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viernes, 31 de agosto de 2012

"Los comebarato" Thomas Bernhard

como una larga parrafada, reiterativa, caótica, repetitiva, enrevesada, desquiciada, el narrador de "Los comebarato", nos relata la vida de Koller, antiguo compañero de infancia y estudios del narrador, un Koller que pretende realizar una gran obra ciéntifica y filosófica, pero que solo la tiene en su cabeza ya que aun no ha plasmado nada sobre el papel. un Koller que frecuenta un CPV (Comedor Público de Viena) donde siempre elige el menú más barato y donde va a encontrarse con cuatro personajes que como él, también piden el menú más barato, y que a él, a Koller, le sirve como material para la obra en que lleva trabajando mentalmente desde hace años.
en "Los comebarato" no hay acción, no hay un final muy convincente, incluso los personajes "secundarios" (los cuatro comebarato) no aparecen hasta el final de la historia, pero esa forma de narrar, desquiciante, nihilista, extraña, fría, despiadada, hace de "Los comebarato" una obra distinta y recomendable.

jueves, 23 de agosto de 2012

para pasear por Cádiz



"Las torres-miradores de Cádiz" es dificil de encontrar en las librerías (pero está en casi todas las bibliotecas gaditanas), aun así "Torres miradores de Cádiz" también sirve para los paseos


o el libro de viajes "Cádiz, de la sierra al mar" o el ensayo "Cádiz, Jerez y los puertos"


también de Fernando Quiñones "Los ojos del tiempo"

lunes, 20 de agosto de 2012

tres tipos de Jaén: Manuel Lombardo Duro , Juan Cruz López y José Ríos

pintura de José Ríos  

 las pinturas de José Ríos en : www.jfrios.com/

SAMURAI

Está en la muerte
todo lo que te falta
y las mentiras que te sobran,
esas palabras que hacen
los sucesos y las cosas
más importantes que el silencio.

Hay que saber callar,
dejar sencillamente
que las cosas sucedan
despacio en el silencio,
de la manera más hermosa.

Hay que saber callar.
Cada día, sin excepción,
considerarse muerto
en lo más alto de la vida,
vivo en el centro de la muerte,
como afirma el samurái.


Manuel Lombardo Duro


HARAQUIRI 

Tus besos son afilados
como el cristal.
Tu saliva
mansa, como un río calmo,
corta mis labios.
Tarde o temprano
mis palabras te sabrán a sangre.

No te puedo soportar.
Ni a ti ni a tu fantasma,
lo que me queda detrás
de cada última partida.

Tu cuerpo, ese reloj de arena,
mide mi tiempo
y ya me agosta.

Me abriste la piel la noche
que sacaste a pasear / tu lengua
por mi espalda antaño yerma.

No sé ni cómo
vivir sin el dolor.

Me coso las heridas
para que la sangre no te manche
y no te vuelva triste.
Porque te quiero limpia
y afilada / como la espada
de un samurái.

Pues fui yo quien te eligió
y yo quien te usará
para darse un final digno.

Juan Cruz López

viernes, 17 de agosto de 2012

Crimenes ejemplares. Max Aub


Crimenes ejemplares 

Max Aub publicó "Crimenes ejemplares"  en México D.F., en 1957. En el prólogo de esta primera edición nos dice que se trataba de "material de primera mano", "confesiones recogidas a asesinos de Francia, España y México: Todos desembuchan escuetamente las razones nada oscuras que los llevó al crimen, sin otro que dejarse arrastrar por su sentimiento".

Yo estoy seguro que se rió. ¡Se rió de lo que yo estaba aguantando! Era demasiado. Me metía y me volvía a meter la fresa sobre el nervio. Con toda intención. Nadie me quitará esa idea de la cabeza. Me tomaba el pelo: "que si eso lo aguantaba un niño". ¿Acaso a ustedes no les han metido nunca esas ruedecillas del demonio en una muela careada? Debieran felicitarme. Yo les aseguro que de aquí en adelante tendrán más cuidado. Quizá apreté demasiado. Pero tampoco soy responsable de que tuviese tan frágil el gaznate. Y de que se me pusiera tan a mano, tan seguro de sí, tan superior. Tan feliz.
* * * 
Lo maté porque, en vez de comer, rumiaba.
* * *
- Un poquito más.No podía decir que no, y no puedo sufrir el arroz.- Si no repite otra vez, creeré que no le gusta.Yo no tenía ninguna confianza en aquella casa. Y quería conseguir un favor. Ya casi lo tenía en la mano. Pero aquel arroz...- Un poco más.- Un poquitín más.Estaba empachado. Sentí que iba a vomitar. Entonces no tuve más remedio que hacerlo. La pobre señora se quedó con los ojos abiertos, para siempre.
* * *
Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía.
* * *
Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite.
* * *
Estábamos al borde la acera, esperando el paso. Los automóviles se seguían a toda marcha, el uno tras del otro, pegados por sus luces. No tuve más que empujar un poquito. Llevábamos doce años de casados. No valía nada.
* * *
Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella.
* * *
Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes, miré mi reloj seis veces descaradamente: no hizo caso. Creo que es una atenuante muy de tenerse en cuenta.
* * *
¡Si el gol estaba hecho! No había más que empujar el balón, con el portero descolocado... ¡Y lo envió por encima del larguero! ¡Y aquel gol era decisivo! Les dábamos en toditita la madre a esos chingones de la Nopalera. Si de la patada que le di se fue al otro mundo, que aprenda allí a chutar como Dios manda.
* * *
FE DE ERRATAS:
Donde dice:
La maté porque era mía.
Debe decir:
La maté porque no era mía