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lunes, 11 de diciembre de 2017

"Manifiesto Redneck" Jim Goad. (reseña de David Torres)

"Manifiesto Redneck" Jim Goad (Dirty Works Editorial)

Manifiesto redneck

Me crié en un barrio pobre de Madrid, en el seno de una familia obrera, y aunque no he pasado hambre un solo día de mi vida, tengo un conocimiento muy preciso de lo que significa ese concepto, quizá porque lo oí muchas veces a lo largo de mi infancia. “Niño, tú no sabes lo que es pasar hambre” o “Ya verás cuando llegue el año del hambre”, eran admoniciones típicas de mis padres a la hora de sentarnos a la mesa. Ellos podían decirlo con conocimiento de causa: habían conocido el hambre de primera mano gracias a la generosidad de la posguerra. Esa resonancia genética me incapacita para hacer una lectura impersonal del Manifiesto redneck de Jim Goad, un libro que me ha revuelto las tripas, probablemente el ensayo político más urgente, provocador y necesario que he leído nunca. Y, desde luego, el más divertido.
Más que un libro, Manifiesto Redneck es dinamita, rabia en estado químicamente impuro, un desvelamiento radical, paso a paso y puñetazo a puñetazo, del secreto más sucio de los Estados Unidos. Que no es el racismo, esa vergüenza a voces, ese mantra repetido a todas horas, día y noche, sino el clasismo. Goad demuestra sin la menor sombra de duda que el color nunca ha sido el problema, que la distancia entre un negro pobre y un blanco pobre es infinitesimal comparada con la que va de un mendigo a un millonario. Que la esclavitud no es una cuestión racial sino un estigma de clase, que los siervos medievales europeos de los que proceden los rednecks y los hillbillies no se diferenciaban gran cosa de los esclavos negros arrancados de sus tierras y hacinados en barcos a través del Atlántico. Que muchedumbres de jóvenes de piel blanca también fueron secuestrados en las calles de Londres y traídos contra su voluntad en bodegas malolientes. Que a veces solía pasar que un siervo blanco fuese peor tratado que un esclavo negro, puesto que no se trataba de una propiedad sino de una herramienta a plazos que el amo podía usar y tirar sin remordimientos. Habla de niños sin futuro no en otro continente o en otra época sino al doblar la esquina, de tribus hambrientas con tu mismo color de piel acampando en la periferia de las ciudades. Habla del fantasma que recorre Estados Unidos, el que sigue recorriendo Europa, Asia y África, el que intentaron conjurar en vano Marx, Francisco de Asís o Espartaco:
“Trabajo libre” es un oxímoron y sólo los imbéciles creen que algo así puede existir. Es imposible trabajar para otro y ser a la vez libre. La mayoría de la gente es libre de tomar una decisión una sola vez en su vida: trabajar o morirse de hambre.
Publicado originalmente en 1997, el libro de Jim Goad resulta profético en varios sentidos: anuncia la gran estafa inmobiliaria que se formaba en el horizonte y explica, desde el desmoronamiento y la hipocresía secular del partido demócrata, la presencia de un patán obsceno como Donald Trump en la Casa Blanca. Y lo hace echando sal en las heridas, desvelando la codicia y la hipocresía de santones intocables como Abraham Lincoln o George Washington. Entre muchas otras lecciones históricas impagables (aparte de sacar a la luz el arbol genealógico de los rednecks desde los campesinos europeos y los siervos de la gleba) está la incómoda verdad de que, al término de la Guerra de Secesión, republicanos y demócratas promovieron un enfrentamiento racial que llega hasta nuestros días. Mientras los republicanos armaban a los negros bajo la égida de la venganza y los demócratas se organizaban bajo las capuchas y antorchas del Ku-Klux-Klan, sólo hubo una fuerza política que hacia 1890 intentó superar las diferencias de raza y abogar por la igualdad y la justicia social: el Partido del Pueblo. Los populistas, nacidos de la conjunción de dos sindicatos. Sí, chavales, hasta en eso nos han tomado el pelo.
Goad escribe con fuego y queroseno, revelando la ira creciente y el rencor de una clase social injuriada y repudiada con total impudicia desde cualquier perímetro social: los blancos pobres, los hillbillies, los rednecks, los hicks, la basura blanca. Como si ellos tuvieran la culpa de ser pobres, de apenas saber leer o de no poder costearse un seguro médico. Como si fuesen sus antepasados los dueños de las plantaciones que se enriquecían con esclavos. A base de escupitajos, Goad va demoliendo uno por uno los grandes tabúes de la izquierda exquisita y de la corrección política, quitándoles la careta a los hipsters, a los hippies, a los progres y a todos esos voceros que denuncian la segregación en las barriadas de Brooklyn mientras ellos se parapetan en los apartamentos más caros de Central Park, bien lejos de cócteles raciales:
Culpan a la blancura cuando tendrían que culpar a la codicia. Culpan a la masculinidad cuando tendrían que culpar al poder. En lugar de desvelar la verdadera arquitectura de la intolerancia se limitan a darle una nueva mano de pintura.
Es cierto, yo no tengo la menor idea de lo que es ser un redneck, ni he vivido jamás en una caravana, ni he destilado whisky en una colina de los Apalaches, pero algo sé sobre deslomarse en un vivero para ganar unos duros, cargar cajas de libros escaleras arriba o patear las calles cobrando recibos de puerta en puerta. Quizá no signifique gran cosa como experiencia laboral, pero sí la suficiente como para comprender lo afortunado que soy ahora que me gano la vida mal que bien dándole a la tecla. La suficiente para atisbar la impostura cuando pretende darme lecciones un hijo de papá o un pijo certificado que se encuentra a varias generaciones de la experiencia metafísica del hambre. No tengo la nuca roja de inclinarme con el azadón de sol a sol a labrar la tierra, pero sé de sobra lo que es el miedo a que la pasta a fin de mes no alcance. Todavía lo sé, todavía lo siento. Cuidado con este libro porque podrías encontrarte en él, en el eslabón de un tatarabuelo tuyo escardando cebollinos en un páramo de Castilla. Podrías descubrir que tú también eres basura blanca. Podrías echar cuentas y calcular que no hay mucha distancia entre un negrata de Los Angeles, un gitano de Bucarest y una poligonera de Vallecas. Podrías espabilar y cabrearte mucho.

