un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

jueves, 28 de abril de 2011

"nada sirve para nada" de J.P.G


Toda perdida hiere,
pero es el abandono y el olvido
lo que mata
_____

cuando nunca has tenido un abrigo de piel
no sabes lo que es el frío
_____

estamos condenados al fracaso
cualquier batalla está perdida de antemano
seguimos en lucha por aplazar la derrota final
y sobretodo
la venganza de la victoria
_____

abrir los ojos
no ahuyenta el miedo
_____

me gustan las mujeres salvajes
esas que suelen escapar
haciendo ruido
_____

escupe
que el odio
no alimenta
_____

¿SE ABURREN LAS OVEJAS?
Comen su hierba cagan copulan cuidan de su descendencia
así pasan su vida
nacen crecen se reproducen y mueren
sin salir del redil
protegidas del lobo feroz
por el amo el pastor y el perro guardián
Al matadero balando sin protestar
una vida bucólica pastoril
aburrida e insulsa
entre bostezos y caminos marcados
sin muchos problemas sin muchos agobios
sin hacerse preguntas
sin ilusiones sin sueños
Ellas heredaran la tierra
_____

Estoy fregando platos en un sótano
sudando frente a una montaña de platos sucios
el trabajo la humedad el cansancio el calor el agobio
me tienen destrozado sucio derrotado triste
Arriba las chicas hermosas se lo pasan bien
ríen bailan y beben con chicos ricos guapos divertidos
Subo a ver a una amiga
evita encontrarse conmigo
solo me saluda de pasada
esquiva mi presencia la suciedad la mala hostia
no hay nada que hacer
salvo volver abajo
apretar los dientes
y esperar que todo esto no sea más que una pesadilla.
_____

Como un animal herido
se enrosca dentro de su dolor
atrincherándose en un caparazón
que parece erizado de púas y veneno
sin ser más que un frágil mentira
Cuando se acurruca entre mis brazos
huelo el salvaje silencio de su derrota
Si dejase escapar su rabia
lo destruiría todo
_____

ven a través de los ojos,
de los demás
hablan a través de la boca,
de los demás
llevan el compás y el ritmo que marcan,
los demás
así que no les pidas una opinión, una reflexión, un compromiso
o algo más,
porque nada pueden dar.
Son camaleónicos
y sin ningún tipo de escrúpulos
se agregan a cualquier grupo
donde se amoldan con suma facilidad
aunque nadie les haga el menor caso,
no les importa,
ni escrúpulos, ni coherencia,
ni palabra, ni empatía,
solo una pizca de curiosidad
infantil y pasajera
despreocupada y vacía
que no aporta nada,
nada.
Ni aprendices ni maestros
ni cocineros ni frailes
solo espectadores
que tras sus pasos dejan un rastro
de camisas viejas, objetos inservibles, prestamos no devueltos
y historias por terminar ...

