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martes, 18 de octubre de 2011

Lydia Lunch entrevista a Hubert Selby Jr (1º parte)

HUBERT SELBY JR. EL HOMBRE QUE SE NEGABA A MORIR
(Entrevista recogida en “Medidas desesperadas” de Lydia Lunch. Publicado por Libertos Editorial)
Nacido en las Badlands de Brooklyn en 1928, Hubert Selby Jr. le dio una nueva patada en el trasero a la literatura
con su primera novela “Last Exit to Brooklyn”. Publicada en 1964 y convertida en película en 1990, sigue
siendo una de las obras más importantes y desgarradoras de la literatura norteamericana. Con cada una de sus
sucesivas obras maestras -“The Room”, “The Demon”, “Requiem for a Dream”, “Song of the Silent Snow” y
“The Willow Tree”-, Selby sumió a sus lectores en escaramuzas emocionales donde la obsesión, la violencia
y la locura teñían las cicatrices de una vida de lecciones aprendidas a golpes. Hubert Selby Jr. murió de una
afección pulmonar crónica en abril de 2004.
Esta entrevista se condujo bajo una luz de interrogatorio en el modesto apartamento de Selby en Los Ángeles,
el año 2001.
LL: Sus libros han inspirado a las tres últimas generaciones de escritores, yo misma incluida ... ¿Diría que el
hecho de escribir le salvó la vida?
HS: No lo dudo, posiblemente en más de un sentido. Lo principal es que me dio un objetivo, me dio una razón
para molestarme en vivir ... Empecé a escribir porque quería hacer algo con mi vida antes de morir. Porque me
moría. Se convirtió en una forma de vida. Creo que esto fue lo más importante. Todo el mundo necesita una
razón para vivir. Puede que no exista razón para esta vida, pero todos necesitamos una razón para vivir. Tiene
un gran poder curativo ... Si no me hubiera dedicado a escribir, tal vez habría estallado o quién diablos sabe ...
LL: Escribir como válvula de escape ... Para aliviar la presión ... ¿Cuándo y por qué dejó Nueva York?
HS: En 1965, por una oferta de trabajo. En retrospectiva, trataba de huir de mí mismo ... Me estaba volviendo
loco, tenía todo tipo de problemas, así que vine aquí pero, por supuesto, me traje conmigo. Lo hago siempre.
Parece que soy incapaz de dejarme atrás. Así que me quedé en California hasta 1978, luego estuve en la costa
Este hasta 1983 y desde entonces he estado aquí.
LL: ¿Echa de menos aquello?
HS: Mucho, muchísimo ... Naces y creces en una ciudad y luego vives en un lugar como Los Ángeles, que no
es siquiera un suburbio..., es la gran nada. Pero la NuevaYork que yo echo de menos ya no existe. Físicamente
ya no está, y la gente -que es de lo que realmente están hechos los recuerdos- está hoy desperdigada por todas
partes, si es que aún viven. Un día decidí que disfrutaría de esta ciudad por lo que tiene, en lugar de lamentarme
por lo que le falta.
LL: Hay un dinamismo real entre la Costa Este y la Oeste.Ycierto esnobismo en la Costa Este. La base de nuestra
realidad es muy diferente. Real como haber soportado los campos de batalla de Brooklyn, especialmente
en los años treinta y cuarenta. Se alistó en la marina mercante. ¿Por qué?
HS: Sólo duré un par de años, hasta que me puse enfermo. Siempre quise ir al mar, estábamos en guerra y era
fácil mentir sobre la edad que uno tenía. Quién sabe cuántos millones de chavales lo hicieron ... Cuando empecé
en el puerto de Nueva York tenía quince años. A los dieciséis me embarqué hacia Europa. Eso fue entre 1945
y 1946. En septiembre de 1946 me sacaron del barco, me dijeron que iba a morirme.
LL: En aquella época, la mayoría de la gente que enfermaba de tuberculosis no sobrevivía.
HS: El estrés de la guerra, las condiciones de higiene, la mala alimentación ... Pasé cerca de cuatro años en el
hospital. Me extirparon diez costillas y todo el rollo ...
LL: ¿Leía mucho?
HS: Fue entonces cuando empecé a leer.Mickey Spillane y toda la novela negra. Podías leerte un par de libros
cada día.
LL: ¿Está “The Room” inspirada en el tiempo que pasó encerrado?
HS: Pues sí ...
LL: Entonces, por si no hubiera pasado ya lo bastante mal con la tuberculosis, las múltiples operaciones y los
cuatro años de encierro en un hospital ..
HS: Bueno, en aquel tiempo no me daba cuenta de eso, pero me internaron. Cada vez que el mundo me resultaba
una carga excesiva, me quedaba el recurso del internamiento. Lo que tiene de fantástico ser internado es que
puedes quejarte y lamentarte y todo el mundo está de acuerdo contigo. Siiií, estamos todos jodidos ... No tienes
responsabilidades. No tienes que preocuparte de nada. Excepto si eso interfiere en tu libertad.
LL: ¿Arresto por drogas?
HS: Por heroína. Me detuvieron en septiembre de 1967. Al final quedó en posesión o conducir bajo el efecto
de estupefacientes. Fue aquí, en Los Ángeles.
LL: ¿Fue difícil conseguir que alguien publicara “Last Exit to Brooklyn”?
HS: Una noche, en el Cedar Taver donde nos juntábamos todos, Amiri Baraka (poeta y activista) me sugirió
que probara con Sterling Lord, el agente literario de Jack Kerouac. Les envié un manuscrito, y luego me llamaron
y dijeron: “Creo que podemos ganar dinero con esto”. Se lo pasó a Barney Rosset, de Grove Press, que
por entonces era probablemente una de las mayores editoriales del país, y ellos lo publicaron.
LL: ¿Que anticipo pagaron?
HS: Creo que fueron unos pocos cientos de dólares ...

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