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miércoles, 18 de diciembre de 2013

entrevista a Rodrigo García


entrevista que le hizo Roberto Valencia y que publicó la revista Lateral en 2005, 

«Trato de generar malestar»
–– Tus obras interpelan al espectador. ¿Te interesa tocar a un espectador concreto?
Siempre escribo mis piezas dirigiéndome al espectador. Yo sé a quienes me dirijo. Es un público que puede pagar la entrada, que tiene unos hábitos, es medianamente culto e informado, y vive en las ciudades en las que actúo, que son ciudades en las que hay un bienestar. Yo decido que a este público no le voy a dar espectáculo, porque ya tienen mucho, ni entretenimiento, porque también tienen mucho en otros teatros o en la tele. Lo que yo trato de hacer es generar un poco de malestar y de inseguridad en el público.
–– Tus textos, ¿son más críticos que provocativos?
Yo no intento provocar a nadie porque la provocación es un término que a veces queda vacío. Yo hago un teatro crítico en el que hablo de cosas que la gente no está acostumbrada a hablar. Ojo, todos vivimos la misma realidad de mierda, lo que pasa es que muchísima gente prefiere no hablar de ella. Dicen que soy provocador cuando en realidad lo que hago es hablar de una manera franca y directa de cosas que se ocultan.
–– La clave es la manera tan explícita de hablar de estas cosas.
Yo intento mezclar en mis obras los momentos más explícitos, más claros, con momentos poéticos. Para mí el teatro es una mezcla de lo poético y de lo político. Mi teatro tiene cada vez más una carga más política y social, pero no me olvido de que soy un tipo que trabaja en teatro y, como tal, tengo que hacer poesía. Aparte de esto, también hay momentos más oscuros en mis obras, momentos de confusión. Creo que en mis obras no aparece un discurso claro. Yo trabajo con contradicciones, en un momento de la obra estoy afirmando una cosa y a los diez minutos puedo afirmar otra. En mis obras no hay una voz de alguien que te habla, sino dudas.
–– Si tuvieras que hacer obras no para un público de clase media sino, por ejemplo, para los trabajadores de una mina, no podrías hablar de las cosas como lo haces.
En ese supuesto quizás no me hubiera dedicado a hacer teatro. Yo creo que me dedico al teatro para generar un poco de malestar en un público burgués al que, por cierto, yo también pertenezco. Yo también voy a comprarme la camiseta, las zapatillas, yo no estoy ajeno a consumir. Es más, mis obras están dentro de un mercado de consumo, yo soy un artista más del supermercado del arte. No me puedo plantear hacer teatro para otra gente porque entonces no habría elegido esta profesión.
–– Intentas provocar un poquito de malestar. ¿Sólo un poquito?
Pienso que hacerle sentir mal a alguien en un teatro es una idea un poco utópica. Hay una gran desilusión con esta sociedad que hacemos entre todos donde parece que todo el mundo está inmunizado a todo. Hay gente que afirma que, desde una obra de teatro, puedes cambiar conciencias, pero yo lo dudo. Además, yo no quiero darle un discurso a nadie, sólo quiero poner dudas sobre verdades sociales que parece que tenemos que aceptar y que yo creo que se pueden ver de otra forma.
–– Un lenguaje tan explícito como el tuyo, ¿no puede conducirte a un callejón sin salida?
Sí. De hecho yo lo he vivido. Ahora estoy cerrando un ciclo. Este año 2005 tenía que haber estrenado una gran obra en el Festival de Avignon, pero hace año y pico que he parado de producir nuevo material, porque estoy reflexionando. No quiero convertirme en una máquina de producir siempre las mismas cosas. También es muy difícil luchar contra el mercado, que es muy cruel. Por un lado te dicen: bueno por qué no cambias, tu discurso es muy evidente. Luego cambias y te dan palos por todos los lados, te dicen: esto no es lo que tú hacías..
–– El empleo de la agresividad en tus obras, ¿crees que potencias estas contradicciones que quieres evidenciar o las neutraliza al saturar al espectador?
Buf, hay una cosa que me llama la atención. No eres la primera persona que, cuando se refiere a mi teatro, habla de la parte violenta. Sin embargo, nadie hace referencia al humor que hay en mis obras. Vale que hay momentos muy duros, pero también viaja mucho humor en ellas. De hecho, intento el humor se compense con esos otros elementos. Ahora bien, es cierto que si nadie me habla del humor será porque lo otro está mucho más presente. Además hay otra cosa, te juro tío, es que son mis limitaciones como artista. Uno no es un mago que puede tocar todos los palos y hacer de todo. Yo prefiero que en mis trabajos se vean mis límites, para que se vea cuál es mi lenguaje.
–– Antes me decías que quieres poner evidencia contradicciones. Pero este leif motiv lo puede utilizar cualquier artista para vender. A veces, se nos dice que directores de cine acomodados ponen en tela de juicio nuestros valores. Lo dicen hasta de Steven Spielberg.
Ya, pero lo que yo cuento es distinto. No creo que Spielberg haga una película en la que los payasos de Mcdonalds se revuelquen en Ketchup o quemen libros, como he hecho yo. Yo creo que no hablamos de lo mismo. Yo estoy en contra de un sistema y Spielberg está muy a favor, creo.
–– ¿Te ha creado problemas utilizar los nombres de las grandes marcas?
Nunca. Sería ridículo que esas empresas se metieran con obras de teatro pequeñita como las que yo hago. Quedarían como auténticos fachas. Además, bien mirado, cuando en mis obras hablo de Ikea o de McDonalds no hay un ataque directo contra ellos. Hay mucha gente que me emparienta con Supersize me, la película esta del tipo que come hamburguesas, y yo digo que no. Supersize me ataca frontalmente a McDonalds. Yo no ataco a McDonalds ni a Kentucky Fried Chiken, yo hablo de una colonización cultural, de una pérdida de los hábitos europeos, de cómo la vida va perdiendo espesor, y nos convertimos en unas maquinitas iguales. De eso hablo yo.
–– ¿Y cuando mencionas a personas concretas, por ejemplo, dictadores argentinos?
Bueno, ése es otro tema y tiene que ver con el cambio que he dado en mi trabajo. Yo antes pensaba que para ser artista no había que hablar de estas cosas. El artista se ocupaba de problemas abstractos, más teóricos y tal. Encontré mi voz cuando dejé de buscar esos problemas abstractos y me di cuenta que tenía rencor contra mi pasado. Hay algo pendiente en la Argentina contra esa gente, porque no han sido juzgados o si lo han sido, los juicios han resultado un paripé. Ha habido muchos muertos, así que me siento bien cada vez que los pongo con nombre y apellidos. Es lo poco que yo puedo hacer.