miércoles, 20 de abril de 2011

"Bombardeos" por Enric González


Bombardeos
Por: Enric González

Las sociedades occidentales, entre ellas la española, creen guiarse por la razón y la lógica. Pero con mucha frecuencia se comportan de forma irracional. Prueba de ello es la devoción por el oxímoron. Ya saben, la yuxtaposición de conceptos antitéticos. Es una figura retórica muy útil para escribir poesía y para disfrazar la realidad. A los publicistas les encanta.
Si quisiéramos resumir en solo dos palabras el origen de las crisis económicas capitalistas, podríamos hacerlo con un conocido oxímoron: “cómodos plazos”. En cuanto creemos que pagar a plazos puede ser cómodo, estamos preparados para creernos cualquier otra cosa: que el precio de los pisos puede subir eternamente, por ejemplo, o que siempre habrá crédito.
No hace falta recurrir a 1984, la novela de George Orwell, para comprender la utilidad política del oxímoron. En la sociedad del futuro descrita por Orwell, el Gobierno funciona con solo cuatro ministerios: el Ministerio de la Verdad se ocupa de la propaganda; el Ministerio de la Abundancia, del racionamiento; el Ministerio del Amor, de la tortura; y el Ministerio de la Paz, de la guerra. En nuestra sociedad de hoy, los soldados se utilizan para misiones de paz. Y los bombardeos son humanitarios.
Parece que hay ganas de bombardear Libia. Por razones humanitarias, evidentemente. Lo que ocurre en ese país resulta deplorable, sin duda, y Muamar Gadafi (amigo de los dirigentes occidentales hasta hace nada) es un dictador repulsivo. Gadafi está matando a muchos libios. Nos indignamos ante las informaciones que llegan de Libia porque somos buenos y queremos lo mejor para el prójimo, y pensamos que hay que hacer algo.
Ya no hay tiempo para deshacer los errores que han conducido a la situación actual, como la avidez de petróleo o el apoyo a los dictadores terroristas que presuntamente colaboran con Occidente en la “guerra contra el terrorismo”. Para ser francos, seguimos ávidos de petróleo y no nos gustan nada las inmigraciones masivas. ¿Qué se nos ocurre? Pues un bombardeo humanitario (oxímoron) con armas inteligentes (oxímoron), de esos que nunca causan daños colaterales (antes llamados víctimas civiles), para destruir la aviación de Gadafi.
Otra opción interesante consiste en enviar armas a los rebeldes, como se hizo con los “luchadores por la libertad” en Afganistán (entonces Osama bin Laden era un “luchador por la libertad” contra los soviéticos) o con Sadam Husein en Irak (cuando hacía la guerra a Irán). Lo que se haga después con esas armas no es de nuestra incumbencia.
No recordamos lo que ha ocurrido cada vez que Estados Unidos y en general lo que llamamos Occidente ha enviado soldados en “misión humanitaria” a un país musulmán. ¿Alguien se acuerda de Líbano? ¿Alguien se acuerda de Somalia? Preferimos ignorar lo hartos que están los árabes de que les bombardeemos con la mejor de las intenciones. Ni siquiera queremos ver lo que ocurre en Afganistán.
El humanitarismo es la nueva fe laica, irracional como cualquier fe. Y, sin embargo, creemos guiarnos por la razón y la lógica

El texto es de el blog de Eric González:
http://blogs.elpais.com/fronteras-movedizas/
La ilustración es de Kalvellido

lunes, 18 de abril de 2011

Julio Llamazares "Tanta pasión para nada"


Al lector

    Mi paisano Antonio Pereira, en mi opinión uno de los mejores autores de cuentos cortos que ha dado nuestra literatura última (y, sin lugar a duda ninguna, el más brillante narrador oral al que he tenido la suerte de escuchar), subtituló uno de sus varios libros, el titulado un tanto forzadamente (por la grafía a la que se vio obligado) Los brazos de la i griega, con la definición ambigua y nada ortodoxa de Doce cuentos y una novela brasileña. Los cuentos eran relatos de treinta o cuarenta páginas, mientras que la llamada novela brasileña era una simple noticia tomada de un periódico paulista en la que se relataba un incidente misterioso en el que aparecían comprometidos la mujer de un general o un coronel y un militar de menor graduación, pero, parece, de más vitalidad, a los que uno o varios desconocidos habían tiroteado mientras se encontraban en el interior de un coche en un descampado de las afueras de la ciudad. Como sugería Pereira, en esa breve nota periodística estaban contenidos todos los elementos de una novela, que sólo habría que desarrollar.  
    Con permiso de Pereira, que me lo dará, seguro, desde su sepultura en el cementerio de Villafranca del Bierzo, donde reposa desde hace poco tiempo, repito tan original idea para, sustituyendo el término novela por el de fábula, más acorde con el espíritu del relato con el que se cierra el libro, calificar esta recopilación de cuentos que comprende la mayoría de los que he escrito desde hace años y cuyo título, Tanta pasión para nada, a más de uno le sorprenderá. En una época como ésta, en la que los escaparates de las librerías están llenos de libros de autoayuda y de novelas de entretenimiento, quizá parezca un error de bulto perseverar en el nihilismo, por más que sea una seña de identidad poética personal: El río del olvido, En mitad de ninguna parte, En Babia, Nadie escucha ... La recopilación contiene, aparte de la fábula citada (apenas siete líneas mal contadas, pero que se prolongan indefinidamente en el tiempo; de ahí su título concreto: «El día de mañana»), doce relatos de todo tipo, desde los dos escritos a la manera del folletín por entregas —«Los viajes del tío Mario» y «Un cuento de encargo»—, ambos escritos para un periódico, a los que se resuelven en unas pocas páginas. Algunos fueron publicados antes, incluso en libro, como «El penalti de Djukic» (en una antología, Cuentos de fútbol, editada por esta misma casa), pero la mayoría lo son por primera vez. Entre ellos, lógicamente, los hay de muy diferentes temas, incluso de intención y construcción opuestas, aunque todos comparten la misma visión de la vida: mucha pasión... para nada.
    Una pasión de la que forma parte el arte de escribir y de contar, que va unido al de leer y al de pensar, y que nos permite seguir viviendo, pese a que conozcamos su inutilidad.
El autor

