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martes, 23 de agosto de 2016

para viajar por la historia de Brasil


"Brasil. Una biografía" Lilia M. Schwarcz / Heloisa M. Starling (Debate)

"La historia de Brasil no cabe en un libro. Porque no existe una nación cuya historia pueda contarse en forma lineal, progresiva o de una sola manera. Por lo tanto no pretendemos contar aquí la historia de Brasil, sino hacer de Brasil una historia. Al contar una historia, tanto el historiador como el lector aprenden a “entrenar la imaginación para salir de visita”, como diría Hannah Arendt. Y precisamente porque toma en serio esa noción de “visita”, este libro ignorará el objetivo de construir una “historia general de los brasileños” para concentrarse en la idea de que la biografía puede ser otro buen camino para intentar comprender a Brasil desde una perspectiva histórica: conocer los numerosos eventos que afectaron nuestras vidas, y de tal modo, que aún continúan vigentes en la agenda actual.
Una biografía es la evidencia más elemental de la profunda conexión existente entre las esferas pública y privada, que sólo estando articuladas consiguen componer el tejido de una vida y volverla real para siempre. Escribir sobre la vida de nuestro país implica cuestionar los episodios que conforman su trayectoria en el tiempo y escuchar lo que tienen para decirnos sobre las cosas públicas, sobre el mundo y el Brasil donde vivimos —para poder comprender a estos brasileños que somos y a los que deberíamos o podríamos haber sido". (del prólogo)

domingo, 21 de agosto de 2016

aquellos maravillosos hombres que nos hicieron soñar


aquellos maravillosos hombres que nos hicieron soñar
era un vendaval impredecible
incansable todo nervio y acción
una bomba de ideas de proyectos de iniciativas
de nuevas aventuras
convincente
un luchador
rebelde
un referente para muchos de los que le conocíamos
hoy he vuelto a verle después de dos años sin saber de él
algo se había roto
algo profundo esencial
había perdido la fuerza la rebeldía la rabia
nada quedaba del hombre que conocí
sentado en la barra de aquel bar
apalancado a la banqueta
como si una fuerza magnética
tirara de él hacia abajo
y le tuviera atrapado en una tierra extraña y cruel
bebiendo con una tristeza infinita
que venía de algún lugar que solo él conocía
fumando con desgana
para matar el tiempo
y disimular el vacío
empantanado en unas aguas profundas sucias muertas
hablando sin nadie que le escuchara
sin garra
con la mirada ausente sin brillo
los ojos secos la boca seca la piel seca
las manos muertas
el alma muerta
totalmente derrotado
como algo inservible
como algo inevitable
como si no tuviera la menor importancia
como algo natural en el ser humano
                         algo desgarrador en un ser humano


(la fotografía es de Vivian Maier)

sueños de juventud


sueños de juventud
todavía no ha salido del cascarón
vive con sus padres
y cree que todo puede ser hermoso y sencillo
no tiene casi tetas
ni un buen culo
pero sí una cara preciosa
unos ojos castaños brillantes
llenos de vida y esperanza
y una sonrisa contagiosa
y se esmera en chuparla
me cuenta que quiere ser veterinaria
tener un huerto gallinas y una autocaravana
y que yo le parezco un animal salvaje
libre y hermoso
no la desengaño
y dejo que cure mis heridas
y hago todo lo posible
para que su mundo sea hermoso y sencillo
y pueda hacer realidad sus sueños


(la fotografía es de Brooke Shaden)

viernes, 19 de agosto de 2016

dos poemas de Ana Vega en "Repóker de Reinas" (Groenlandia)



Me pesa la pared...
... La casa entera.
Hay tanto espacio.
Me sobra todo.
Me falta
todo.
La casa es un océano desconocido.
El olor de la piel es blanco,
no se parece a nada,
no es nada,
ha perdido toda humanidad.
Ya no distingo
entre la pared
y la carne.
El silencio es brutal. Quema.
Sobrevivir no es salvarse.

En el vértice de tu forma...
... A cuerpo abierto,
te voy adivinando.
en el lugar menos propicio hallo
la consistencia brutal,
el esqueleto mismo,
la respuesta al hombre, la piel,
esa tenue sugerencia íntima
a la anarquía.
y te repaso, y te comparo,
y te huyo dos pasos
porque así, despierto,
te ves, de veras, grande.
No sé si mirar
o cerrar las puertas,
si alejarme
o caer despacio.

