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martes, 29 de mayo de 2012

"Poemas Fundidos"


"Poemas Fundidos" de Luis Amézaga & Adolfo Marchena.  (Groenlandia)
La segunda colaboración que realizan estos dos escritores (la primera es "La mitad de los cristales")

miércoles, 23 de mayo de 2012

Roger Wolfe y "Escrito con la lengua"


En "Escrito con la lengua" (edición reunida de los tres primeros «ensayos-ficción» de su autor) Roger Wolfe reflexiona, en rápidas ráfagas, nerviosas pinceladas y fragmentos ensayísticos de mayor o menor extensión, sobre los diversos asuntos de la realidad cotidiana, cultural o informativa que captan su interés, reaccionando con furibunda saña destructiva, ácida ironía, humor salvaje o —en ocasiones— templada introspección. La voz que aquí nos habla se nos presenta voluntariamente cargada de impurezas y de broncas inflexiones coloquiales que a menudo el escritor no ha deseado pulir ni modular, sino presentar tal y como se van registrando en su ánimo, de la misma manera en que surgirían entre los párrafos descalabrados y desnudos de una carta redactada en el furor del momento y sin volver la vista atrás.

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viernes, 18 de mayo de 2012

El ruido de los cuerpos al caer


PRÓLOGO

Me gustan los poetas que escriben con las manos sucias. Los que encienden cerillas junto a los charcos de gasolina. Los que no han conocido la pureza pero duermen con los ojos abiertos. Los que conocen la fragilidad de los animales que respiran despacio y aún están suaves y calientes al borde de la carretera. Los que conocen el ruido que hacen los cuerpos al caer contra el cemento.

Mi padre trabajaba montando armarios de metal. Volvía a casa con las manos llenas de cortes a pesar de los guantes, y me decía qué has escrito hoy. Y yo le leía libros como éste, libros que en realidad eran manuales de instrucciones para montar fusiles o provocar incendios. Libros que no había escrito yo pero que eran míos, porque la rabia y el dolor siempre hablan con el mismo lenguaje y siempre dejan las mismas marcas en la piel.

El ruido de los cuerpos al caer no es un poemario bello porque nosotros no hemos conocido la belleza. Aprendimos demasiado pronto que los laberintos no tienen salida a no ser que vueles las paredes. Por eso ahora dormimos bajo las camas y nos alimentamos de animales atrapados en latas de conserva. Por eso los restos de comida en la alfombra. Por eso el miedo. Por eso los poemas que asfixian, los poemas que no dejan entrar el aire en la garganta porque no hay tiempo para los puntos, para las comas, para las estrofas. Son poemas sucios métricamente que no riman porque el peso recae en el ritmo y no en la rima, en un ritmo brutal que hace que los poemas se sucedan unos a otros salvajemente, con la violencia de quienes saben que no tienen mucho que perder.

El ruido de los cuerpos al caer habla de noches eternas de lluvia y cigarrillos. De batallas perdidas. De bordas afilados. De ciudades que vuelan por los aires. De casas abandonadas que se caen lentamente. De mujeres a las que amar en medio de la tristeza. Es un poemario duro pero necesario, porque la poesía debe provocar asco o placer o vacío o dolor, pero provocar algo. Y José lo consigue. Consigue escribir unos poemas sencillos pero de una brutalidad que te deja sin aliento. De esa que deja marcas en la piel y en los pulmones.

Yo oí una vez el sonido de un cuerpo que caía sobre el cemento. Recuerdo el ruido suave del torso desplomándose, el golpe seco de la cabeza contra la acera. Después vino la época en que la ciudad se convirtió en una jaula y los laberintos se hicieron cada vez más profundos, pero no olvidé aquel sonido. José tampoco. Aquel día decidimos dedicar nuestra vida a asesinar a todos los ciervos con nuestras propias manos. A acabar con la belleza. Por eso escribimos poemas como estos. Por eso no conocemos la pureza ni sabemos dormir con los ojos cerrados. Por eso los poemas-quirófano y los poemas-charco de gasolina. Porque conocemos el sabor del plomo y el aburrimiento de las tardes de domingo. Porque conocemos el sonido de los cuerpos que se desploman.

A mi padre le echaron de aquel trabajo y dejó de pedirme que le leyese poemas. Dejó de volver a casa con las manos llenas de heridas. Ahora soy yo la que vuelve a casa dolorida por el frío. Ahora soy yo la que se hace heridas con libros como éste.

Layla Martínez
 


"El ruido de los cuerpos al caer" 
http://issuu.com/revistagroenlandia/docs/el_ruido_de_los_cuerpos_al_caer_jos__pastor_gonz_l

http://es.scribd.com/doc/93905913/EL-RUIDO-DE-LOS-CUERPOS-AL-CAER-JOSE-PASTOR-GONZALEZ


jueves, 17 de mayo de 2012

Cuando la muerte me visite



¿ME HAS LLAMADO?

¿Me has llamado?
¿Has dicho mi nombre?

Creí escucharlo con el viento
y vine hasta aquí.
Atrás he dejado un largo y pesado viaje
para reunirme contigo.

Pero... ¿no me has llamado?
Tal vez desde lejos del camino grité
tu nombre, te llamé en silencio
y el eco de mi propia voz
me hizo creer que me llamabas.

¿Ves? traigo las manos llenas
y mi pelo ha crecido...
Me brillan los ojos y
mis zapatos están gastados de tanto andar.

Pero ¿por qué gritas mi nombre ahora?
¿No me ves? estoy frente a tí...
¿Es que no me ves?


SOY UN SER HUMANO

Soy un ser humano.
Tengo derecho a reír libremente
y a llorar si me apetece.

Soy un ser humano.
También yo tuve un amor.
El más grande.
Y también a mi me dolió su dolor.

Soy un ser humano.
Puedo hablar a solas
o enmudecer en público.
Puedo arrojarme en brazos
de la desesperación
o emborrachar mis oídos
con frases de elogio.

Soy un ser humano
entonces ¿por qué me siento
algunos días como un perro
apaleado en una esquina?


QUE LA MUERTE ME VISITE

Que la muerte me visite
después de la segunda botella de güiski.

Si la muerte quiere verme,
que sea después de que todos los amantes
hayan resbalado por mi cuerpo.

Si la muerte me desea
ha de saber conquistarme...

Porque si vienes antes de tiempo
vas a tener que esperar...


poemas de “Cuando la muerte me visite” de Rakel Rodríguez López