domingo, 17 de abril de 2011

Horace McCoy

Los datos biográficos que se conocen de Horace McCoy son escasos pero los pocos que se conocen pueden darnos una idea de su vida y de sus historias. Nace en Pegram (Tennessee) en 1897 y antes de participar como aviador en la Primera Guerra Mundial trabaja como voceador de periódicos, vendedor ambulante y taxista. Entre 1919 y 1930 trabajó como periodista deportivo para el Dallas Journal en Texas y a finales de los años 20 empezó a publicar historias (westerns, negras) para revistas pulp. Como mucho de sus contemporáneos publicó en la revista Black Mask. Durante la Depresión, McCoy se trasladó a Los Ángeles en un intento por ser actor llegando a actuar en la película “The Hollywood Handicap” (1932). No tuvo suerte en su carrera de actor y se dedicó a los trabajos más variados: guardaspaldas, huelguista profesional, peón agrícola, camarero, luchador en clubs de tercera ..., hasta que en 1933 consiguió un empleo en Hollywood como guionista. Allí trabajo para diversas compañías, la Warner Brothers y la Paramount entre ellas, principalmente en películas del oeste. Entre los directores con los que colaboró figuran Henry Hathaway, Nicholas Ray, Raoul Walsh, Edward Dmytrik, George Marshall (“Texas), Fritz Lang (“Western Union” guión que McCoy escribió a dúo con James Cain). También fue guionista -aunque no acreditado- de la película King Kong (1933).

 
 En “They Shoot Horses, Don't They?” (“¿Acaso no matan a los caballos?” o “Danzad, danzad malditos”) narra de una forma concisa un maratón de baile donde jóvenes sin trabajo y desesperados participaban en esta competicion donde las parejas de bailarines tenían que permanecer de pie y en movimiento durante el mayor tiempo posible, para ganar unos pocos dólares, o para ser descubiertos por algún productor de cine, o simplemente a cambio de algo de comer. Sidney Polack realizó una esplendida película sobre esta novela. 
 
“I should have stayed home” (“Luces de Hollywood” o “Debería haberme quedado en casa”) es la historia de un joven que intenta encontrar trabajo de actor en el Hollywood de los años 30, una ciudad donde se da “toda la tragedia y el dolor ..., toda la crueldad y el vicio”.


 En “No pockets in a shroud” (“Los sudarios no tienen bolsillos”) Se nos narra la historia de Mike Dolan, un intrépido periodista que escribe sobre temas polémicos. Al comprobar que la revista donde trabaja no publica ni un solo artículo de los que ha escrito decide cambiar periodico. Sus controvertidos reportajes hace que pongan precio a su cabeza.


 “Kiss Tomorrow Goodbye” (“Di adiós al mañana”) es la historia de Ralph Cotter un personaje contradictorio, cruel y tierno, reflexivo e impetuoso, que cometió un crimen en su infancia que lo marcará toda la vida. Ralph cree encontrar su salvación cuando se enamora de una mujer de la alta sociedad, hija de un ex gobernador que ahora es un corrupto cacique político y financiero. McCoy publicó esta novela negra en 1948 y fue adaptada al cine en 1950 con el mismo título (en España, “Corazón de hielo”) y con James Cagney como protagonista.


lunes, 11 de abril de 2011

cuatro poemas de Alexander Selkirk


ahí los tenéis
aferrados a su pedacito de poder
orgullosos de las migajas que han podido recoger y acumular
orgullosos de su coche, de su casa, de su pareja, de su profesionalidad …
se lo han currado, han tenido buena suerte y han triunfado
¡enhorabuena!
pero ¿por qué ese desden con los que no lo han conseguido?
¿por qué tuercen la boca cuando sonríen?
¿qué es lo que falla?
¿de que tienen miedo?
ahí los tenéis
y gastar cuidado
porque ese miedo les hace vulnerables y peligrosos,
además de falsos, traicioneros, mediocres y aburridísimos,
peligrosos
y no duraran en robarte, insultarte, ningunearte,
y apuñalarte por la espalda
cuando crean ver peligrar
ese pedacito de paraíso
que creen haber conquistado
_____

