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jueves, 17 de noviembre de 2011

Eduardo Jordá "Norte Grande. Viaje por el desierto de Atacama"

En “Norte Grande", Eduardo Jordá narra sus encuentros con los habitantes de uno de los lugares más inhóspitos del planeta, donde a menudo se tiene la sensación de que la presencia de los muertos es más real que la de los vivos. El autor explora las ruinas de las explotaciones salitreras y recorre el paisaje de volcánes andinos y de grandes lagos de sal que fascinó a Darwin. También visita los poblados indios donde casi nada ha cambiado desde los tiempos precolombinos, y cuenta las historias que le contaron los familiares de las víctimas de la Caravana de la Muerte enviada en 1973 por el general Pinochet. Y presidiéndole todo, en “Norte Grande” se oye el viento incesante del desierto, el viento que hace que el vacío parezca habitado por miles de seres desconocidos.
 
Nota final
Sabemos cuándo termina un viaje, pero nunca sabemos cuándo empieza. Yo viajé a Atacama treinta y muchos años antes de viajar de verdad, cuando era un niño que no había salido nunca de mi isla natal. En una esquina de Vilafranca de Bonany, en el corazón de Mallorca, había un azulejo amarillo, bastante grande, en el que se veía la silueta negra de un campesino montado a caballo. Unas letras blancas y amarillas decían: “Abonad con Nitrato de Chile”. Yo no sabía qué era el nitrato de Chile, ni tampoco sabía qué era abonar, pero el color amarillo cadmio de aquel azulejo me intrigaba. Y más aún el negro insondable del jinete y el caballo. Había muchos azulejos así en las esquinas de los pueblos, nunca en la ciudad, y eso también me resultaba extraño. Y si un día fui a Atacama, aunque no fuera consciente de ello, fue porque me llevó el misterio que encerraba aquel azulejo, aquello que siendo niño nunca llegué a descifrar.
 
Norte Grande es el resultado de dos viajes por el desierto de Atacama. El libro no podría haberse escrito sin la ayuda de Vicky Saavedra y Martin Beeris, a quienes espero encontrar de nuevo, a ella en Villa Exótica, en Calama, y a él en su oficina de la calle Caracoles, en San Pedro. Tampoco puedo dejar de citar los libros que me han sido imprescindibles. El primero es La caravana de la muerte. Las víctimas de Pinochet, de Gervasio Sánchez (Blume-Naturart, Barcelona, 2001). Otro es Flores en el desierto (Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile, 1999), de la fotógrafa norteamericana Paula Allen, que cuenta la historia de las mujeres de Calama que todavía siguen buscando los cuerpos de sus familiares desaparecidos en 1973. En cuanto a las oficinas salitreras, el mejor estudio que conozco es Las ciudades del salitre, del arquitecto chileno Eugenio Garcés Feliu (Orígenes, Santiago de Chile, 1999). Y sobre la vida y costumbres de los habitantes de Atacama, hay dos libros que me han resultado muy útiles: Atacameños del siglo xx, de Ivonne Valenzuela y Juan Pablo Loo (Fondart, división de Cultura del Ministerio de Educación de Chile, Antofagasta, 1997), y Geobiografía de la provincia de El Loa, de Alejandro Álvarez Vargas (Impresos Universitaria, Santiago de Chile, 1994).
Eduardo Jordá

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