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lunes, 2 de julio de 2012

relato de J.P.G en Groenlandia 14

http://www.juanfranciscocasas.com/
LA CASERA
Tenía problemas para pagar el alquiler. Un colega insistía e insistía que la mejor solución era follarme a la casera. La casera tiene 34 años, largas piernas, buen culo, sugerentes tetas, hermosos ojos verdes, dinero suficiente para ser feliz, un marido tranquilo, un niño de cuatro años y un perro.Ytiene un buen par de polvos, sentenciaba mi colega. Debía cuatro meses de alquiler e iba para el quinto y la posibilidad de que me echaran de casa por no pagar empezaba a obsesionarme, cuando una noche la casera aparece en la puerta de mi (su) casa con un plato de arroz con leche. Pesimista por experiencia, me temo lo peor. La invito a pasar y la ofrezco un pacharán como el que ofrece la pipa de la paz. Está guapa mi casera, con su pantalón negro ajustado, con sus brillantes ojos verdes, con su sonrisa fresca y con su camiseta de la que se resbala constantemente un tirante que ella se empeña en colocar en su lugar. Con el primer pacharán me cuenta que estaba aburrida y se ha puesto a hacer arroz con leche por hacer algo, que no se le da muy bien cocinar pero que lo intenta. Que es la primera vez que hace arroz con leche. Que es un sabor que le recuerda a su infancia. Con el segundo, y un cigarro en la mano, se lanza sin tapujos, a decirme que tiene problemas con su marido, que si no me había dado cuenta, que su marido solo piensa en el trabajo, que es aburrido, que no le gusta salir por la noche, que antes no era así, que se arrepiente de haberse casado con lo bien que ella podría vivir libre y sin compromiso. Nada nuevo que no haya escuchado antes en mujeres que han pasado de los treinta y que todavía conservan la belleza, la energía y las ganas de los veintipoco.Yo sigo su monólogo intercalando de vez en cuando frases hechas que no comprometen a nada: “la solución está en tus manos”, “las relaciones siempre son complicadas”, “hay que aprender a disfrutar de la vida”. Cuando acaba de desahogarse, se levanta, se descalza y se tumba en el (su) sofá, tiene las uñas de los pies pintadas de verde, a juego con sus hermosos ojos y la camiseta. Ya no se sube el tirante rebelde. Podía ser como tú -dice de sopetón- tú eres libres, vas de un lado a otro sin dar explicaciones a nadie, tienes tus amigas, sales de fiesta, de conciertos, viajas, disfrutas de la vida ... Si yo te contara, pienso, hace meses que no follo, hace semanas que no sé de fiestas, hace tiempo que no hago un viaje, no tengo ni un puto duro y estoy hasta los cojones de cenar solo todas las putas noches, pero solo digo un estúpido: Nadie es perfecto. Sonríe, se levanta del sofá, se acerca, se planta frente a mí y apartando la mesa, abre las piernas, se sienta a horcajadas sobre mis rodillas y me pega un morreo que me sabe a gloria, a canela y a pacharán. No sé qué hacer pero ella me lleva hasta al sofá y allí seguimos con los morreos. Le acaricio las tetas, tiene unas tetas de curvas suaves y pezones grandes y duros. Una piel caliente, una boca sedienta. Me quita la camisa y levantando los brazos me invita a que le quite la camiseta. Se la quito y beso sus tetas mientras ella se tensa y juguetea con mi pelo y me da mordiscos en el cuello. Cuando dejo sus tetas, se levanta, se quita el pantalón, quedándose con un minúsculo tanga negro. Desnuda está imponente, le gusta estar desnuda, le gusta saberse desnuda, le gusta saber que me gusta verla desnuda. La beso y lamo su cuello, su espalda, sus las largas piernas, su vientre, le quito el tanga, tiene el coño rasurado y perfumado. Huele a limón. Lamo, muerdo, acaricio, me quito el pantalón, me quito los calzoncillos y follamos en el sofá. Más tarde, ya en la cama, solo, no pienso en el alquiler, no pienso que no me he puesto un preservativo, no pienso en nada más en que tenemos que repetir, en que ha sido un buen polvo pero que me ha sabido a poco. Es lo que tiene la sequía, una gota no quita la sed. Y es lo que tiene la pobreza, cuando se prueba algo bueno se quiere repetir. Los días siguientes, tras dejar al niño en el colegio, viene directamente a mi cama. Trae el calor, la pasión, las ganas de jugar y la alegría de una mujer feliz. Y no se corta. Se mete en la cama desnuda y sin muchos preámbulos se lanza a chuparme la polla para espabilarme. Le gusta chuparme la polla y habla con ella como si fuera un ser con vida propia. Nos pasamos todas las mañanas en la cama. Nos besamos, nos chupamos, nos acariciamos y follamos y follamos hasta saciarnos, hasta agotarnos. Después un poco de charla sobre su vida y su marido, las ilusiones y su marido, el sexo y su marido, el arrepentimiento y su marido, hasta la hora en que tiene que ir a recoger al niño al colegio.Yo la escucho y fumo. El alquiler deja de ser un problema, según ella el dinero no lo es todo, según ella no debo preocuparme, según ella mis polvos no tienen precio. Mi casera tiene más de un buen par de polvos, es cariñosa, es salvaje, es mimosa, es juguetona, es viciosilla, y me gusta follar con ella, me gusta hacerla reir, me gusta despertarme cuando ella se mete en mi cama, me gusta su olor a limón. Todo va bien durante esa semana, pero de repente, el lunes, después de un largo fin de semana, en que ella debe dedicarse a su marido y a su hijo, no aparece por mi casa y me quedo toda la mañana esperándola en la cama. No sé qué hacer durante todo el día. El martes tampoco aparece. Quiero follar con ella, necesito follar con ella, echo en falta su cuerpo, echo en falta sus caricias, echo en falta ese aroma a limón con el que me han estado despertando estas últimas mañanas.Ymi polla echa de menos que hablen con ella. El miércoles cuando me la encuentro en la calle, cuando viene de recoger al niño del colegio, cuando me paro a hablar con ella, solo me dice un hola cortante y sigue su camino arrastrando al niño y su enorme cartera. Aquel mismo jueves por la noche aparece por la casa, sin arroz con leche, sin brillo en los ojos, sin sonrisa. La digo que pase pero dice, prefiero quedarme en la puerta. ¿Un pacharán?. No, no quiero un pacharán. Y que lo siente, que sabe que es una putada, pero tienes que dejar la casa a final de semana. Así de repente, ¿por qué?, ¿cual es el problema?. No hay ningún problema pero la casa la tienes que dejar este domingo. Sin falta. Remata. Ah! y me gustaría que me pagaras los cinco meses de alquiler que me debes. Remata. Y se larga sin más. Hoy lunes escribo esto desde una pensión de mala muerte, huele a cerrado y a humedad. Echo en falta mi casa. Echo en falta a mi casera. Estoy jodido. Por la mañana llamé a mi colega para contarle mi situación y pedirle unos euros para poder pagar la pensión. Me dice que siempre estoy metiéndome en líos. Que no aprendo. Que no me puede prestar nada. Y el alquiler vuelve a ser un problema. Uno más.