un espacio abierto sobre libros, literatura, viajes, cine, música, aguardientes y otros destilados ...

martes, 30 de noviembre de 2010

siete poemas, siete lugares

Muñoz Vera

La Habana
Ciudad que sos también el poema
mis piernas van bailando al ritmo ancestral
de tu latido.
Venido de África, de Haití, de Sevilla
y, quizá, de la luna;
tu corazón colorido y tu piel de tambor
van adoptando la forma de una mujer querida.

Y sos eso: una mujer querida
                   un corazón colorido
                   una piel de tambor
                   y, también,
                                    el poema.
                                         
                    La Habana, diciembre de 2003


 De "El tiempo que nos toca" Emilio Teno




Matthew Daniels
Richard Estes
Water street
El mundo nos resulta ajeno, inhóspito.
              Debiera ser destruido por completo.
              Construir un mundo nuevo sin sus ruinas.
            
              Y estrenar una vida diferente.
            
              Pero al pasar el tiempo el nuevo mundo
              tampoco hallarán propio nuevos hombres..
              También ellos querrán un mundo nuevo.
            
              Mejor fuera destruirlo y no hacer otro.

De "Ciudad del hombre: New York" J. M. Fonollosa


Jaime Rodríguez
Mecina Fondales

 En esta inmensidad
la voz oscura y misteriosa
de las aves nocturnas
tiene un temblor de sombras
y su cantar se funde
con el profundo discurrir del río.
En el silencio verdeoscuro y fresco,
el agua de una fuente, los rumores y el eco,
el calor de una noche de verano.

Europa queda lejos
de estas blancas adelfas, de esta luna,
de la radio que oímos no sé dónde,
de la lejana música que mueve,
como visillo, el viento.
Una turbia falena se quema en la bombilla
y su chinesca sombra anima la terraza
y una estrella fugaz
cruza después el cielo y un deseo:
-Quédate entre nosotros y no vuelvas.

 
De "Junto al agua"  Andrés Trapiello




Retrato de la mujer perfecta
Gráciles movimientos sobre sus largas piernas
que se ensanchan antes de llegar a la cintura.
Amplias avenidas son sus caderas,
que regocijan al caminante, deseoso de caminar por ellas...

En el centro de su cuerpo
lleva el Arco del Triunfo, con la puerta
siempre abierta hacia la gloria.
Los jeroglíficos surcan su piel
cual misterio envuelto en velos de seda.

Altas torres son sus senos
fuerte como el hierro el izquierdo
duro como piedra seca se muestra el otro.
Su cuello esbelto, lleva nombres grabados en sus venas,
llenándola de recuerdos y leyendas...
y su boca amplia, suave, mullida,
siempre está dispuesta para recibir una lengua sedienta que la busca.

Ojos de orgullosa, repletos de lágrimas
que no llegan a caer,
mientras su pelo, largo como su historia
revolotea, libre con el viento...
(París tiene nombre de mujer)

De "Enseñando los dientes"  Rakel Rodríguez


Londres

Alguien grita mi nombre
en mitad de la plaza rebosante
mientras guardias de melena fingida
bailan para una reina boba

Ya estuve antes aquí.

Probé el sabor amargo de la cerveza negra
en los alrededores de Abbey Road.
Vi ta tumba de Shakespeare.
Supe que las canciones dicen de las ciudades
mucho más que los planos y más que las postales.

Indios, paquistaníes, portugueses,
españoles del nuevo primer mundo,
americanos ricos,
americanos pobres y del sur:
todos caben aquí,
bajo la niebla espesa de esta ciudad sin dueño,
de esta pensión, inmensa de pasillos oscuros,
de sábanas zurzidas, de baño compartido.

De "Hasta llegar a aquí" Javier Bozalongo


Antonio López
La periferia va por dentro

Vive en Madrid
y le agobia
el tráfico
la gente
los alquileres
la delincuencia
la polución sonora
y ambiental,
su trabajo en el
periódico,
la poca paga,
el jefe
de sección.
"¿Se puede ver el mar
desde tu terraza?"
me pregunta
"Exactamente
no. Pero lo huelo."
"Que suerte tienes,
cabronazo. Vives
mejor que yo."
Ya. Bueno. La vida
es como cuando vas
a un restaurante.
El plato del de al lado
siempre te parece
mucho más apetitoso
que el que acabas
de pedir.
Roger Wolfe


Renato Guttuso
Palermo

Hay un mercado llamado Vuccirra, con su taberna Azurra, sus olores
sus gatos filósofos y una postal de un cuadro de Guttuso
hay berenjenas moradas, tajadas de sandías rojas, calabacines verdes, limones, naranjas
hay quesos, frutos secos, anchoas en salazón
hay sacos de garbanzos, cestas aromáticas de romero y tomillo, cubas de aceitunas
hay un mar de peces;
atún de rojo brillante, caballas de color plateado,
sardinas, pez espada, gambas
hay carne de cabrito, de ternera, de pollo
hay intestinos, chorizos, filetes, cabezas
hay un sol colandose suavemente por los toldos y telas de colores
hay una luz cálida y rojiza
hay olores, alcachofas cocidas, conversaciones y partidas de cartas.
Hay otros mercados.
Hay grandes avenidas de palacios, de mansiones
restauradas para bancos, tiendas caras, hoteles de lujo
hay, en cualquier calle lateral, a los pocos metros,
casas que se agrietan, ventanas rotas, suciedad que inunda patios y portales, fíats y vespas destartaladas.
Hay una plaza con un reloj de sol, con una iglesia, con un comedor para indigentes,
con un vagabundo de ojos azules que recita a Dante.
Hay un ruido constante de tráfico;
motores, frenazos, cláxones, prisas, insultos, saludos.
Hay libros sobre la mafia en los escaparates de las librerías
hay una iglesia llamada la Martorana
de hermoso campanario normando y dorados mosaicos bizantinos
y hay cúpulas rojas en la Chiesa di San Cataldo.
Hay aromas de café y especias, de mar escondido, de paredes húmedas.
Hay medianoches en Sicilia para leer a Peter Robb, a Sciascia, a Lampedusa
o las novelas negras donde Sicilia es el mundo
y el mundo es jodido.
Hay sabores a pasta con le sarde, a hinojo, a helados de jazmín
hay una alicantina de nombre Laura que me invitó a comer
y a dormir en su cama
hay macarrillas en motos ruidosas y suicidas que imitan a Al Pacino
hay sombras de yonquis que vomitan en las esquinas
hay parodias, rostros afilados, mujeres con las que huir,
carabineros que dan de comer a las palomas en los parques,
barberías, fontanas, trattorias y abandono
hay una calle donde venden y arreglan bicicletas
y una vía Calderaí de caldereros, herreros y baratijas
hay escapadas a la costa de Scopelo, a las catacumbas de los capuchinos,
a los templos de Selinunte donde pastan ovejas etruscas
hay miles de caminos que callejear, miles de lugares que encontrar
pero solo un sitio donde morir.


J.P.G

1 comentario:

laura dijo...

Para viajar desde el sillón de casa. Que buenos. Me gusta el de Roger Wolfe y el de J.P.G.