–– ¿Te ha creado problemas?
De ninguna clase

–– ¿Es porque su capacidad de influencia es ya pequeña?
Nunca hemos hecho estas obras en las que ellos salen en la Argentina. No sé si allá nos quemarían el teatro.

–– Tus textos son muy literarios. Muchos parecen la pataleta de un neurótico. ¿No temes que el público confunda ese narrador teatral con la persona de Rodrigo García?
No, yo me encargo de que no. Es verdad que en mis textos hay cosas biográficas, pero las trabajo mucho para que no se queden en meros apuntes biográficos que no le interesan a nadie. Los exagero tanto, los convierto en tales despropósitos que no son reconocibles. Además, me encargo de que en los textos haya mucha contradicción. Así no sabes quién habla.

–– Sin embargo, a veces los adolescentes vienen a pedirte autógrafos.
Es una cosa extrañísima. Hay muchos adolescentes en Francia, que es donde mejor se difunde mi obra, que aprecian mis textos. A lo mejor es una forma de rebeldía típica de su edad. Ahora, ¿qué nivel de lectura pueden tener de mis textos? No lo sé, yo soy un cuarentón y pienso que debería comprenderme mejor un cuarentón. No sé si esta gente joven se queda con lo efectista, con esta cosa violenta, loca y tal. Aun así me alegra que lean a los clásicos y les interese otro teatro como el mío.

