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domingo, 14 de noviembre de 2010

Hubert Selby Jr y Tralalá

La venganza de Tralalá (por Rakel Rodríguez)


Conocí a Hubert Selby en 1960. Él tenía 32 años. Yo no había cumplido los 27. Me acuerdo bien del momento, yo estaba en un antro en Brooklyn bebiendo vodka. No era una buena chica, no me cuidaba demasiado y me gustaba el vodka. También me gustaban otras cosas peores. Entonces yo llamaba la atención. Podéis preguntar a cualquiera por mí y os lo confirmarán. No había tipo que no pasara cerca de mí y se diera media vuelta. Me llamo Susan, pero todo el mundo me conocía por Tralalá. Por qué ese nombre, porque me gustaba cantar, siempre estaba tarareando alguna canción, así de simple. Decía que había conocido a Hurbert en un antro. Se sentó a mi lado. Me dijo que le llamara Cubby, que era el nombre por el que le llamaba su gente, la gente cercana. Yo fui lo suficientemente cercana para llamarle así. Si le decías Hubert apenas atendía, o lo hacía mirándote como se mira a un desconocido o a un marciano, él tenía ese tipo de miradas. Decía que se sentó a mi lado y pidió dos copas de vodka.
- ¿A qué te dedicas? – me preguntó
- ¿Tú qué crees, monada?
No volvió a preguntar más. Estuvo yendo cada día a la misma hora, sabía que me iba a encontrar allí. Eso hizo durante un mes. Me invitaba a vodka y el bebía conmigo. No hablábamos. Pero él veía lo que yo hacía.
- Ahora que ya sabes a lo que me dedico, cuando quieras podemos perdernos un rato.
- ¿quieres perderte de verdad conmigo?
Por un momento no sabía a lo que se refería, hasta que me enseñó la bolsa, la mercancía. Me había parecido un tipo raro pero no pensé que se metiera.
- Cariño, eso para mí no es perderse… vamos, vente a mi cuarto.
Lo llevé a mi habitación, él se encargó de las jeringuillas, mientras yo le observaba, con su cara de rata, de ojos tan brillantes y claros que daba miedo mirar.
-¿desde cuándo te dedicas a esto?
- no me digas que esto va a ser una entrevista….
Nos metíamos juntos de vez en cuando. Cuando no, a veces follábamos. Él llevaba una vida más o menos normal, sobre todo intentaba llevarla. Tenía algo jodido en los pulmones desde que era casi un crío y había momentos que parecía que iba a ahogarse. Él estaba acostumbrado, yo no y me asustaba, a veces parecía que iba a morirse. No se metía mucho. Cubby era de estas personas que tenían un demonio dentro, le habitaban los demonios. Podía ser la persona mas normal del mundo y un día de repente se levantaba torcido, sus ojos miraban con otra expresión, gritaba sin venir a cuento y salía a la calle corriendo. Cuando esos momentos pasaban volvían de nuevo los días de calma. Volvía a parecer una persona casi normal. Si no le mirabas a los ojos, al fondo de los ojos, quiero decir.
Un día me dijo que era escritor, que estaba escribiendo algo y que yo era la protagonista. Me sentí halagada. Yo sabía que él y yo éramos diferentes. Que yo no tenía remedio, que cuando dejara de estar lo buena que estaba, iba a estar jodida. Que cuando dejara de tener el culo que tenía, las cosas iban a ir mal. Sabía que yo estaba en ese lado de la vida en que nunca tienes oportunidades, porque además tienes tendencia a tirarlas todas por la borda. En cambio Cubby, era otra cosa, se veía que podía hacer algo bueno, se veía que iba a ser alguien, alguien normal. Él estaba esperando que apareciera la mujer de su vida (no se equivocaba el muy cabrón, creo que conoció a Suzanne pocos años después) y tener una familia. Estaba obsesionado con lo de la familia. Ahora sé que de alguna manera ese tipo, que parecía tan poca cosa, si no le mirabas a los ojos, necesitaba eso para ubicarse, para anclarse, para no perderse. Dejó las drogas, se casó, tuvo hijos, tendría hasta 11 nietos y hasta el final mantuvo su vida “normal”. Pero también mantuvo sus demonios. Yo los vi en más de una ocasión. Siempre me preocupó que llegara a tirarse por un edificio o se lanzara a un coche. Pero no lo hizo. Gritaba, ponía los ojos en blanco, a veces se acurrucaba en una esquina, sin mirarme, sin mirar nada, como si estuviera muerto. Había estado en peligro de muerte desde hacía tanto tiempo que quizá se había acostumbrado. Me ayudó con el alquiler, me compró algunos vestidos bonitos, me pagó todo lo que consumíamos en aquella época. Para él tampoco era fácil sobrevivir. Seguía escribiendo a buen ritmo. Un día me dijo que había terminado. Qué. Le pregunté. Última salida a Brooklyn. Le dije que cómo se había hecho escritor. Me dijo que tenía que ganarse la vida, que estaba demasiado enfermo para trabajar en algo físico y que cuando estuvo en la cárcel pensó que lo de escribir no estaba mal. Me dijo que sabía escuchar y escuchaba muchas cosas. Me dijo que escribía de oído. Así lo dijo. Escribo de oído, no sé de reglar gramaticales, de puntuaciones ni nada, pero tengo oído. Ese era Cubby. Poco a poco fui dejando de verle. Empecé a tener un amigo que quería que pasara más tiempo con él. Me trataba bien, me compraba todo lo que quería, todo, me cuidaba, creo que me quería. Cubby desapareció por esa época, creo que fue cuando conoció a Suzanne y se fueron a Los Ángeles. Algunas personas creen que cambiando de lugar pueden cambiar de vida. Él lo hizo. Al menos exteriormente. Entonces leí “Última salida a Brooklyn”. El muy cabrón me hizo llorar con ese libro. Así que me mataba y de esa forma…. El libro estaba bien, yo que apenas había leído un par de libros en toda m vida, me lo ventilé en pocos días. Me costaba respirar en algunos momentos. El libro era duro. Me pregunté si esa Georgette también era alguien como yo, alguien que existía en algún lugar de Brooklyn y ahora habitaba también en ese libro.
Ese Cubby por cierto, no supo que el tipo que me cuidaba se casó conmigo, que dejé mi cuarto oscuro por una casita ventilada en la calle Sexta. Ese cabrón no supo que nadie acabó conmigo, que eso es cosa mía. Por eso en estos últimos momentos mientras espero el último aliento, le digo a Cubby que yo acabo como me da la gana, como me da la gana, encanto…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tralara, no dejes de leer "Requiem por un sueño" (también la película merece la pena verla) y "La Habitación". Selby es grande.

Anónimo dijo...

lo se, lo sé...

laura dijo...

Muy bueno el relato de Tralará.