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viernes, 17 de agosto de 2012

Crimenes ejemplares. Max Aub


Crimenes ejemplares 

Max Aub publicó "Crimenes ejemplares"  en México D.F., en 1957. En el prólogo de esta primera edición nos dice que se trataba de "material de primera mano", "confesiones recogidas a asesinos de Francia, España y México: Todos desembuchan escuetamente las razones nada oscuras que los llevó al crimen, sin otro que dejarse arrastrar por su sentimiento".

Yo estoy seguro que se rió. ¡Se rió de lo que yo estaba aguantando! Era demasiado. Me metía y me volvía a meter la fresa sobre el nervio. Con toda intención. Nadie me quitará esa idea de la cabeza. Me tomaba el pelo: "que si eso lo aguantaba un niño". ¿Acaso a ustedes no les han metido nunca esas ruedecillas del demonio en una muela careada? Debieran felicitarme. Yo les aseguro que de aquí en adelante tendrán más cuidado. Quizá apreté demasiado. Pero tampoco soy responsable de que tuviese tan frágil el gaznate. Y de que se me pusiera tan a mano, tan seguro de sí, tan superior. Tan feliz.
* * * 
Lo maté porque, en vez de comer, rumiaba.
* * *
- Un poquito más.No podía decir que no, y no puedo sufrir el arroz.- Si no repite otra vez, creeré que no le gusta.Yo no tenía ninguna confianza en aquella casa. Y quería conseguir un favor. Ya casi lo tenía en la mano. Pero aquel arroz...- Un poco más.- Un poquitín más.Estaba empachado. Sentí que iba a vomitar. Entonces no tuve más remedio que hacerlo. La pobre señora se quedó con los ojos abiertos, para siempre.
* * *
Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía.
* * *
Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite.
* * *
Estábamos al borde la acera, esperando el paso. Los automóviles se seguían a toda marcha, el uno tras del otro, pegados por sus luces. No tuve más que empujar un poquito. Llevábamos doce años de casados. No valía nada.
* * *
Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella.
* * *
Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes, miré mi reloj seis veces descaradamente: no hizo caso. Creo que es una atenuante muy de tenerse en cuenta.
* * *
¡Si el gol estaba hecho! No había más que empujar el balón, con el portero descolocado... ¡Y lo envió por encima del larguero! ¡Y aquel gol era decisivo! Les dábamos en toditita la madre a esos chingones de la Nopalera. Si de la patada que le di se fue al otro mundo, que aprenda allí a chutar como Dios manda.
* * *
FE DE ERRATAS:
Donde dice:
La maté porque era mía.
Debe decir:
La maté porque no era mía

2 comentarios:

RaRo dijo...

un bravo. o dos

Anónimo dijo...

Gracias.