POESÍA
los mejores poemas
los dejastes escritos anoche
sobre mi cuerpo
_____

Ser libre
es
no tener que elegir
_____

no se si decir:
- no se quien son los culpables
pero si quien son mis enemigos
o
- no se quien son mis enemigos
pero si quien son los culpables

así que me dejo llevar por el instinto
y tomo posición
por y con los que van perdiendo


Las viñetas que acompañan los poemas son de Max (Francesc Capdevila)

viernes, 8 de abril de 2011

Jesús Gázquez "Escombro"


Me exigen lo que no me dieron
Como si naciéramos para ser juzgados

Somos culpables antes de hablar
Hay un cazador detrás de cada idea
El miedo a la libertad del otro
Dispara a todo lo que vuela.
_____

El vagabundo mea en la calle
La venganza es una necesidad fisiológica

En pleno centro del bienestar
Saboreo mis últimos días como un hombre bomba
No hay riqueza como la satisfacción.
_____

Lo más digno es darse la vuelta
Dejar sin nombre a los días de la semana
No darle oportunidad al futuro
Es un perro suelto
Lo cambio por la vida
No voy a sembrar lo que recojo.
_____

Los hombres no somos iguales
El hambre nos distingue

El mundo huele a perro mojado
Un cubo de basura es mi boca
El orín es un perfume
La mirada un vaso
El vino muerde
El corazón un borracho.
_____

El amor a la vida no es más que un absurdo
Miedo a la muerte

Me importa cada día menos lo que tengo
Más lo que abandono
_____

Incendies


Titulo original: Incendies
Nacionalidad: Canadá / Francia

Duración: 130 min
Género: Drama
Color: Color
Fecha de estreno: 11/03/2011
Director: Denis Villeneuve
Guión: Denis Villeneuve sobre la obra de Wajdi Mouawad
Intérpretes: Lubna Azabal, Mélissa Désormeaux-Poulin, Maxim Gaudette
Música: Grégoire Hetzel
Fotografía: André Turpin
Montaje: Monique Dartonne

Argumento:
Cuando el notario Lebel (Rémy Girard) hace a los gemelos Jeanne y Simon Marwan (Mélissa Désormeaux-Poulin y Maxim Gaudette) la lectura del testamento de su madre Nawal (Lubna Azabal), se quedan atónitos al ver que les hace entrega de dos sobres, uno destinado a un padre que ellos creían muerto y el otro a un hermano cuya existencia ignoraban.
Jeanne ve en este enigmático legado la clave del silencio de su madre, encerrada en un mutismo inexplicable en las últimas semanas antes de su muerte y decide viajar de inmediato al Próximo Oriente para exhumar el pasado de una familia de la que no sabe prácticamente nada...
Ambientado durante la guerra civil libanesa, en una atmósfera agobiante, el film relata dos historias paralelas: la de la búsqueda familiar incesante de dos hermanos, y la de la vida anterior de su madre.
Un film crudo, difícil, duro de ver. Una profunda reflexión sobre las terribles consecuencias de la guerra.

Para ver "Incendies" en VOSE (opción 3):

lunes, 4 de abril de 2011

yo necesito amor Klaus Kinski



“Yo necesito amor” es una autobiografía escrita con nervio y garra, descarnada y descarada, apasionada y sexual, sin rodeos, sin tapujos, sin pudor, sin concesiones. Klaus Kinski da un repaso a su infancia, a la guerra, a su temporada en el manicomio, a sus experiencias (y opiniones) sobre el teatro, el cine, la fama, los directores de cine, el amor y la vida. Para Kinski, vida, libertad, amor y sexo van íntimamente relacionadas y toda su autobiografía (su vida) es una búsqueda de esa libertad, de ese amor y de sexo, sexo y más sexo.






