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miércoles, 31 de agosto de 2011

Ryszard Kapuściński "Ebano"

EL COMIENZO, EL IMPACTO, GHANA 1958
Lo primero que llama la atención es la luz. Todo está inundado de luz. De claridad. De sol. Y tan sólo ayer: un Londres otoñal bañado en lluvia. Un avión bañado en lluvia. Un viento frío y la oscuridad. Aquí, en cambio, desde la mañana todo el aeropuerto resplandece bajo el sol, todos nosotros resplandecemos bajo el sol.
Tiempo ha, cuando los hombres atravesaban el mundo a pie o a caballo o en naves, el viaje los iba acostumbrando a los cambios. Las imágenes de la tierra se desplazaban despacio ante sus ojos, el escenario del mundo apenas giraba. El viaje duraba semanas, meses. El hombre tenía tiempo para familiarizarse con ambientes diferentes, con nuevos paisajes. El clima también cambiaba gradualmente, poco a poco. Antes de que el viajero de la fría Europa alcanzase el ardiente ecuador, ya había experimentado la temperatura agradable de Las Palmas, el calor de El-Mahara y el infierno de Cabo Verde.
¡Hoy no queda nada de aquellas gradaciones! El avión nos arrebata violentamente del frío glacial y de la nieve para lanzarnos, el mismo día, al abismo candente del trópico. De pronto, cuando apenas noshemos restregado los ojos, nos hallamos en el centro de un infierno húmedo. Enseguida empezamos a sudar. Si hemos llegado de Europa en invierno, nos libramos de los abrigos, nos quitamos los jerséis. Es el primer gesto de nuestra iniciación, es decir, de la gente del Norte, al llegar a África.
Gente del Norte. ¿Hemos pensado que la gente del Norte constituye una clara minoría en nuestro planeta? Canadienses y polacos, lituanos y escandinavos, parte de americanos y de alemanes, rusos y escoceses, lapones y esquimales, evenkos y yakutios, la lista tampoco resulta muy larga. No sé si, entre todos, abarcará más de quinientos millones de personas: menos del diez por ciento de los habitantes del planeta. La inmensa mayoría, desde que nace hasta que muere, vive al calor del sol. Además, el hombre nació al calor del sol, sus huellas más antiguas se han encontrado en países cálidos. ¿Qué clima reinaba en el paraíso bíblico? Reinaba el calor eterno, tanto que Adán y Eva podían ir desnudos y no sentir frío ni siquiera a la sombra de un árbol.
Ya en la escalerilla del avión nos topamos con otra novedad: el olor del trópico. ¿Novedad? Si no es otro que el olor que llenaba la tienda del señor Kanzaman, Productos Ultramarinos y Demás, situada en la calle Perec de Pirisk. Almendras, clavos, dátiles, cacao. Vainilla, hojas de laurel; naranjas y plátanos por piezas y cardamomo y azafrán al peso. ¿Y Drohobycz? ¿El interior de Las tiendas de color canela, de Schulz? Al fin y al cabo, «su interior, mal iluminado, oscuro y solemne, estaba impregnado de un fuerte olor a laca, colores, incienso, aromas de países lejanos, de raras mercancías». Con todo, el olor del trópico es algo distinto. No tardaremos en notar su opresión, su pegajosa materialidad. Ese olor enseguida nos hará conscientes de que nos encontramos en ese punto de la tierra en que la frondosa e incansable biología no para de trabajar: germina, brota y florece, y al mismo tiempo padece enfermedades, se desintegra, se carcome y se pudre.
Es el olor del cuerpo acalorado y del pescado secándose, de la carne pudriéndose y la kassawa asada, de flores frescas y algas fermentadas, en una palabra, de todo aquello que, a un tiempo, resulta agradable y desagradable, que atrae y echa para atrás, que seduce y da asco. Ese olor nos llegará de los palmerales, saldrá de la tierra incandescente, se elevará por encima de las alcantarillas apestosas de las ciudades. No nos abandonará, es parte del trópico.
Y, finalmente, el descubrimiento más importante: la gente. Gentes de aquí, del lugar. ¡Cómo encajan en ese paisaje, en esa luz, en ese olor! ¡Cómo se convierten el hombre y la naturaleza en una comunidad indivisible, armónica y complementaria! ¡Cómo se funden en un solo cuerpo! ¡Cómo cada una de las razas está enraizada en su paisaje, en su clima! Nosotros moldeamos nuestro paisaje y él moldea los rasgos de nuestros rostros. En medio de esas palmeras y lianas, de toda esa exuberancia selvática, el hombre blanco aparece como un cuerpo extraño, estrafalario e incongruente. Pálido, débil, con la camisa empapada en sudor y el pelo apelmazado, no cesan de atormentarlo la sed, el tedio y la sensación de impotencia. El miedo no lo abandona: teme a los mosquitos, a la ameba, a los escorpiones, a las serpientes; todo lo que se mueve lo llena de pavor, de terror, de pánico.
Los del lugar, todo lo contrario: con su fuerza, gracia y aguante, se mueven con desenvoltura y naturalidad, y a un ritmo que  el clima y la tradición se han encargado de marcar; un ritmo tal vez pocoapresurado, más bien lento, pero, a fin de cuentas, en la vida tampoco se puede conseguirlo todo; de no ser así, ¿qué quedaría para otros?