Despiece: Lapidario de García

Hemos seleccionado algunas frases de las obras de Rodrigo y se las leímos para que nos las comentara.

«Antes teníamos ciudades, antes tenemos tiendas», de Jardín humano.
Me refiero a la arquitectura. Muchas veces voy a una ciudad nueva y me doy cuenta de que en el campo de visión lógica cuando vas caminando, es decir, a la altura de los ojos, siempre están las mismas tiendas. Tienes que hacer un esfuerzo para ver la arquitectura de la ciudad, y mirar hacia arriba porque abajo siempre ves lo mismo: Benetton, Zara. Así que todas las ciudades son iguales: París, Madrid.
 «Tuvimos Malvinas, tuvimos Auschwitz para aprender de una puñetera vez que alguien tiene que poner la otra mejilla, porque si nadie pone la otra mejilla, esto no avanza, joder», de La historia de Ronald, el payaso de McDonald’s.
Sí, ese discurso bastante terrorífico y facha, aunque es muy cristiano porque está en la Biblia eso de que si te pegan pues que te sigan pegando. Es una crítica a eso, es decir si te pegan, pues hay que pegar tú también. Aquí le doy la vuelta, lo pongo en la voz de un facha que cree que siempre tiene que haber un débil, que históricamente siempre ha hecho falta que exista un débil. Y ya sabemos quiénes son los fuertes y quiénes son los débiles. Esto es para joder que yo digo esto en la obra.

«Quiero ser Miguel Ángel Blanco», de After Sun.
Ésta no es mía. Es de una improvisación de un actor. Sí que nace de una idea mía, de hablar de toda la gente que queremos ser, todas las vidas que quisiéramos vivir. A veces, estoy en una ciudad y veo tanta gente, cada uno con su vida, que me gustaría conocerlos a todos, saber quiénes son. En la obra, había una larga lista, totalmente ligada a la improvisación, de gente de la que decíamos quiero ser tal, quiero ser cual. Ahí empezábamos con la contradicción, porque en esa larga lista había personajes abyectos y personajes maravillosos.

En la pieza Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba, había una lista con la lista de los hijosdeputa más hijosdeputa del mundo. El primer puesto estaba reservado a Maradona.
 Sí, el ganador. En esa lista había mucha gente, gente que me parecía admirable, Janis Joplin o Nelson Mandela o Gandhi. Había una crítica a todos ellos, los actores improvisaban una crítica. Por ejemplo salía Gandhi y el actor decía algo así como «este gilipollas que quería trabajar por la paz». Luego salía Passolini y el actor decía «Passolini: un comunista y un maricón de mierda». Era muy fuerte porque nosotros nos poníamos en plan intolerante. Lo alucinante era que en el patio de butacas, había gente que estaba de acuerdo. Maradona aparece mucho en mis obras porque a mí me gusta mucho el fútbol y yo le admiro como futbolista. Es un tipo al que se le ha criticado tanto por su manera de vivir. Yo he escrito mucho sobre él. La forma en la que ha vivido me parece lógica: un chico de barrio que no ha leído ni dos libros, al que han metido en una maquinaria tan brutal de hacer dinero, es imposible que no pierda la cabeza. El caso Maradona es simbólico de la sociedad en la que vivimos. 