Nochebuena. La fiesta de la paz y de la alegría. La habitación está helada, y tan oscura que no nos vemos las caras. Nadie dice una palabra. Apenas se oyen las respiraciones. Sin embargo, sé que están todos aquí. Durante las últimas semanas he visto a la gente cargando con abetos y paquetes de la mañana a la noche. Ahora, desde nuestra ventana, puedo ver tras las cortinas de las casas de enfrente las velas encendidas sujetas a los abetos, las bolas de colores, las relucientes guirnaldas, las tiras de papel plateado y dorado y las estrellas transparentes pegadas a los vidrios de las ventanas.
He robado un abeto raquítico, pero no tenemos velas ni ningún otro adorno de quincalla para decorar el arbolito. Ni siquiera un pedestal de hierro en el que hincarlo para que se mantenga en pie. (….) El único adorno de nuestra ventana es la reluciente escarcha que cubre profusamente el vidrio con millones de delicadísimo cristales, formando una serie inagotable de dibujos, mucho más bonitos que las cortinas más caras. (pág 28)

¡Pero no debo lamentarme! ¡No debo desesperarme bajo ningún concepto! ¡Ni siquiera ponerme triste! Eso me quitaría el odio, ¡y necesito odio! Nada de menosprecio, el menosprecio cansa: ¡lo que necesito es odio, un odio maligno y sediento de venganza! (pág 112)

Amo a Minhoi por encima de todo. La quiero más que a mi vida. Amo la mágica belleza de su rostro y su cuerpo. Amo su alma, que me hechiza, llena de misterios y llena de prodigios. Es mi mujer y mi amante y la futura madre de mi hijo, la que lo traerá al mundo. Y, sin embargo, nuestra convivencia se hace cada vez más dolorosa. Minhoi es completamente inocente de nuestras terribles peleas. Toda la culpa es mía. Mis sentimientos son tan intensos, mi fantasía tan desmesurada y mis reacciones tan violentas, que el conjunto parece una catástrofe natural que arrasa todo a su paso y no deja atrás más que desolación. Las fuerzas contrarias que hay en mí se combaten a muerte, y amenazan con desgarrarme. ¡Tengo ganas de tirarme de lo alto de una torre! (pág 255)

Mi agente me trae como ama de llaves a una joven japonesa, Nauko. Cocina maravillosamente platos japoneses y chinos, lava, plancha, mantiene la casa limpia, lava el coche, hace la compra, atiende el teléfono, limpia la piscina, riega las flores y corta el césped; y todo lo hace con rapidez, sin ruido y con una sonrisa. A cambio, además de pagarle, tengo que follármela. Por la mañana, al mediodía, por la tarde, por la noche, cada vez que la despierto con un beso de su profundo sueño. Aunque esté cocinando, haciendo la limpieza o de pie junto a la lavadora, o incluso lavando el coche, siempre que le bajo las bragas y me la follo, su coño desnudo y ardiente me agarra el hueso como un perrito que gruñe y enseña los dientes cuando intentan quitarle la merecida recompensa.
He sido tan feliz durante esos dos meses, me he sentido tan eufórico, tan exultante, tan alegre por fin niño otra vez-, que no me he dado cuenta de que se acercaba el día en que tengo que llevar a Nanhoi a Guatemala junto a Minhoi.

Esta mañana temprano voy en una lancha rápida a la península donde Minhoi y Nanhoi han alquilado una casa. Nanhoi me saluda con la mano desde los alto de unas rocas. Y yo saludo a mi vez a Nanhoi de pie en la proa de la lancha, y los dos nos saludamos hasta que la lancha, conmigo a bordo, desaparece de su vista más allá de un pliegue de la costa, y yo tampoco puedo verlo ya. Pero mientras voy al aeropuerto de Guatemala para tomar un avión con destino a Los Ángeles, aún veo ante mis ojos sus queridas manitas saludando.
En el mismo taxi viaja la hija del millonario de la Pepsi Cola. Tenemos que apoyarnos el uno en el otro: hemos estado jodiendo hasta el último momento. Es muy guapa, pero lo más importante de todo son sus anchísimas caderas y su culo inmenso, y ni se me ha pasado por la cabeza la idea de tirármela en otra postura que no sea por detrás.

