que yo no le escribo nunca ninguno. A mi padre ni siquiera le gusta lo que escribo, así que me alegro que otros lo hagan por mí. 

Durante cinco años
se llevó a casa
en la ropa en la piel en el pelo en la garganta
el olor de la planta de reciclaje y compostaje
un olor
que impregnó
su comid su bebida su tabaco sus besos su esperma
de nada sirvieron duchas colonias ambientadores o lejía
un olor físico
que golpeaba aunque no pudiera tocarlo
un olor asesino
que le recuerda que
alguien tiene que limpiar la mierda.

1 comentario:

RaRo dijo...

25 de junio presentación del libro en Úbeda en Librería El Candil. Y pendiente estoy de hacerla en Córdoba algún día de junio. No te digo más...
bueno sí: besos.