El libro "Ebano" se puede descargar en: 

lunes, 29 de agosto de 2011

entrevista a Hubert Selby Jr


Entrevista realizada por Alexander Selkirk para la revista “No wave” (nº 4 agosto-1973)


Las voces y los demonios de Hubert Selby Jr
En 1964 se publicó “Ultima salida para Brooklyn” una novela que suscitó opiniones extremas. Para unos nos encontrábamos ante una de las obras fundamentales de la literatura norteamericana, para otros no era más que un libro pornográfico, repulsivo e ilegible.
Su autor, Hubert Selby Jr, un desconocido escritor de 46 años, tardo en escribirla seis años, luchando contra sus demonios, sus adicciones y sus enfermedades. A pesar del éxito de la novela, Hubert Selby no volvió a publicar hasta siete años más tarde en que salió a la luz su demoledora “La habitación”.
Durante estos años he intentado entrevistar a Hubert Selby, un hombre poco dado a las entrevistas, las fiestas, las reuniones y las tertulias . Fue este mes de agosto cuando su amigo y escritor Gilbert Sorrentino me consiguió una cita con Selby en su casa de California.

La primera impresión al conocer personalmente a Hubert Selby es la de encontrarse ante un hombre frágil, muy frágil, con los ojos tan cansados y tristes como el resto de su cuerpo. Solo las manos y los pies parecen grandes y poderosos. Y de repente esa primera impresión se rompe en mil pedazos cuando le oyes hablar con pasión, cuando en sus hermosos ojos empiezan a brillar la ilusión y la ternura, cuando su voz suena hipnótica, cuando sus manos empiezan a volar de sus rodillas al aire y del aire al vaso y del vaso a su cara ...
- Tuvimos que esperar siete años para su segunda novela ¿tendremos que esperar tanto para una tercera?
Solo intento sobrevivir, lo que ya es demasiado, lo extraño es que todavía esté vivo. Escribir es importante para mi, no se hacer otra cosa, pero escribir es un trabajo duro, precisa de mucha técnica y disciplina y lleva su tiempo, pero la escritura en sí no es el problema.
- ¿Por qué empezó a escribir?
Con 18 años cuando trabajaba como marinero en un buque mercante me diagnosticaron tuberculosis pulmonar. Me pasé meses y meses ingresado en hospitales. Salí destrozado, con diez costillas menos, con los pulmones inservibles, enganchado a la morfina y desahuciado por los médicos. No valía para nada, no podía conseguir trabajo, ni trabajar en trabajos físicos, mi vida no valía nada, lo único que encontré para seguir adelante fue la escritura.
- ¿Qué escritores le han influenciado?
En el hospital leí a Melville y a Joyce y mucha novela negra, si ellos lo podían hacer yo también. Pero no me siento influenciado por ningún escritor o generación. Escribo desde dentro, escribo de oído, intentando ser fiel a las voces que oigo.
- Algunos le encasillan dentro de la generación beatnik
Soy individualista por necesidad, no pertenezco a ningún grupo o generación. Keroauc, Ginsberg, incluso Burroughs, hablan de una realidad que no reconozco, pero creo que la mayor diferencia es que ellos son idealistas, optimistas y se creen artistas y viven de la pose y todo eso para mi es ridículo, una locura, una verdadera mierda, absurdo.
- ¿Pero no hay ningún escritor actual que le emocione leer?
Hay un músico neoyorkino, Lou Reed, en sus letras y en su música, hay luz y oscuridad. Hay miedos, demonios, locura, lucidez. Su música, sus letras, su poesía es interesante de escuchar.
- En una entrevista usted digo que su máxima influencia era Beethoven, ahora menciona a Lou Reed. ¿Como ha influenciado la música en su escritura?
