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lunes, 18 de abril de 2011

Julio Llamazares "Tanta pasión para nada"


Al lector

    Mi paisano Antonio Pereira, en mi opinión uno de los mejores autores de cuentos cortos que ha dado nuestra literatura última (y, sin lugar a duda ninguna, el más brillante narrador oral al que he tenido la suerte de escuchar), subtituló uno de sus varios libros, el titulado un tanto forzadamente (por la grafía a la que se vio obligado) Los brazos de la i griega, con la definición ambigua y nada ortodoxa de Doce cuentos y una novela brasileña. Los cuentos eran relatos de treinta o cuarenta páginas, mientras que la llamada novela brasileña era una simple noticia tomada de un periódico paulista en la que se relataba un incidente misterioso en el que aparecían comprometidos la mujer de un general o un coronel y un militar de menor graduación, pero, parece, de más vitalidad, a los que uno o varios desconocidos habían tiroteado mientras se encontraban en el interior de un coche en un descampado de las afueras de la ciudad. Como sugería Pereira, en esa breve nota periodística estaban contenidos todos los elementos de una novela, que sólo habría que desarrollar.  
    Con permiso de Pereira, que me lo dará, seguro, desde su sepultura en el cementerio de Villafranca del Bierzo, donde reposa desde hace poco tiempo, repito tan original idea para, sustituyendo el término novela por el de fábula, más acorde con el espíritu del relato con el que se cierra el libro, calificar esta recopilación de cuentos que comprende la mayoría de los que he escrito desde hace años y cuyo título, Tanta pasión para nada, a más de uno le sorprenderá. En una época como ésta, en la que los escaparates de las librerías están llenos de libros de autoayuda y de novelas de entretenimiento, quizá parezca un error de bulto perseverar en el nihilismo, por más que sea una seña de identidad poética personal: El río del olvido, En mitad de ninguna parte, En Babia, Nadie escucha ... La recopilación contiene, aparte de la fábula citada (apenas siete líneas mal contadas, pero que se prolongan indefinidamente en el tiempo; de ahí su título concreto: «El día de mañana»), doce relatos de todo tipo, desde los dos escritos a la manera del folletín por entregas —«Los viajes del tío Mario» y «Un cuento de encargo»—, ambos escritos para un periódico, a los que se resuelven en unas pocas páginas. Algunos fueron publicados antes, incluso en libro, como «El penalti de Djukic» (en una antología, Cuentos de fútbol, editada por esta misma casa), pero la mayoría lo son por primera vez. Entre ellos, lógicamente, los hay de muy diferentes temas, incluso de intención y construcción opuestas, aunque todos comparten la misma visión de la vida: mucha pasión... para nada.
    Una pasión de la que forma parte el arte de escribir y de contar, que va unido al de leer y al de pensar, y que nos permite seguir viviendo, pese a que conozcamos su inutilidad.
El autor

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