Rodrigo García, nuevo director del teatro nacional de Montpellier y lo celebrá con este vídeo:

martes, 17 de diciembre de 2013

fanzine "Cotarro" número 4



Esta es la portada y contraportada del número 4/10 de nuestro fanzine COTARRO. A partir de mañana podréis comprarlo en librería Metrópolis y El Kiosko. Como siempre, esta cuarta entrega consta de 100 ejemplares numerados.
Los que no viváis en Jaén podéis pedir vuestro ejemplar a nuestro correo electrónico: piedrapapellibros@gmail.com

viernes, 13 de diciembre de 2013

un poema de Roger Wolfe


La soga

Quisiera escribir un poema que contara
las muchas cosas que me diste.
Pero tengo miedo. Miedo de hablar
en pasado; de dar todo este asunto
por definitivamente finiquitado.
De hablar como si todo esto hubiera sido
una burda chapuza mercantil, y pretendiese ahora
registrar aquí el DEBE y el HABER
de un fiasco emocional auditado antes de hora.
Y miedo —y asco— a estos versos mismos;
versos como los que un grandísimo poeta,
cuyo nombre tampoco me atrevo a sumergir
en este torrente de inmundicias,
denominó —en circunstancias que imagino parecidas—
certera y dolorosamente «degenerados».
Degenerado, sin duda, es impedirle
a la vida el flujo libre de sus savias;
degenerado, mutilar los miembros de la dicha
y dejarlos ahí colgando,
como esos muñones exhibidos en las bocas
del metro y las entradas de los cines
por los desahuciados que el pudor culpable
de estos tiempos ha dado en bautizar sin techo.

Me he convertido en un yonqui de mi propia pena.
Me he convertido en un enfermo que desea
un giro a peor, con tal de que eso valga
para tenerte otra vez junto a su lecho.
Me he convertido en un cobarde.
Un temerario. Un gilipollas.
No me atrevo a recordar lo que me diste.
Lo que me has dado.
No quiero perder ese resto último de anhelo,
ese temblor como de flojera en las rodillas,
ese revuelo de pájaros locos por un estómago vacío,
que me sostienen, como un pelele en una pesadilla,
entre las ascuas de un incendio que apagamos
antes de que ardiera.
Éste es mi castigo.
Los incoherentes balbuceos de un ahorcado
que muriendo sueña que su lengua,
pastosa y retorcida como un trapo,
hurga en la soga que lo enhiesta y que lo acaba.

(2000-2003. Del libro inédito «El amor y media vuelta», que KRK Ediciones publicará en 2014.)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

dos poemas de "Cuaderno de campo. poemas y lugares" de José Pastor


manual de intenciones
no tengo madera de artista
para derrumbar un muro
prefiero un martillo
que un poema
ahora que nadie escribe cartas
ahora que todo es virtual
recuerdo aquellos museos de ciencias naturales
en viejos edificios de ladrillos
con salas polvorientas y siempre mal iluminadas
lugares donde poder adentrarse en un trozo de selva africana
y del desierto australiano y de las junglas filipinas
allí estaban los animales salvajes
en el momento de saltar sobre una presa
o de levantar el vuelo o de alimentar a sus crías
y esos mapas de colores de continentes por descubrir
y esas interminables colecciones de fósiles, minerales, plantas,
mariposas, insectos y utensilios de tribus de más allá de los mares conocidos
todo tenía algo de película de aventuras
y algo de película de terror en blanco y negro cuando llegabas a la sala
donde fetos, cerebros y monstruosidades
se conservaban en frascos de formol,
y todo, a pesar de los carteles de no tocar,
tan tangible y real
caminar por los pasillos y salas de aquellos viejos museos
era como formar parte de una expedición por países lejanos,
allí, por primera vez vi la majestuosidad de un tigre de Bengala,
el hipnotismo de una cobra, el capricho de un ave lira,
ahora que todo es virtual
y no hay una mísera flor en una maceta, ni un papel por el suelo
todo tan frío, aséptico
minucioso, perfecto y aburrido como un curso de papiroflexia
echo en falta la magia, la emoción, la aventura
de esos viejos museos de ciencias naturales
apolillados, siniestros
ahora olvidados y llenos de historias
que ya nadie va a descubrir ni contar

martes, 3 de diciembre de 2013

dos poemas de Nacho Vegas


LLAMADAS
Hoy ha vuelto a llamar.

