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viernes, 27 de abril de 2012

tres poemas anónimos más

insomnio
esperar para matar el tiempo
escribir para acallar silencios
silbar para disimular vacíos
viajar para marcharse
no amar para no sufrir ausencias
y apagad las estrellas
para poder dormir


portada del comic "Miguel. 15 años en la calle" de Miguel Fuster
los viejos vagabundos siempre tienen frío
pero solo hablamos de ellos cuando arden.


en el camping con Eskorbuto
a las cuatro de la tarde
a los cuarenta grados del sol del mes agosto
me hacían limpiar las dos pistas de tenis
porque a esas horas nadie las alquilaba.
Yo barría escuchando a Eskorbuto
berreando sus letras y su rabia
mientras los demás dormían la siesta
o tomaban café y copa en el bar
o hacían la digestión frente al televisor,
después tocaba vaciar los contenedores de basura
donde fermentaban
los restos de pescado y marisco del día anterior
los pañales con caca y los líquidos de dios sabe que
pero yo seguía con Eskorbuto y su “Impuesto Revolucionario”
vuelta y vuelta a la cinta de cassete
tomándomelo con calma
asi hasta la hora de dar de mano
que me iba al bar
a echar unas cervezas
a ver a la camarera
y tomarme mi revancha

martes, 24 de abril de 2012

tres poemas anónimos


todos a la calle
a la puta calle
banqueros, políticos, científicos,
jueces, consejeros, asesores, psiquiatras,
ahora os toca a vosotros salir a la calle
a los barrios, a los parques
a los pueblos, a los campos
a pie, en autobús, en metro
en trenes regionales, en coche de linea o en bicicleta
a la puta calle
a comprar al mercado
a hacer cola en el banco
al ambulatorio, al dentista de la seguridad social
al inem, a los colegios públicos, a los talleres
a la puta calle
a cavar zanjas
a subir al andamio
o a bajar a la mina
o a buscar trabajo
o aparcamiento
o amor
a mancharse
a arrimar el hombro
a derribar muros
a la puta calle
a beber vino de la casa
a comer el menú del día
a dormir en pensiones
a las cunetas
a hacer cuentas y cuentas
para intentar llegar a fin de mes
a la puta calle
así, tal vez,
cuando nos sentemos a hablar
tod@s sepamos
de que estamos hablando
 
animales de compañía
la gente me agota
exigen demasiada atención
demasiada
los perros me parecen cansinos
y los hemos idiotizado
hasta quitarles su animalidad
un pez en una pecera
o un pájaro en una jaula
una crueldad
los gatos me parecen egoístas e interesados
una tortuga simplemente aburrida
pero
la salamanquesa con la que comporto habitación
me parece
buena compañía
no pide ni exige nada
no tengo que preocuparme de su alimentación
su higiene, sus enfermedades
ni de su estado de ánimo
ni sacarla de paseo
ni limpiar sus cacas.
Los dos tenemos nuestras manías y defectos

pero no nos los tiramos a la cara
somos dos animales
de andares erráticos
igual de indefensos
con nula capacidad para la pelea
carentes de ambición
lentos a la hora de tomar decisiones
y que nadie sabe de que viven
dos animales que por la noche
miran las paredes

linea de flotación
el barco
cada día se hunde más
ni las lágrimas
le hacen flotar
 