-Me llamo Morgan Fairchild- dice una chica que, sentada sola a una mesa del restaurante Le Dôme, ensarta con el tenedor unos espaguetis ya fríos, junto a los cuales hay una taza de café negro también frío ya. A través de la chica de la recepción, a la que siempre le toco las tetas, me pregunta si quiero sentarme con ella. Acepto.
Todo en Morgan Fairchild es febril. Es tan abrasadoramente febril, sus mejillas son un rosa tan abrasado, y tiene unos ojos tan abrasadoramente febriles que parece tísica. Sus manos son tan ardientes, y sus tetitas, su barriguita, su culito, su delicioso coñito febril y cachondo, húmedo y ardiente, sus muslos febriles, piel febril, cabellos febril, orejas febriles, labios febriles...
Intercambiamos nuestros números de teléfono y prometemos llamarnos. Pero ¿y Nauko?
Nauko ya le habría sacado los ojos a Grace Bongo, una arrebatadora colegiala africana de dieciséis años, si en el último yo no hubiera aplazado la desfloración de la joven negra hasta el día en que Nauko va a comprar atún crudo al mercado japonés de Los Ángeles, lo que siempre le lleva varias horas.
A Grace la conocí en un vuelo a Air France París-Los Ángeles. Se arrodilló en el suelo delante de mi asiento y me pidió un autógrafo. En aquel momento supe y ella sin duda también) que le iba a marcar a fuego mi autógrafo en la matriz.

Gracias a Dios, ya he terminado con esa porquería hollywoodera a las órdenes de Billy Wilder. Para alguien que lo vea desde fuera, resulta imposible imaginarse el grado de imbecilidad, fanfarronería, histeria, dictadura y mortal aburrimiento que hay que soportar cuando se rueda con Billy Wilder. Con él, los supuestos actores no son más que perrillos de lanas amaestrados que hacen monerías y juegan a traer el palo una y otra vez, hasta el vómito; llega uno a creer que todos se han vuelto locos de remate. Creía que ese delirio no iba a terminar nunca. Pero he cobrado un pastón por esos pocos días. En el futuro rodarás las películas serias con Herzog y las cómicas conmigo- me dijo Billy Wilder en nuestro primer encuentro, en el restaurante La Scala.
Creo que más bien es al revés: las supuestas películas cómicas de Billy Wilder hace tiempo que ya no resultan cómicas, sino acartonadas y plúmbeas, y la risa se le hiela a uno en las comisuras de los labios. En cambio, si yo hiciera lo que Herzog quiere, sus supuestas películas serias resultarían cómicas sin querer.
Hasta aquí me persiguen esos parásitos de escritorzuelos que quieren atiborrarse de mi sangre como garrapatas. Chupópteros, ladrones, saqueadores. Todos quieren escribir libros sobre mí. Quieren deshacerse de la mierda de su estreñimiento intelectual, añadiendo su repugnante toque personal: biografías, filmografías, videografías, reportajes, historietas de cómic, talk-shows y cualquier otra clase de podredumbre surgida de mentes humanas. Después de haber intentado exprimirse para tesis doctorales en las universidades, ahora me utilizan como tema escolar (¿Cómo advertencia para jovencitas?). ¡La universidad de Michigan, en Chicago, me pregunta, a través de mi agente, si quiero pronunciar durante la próxima Semana Santa una conferencia sobre la crucifixión de Jesucristo! ¡Y la sinfónica de Baltimore me pregunta si quiero hablar sobre Beethoven delante de la orquesta durante los intervalos! ¡La universidad no piensa pagarme nada, ya que se trata de Jesucristo! La sinfónica me ofrece 10.000 dólares por diez minutos de charla. Los mando a unos y a otros a la mierda. El ministro de Cultura francés, Jack Lang, me envía a través de la embajada francesa en Los Ángeles la condecoración "Comendador de la Orden del Arte y la Literatura", (¿Qué demonios querrá decir eso?) Por lo que ha hecho por Francia y el resto del mundo ¡Tampoco esta vez adjuntan ningún cheque! ¡Aquí a alguien le falta un tornillo! ¿Qué se habrá creído ese tipo? ¡"Concederme" una baratija como esa! ¡Están todos como una cabra! Le digo a mi agente que devuelva esa porquería grandilocuente. (pág 345-347)

Un documental sobre Klaus Kinski: "Mi enemigo íntimo" de Werner Herzog.