viernes, 1 de diciembre de 2017

La vida salvaje. Iván Rojo

"La vida salvaje" Iván Rojo (Rasmia Ediciones)

Iván Rojo tiene la habilidad de convertir los actos cotidianos de la vida (un día de trabajo en la oficina o en el taller, una visita al zoo, una tarde de cine, una celebración de cumpleaños...) en historias donde la realidad supera la ficción y la ficción da matices a la sucia realidad.
Con una mirada certera, exhaustiva y humana,  y con un estilo directo, impecable y poético, Iván Rojo disecciona la realidad y la vida con precisión, habilidad e instinto. "La vida salvaje" recoge relatos y poemas que reflejan la grandeza y la miseria de la gente corriente. Historias y poemas que son un retrato certero de la vida, vida que a veces nos lo pone difícil, pero por la que merece la pena luchar, porque es lo único que tenemos. Y escribimos y brindamos por ello. "Mal que bien aquí estoy, manteniendo el tipo./ Y me  siento discretamente orgulloso./ Así que brindo, sí. Claro que brindo./ Porque me lo merezco./ Igual que tú. No lo olvides nunca./"


El grito del gorila
Mucho antes de que esta ciudad se convirtiera en destino de cruceristas rusos y japoneses y de que su zoo fuera uno de esos tan modernos sin barrotes visibles y supuestamente dignos a ojos del visitante medio, el zoo de Valencia era una especie de cárcel llena de animales viejos y abatidos. Un geriátrico para fieras. Un sucio campo de exterminio. Yo iba con mi padre algunos domingos y sobre todo me acuerdo del gorila. Siempre sentado en su inmunda jaula, con legiones de moscas detrás de las orejas, de espaldas al público. La gente, también yo, le arrojaba cacahuetes y chucherías. Rebotaban en su espalda y en su cabeza y caían a su lado, pero el gorila ni se inmutaba. Aguantaba estoicamente la humillante lluvia durante horas. Hasta que de pronto se levantaba de un salto, cogía del suelo alguna de sus mierdas y la lanzaba con rabia hacia la gente. Entonces se quedaba un rato de pie, sacudiendo brutalmente los barrotes de su celda y mirando desafiante a los domingueros, mostrando al mundo aquel par de cojones como de cuero negro, enseñando sus colmillos amarillos, rugiendo como un terremoto vivo. Luego volvía a sentarse de espaldas a los visitantes, volvía a su condena. Su cuidador decía que estaba loco. Yo pensaba que el pobre bicho simplemente estaba harto de ser un mono de feria. Y que yo también lanzaría mi mierda al mundo si estuviera en su situación y fuera todo cuanto tuviera para defenderme y atacar. Puede que por eso haya acabado escribiendo.  


