un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

martes, 30 de octubre de 2012

doce libros negro-criminal sobre La Habana

fotografía de Pepe Soto

aquí os dejo con las recomendaciones hechas para viajar por La Habana por la gente de negraycriminal:

 

"Amanecer con hormigas en la boca" de Miguel Barroso, editada por Debate

"Allá ellos" de Daniel Chavarría, editado por Txalaparta

"Nocturno de La Habana"  de T.J. English, editada por Debate

"Los ángeles tocan maracas" de Angel Tomás González, editada por Delsan

"Murciélagos en un burdel" de Gregorio León, editada por Algaida.

"La neblina del ayer" de Lorenzo Padura, editada por Tusquets

"Cundo macao" de Gregorio Ortega, editada por Plaza Mayor

"Buenos días La Habana" de Iosu Perales, editada por Virus.

"Bahía de La Habana" Martin Cruz Smith, editada por Ediciones B

"Santuario de sombras" de Amir Valle, editada por Almuzara, Colección Tapa Negra

"Guardián de las esencias" Justo Vasco, editada por Tropismos

"Usted es la culpable" de Lorenzo Lunar, editada por Almuzara.

 

viernes, 26 de octubre de 2012

revista Groenlandia quince


Ya en la red Groenlandia quince

Con las participaciones de:

Lucía Fraga
Ana Patricia Moya
Jorge Decarlini
Aleqs Garrigóz
Ana Vega
Antonio J. Sánchez
Esperanza García Guerrero
Pepe Pereza
Patricia Peral
Adolfo Marchena
Carlos Buj
Raúl Bombs
Alfonso Vila Francés
Alex Bravo
Francisco Priegue
Pablo Natale
David García
Víctor González
Edwin E. Figueroa-Acevedo
Sergio S. Taboada
Matthieu Baumier
Amancio de Lier
Ángel Muñoz Rodríguez
Arantxa Oteo
José Luís Álvarez Vélez
José Alfonso Pérez
Lauren García
María Pilar Álvarez
Felipe Solano
Felipe Zapico
Óscar Cardeñosa

Ya en ISSUU y SCRIBD:


miércoles, 24 de octubre de 2012

dos poemas de "alguien tiene que limpiar la mierda"


otros enemigos o ¿de parte de quién hostias estás?
sé enfrentarme
-más mal que bien-
a jefes cabrones
y puedo entender
-más mal que bien-
a compañeros de trabajo
que a pesar de ser humillados, puteados, ninguneados y robados
agachan la cabeza
seguro que tienen miles de motivos y excusas para aguantar
pero lo que me descoloca
son esos compañeros
que humillados, puteados, ninguneados y robados
agachan la cabeza y aguantan
pero que a pesar que de espaldas a sus jefes
despotrican contra ellos
delante de ellos
les adulan, les aplauden,
les ríen las gracias y les dan la razón en todo
compañeros de trabajo
que en caso de conflicto o problemas
no dudan en ponerse del lado
de la mano que aunque les da de comer
también les aprieta
frente a esos compañeros
nunca se cómo reaccionar
y a pesar de que voy aprendiendo algunos trucos
y a mantener la boca cerrada
sigo sin saber ponerlos en su lugar
vejestorios
siempre que veía una treintañera
con un viejo de más de 50 años
que podría ser su padre
no lo entendía
no entendía qué podían encontrar
aquellas preciosidades
en aquellos vejestorios
¿seguridad?, ¿dinero?, ¿amor?, ¿experiencia?
no lo entendía
y sentía envidia
envidia de la buena
de la malsana y rastrera
ahora que soy ese vejestorio
acompañado de una hermosa treinteañera
sigo sin entenderlo
y comprendo a esos jovencitos
que me miran con envidia
con envidia de la buena
y solo pido
que esto dure lo más posible
y que termine cuando empiecen los achaques
y necesite de alguien
que me limpie el culo
 

viernes, 19 de octubre de 2012

"Días, horas, minutos y segundos" de Jesús Suárez González



- Universales Particulares -
Hay un eco lejano en ti
De todas las mujeres,
Porque todas las mujeres
Eres tú;
Aunque, definitivamente,
Eres única.
     *****
No me encuentro bien
En ni uno de los estados,
Ni en el sólido,
Ni en líquido,
Ni en estado gaseoso;
No me encuentro cómodo
En ninguna posición,
Ni decúbito supino,
Ni de prono,
Ni dorsal.
     *****
Te quiero, sobre todo,
Porque odio dormir solo.
     *****
Guardo el astrolabio,
Basta ya de ver estrellas,
Poso los pies en el suelo
Y me pongo a hacer la cena.
     *****
Anoche te soñé
Y ahora llevo todo el día
Esperando dar contigo.


