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domingo, 16 de enero de 2011

Leyendo en la biblioteca a Danny Laferriére



Por esa época no podía sacar libros de la biblioteca por la absurda norma de penalizar los retrasos en la devolución de un préstamo con la perdida del derecho de préstamo por el doble del tiempo del retraso en la devolución. Pero mejor, estábamos a principios de diciembre y en mi casa de Jaén hacía más frío que en la calle, y en aquel invierno no se superaba (en la calle) los cuatro o cinco grados centígrados, con lo que lo más sensato era permanecer en casa lo menos posible.
Una de esas tardes invernales curioseando en la biblioteca pública di con un libro titulado “Como hacer el amor con un negro sin cansarse” (Ediciones Destino) de un tal Danny Laferriére. No conocía al autor y nunca había leído a un autor nacido en Haití. Solo porque el título me parecía atractivo y divertido, me acerque a la sala de lectura con aquel libro. El libro me enganchó desde las primeras páginas y a las nueve, cuando cerraban las puertas de la biblioteca, solo me quedaban por leer una docena de páginas. A la mañana siguiente allí estaba yo, al calor de la biblioteca, en mangas de camisa en pleno diciembre jaenero, acabando de leer las peripecias y vivencias de aquellos dos personajes haitianos en una ciudad como Montreal. Dos personajes que se enfrentaban a la vida y a su condición de ser negros, haitianos, pobres y exiliados, con lucidez, ironía y ganas de vivir. Mientras uno de ellos se dedica a escuchar jazz y a leer el Corán y a Freud, el otro intenta publicar su primera novela y llevarse a la cama a cuantas más mujeres blancas le era posible.
Los días siguientes volví a la biblioteca a por “¿Esta granada en manos del joven negro es un arma o una fruta?” (El Cobre Ediciones). Allí, entre vagabundos que huían del frío y de la calle, abuelos que iban a matar el tiempo y el aburrimiento con el ”Jaén” y el “Ideal”, jóvenes sobradamente preparados pero en paro entreteniéndose con revistas culturales/divulgativas o “El Jueves” y estudiantes adolescentes haciendo que estudiaban, me leí aquel libro. “¿Esta granada en manos ...” es un reportaje sobre el viaje realizado por Danny Laferriére por los Estados Unidos y a la vez un libro sobre el acto de viajar y escribir dicho reportaje.
Cuando junte algo de dinero encargué en “Metrópolis” los dos libros. Cuando uno de los dependientes de la librería se me quedó mirando asombrado ante la petición de un libro titulado “Como hacer el amor con un negro sin cansarse” le aseguré que no era un libro de auto-ayuda.
Ya no tengo ninguno de aquellos libros, uno de ellos “¿Este granada en manos del joven negro es un arma o una fruta” lo regalé una noche de borrachera a un tipo que me había invitado a un par de rayas. Y “Como hacer el amor con un negro sin cansarse” se lo regalé a mi ex para su trigesimosegundo cumpleaños.

En está época de lo políticamente correcto, de las medias tintas, de libros de cientos de páginas en que no se cuenta nada, de supuestamente sesudas y entretenidas novelas históricas y de microrelatos facilones, es de agradecer escritores que escriban con determinación, con frescura y sin dar concesiones. Escritores que hagan creíbles las historias que cuentan. Escritores directos, realistas, divertidos, honestos. Escritores convincentes y con un estilo propio. Escritores que que sepan utilizar la ironía y el humor sin caer en la chabacanería. Escritores que puedan ser poéticos y salvajes a la vez. Escritores que se hayan empapado de la vida. Escritores que tengan algo que contar. Y Danny Laferriére es uno de ellos.


Para los lectores cinéfilos:
He bicheado por internet y “Como hacer el amor con un negro sin cansarse” lo llevó al cine Jacques W. Benoît. “Hacia el sur” (Vers le Sud) dirigida por Laurent Cantet se basó en un guión realizado sobre relatos de Danny Laferriére . El propio Laferriére dirigió la película “Como conquistar America esta noche”. Y “La deriva dulce de un niño haitiano” es un documental del realizador venezolano Pedro Ruiz sobre la obra, la realidad y el imaginario del escritor Danny Laferriére.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Laferriére, buena recomendación. El cumpleaños era el 34, que suma siete...