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martes, 13 de marzo de 2012

Próximamente: “Personajes que caminan por mis sueños” de Rakel Rodríguez


Ediciones RaRo para el próximo mes de mayo publica “Personajes que caminan por mis sueños” de Rakel Rodríguez. Un libro de relatos cortos donde personajes tan reales como los soñados se enfrentan a lo absurdo de la vida con humor, ironía y mala leche. Un guitarrista heavy con las manos demasiado grandes para el virtuosismo de los solos de guitarra; una chica zurda en un mundo de diestros, un camarero que se inventa su vida, con cada cliente, para hacerles felices; una chica demasiado hermosa para soñar tocarla, demasiado perfecta para ser real; una hija de papa; un pelotari; un cabeza dura; un hijo único ... Personajes que se escapan del papel y de los sueños de la autora para cobrar vida y colarse en los sueños de los lectores .
“Personajes que caminan por mis sueños” esta ilustrado por Manuel Manzano y Thomas Donner, y en mayo lo podrás tener entre tus manos. Aquí os dejo con el boceto de uno de sus personajes.

El camarero
A veces los rituales se suceden como en una obra de teatro. Así ocurre con el rito de salir a cenar fuera. Es tan similar a una función que hasta tienes los actos prácticamente sabidos de memoria. El camarero (digamos que de un restaurante de unos 40 euros el cubierto) espera con una amplia sonrisa (no demasiado amplia, no hay que exagerar), indica a la pareja de turno el lugar que les corresponde –esta mesa, junto a la ventana que estarán más cómodos- y les deja allí para que se solacen con las vistas paisajistas (si es que el restaurante en cuestión las tuviere). La pareja de la que hablamos tienen entre treinta y cuarenta años no es fácil adivinar la edad exacta, van bien vestidos, aunque sin estridencias, bien peinados, sin ser de peluquería y huelen bien. Son guapos, apolíneos y no tienen defectos físicos a la vista. Observan la sala, los materiales, las cortinas, la carta del restaurante y van asintiendo con la cabeza. Parece que les gusta. El camarero, mientras tanto y como si nada, también les observa y cada pequeño detalle queda grabado en su ojo. Se da cuenta de que es una pareja reciente, no más de un año, se nota en que todavía se miran con deseo, ella lleva una camisa estrecha blanca, muy transparente que deja entrever un sujetador de color gris plomo y una falda verde a la altura de las rodillas, sandalias de tacón bajo marrones, como el bolso. Él también lleva camisa blanca, vaqueros que parecen nuevos y zapatillas grises. Cuando considera que ha pasado el tiempo adecuado vuelve a acercarse a ellos y les recomienda algunos platos y por supuesto el vino. Ellos aceptan. Hoy no les importa nada, quieren dejarse sorprender y disfrutar de una cena íntima y especial (posiblemente, piensa el camarero, celebren su primer año juntos). El vino es un crianza, Ribera del Duero que vale 46 euros la botella. Han pedido para empezar una ensalada tibia de rúcula y gambas con vinagreta de remolacha. Seguirán con un crujiente de espárragos trigueros. De segundo un rape con escalibada y un magret de pato con espuma de ciruela roja e ibérico (jamón ibérico, claro).
Mientras tanto, han seguido llegando más parejas al restaurante, pero de momento seguiremos centrados en la pareja uno. Han terminado con los entrantes a la par que con la botella de vino, piden otra, están muy felices y no dejan de tontear entre ellos. Cuando llega el camarero le explican que celebran su primer año juntos, así lo dicen, su primer año juntos y ya entonces se atreven a preguntar –estábamos comentando que seguro que eres del norte ¿verdad?- El camarero sigue sin dejar de sonreír pero sin enseñar los dientes, levemente y dice
que sí, que es de Bilbao. -¿has visto? Si eso me parecía a mí, es que el acento es tan característico-. El camarero sigue atendiendo mesas mientras nuestra pareja uno siguen comentando cómo se nota lo del norte que es. 
Para ese entonces otras parejas han hecho la misma pregunta al camarero, para los que ha respondido en tres ocasiones: una que nació en San Sebastián, otra en Vitoria y a una tercera les ha dicho que es asturiano, de Gijón. Todo ello sin perder la sonrisa y el buen hacer. También les ha dicho a la pareja uno que su padre es gallego y panadero y su madre modista y de Badajoz. A otra les ha dicho que su padre es de Salamanca y mecánico de coches y su madre ama de casa, nacida en Aranda de Duero, Burgos.
Así se inventa cada día una infancia, una vida y unos padres y todos se marchan tan contentos y encantados de haber acertado plenamente con su intuición. También el camarero termina su jornada satisfecho consigo mismo, porque si contara siempre lo mismo se moriría de aburrimiento. O mataría alguien.
La pareja uno para colmo, al salir, ya muy felices, le han dicho que sabían que su padre era panadero por el olor a pan que emanaba de su piel. Él ha sonreído por última vez y les ha dado las buenas noches, recomendándoles un buen lugar donde tomar unas copas, mientras dirigía su pensamiento a su padre, cabrero de profesión...

las fotografías son del blog de Rakel Rodríguez: http://rakelraro.blogspot.com/

2 comentarios:

Anónimo dijo...

7 veranos de camarero en la Costa Brava y este es el mejor dibujo que me hicieron.
Un camarero.

Anónimo dijo...

Que poco hay de Ediciones RARO en internet. Raro ¿no?