Repóker De Reinas (en Calaméo) Antología de poesía. Poemas de: Ana Patricia Moya, Ada Menéndez, Lucía de Fraga, Ana Vega y Layla Martínez. Ilustraciones de Silvia López Cano. Prólogo de José Pastor.

domingo, 7 de agosto de 2016

una vieja historia del oeste americano


una vieja historia del oeste americano
Los fines de semana los pasaba con mi padre. A mi madre le gustaba demasiado la fiesta y los fines de semana prefería no tener cargas familiares. Mi padre me recogía el viernes a la salida del colegio y tenía que llevarme de vuelta a casa de mi madre, el domingo por la tarde. Mi padre hacía todo lo posible para ser el mejor padre del mundo. A mi me gustaba el fútbol y el viernes, nada más terminar de comer, nos íbamos a los campos de fútbol de San Benito. Aunque a mi padre nunca le gustó el fútbol se desvivía para que yo disfrutara. Hacía de portero, entrenador, masajista, representante, arbitro y padre. Pero no se le daba muy bien y llegaba a casa agotado, sudoroso y derrotado. Nos duchábamos e íbamos a un McDonald o a un chino a cenar, después quedábamos con los amigos de mi padre y tomábamos algo en algún bar del centro. Los amigos de mi padre estaban igual que él, separados, pero mi padre parecía el más triste, el más silencioso, el peor vestido y el que más fumaba. Los amigos de mi papa eran aburridos y yo echaba en falta a mi madre, a sus amigos y a sus hijos (mis amigos), siempre alegres, con ganas de reír, jugar y pasarlo bien. 
Los sábados me podía quedar en la cama hasta la hora que quisiera, cuando me levantaba, desayunábamos y salíamos de compras, bueno, más bien a mirar escaparates. Mi papa nunca parecía tener dinero. Mi padre trabajaba de jardinero y según mi madre era un pobretón que nunca llegaría a nada en la vida. Para mi cumpleaños me regaló la equipación completa de la selección española, pero no era la oficial. Me dijo que había mirado en El Corte Ingles y que no había encontrado mi talla. Según mi madre aquello era mentira, la verdad era que no podía pagar los 70 euros que valía la equipación oficial y la había comprado en el mercadillo de los jueves. Para Reyes el novio de mi madre me había regalado la oficial, y yo tenía que recordar a mi madre, cuando me preparaba la bolsa de viaje para el fin de semana, que tenía que meter la que me había regalado mi padre. Me daba un poco de vergüenza que me vieran con una falsificación pero era el regalo de mi papa. Los sábados comíamos en casa -o alguna vez que otra, un arroz en casa de los amigos de mi padre- y después íbamos a jugar al fútbol. Los sábados ya solo hacía de portero y de padre. Por la noche nos quedábamos en casa y mi padre hacía todo lo posible para que yo no me aburriera; partidas de cartas, juegos de ordenador, mirar libros de plantas y jardinería... y siempre acabábamos pidiendo unas pizzas para cenar y viendo alguna película del oeste en el dvd. John Wayne, John Ford, Robert Mitchum, Rio Bravo, Ford Apache, El Dorado, Horizontes Lejanos... eran nombres y títulos que ya formaban parte de mí y que me unían a mi padre. Le encantaban las películas del oeste, disfrutaba como yo con el fútbol, y yo disfrutaba más viéndole disfrutar y escuchando sus comentarios, que viendo aquellas viejas películas de pistoleros y vaqueros.
Los domingos eran días extraños, eran días de espera, un poco de fútbol en el parque (donde mi padre ya solo hacía de padre), un poco de paseo, un poco de bares, unas tapas, un poco de siesta y volver a casa de mi mama. Ya por la noche, en mi cama, antes de quedarme dormido, me imaginaba a mi padre y a mi cabalgando junto a John Wayne, o conduciendo rebaños de vacas junto a Robert Mitchum, o guiando una caravana por llanuras y cañones, o enfrentándonos, solos ante el peligro, a una banda de pistoleros. Y mi padre era el pistolero más rápido del oeste, el mejor padre del mundo. Y el más feliz del mundo. Y yo con él.

un relato de josé pastor

viernes, 5 de agosto de 2016

Jesús Gázquez. dos poemas de Retratos del polvo



Claro
El viejo hortelano se tiende donde se cansa
Las cebollas duermen a cubierto
La tierra se porta bien y hay que darle una tregua
Un día tendrá dónde caerse muerto
Parece tranquilo como una bestia pero gruñe entre dientes
Mañana volverán los hijos
A romper la paz de los recuerdos
Esa nueva clase de hombres no descansa
En su empeño de acercar el mar a las casas
Esa parte de mundo que él nunca logró comprender.


Marinero
Por más que golpees la barra
Con tu dura mano embreada
La noche no saltará por los aires
La camarera nunca va a cruzar
El mundo que os separa
La ola toma la forma que quiere la roca
Ni aunque el mismo mar te bebas
Nunca tendrás tu sirena.


Información para envío de ejemplares:
CREA COMUNICACIÓN INTEGRAL
C/ San Francisco Solano, 7 local.
14550 MONTILLA (Córdoba)
Teléfono 608 22 48 97

jueves, 4 de agosto de 2016

mientras quede un sitio donde agarrarme


mientras quede un sitio donde agarrarme
son mis sueños
estrellas muertas
que se han apagado
pero que su luz tarda miles de años
en llegar a la tierra
son mis sueños
brasas encendidas de una hoguera
que calienta unos amaneceres
en los que el hombre todavía
no conocía el fuego
son mis sueños
mi mejor deseo
mi mejor mentira


las fotografías son de Oriol Angrill Jordá