miércoles, 17 de octubre de 2012

dos relatos de J.P.G

el relato "Recuerdos de una Lisboa que tal vez nunca existió" en el blog:   http://lafanzine.blogspot.com

 

el relato "ida y vuelta" (aparecido en la colección “literatura de kiosko n.2” de Ediciones RaRo)

Fue el pasado lunes por la noche. Salí de la academia donde impartía clases y cogí el coche. En vez de ir a casa como solía hacer todos los días, me dirigí, sin ningún motivo aparente, a las afueras de la ciudad. En unos minutos dejé atrás aquella gris ciudad y me dejé envolver por la oscuridad de la noche y la música de Robert Johnson.
Pensé en Ana, la buena de Ana, a la que hacía tiempo dejé de amar, preocupada por mi retraso, mordiéndose las uñas. Y en el pequeño Rubén coloreando sus cuadernos de dibujo hasta que llegara su hora de acostarse. Tenía la certeza que lo más lógico era dar media vuelta y regresar, pero sentía una atracción salvaje en seguir en la carretera y en aquella oscuridad hipnótica. Además necesitaba escapar por unos instantes de la rutina de las mismas calles, de los mismos atascos, las mismas respuestas de siempre, los mismos programas televisivos, el mismo lado de la cama…
Me metí por carreteras comarcales donde la oscuridad de la noche era más profunda y reconfortante. Atravesé pueblos de los que ni siquiera había oído hablar. No sé cuánto tiempo estuve conduciendo, dos, tres horas, quizá más. Sólo me detuve cuando el coche se quedó sin gasolina. Eché a andar hacia las luces de un pueblo que divisaba a lo lejos. Helaba.
En el pueblo, el reloj del ayuntamiento se había detenido a las siete y diez, quién sabe cuándo. El pueblo entero estaba silencioso como una tumba. En una casa particular se anunciaba que se alquilaban habitaciones. Llamé a la puerta y apareció un hombre enorme con un cigarro en la boca. Busco una habitación, le dije, él mirándome de arriba a abajo, sin quitarse el cigarrillo de los labios, gruñó, que ya tenía todo alquilado. Le pregunté por alguna otra pensión pero cerró de un portazo. Deambulé por las calles con la esperanza de encontrar un bar abierto o una pensión, pero todo estaba extrañamente silencioso y desierto. Sólo unos perros vagabundos y un frío asesino. Me metí en una casa ruinosa y ennegrecida, alumbrándome con la llama del mechero conseguí situarme y hacer una hoguera con los restos de papeles y maderas que había desperdigados por el suelo. Fue un fuego hermoso, que me trajo recuerdos de mi infancia. Siempre quise que mi casa tuviera una chimenea pero no pudo ser, tantas cosas no salieron como yo esperaba…
Me acurruqué junto al fuego y en mi cabeza se empezaron a acumular extrañas sensaciones y preguntas sin respuestas. Todo aquello era absurdo, sin sentido, ¿a quién pretendía engañar? ¿qué quería demostrar? ¿de qué me quejaba? Tenía una mujer que me amaba apasionadamente, un hermoso hijo al que me gustaba ver crecer, un trabajo que me daba para vivir y permitirme ciertos caprichos, un círculo de amigos que me apreciaban… y seguía disfrutando con la música, con la buena comida y con el cine. Ahora mismo podría estar en mi casa, en mi sillón, junto al brasero, con la luz apagada, escuchando a Bo Didley, ¿entonces a qué venía toda aquella comedia? Me dormí hecho un ovillo junto al fuego, el frío me despertó poco antes de que amaneciera. Allí, sentado con la mirada perdida, en los restos de la hoguera, lleno de incertidumbre, medio muerto de frío, medio loco, pensando en encontrar un sentido a todo aquello, fue amaneciendo.
Con la amanecida el pueblo recuperó su vida. En una esquina de la plaza había un bar abierto, entré, pedí un café y unas tostadas. Pregunté por los autobuses que salían hacia la capital. En unas horas estaría de vuelta a casa, de vuelta a la vida que había ido construyendo, bien o mal, durante tantos años y donde tenía mi pasado, mi presente y mi futuro. Llamé a la grúa para que cogiera el coche, no pude telefonear a Ana porque no sabía qué decirle, cómo explicarle.
El coche de línea llegó puntual, subió una mujer enlutada y un joven vestido con un mono azul. No subí, mis piernas estaban agarrotadas y algo tiraba de mí hacia abajo sin dejarme mover. Vi salir el autobús y lo seguí con la mirada hasta que se perdió en una curva de la carretera. Volví al bar, escribí una larga carta a Ana, compré sobre y sello.
Han pasado seis días desde aquél lunes por la noche y no he mandado la carta a Ana. Estoy confundido. Echando en falta muchas cosas, sin rumbo, sin destino y sin billete de vuelta.