jueves, 19 de abril de 2012

"personajes que caminan por mis sueños" de Rakel Rodríguez


Todos los personajes que aparecen en este libro, son producto de la ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (y las coincidencias existen, no voy a decir yo que no). Todos y cada uno de estos personajes han caminado en mayor o menor medida por mis sueños. Esos sueños en los que uno suele estar lo bastante despierto y suficientemente dormido.
Curiosamente, aunque partía de una idea más o menos clara y de un personaje más o menos definido, en no pocas ocasiones me he encontrado con que el personaje ha hecho de su capa un sayo y ha salido por peteneras. Es decir, que hace lo que le da la santa gana. Se supone que soy yo quien lo escribe, que es mi mano a través de mi cerebro quien lo dota de vida, pero no, inexplicablemente no pocas veces, algunos acaban haciendo otras cosas de las que yo quería que hicieran. Eso, me produce una emoción que no puedo explicar, como si en realidad yo no fuera yo, o sea, yo no fuera lo importante, sino que es el propio personaje quien me da vida a mí de alguna manera, que es él o ellos quienes configuran mi existencia.
Sea como sea, estos personajes ya no volverán a caminar por mis sueños. Tal vez, a partir de ahora, caminen por los vuestros.
Raquel Rodríguez
 
para hacerse con "personajes que caminan por mis sueños": edicionesraro@yahoo.es
o en el blog los viajes de RaRo


martes, 17 de abril de 2012

Orwell por Orwell (II parte)


Pero hay que recordar que Inglaterra no es completamente democrática. Es también un país capitalista con grandes privilegios de clase y (incluso ahora, después e una guerra que ha tendido a equiparar a todo el mundo) con grandes diferencias económicas. Pero, con todo, es un país cuyos habitantes han convivido durante siglos sin conocer la guerra civil, en el que las leyes son relativamente justas y las noticias y estadísticas oficiales pueden ser creídas casi invariablemente, y en el cual, cosa importante, el albergar y expresar opiniones minoritarias no implica peligro de la vida. En un ambiente así, el hombre de la calle no tiene una idea real de lo que son cosas como los campos de concentración, las deportaciones masivas, las detenciones sin juicio, la censura de prensa, etc. Todo lo que lee sobre un país como la URSS lo traduce automáticamente a términos ingleses, y acepta con toda inocencia las mentiras de la propaganda totalitaria. Hasta 1939, e incluso después, la mayoría del pueblo inglés fue incapaz de comprender la verdadera naturaleza de régimen nazi en Alemania, y ahora, con el régimen soviético, sufren aún, en buena medida, el mismo tiempo de ilusión.
Esto ha causado un gran daño al movimiento socialista inglés, y ha tenido consecuencias graves para la política exterior inglesa. En mi opinión, nada ha contribuido tanto a la corrupción de la idea original de socialismo como la creencia de que Rusia es un país socialista y de que todo acto de  sus dirigentes debe ser excusado, cuando no imitado. A mi regreso de España se me ocurrió la posibilidad de denunciar el mito soviético en una narración que pudiese ser atendida por casi todo el mundo y que pudiese ser fácilmente traducida a otros idiomas. Pero, durante algún tiempo, no se me ocurrían los detalles concretos de la historia, hasta que un día (yo vivía por entonces en un pueblo pesquero) vi a un niño de unos diez años que conducía, desde un carro, a un enorme caballo por un camino estrecho y le daba de latigazos cada vez que el animal intentaba volverse. Pensé que, si los animales como aquél se hiciese un día conscientes de su fuerza, no tendríamos poder alguno sobre ellos, y que el hombre explota a los animales de una forma muy parecida a como los ricos explotan al proletariado.
Pasé a analizar la teoría de Marx desde el punto de vista de los animales. Para éstos estaba claro que el concepto de lucha de clases entre los humanos era pura ilusión, ya que cuando era necesario explotar a los animales todos los humanos se unían contra ellos: la verdadera lucha es la que se produce entre los animales y los humanos. Partiendo de este punto, no me fue difícil desarrollar la historia. No la escribí hasta 1943, pues siempre estaba ocupado en otros trabajos que no me dejaban tiempo, y al final incluí en el libro algunos acontecimientos que ocurrieron mientras escribía, como por ejemplo la Conferencia de Teherán. Así pues, tuve en la mente el esquema del libro durante un período de seis años antes de escribirlo.
No deseo hacer comentario alguno sobre la obra; si no habla por sí misma, es una empresa fracasada. Pero quisiera recalcar dos cosas: la primera, que aunque los distintos episodios están tomados de la historia verdadera de la revolución rusa, están representados esquemáticamente y se ha cambiado su orden cronológico; esto fue necesario para la simetría de la narración. La segunda no ha sido observada por la mayoría de los críticos, quizá porque no he insistido bastante en ella. Es posible que algunos lectores acaben de leer el libro y se queden con la impresión de que termina con una total reconciliación entre los cerdos y los humanos. Pero ésa no fue mi intención; por el contrario, yo quería acabar el relato con una fuerte nota de discordia, pues escribí el final inmediatamente después de la Conferencia de Teherán, que, según creyó todo el mundo, estableció las mejores relaciones posibles entre la URSS y Occidente. Yo personalmente no creí que aquellas buenas relaciones fuesen a durar mucho; y, como han demostrado los acontecimientos, no me faltaba razón.

