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martes, 27 de septiembre de 2011

"Cancionero de verano" de Fátima Cabrejas Torres


 QUE SÍ, QUE NO

Me dices que sí
Me dices que no,
Y sólo contigo me sobra el amor.
Me dices que sí, me dices que no y
sólo por ti morimos los dos.

La sangre, la voz, arena y sol,
morimos los dos, tu pulso soy yo.
La nave, la flor, palmera de amor,
desierto de agua, mi pulso eres tú.

Me dices que sí, me dices que no,
me dices que sí y luego te vas.

CAMPANANA

No sé vivir sin tu amor,
yo no vivo sin tu sed,
ya llega el amanecer y con él yo te cantaré.

Azul carita de cielo,
vivir de espaldas al sol,
un claro de luna llena es todo para los dos.

No sé vivir sin tu amor
yo no vivo sin tu sed,
ya llega el atardecer y con él yo también me iré.

Azul carita de cielo,
vivir de espaldas al sol,
un claro de luna llena
fue todo para los dos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

"Hay un lugar feliz lejos, muy lejos" Raúl Ruiz



“Hay un lugar feliz lejos, muy lejos” es una breve novela, pero a pesar de esta brevedad en ella hay poesías, microrelatos, literatura epistolar, entrevistas … y la historia de Daniel Dickinson y de Donald Douglas. Daniel Dickinson, un escritor que a pesar de conocer el éxito literario y la fama en los años treinta y cuarenta, tras su exilio a Europa cayó en el olvido. Donald Douglas es un profesor de Literatura Comparada estudioso de la vida de Daniel Dickinson. La vida de Dickinson y Douglas se cruza, se encuentra, se funde, se confunde, se pierde … y es lo que da forma a esta novela. Pero además “Hay un lugar lejos, muy lejos” es la historia de dos personas que perdieron (o que le quitaron) sus sueños e ilusiones por el camino y que ante la imposibilidad de ser felices, proponen una huida a un lugar lejos, muy lejos.

“ … Y se hizo marinero, porque le gustaban los ojos azules”
“Uno ha de irse del lugar en que creció, para que las raíces no impidan el vuelo”

Raúl Ruiz nace en Badalona en 1947. Es autor de varias novelas, entre ellas “El tirano de Taormina”, “Sixto VI”, “Hay un lugar feliz lejos, muy lejos”, un libro de poemas (“Cuentemas”), un ensayo sobre cine “La mirada del idiota” y coautor de un ensayo-ficción “Un libro capital sobre capiteles”. Raúl Ruiz tradujo al castellano la obra “Mata Hari en Palermo” del escritor italiano Leonardo Sciaccia. También colaboró en los diarios “El Periódico de Cataluña”, “El Correo Catalán”, “Liberación” y El País, y en las revistas “Grama”, “Quimera”, “El Viejo Topo”, “Ozono”, “En pie de paz”. Muere en 1987.

Parte de la novela “Hay un lugar feliz lejos, muy lejos” se puede encontrar en:

jueves, 8 de septiembre de 2011

"París insólito" de Jean-Paul Clébert




"Empecé a sumergirme en la literatura cuando la ocupación y cuando llegó la liberación recobré la libertad y me zambullí en la escritura, en las calles de París que conocía muy bien porque había estado allí durante la Resistencia. Fui correo, serví de enlace entre unos y otros. Llevaba mensajes a los suburbios desde París, y así descubrí calles, pequeños rincones que normalmente nadie atravesaba. Me apasioné por aquella ciudad y cuando todo acabó me encontré sin nada, con las manos en los bolsillos, y quise escribir sobre una ciudad que se transformaba rápidamente. Quería recordar los pequeños bistrots miserables, los barrios de París en los que aún había vacas. Fue una etapa feliz", recuerda en una entrevista un Jean-Paul Clébert de 85 años, desde un pueblo de la Provenza, donde vive desde 1956.
Jean-Paul Clébert (París 1926) acabada la II guerra mundial vagabundea por Francia ejerciendo los más diversos oficios: pintor de barcos, criado, vendedor ambulante … hasta que decide volver a París y escribir sobre el París que acaba de salir de la pesadilla de la ocupación nazi y de la II guerra mundial. Clebért descubre la ciudad y su vida cotidiana y escribe sobre ella y sobre sus vagabundeos, experiencias, observaciones y sensaciones. Con una prosa visceral, cruda y rabiosa va describiendo París, sus gentes, sus rincones, sus penumbras, sus miserias, sus llantos y sus alegrías. El París insólito de Clebért es el de los barrios de el Marais y Les Halles, el de los mercados y el de los comedores sociales, el de los trabajadores y las tascas, el de los vagabundos y el de las putas, el de los borrachos y el de los buscavidas …Dos de sus amigos de vagabundeos parisinos, el fotógrafo Robert Doisneau y el escritor y librero Robert Giraud (a los que dedicará el libro) leyeron aquellos escritos y consiguieron que fuera publicado en 1952 por la editorial Denoël.
Un año después de esta primera edición, Clébert vuelve a estos lugares con el fotógrafo Patrice Molinard que se encargará de fotografiar aquel París que tan magistralmente nos había descrito y descubierto Jean-Paul Clebért. La editorial Seix Barral edita estos escritos y estas fotografías (155 fotografías) convirtiendo “París insólito” en un hermoso libro, literario y visual, que no deberíamos dejar de leer, mirar … y disfrutar.
 “Por no hablar de las putas, aquellas que a medianoche, a la una de la mañana, se hartaban de salmodias y balanceos sobre uno y otro pie en la esquina de la calle, sin haber hecho un solo cliente, y acudían a mirar cómo apagábamos las luces y cubríamos con lonas los motores, sus compinches, sus colegas, y cuando lo veían todo negro y no se encontraban con ánimos para volver al curro, cuando un tío les gustaba y les invadía la nostalgia de un coito compartido, lo plantaban todo, nos íbamos de picos pardos y tirábamos la casa por la ventana, nos gastábamos la paga de la semana, ellas la de la víspera, compartiéndolo todo amistosamente, hasta las cuatro o las cinco de la mañana. Recorríamos todos los bistrós, soplábamos como descosidos después de que cerraran los locales, con las cortinas corridas, el dueño invitando a su ronda, discutíamos con los falsos duros, macarras y hampones de pacotilla, camorristas de tres al cuarto, vestidos con ropas chillonas de mariconas, que consentían en beber con nosotros, pero sin familiaridades, los muy gilipollas, porque no nos consideraban gente liberada, como ellos, sino explotados. Nos acostábamos con las mujeres, las hacíamos gozar, se entregaban con fruición, los revolcones se prolongaban hasta bastante después del amanecer, se oían de una a otra piltra, nos hablábamos… Y al día siguiente, con la jeta un tanto macilenta, volvíamos al curro, la parte más puñetera, revisar los motores, asunto en el que yo estaba pez, y limpiar la pista, lo cual hacía con cara de asco.”