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martes, 20 de noviembre de 2012

Urgencia de la poesía. Pedro Juan Gutiérrez



Ponencia dictada en el 10º. Festival Internacional de Poesía de Génova, bajo el lema “Reconstrucción poética del universo”. Génova, Italia. Domingo 20 de junio de 2004.

I

EL ORIGEN de la poesía es el juego. El juego inicial, infantil y primigenio. Cuando uno camina dentro de las cuevas de Lascaux y de Altamira, por ejemplo, comprende algo esencial: el hombre en sus inicios jugaba. No competía. Sólo jugaba. Utilizaba el dibujo en las paredes y seguramente los sonidos, el entrechocar rítmico de dos piedras, por ejemplo, para conjurar sus miedos a través del juego.

No tenía intención de ejercer poder ni de aplastar ni destruir.

Su intención única era jugar de un modo poético, creativo, mágico, para alejar sus temores y miedos. Aquellos hombres, al igual que nos sucede ahora a nosotros, estaban amenazados por ellos mismos y su mente confusa. Es decir, tenían miedo de la oscuridad, tenían miedo de no tener comida mañana, tenían miedo de morir de hambre y frío durante el largo invierno, tenían miedo de que los matara una fiera, tenían miedo de no tener salud y fuerza suficientes para sobrevivir.

De un modo intuitivo inventaban juegos para alejar y conjurar el miedo. Así ganaban seguridad en sí mismos y comprendían que sí podrían hacer todo lo necesario: conseguir comida y pieles, mantener el fuego encendido, cuidar a los niños, alejar a las fieras.

Hoy yo deseo lo mismo que ellos:
Necesito
conseguir comida y abrigo
atravesar la nieve y la montaña
caminar incesantemente
y buscar los árboles y el agua
mantener el fuego encendido
cuidar a los niños
alejar a las fieras.
Necesito llegar a la primavera
y evitar que las fieras me devoren
durante el largo invierno.
En las paredes de esta cueva
dejaré mi historia.
Yo soy importante
Yo soy el más importante
Yo soy Dios
y contaré mi historia
a estas paredes de piedra
Los que vienen después recibirán auxilio.
Mis palabras quedarán en la piedra.
Sabrán que yo soy Dios omnipotente
lleno de amor y de fuerza.


II

El alejamiento del juego y la magia significa abandonar el asombro. Es decir, abandonar la poesía.

La poesía es la libertad total. La libertad individual y cotidiana.

Cuando escribo un poema soy el ser más libre del universo.
Puedo pasear tranquilamente dentro de mí y en los alrededores. No espero nada, no necesito nada. No quiero recompensas por mi poema. No necesito destrozar nada.

Escribo un poema jugando libremente, sin pretensiones, sin origen y sin destino.

De ese mismo modo se lee la poesía: sin pretender absolutamente nada. Ni siquiera hay que intentar “comprenderlo”. ¿Qué quiso decir el poeta? Nada. Cuando un niño juega “no quiere” decir nada. Simplemente se abstrae y se entrega a ese momento de libertad total.


III

No voy a hablar aquí de cómo se produce hoy en el mundo el alejamiento del juego y de la magia y la pérdida creciente de la capacidad de asombro.

Hablar de esa cuestión sería ponerme reiterativo en exceso. Todos lo sabemos porque todos vivimos en la misma trampa aunque es de mal gusto reconocerlo en voz alta.

Sabemos que es así y, sin embargo, desperdiciamos la vida intentando alcanzar cosas insustanciales. Por consiguiente, hemos perdido el rumbo.

Creo que esta es la esencia del asunto: hemos perdido el rumbo en medio del caos y el vértigo creciente en que vivimos.

La recuperación del sentido de la vida está en los orígenes. En Lascaux y en Altamira alguien, hace miles de años, nos dejó una señal para iluminar el camino. Esos dibujos me dicen: “Esta es la magia y el asombro, esta es la poesía y la libertad. Este es el único modo de acallar un poco al diablo que habita dentro de cada uno de nosotros y hacer crecer a ese pequeño, ínfimo dios silencioso y humilde, arrinconado en algún oscuro escondite de nuestro corazón”.

La Habana, junio de 2004.




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