Orwell por Orwell I parte

Orwell por Orwell (I parte)


Prefacio del autor a la edición ucraniana de “Rebelión en la granja”.

Se me ha pedido que escriba un prefacio a la versión ucraniana de “Rebelión en la granja”. Soy consciente de que escribo para unos lectores de los que no sé nada y que, probablemente, tampoco han tenido la menor oportunidad de saber de mí.
Seguramente, los lectores esperarán que en este prefacio les explique algo de cómo nació “Rebelión en la granja”, pero antes quisiera explicar algunas cosas sobre mí mismo y sobre las experiencias que me han llevado a mi actual posición política.
Nací en la India en 1903. Mi padre era allí funcionario de la administración británica, y mi familia era una más de esas familias de clase media cuyos hombres son militares, sacerdotes, funcionarios, maestros, abogados, médicos, etc. Me eduqué en Eton, la más cara y esnob de las escuelas públicas inglesas. Ingresé allí gracias a una beca; de otro modo, mi padre no habría podido permitirse el lujo de enviarme a una escuela de este tipo.
Poco después de salir de Eton (cuando aún no había cumplido los veinte años) fui a Birmania e ingresé en la Policía Imperial India. Era ésta una policía armada, una especie de gendarmería muy similar a la Guardia Civil española o a la Garde Mobile francesa. Serví en ella cinco años. No me gustó aquel trabajo, y me hizo odiar el imperialismo, aunque en aquellos momentos el sentimiento nacionalista en Birmania no era muy intenso y las relaciones entre ingleses y birmanos no eran especialmente malas. En 1927, estando de permiso en Inglaterra, abandoné el servicio y decidí hacerme escritor, actividad en la cual al principio no tuve éxito. En 1928 y 1929 viví en París y escribí unos relatos y novelas que nadie quiso publicar (y que más adelante destruí). En los años siguientes viví casi siempre al día, y pasé hambre en varias ocasiones. De 1934 en adelante pude vivir de lo que ganaba escribiendo. Antes, pasé a veces varios meses seguidos entre las gentes miserables y semidelincuentes que habitan las zonas peores de los barrios pobres o que se echan a la calle para mendigar y robar. En aquella época me uní a ellos por la falta de dinero, pero más adelante su forma de vida me interesó mucho por sí misma. Pasé muchos meses (esta vez más sistemáticamente) estudiando las condiciones de vida de los mineros del norte de Inglaterra. Hasta 1930 no me consideraba socialista; no tenía ideas políticas concretas. Me hice prosocialista más por indignación ante la forma en que eran oprimidos y abandonados los obreros industriales más pobres que por admiración teórica hacia una sociedad planificada.
En 1936 me casé. Casi la misma semana estalló en España la guerra civil. Mi esposa y yo decidimos ir a España a luchar en favor del gobierno. Marchamos al cabo de seis meses, tan pronto como yo hube terminado el libro que estaba escribiendo. En España, pasé casi seis meses en el frente deAragón, hasta que, en Huesca, un francotirador fascista me atravesó la garganta de un disparo.
En una primera etapa de la guerra, los extranjeros no conocían, en general, las luchas entre los varios partidos políticos que apoyaban al gobierno. Debido a una serie de circunstancias no me uní a las Brigadas Internacionales, como la mayoría de los extranjeros, sino a la milicia del POUM, es decir, de los trotskistas españoles.