la fotografía de La Feira da Ladra (Lisboa) la encontre aquí

jueves, 11 de octubre de 2012

unas cuantas razones para quedarse en casa el doce de octubre


"Burning. Madrid" Alfred Crespo
20 euros 
más información: 66 rpm edicions 


"Canciones de la gran deriva" Vicente Muñoz Alvarez
10 euros
más información: http://www.editorialorigami 


Gonzo. La historia gráfica de Hunter S. Thompson
de Will Bingley, Anthony Hope-Smith
19,50



 "Lulu" Lou Reed y Metallica

"Tempest" Bod Dylan

miércoles, 10 de octubre de 2012

"Maltrata a sus mujeres" Bukowski


 
Maltrata a sus mujeres
Ya sabes, los escritores vienen y llaman a la puerta, sobre todo los malos, y recuerdo un escritor especialmente malo que después de motón de cervezas por lo visto se cabreó y dijo: “¡Venga, Bukowski, no esperarás que nos creamos todas esas chorradas!” “¿Qué chorradas?”, le pregunté. “¿Todas esas chorradas de que estuviste buscándote la vida en un montón de trabajos, y todas esas mujeres, y esa chorrada de que no escribiste durante diez años y bebistes hasta acabar en el hospital sangrando a chorro por el culo y por la boca?” El chaval estaba cabreado de veras. No pasaba gran cosa en su vida así que le resultaba imposible creer que las vidas de otros pudieran ser distintas. Que la mayoría de los hombres no apuesten con sus vidas o creatividad no es culpa mía. Y da pie a obras aburridas y escritores aburridos.
Las fábricas, los mataderos, los almacenes no fueron exactamente una elección y al mismo tiempo fueron una elección, al igual que las mujeres y al igual que la bebida. Sí y no. Era movimiento y era movimiento restringido. Y así estaba sentado en el mismo bar día y noche, hacía recados a cambio de sándwiches y me peleaba con el camarero en el callejón. Ésa fue mi preparación literaria, igual que lo fue vivir en cuartitos diminutos con cucarachas, o con ratones o con ratas, e igual que lo fue andar medio muerto de hambre y lo fue la conmiseración y lo fue el asco. Pero de ahí salieron relatos y poemas y algo de suerte; no una suerte inmensa pero sí algo, y si la suerte llegó tarde, digamos a los 50 años, tanto mejor para mí. Ya sabes lo que dijo Huxley en “Contrapunto”: “Cualquiera puede ser un genio a los 25, a los 50 requiere esfuerzo”. Muchos son genios a los 25, y reconocidos y destruidos. No muchos escritores llegan hasta el final; los malos siguen escribiendo y los buenos son destruidos pronto. Son destruidos de la misma manera que son destruidos los astros del rock: por causa del exceso de producción, de elogios, de presión y de la imbecilidad de siempre.
Los dioses se portaron bien conmigo. Me tuvieron jodido. Me obligaron a vivir la vida. Me resultaba muy difícil salir de un matadero o una fábrica y volver a casa y escribir un poema que no me salieran plenamente del corazón. Y mucha gente escribe poemas que no le salen directamente del corazón. La vida dura dio pie a la frase dura y por frase dura me refiero a la frase auténtica desprovista de ornamentos.
Los dioses siguen portándose bien conmigo. Sigo siendo marginal, pero no tan marginal como para verme enterrado del todo. La única vez que recité en San Francisco, vinieron 800 personas y 100 de ellas llegaron con cubos de basura para lanzármela. A 2 cubos por barba, la basura aquella no olía tan mal. Los dioses se portan bien conmigo en el sentido de que provoco reacciones extremas: el gentío parece apoyarme por completo o detestarme por completo. Eso es tener suerte; y en los recitales cuando alguien me grita una obscenidad, disfruto casi tanto como cuando alguien del público me alcanza una botella. He pasado por ello y el público sabe que he pasado por ello. No soy un pulcro profesor con una casa en las colinas y una mujer que toca el piano. 