La música ha influido mucho en mi vida y en mi escritura. Así que creo que he desarrollado una forma de escribir que refleja las notas musicales. Me parecía que la forma en que estuvieran ubicadas las palabras traerían un efecto musical de pausas y de silencios.
- ¿Como le afecto el éxito de “Última salida para Brooklyn”?
Cuando me puse con “Última salida para Brooklyn” no tenía nada que perder, nada que defender. Pasé seis años escribiéndola, luchando día a día por sobrevivir y contar mis historias pero mi única responsabilidad era mi escritura. Y de repente tras el éxito de “Última salida para Brooklyn” te exigen o te exiges que tienes que volver a hacerlo. De repente hay que mantener algo. Y te entran las inseguridades y te sientes que no vales para nada, que lo que haces no sirve para nada, que todo es un error. Es algo terrorífico. Y el alcohol y la heroína parecían ayudar a matar esos miedos.
- ¿El alcohol, la heroína … ayudan al proceso creativo?
Todas las adicciones destruyen lo más hermoso que hay en nosotros. Acaban con nuestros miedos pero también con nuestros sueños. Están hay para tenernos atrapados. Me he chutado y he bebido, constantemente estaba bebiendo, pero todo lo que escribí, que mereciera ser leído, lo hice sobrio.
- Sus libros son incómodos, duros, violentos, a veces da la impresión de que quiere herir al lector con sus escritos.
No tengo ningún interés especial en herir cuando escribo, la vida ya es bastante dura para ir por ahí jodiendo a los demás, aunque tal vez, inconscientemente a veces quiera joder un poco al mundo, en la medida que el mundo me ha jodido a mi y a tantos otros. Cuando escribo solo quiero hacer pasar al lector por una experiencia emocional.
- Pero hay un fatalismo, una desesperación que hace que sus novelas sean demoledoras, pesimistas y que siempre dejen un sabor amargo en las tripas.
Escribo sobre el oscuro mundo de mi realidad, no pretendo engañar a nadie y debo ser fiel a la gente que he creado y permitirles vivir sus propias vidas. El modo en que cuento sus historias debe reflejar sus vidas, sus emociones, su forma de hablar, sus sueños, su ritmo vital, sus miedos, su desesperacion, sus demonios … hay mucha gente que no lo tiene fácil.
- ¿Cuales son sus demonios?
Yo mismo soy mi peor y mejor demonio. En cada uno de nosotros esta el bien y el mal, y cada uno de nosotros tiene que convivir con ellos. Mis demonios me mantienen vivo.
- ¿Cree usted en Dios?
No creo en ninguno de los dioses de los hombres pero a veces necesito creer en algo y algunas veces algo tan abstracto y poderoso como Dios ayuda a dejar de intentar entender este mundo. A veces Dios ayuda a mitigar el dolor, pero no soy creyente, no creo en nada, ni humano, ni divino.

(traducción por José Pastor González)

miércoles, 24 de agosto de 2011

cuatro poemas anónimos


te busqué en sueños
te busqué en las noches y en los amaneceres
te busqué por tierra, cielo y mar
te busqué en los libros, en la música, en las palabras
te busqué por curiosidad y por necesidad,
te busqué en los bares, en el viento, en el camino,
te busqué por atajos y veredas
te busqué en camas deshabitadas y en cuerpos desconocidos ...
te busqué hasta olvidar que te buscaba
te busqué hasta perderme

nunca tuvo los pies en el suelo
así que ante cualquier empujón, traspiés o zancadilla
se derrumbaba estrepitosamente
y aunque aprendió a caerse y levantarse
para nada sirvió
ahora esta aprendiendo a volar
sin alas 


todas las noches me acuesto con la esperanza
de despertar y que no estés aquí


estamos cansados del pan nuestro de cada día

las fotografías que ilustran esta entrada son de Cristina García Rodero