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jueves, 24 de marzo de 2011

la literatura en los suplementos dominicales de “El País”

Hace años que no compro “El País”. Ni “El Mundo”, ni el “ABC”, ni “El Público”. No me interesan, me aburren, aunque a veces los ojee en los bares. Pero el fin de semana pasado me atacó la gripe y una vecina que me hizo una visita dejó olvidados en casa media docena de suplementos dominicales de “El País” que llevaba a reciclar. Puedo asegurar que si la vecina se hubiera metido en la cama conmigo se me hubiera pasado la gripe y todas las tonterías, pero tuve que apañarme con los suplementos. Y allí estaban, sí allí estaban, después de tanto tiempo, LOS DE SIEMPRE: Maruja Torres, Elvira Lindo, Almudena Grandes, Juan José Millas, Juan Cruz, Javier Marías ...
Los artículos de Maruja Torres, esa señora tan respetable, tan intrépida, tan inteligente, tan luchadora, han dejado hace mucho tiempo de interesarme, lo intento, lo vuelvo a intentar, lo reintento, pero esta señora hace tiempo que no tiene nada interesante que decir, pero la pregunta es ¿Tuvo alguna vez algo interesante que decir? Y ya por curiosidad insana ¿qué opinión tenían de ella y de sus reportajes sus “compañeros” reporteros en aquella época en que esta señora tan respetable, intrépida, inteligente y luchadora vivió su “Mujer en guerra”?
En voz baja: ni la columna-reseña “Indignémonos”, ni “Egipto y el turismo colonizado” son gran cosa (y mucho menos originales) pero se dejan leer.
Elvira Lindo sigue a lo suyo, a su “aquí-estoy-yo”. Elvira Lindo (o su personaje Elvira Lindo) es el prototipo de la pija-tonta-pedorra, y sí, claro que hay cosas peores, pero es que esta pija-tonta-pedorra se cree que es proletaria-inteligente- y superguay (y real) y eso ya es un síntoma alarmante. Pero ella como si nada, a lo suyo, a su “aquí-estoy-yo”. Cojan cualquier artículo de Elvira Lindo y cuenten cuantas veces dice (escribe) “yo” o “mi”. ¿Elvirita, a quien le importa los ejercicios que haces en tu gimnasio?, ¿ a quién hostias le importa dónde cenas y qué cenas después de un concierto en tú Nueva York idílico? ¿A quién?
Los artículos de Almudena Grandes, esa señora que cada vez se parece más a Cristina Almeida, y musa erótica de los progresistas de más de 60 años, son verdaderos relatos cortos de la vida cotidiana de gente corriente; su vecino, su compañera de trabajo, sus amigos … pero su calidad literaria deja mucho que desear. Sus relatos son lo más parecido a aceptables redacciones de alumnas aplicadas de colegio privado, caro y de monjas. “Un policía sin vocación” es una historia tan ñoña que aconsejo se lo tomen con calma. O mejor ni lo lean. Y “Ella, hasta el final” es de un sentimentalismo tan manoseado que solo cabe preguntarse ¿esta señora fue la misma que escribió las 80 primeras páginas de “Las edades de Lulú”?
Nota a pie de página o algo de prensa rosa-blanca ( prensa donde según mi opinión deberían escribir estas dos señoras): Elvira y Almudena están casadas con dos de los escritores más aburridos de la literatura española contemporánea: el catedrático Antonio Muñoz Molina y el poeta oficial Luis García Montero. Y ya se sabe, todo se pega. Y también se sabe o se dice que detrás de una gran mujer insatisfecha hay un gran hombre aburrido. Pero se dicen tantas cosas. Tantas tonterías. Además para más inri estas dos parejas son amiguitos, así que no me cuesta imaginármelos un viernes noche (después de cenar, por ejemplo, en un restaurante thailandes) en una confortable casa, jugando al scrabble, bebiendo gin-tonics (dos o tres, no más) y pasándoselo tan bien que el próximo domingo una de las dos nos lo tendrá que restregar al resto de los mortales en el “EPS”. En la fiesta también me imagino a Joaquín Sabina y a Miguel Ríos, dos grandísimos artistas, de espíritu tan juvenil, festivo y rebelde, que no pueden (ni deben) faltar a ninguna fiesta que se precie. Como los Ferrero Rocher. Serrat no pudo acudir, estaba malito, pero, da igual, sonaba como hilo musical.
Ray Loriga (para mi, nueva incorporación en el EPS) siempre me ha parecido, simplemente intrascendente, tiene estilo, maneras, sabe buenos trucos, pero todo en él es pose. Con Javier Cercas no puedo, lo intenté con “Soldados de Salamina” que acabé de leer a regañadientes, pero “Anatomía de un instante” lo abandoné a mitad del libro y no he tenido valor de regalárselo a nadie. Lo mismo me ha pasado con estos artículos, los he abandonado a media lectura. Es tan cansino que agota.
Los escritos del señor Juan Cruz y del señor Juan José Millas son oportunistas, partidistas, intransigentes (con ese insulto supuestamente fino y elegante, con ese tirar la última piedra, con ese estar por encima del bien y el mal), dogmáticos y peligrosos. Por salud mental no hay que abusar de este tipo de prosa, de ese reírse del que no piensa como nosotros y de esas maneras de arrimarse al poder.
Javier Marías sigue en sus treces, mosquedo, enrabietado como un niño mimado, por aspectos tan relevantes en la vida como el volumen de la televisión del vecino, las nuevas normas de la ortografía de la RAE, los malos modales de los jóvenes y mil plagas bíblicas más. Suele atinar, el señor Marías, y tiene elegantes maneras, e incluso (increíble!!) hasta me hace sonreír. Pero joder con los pataleos, señor Marías, que pesado es usted .
Así que como no hay nada nuevo bajo el sol de “El País”, aquí lo dejo, que creo que me ha subido la fiebre, y como mi vecina no va a volver, lo mejor es que deje de envenenarme con estos grandes escritores, periodistas/columnistas y a sudarla.

7 comentarios:

RAUL dijo...

CAMBIA DE PAÍS.

ypunto dijo...

Este artículo es un claro ejemplo de automedicación. Luis...

Anónimo dijo...

Los progres -muchos hijos de los que ganaron la Guerra Civil- tras la muerte de Franco se fueron haciendo con el poder y terminaron -como los cerdos de Rebelión en la Granja- convirtiéndose en lo mismo que decían combatir.
Pero hay que leer a Javier Marías.

RaRo dijo...

je, je, yo que tú cambiaba también de Mundo. ¡vente pal mío!

Anónimo dijo...

yo creo que los escribe el mismo tipo todos...

Anónimo dijo...

has conseguido convertir en algo gozoso comentarios sobre cosas que mejor sería dejar de lado. Pero si pisas una mierda, ¿ quién puede quedarse callado?


pedro

Anónimo dijo...

muy simpático, es verdad que a Elvira Lindo se le fue la cabeza, qué manera de mirarse el ombligo y restregarnos lo interesante que es su vida: "en mi plato había pastel de cangrejo, en mi plato siempre hay pastel de cangrejo...", totalmente de acuerdo con lo que dices de Ammudena Grandes.