Uno siempre tendrá detractores y la mayor parte de tus detractores serán los otros autores que se mueren de ganas de enterrarte. “Ah, ha tropezado”, “¡Ah, es un borracho horrible!”, “Maltrata a sus mujeres.” “A mí me acuchilló.” “Recibió una beca sin cumplimentar la solicitud.” “Da por saco.” “Detesta a los maricas.” “Miente.” “Es envidioso.” “Es vengativo” “Es asqueroso”.
La mayoría de estos detractores copian casi directamente mi estilo o están influenciados por él. Mi contribución consistió en relajar y simplificar la poesía, hacerla más humana. Se lo puse fácil para seguirme. Les enseñé que puedes escribir un poema de la misma manera que escribes una carta, que un poema puede ser hasta entretenido y que no tiene por qué tener necesariamente nada de sagrado. Ahora mucho me temo que hay demasiada gente escribiendo como Charles Bukowski, o debería decir intentando escribir como Charles Bukowski. Pero sigo siendo el mejor Charles Bukowski que hay por ahí y mi estilo sigue adaptándose y cambiando conforme lo hace mi vida, así que sencillamente no van a atraparme. Sólo Papá Muerte me atrapará, y he reducido la bebida a la mitad para que quienes me odian tengan que sufrir un poquito más. Mientras los que me copian van muriendo del alcoholismo, yo me iré de tapadillo a balnearios a medianoche. Ah, soy el más listo.
Me resulta difícil encontrar héroes a estas alturas, así que tengo que crear mi propio héroe: yo mismo. Eso da pie a algunas noches jodidas. Y días. Hay que mantenerse flexible, abierto al cambio, pero no se puede cambiar simplemente por capricho. Los movimientos tienen que ser naturales y derivarse de la vida. Si esto suena a sagrado lo lamento, pero creo que ya sabes a qué me refiero. Tengo en gran estima las obras de Knut Hamsun porque fue un hombre que creció y amplió sus miras, aunque su primer libro “Hambre” fue el más interesante, uno admiraba su trabajo en buena medida porque se podía percibir el crecimiento, el aire blanco, los valles, las mujeres, el dolor y el humor y la ausencia de chorradas. Dudo que vuelva a haber otro Knut Hamsun; soy demasiado vago; me gusta vaguear por las tardes y mirar el techo o rascarme la barba desaliñada; carezco de ambición y tal vez espero más de la cuenta la palabra, pero no me veo encerrado en un área concrete ni por mis admiradores ni por mis detractores, así que cuando hablas de Charles Bukowski, sólo puedes hablar del Charles Bukowski de ayer. Te lanzaré una que pasará rozándote mañana mismo y no sabrás lo que es durante un tiempo.
A los acusadores les digo, adelante, acusad; a los que me elogian les digo, adelante, elogiad; a la mujer que me quiere le digo, adelante, quiéreme; a Marina le digo, adelante, conviértete en una mujer maravillosa; a mi coche le digo, adelante, sigue corriendo para que no tenga que comprar otro; a mi máquina de escribir le digo, adelante, cuéntame más cosas, más y más cosas, cosas diferentes; adelante, adelante, adelante...
Sagrado o no, a eso se reduce todo, y eso es lo que puedo contarte ahora. Ahora tengo hambre y voy a comerme un sándwich. Me gusta con mucha mostaza picante, ¿a ti no?


de “Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992)” Bukowski (Editorial Anagrama)