A mediados de 1937, cuando los comunistas lograron el control (o el control parcial) del gobierno español y empezaron a perseguir a los trotskistas, nos encontramos los dos entre las víctimas. Tuvimos la gran suerte de salir de España con vida, sin haber sido detenidos una sola vez. Muchos amigos nuestros fueron fusilados, y otros pasaron largo tiempo en la cárcel o simplemente desaparecieron.
Estas persecuciones en España tuvieron lugar al mismo tiempo que las grandes purgas de la URSS, de las que fueron una especie de complemento. En España y Rusia la naturaleza de las acusaciones era la misma (es decir, conspiración con los fascistas), y, en lo referente a España, tengo todas las razones para creer que aquellas acusaciones eran falsas. Esta experiencia constituyó para mí una valiosa lección práctica: me enseño con qué facilidad puede la propaganda totalitaria controlar la opinión de la gente culta en los países democráticos.
Tanto mi esposa como yo vimos a personas inocentes arrojadas a las cárceles porque sobre ellas recaía una simple sospecha de heterodoxia. Pero, a nuestro regreso a Inglaterra, nos encontramos con que numerosos observadores sensatos y bien informados creían los fantásticos relatos de conspiraciones, traiciones y sabotajes que reproducía la prensa en sus informaciones de los juicios de Moscú.
Entonces comprendí, con más claridad que nunca, la influencia negativa que tiene el mito soviético en el movimiento socialista occidental.
Aquí debo pararme a explicar mi actitud hacia el régimen soviético.
Nunca he visitado Rusia, y mi conocimiento de este país consiste en lo que puede saberse por la lectura de libros y periódicos. Aunque tuviese el poder necesario, no desearía inmiscuirme en los asuntos internos soviéticos: no condenaría a Stalin y a sus colaboradores sólo por sus métodos bárbaros y antidemocráticos. Es muy posible que, aun con la mejor de las intenciones, no hayan podido actuar en otro modo dadas las circunstancias de su país.
En cambio, considero de la mayor importancia que en la Europa occidental se tenga una idea exacta de lo que es el régimen soviético. Desde 1930, pocas cosas me hacen creer que la URSS esté avanzando hacia nada que pueda honestamente llamarse socialismo. Por el contrario, me han llamado la atención indicios claros de su transformación en una sociedad jerárquica, en la que los dirigentes no tienen más razones para abandonar su poder que cualquier otra clase dirigente. Además, los obreros y los intelectuales de un país como Inglaterra no pueden comprender que la URSS de hoy es del todo diferente a lo que era en 1917. Ello se debe, en parte, a que no quieren comprenderlo (porque quieren creer que en algún lugar existe realmente un país socialista), y en parte a que el totalitarismo es algo que les resulta del todo incomprensible, por estar acostumbrados a una relativa libertad y moderación en la vida pública.

revista Groenlandia número 13


revista groenlandia. trece
revista groenlandia. suplemento
poesia en los bares
"Contrafabulas" de francis novoa

jueves, 12 de abril de 2012

dos poemas de "Blues" de Domingo López

LITTLE GIRL BLUE
En la habitación
empapelada de posters
nadie responde
si dices algo o insultas
ni siquiera el oso de peluche
levanta la cabeza
para mirarte impávido
hablar sola.
Alguien definitivamente
dejó de abrazarte una tarde
y ahora
ordenas por colores
las pastillas
algunas fotos del verano
ante el hastío de la noche
sin risas ni rocanrol
y en medio del silencio
oyes llegar
el viento del otoño
haciendo caer
las primeras hojas
como si fueran
lágrimas
lentas.
TRY
La tristeza
como un niño
aburrida
balancea los brazos
parodiando
un desfile
por toda la casa
mientras
apuro la botella
y trato
de no
echarte de menos
y de no
echarle cuenta.