Quería saber de mí porque hacía
tanto tiempo que no hablábamos, dijo.
Y sin embargo, me había llamado la semana
anterior. Pero quería contarme
cómo le había ido en los últimos días.
Me dijo que se había liado con uno que
le pasaba cocaína pero que iba a dejarlo.
El sábado le abrieron a un tío la cabeza
en los baños de un bar, y fue por su culpa.
Pero odio esta clase de cosas, me dijo.
Me dijo que la depresión le había durado
hasta hoy mismo y que se comía
las pastillas como caramelos para la garganta.
Todavía te quiero, me dijo. ¿La quería yo a ella
aunque sólo fuera un poquito? Ya sabes que sí, dije.
Vivimos en ciudades diferentes y
cuando colgamos celebro que esté tan lejos,
aunque un día pueda ser a ella a quien le rompan
la cabeza en unos baños. Pero su voz permanece
unos minutos rebotando en las paredes de mi memoria.

Que nunca llame más.

EL COLCHÓN

Ninguno de los dos dijo nada
tras bajar la cama plegable
que estaba empotrada en el armario.
Habían pasado ya varios días pero
el olor aún era extraño: una mezcla
de muerte y desinfectante.
Nos quedamos mirando un rato
la mancha de sangre que había tomado
un untuoso color parduzco. Luego
alguno habló primero y lo sacamos
de allí como pudimos, la puerta parecía
demasiado estrecha, y nosotros
íbamos muy rígidos para no tener
que mirar la mancha desde tan cerca,
ojos y nariz casi tocando la espuma.
Mientras bajábamos las escaleras bromeé
con mi hermano pero los dos sabíamos
que aquel era un trabajo sucio.
Una vez en la calle lo dejamos apoyado
contra el contenedor de basura de enfrente,
asegurándonos de que no quedaba
a la vista la mancha de sangre.
Después nos dimos media vuelta
para no volver a verlo jamás, acaso
alguna vez desde el recuerdo.
Nos sacudimos las manos y aquel día
ya no volvimos a pensar en ese colchón
sobre el que mi padre había partido
hacia el más insólito lugar de todos.

martes, 26 de noviembre de 2013

tres poemas de Charles Simic.


Del libro "La Voz a las tres de la madrugada" (DVD Ediciones) 


DICIEMBRE

Nieva
y pese a ello los desheredados
vagan por las calles
convertidos en hombres-anuncio

Uno proclama
el fin del mundo
el otro
los precios de una peluquería del barrio.

LA GRAN GUERRA

Jugábamos a la guerra durante la guerra,
Margaret. La demanda de soldados de juguete era enorme.
Estaban hechos de arcilla,
supongo que los de plomo los habrían transformado en balas.

Seguro que nunca has visto nada tan hermoso
como aquellos regimientos de arcilla. Yo solía tirarme en el suelo
durante horas mirándoles a los ojos.
Puedo recordar cómo ellos también me miraban, asombrados.

Qué extraño debo haber resultado para ellos,
allí quietos, firmes, mirando fijamente
aquella enorme e incomprensible criatura
con un bigote de leche.

Con el tiempo se rompieron, o quizás los rompí yo mismo.
Había alambre dentro de sus piernas,
en el interior de sus pechos, pero sus cabezas estaban vacías.
Te lo aseguro, Margaret, me cercioré de ello.

No había absolutamente nada dentro de sus cabezas...
Como mucho quedará un brazo, el brazo de un oficial
enarbolando su sable en cualquier grieta
del suelo de la cocina de mi abuela sorda.

NUBES QUE SE ACERCAN

Se parecía a la vida que querríamos.
Fresas salvajes con nata por la mañana.
La luz del sol en cada habitación.
Nosotros dos caminando desnudos junto al mar.

Alguna que otra tarde, sin embargo, nos descubríamos
inseguros ante lo que estaba por venir.
Como actores trágicos en un teatro en llamas
con pájaros volando en círculos sobre nuestras cabezas.
Los oscuros pinos extrañamente inmóviles
cada piedra que pisábamos ensangrentada por la puesta de sol.

Una vez estábamos en nuestra terraza con una copa de vino.
¿Por qué persiste siempre la intuición de un final infeliz?
Nubes de apariencia casi humana
se acercan por el horizonte, pese a la paz luminosa
del aire apacible y el mar en calma.

La noche nos alcanza de súbito, una noche sin estrellas.
Enciendes una vela, desnuda la llevas
a nuestra habitación y la apagas despacio.
Los oscuros pinos y la hierba extrañamente inmóviles.

para descargar "Y si no hay viento, habrá que remar"


para descargarse el poemario "Y si no hay viento, habrá que remar" de Rakel Rodríguez" que forma parte del libro "Y si no hay viento, habrá que remar/alguien tiene que limpiar la mierda" de Rakel Rodríguez y José Pastor, editado por Ediciones RaRo. 
"Y si no hay viento, habrá que remar" en Scribd
"Y si no hay viento, habrá que remar" en ISSUU
"Y si no hay viento, habrá que remar" en Calaméo

el libro completo y en papel y por cinco euros en:
edicionesraro@yahoo.es

jueves, 21 de noviembre de 2013

para descargar "alguien tiene que limpiar la mierda"

 presentación del libro en Cafe-Bar "La Curva" Valladolid
para descargarse el poemario "alguien tiene que limpiar la mierda" que forma parte del libro "Y si no hay viento, habrá que remar/alguien tiene que limpiar la mierda" de Rakel Rodríguez y José Pastor, editado por Ediciones RaRo.
"alguien tiene que limpiar la mierda" en Scribd
"alguien tiene que limpiar la mierda" en ISSUU
"alguien tiene que limpiar la mierda" en calaméo

el libro completo y en papel y por cinco euros en:
edicionesraro@yahoo.es

viernes, 15 de noviembre de 2013

POR SI SE VA LA LUZ. Lara Moreno

Varios son los aspectos que hacen de “Por si se va la luz” una novela magnífica:
-Unos personajes que se nos hacen humanos, creíbles, cada uno con su voz, sus vivencias, su pasado, sus esperanzas, sus reflexiones. Unos personajes vivos, no estereotipados, que viven, disfrutan, dudan, sufren…
- Un paisaje, que forma parte de la historia, que cambia según las estaciones, que se recorre, se huele, se toca…
- Una historia tejida con paciencia y maestría, que te agarra, te acaricia, te acompaña…
- Una prosa, una forma de narrar, poética, fresca, agradable, con estilo, sugerente…
- Un lenguaje preciso, cotidiano, luminoso…
En “Por si se va la luz” se narra la historia (las historias) de varios personajes que viven y conviven en un pueblo semiabandonado. Nadia y Martín, una pareja de jóvenes urbanos que renuncian a todo lo renunciable para irse a vivir al medio rural. Enrique, el dueño del bar del pueblo, fuerte, solidario y desencantado. Damian, un anciano que añora a su mujer muerta y que ha renunciado a realizar su sueño imposible y a la vida. Elena, una mujer, hermética y dura, apegada a la tierra y a la magia, y con un pasado duro y doloroso. Ivana, una mujer que vuelve al pueblo después de un tiempo y que trae consigo una niña, Zhenia, observadora, ingenua e inteligente.
Por si se va la luz” es una novela esplendida sobre la huida y la búsqueda, sobre el peso del pasado, sobre la realidad y las ilusiones, sobre la lucha por ser feliz y la necesidad de darse una última oportunidad.
Y Lara Moreno es una narradora que viene de la poesía (leánla) y de los relatos cortos y que aquí crea una novela de las que dejan poso y ganas de seguir leyéndola.

un blog de Lara Moreno:  http://nairobi1976.blogspot.com.es/