Eterno aspirante al título
Un ojo morado.
El otro hinchado,
semicerrado.
La nariz rota
varias veces,
el tabique
desviado.
El labio partido.
Un pómulo
astillado.
Y sangre
entre los dientes.
Si tu vida
tuviera cara,
a estas alturas
del combate
estaría
hecha un mapa.
¿Qué esperabas?
Viniste aquí
para pelear
con el campeón
mundial
de los pesados.
Viniste aquí
para darte
de hostias
con el mundo.
Te va a doler,
no lo dudes.
Pero más te vale
disfrutarlo.
Porque después
de la campana
del último asalto,
no hay nada.
Ni focos, ni flashes,
ni ánimos,
ni abucheos,
ni público.
Ni siquiera dolor.
Nada más que
un K.O. oscuro
como el olvido y
las estrellas muertas.
Así que esquiva,
faja, baila
y golpea.
Mientras puedas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

La tribu del abecedario. Juan Cruz López

"La tribu del abecedario" Juan Cruz López (Piedra Papel Libro)

La tribu del abecedario es una banda armada de poesía. Sus miembros son jóvenes que escriben como una forma de sobrevivir en un mundo hostil. Son jóvenes valientes, luchadores que llevan la lucha más allá de la literatura, que celebran la noche, la rebeldía, la libertad, la vida. Poetas que fuerzan la puerta del paraíso para deambular por el infierno, que se enfrentan a sus miedos, que pelean, que sueñan, que comparten, que levantan el puño. Poetas que entienden la poesía como un acto vital, como un compromiso, como un acto revolucionario.
"La banda del abecedario" de Juan Cruz, narra en primera persona, las historias, los testimonios, las voces, las luchas y su forma de enfrentarse a la vida y a la poesía, de veintiséis de sus miembros. "La banda del abecedario" podía ser un manifiesto poético de una poesía rebelde, comprometida y libertaría, pero los poetas hiperviolentos de la tribu del abecedario no tienen manifiestos, ni juramentos, ni leyes, ni amos, ni reglas, ni futuro. Son poetas que no va a ningún sitio pero caminan con sus propios pasos y su propia voz. Su poesía está al margen porque es libre.
"La tribu del abecedario" de Juan Cruz López, es un libro fronterizo, poético, que se sumerge tanto en el relato testimonial y generacional, como en la prosa poética y la biografía. En todos los personajes de "La tribu del abecedario" hay algo de Juan Cruz, un tipo que con su narrativa, su poesía, su editorial y su tribu, intenta dinamitar la poesía y la vida. Y lo está consiguiendo.  Porque es necesario que existan tribus del abecedario.

.... Era malo como todos los poetas malos. Era bueno como todos los poetas buenos. Mis poemas podrían sacar de quicio a cualquier lector profesional. Escribía con una convicción sincera, con una actitud a veces casi mística. No era lo importante publicar sino darle una salida a nuestro instinto de supervivencia. Éramos jóvenes, valientes y -como decía al principio- quizá malos poetas, pero le hincamos el diente a nuestros días con fruición y eso fue más que suficiente.  

Sobre La tribu del abecedario por  Sergio R. Franco. Texto leído en la presentación de "La tribu del abecedario" de Juan Cruz López (Jaén, 18 de noviembre de 2017)

martes, 28 de noviembre de 2017

Layla Martínez y José Pastor en "La Tormenta"

"La Tormenta" nº1 (2017). panfleto de periocidad irregular para arasarlo todo. con Antonio Orihuela, Layla Martínez, Manuel Lombardo Duro, Jorge Riechmann, José Pastor González, Vanessa Basurto, Jordi Maiz y Juan Cruz López.  (Piedra Papel Libros y Calumnia Ediciones)


De lo que le dije a Víctor Serge en una prisión de Petrogrado

Esta no es nuestra casa, Víctor,

esta no será nunca nuestra casa.

Este es solo el hogar

de los incendios y las orquídeas,

el lugar donde enterramos 

decenas de caballos

en un agosto terrible,

donde dormimos entre los lirios

y lloramos por los fusiles

que nos habían arrebatado.


Nosotros, que no reconocemos

los tribunales de los justos

ni acatamos ninguna de sus leyes,

solo podemos comprar la libertad

con los cantos de los caimanes, Víctor,

pero hasta los caimanes enmudecen

con las crueles enfermedades del abismo.


Por qué no fuimos feroces,

por qué no asesinamos

con nuestras propias manos

a los hermosos adolescentes

que teorizaban sobre la revolución,

por qué les concedimos el don de la locura

y les llenamos el pecho de amapolas.


Esta no es nuestra casa, Víctor,

esta no será nunca nuestra casa.

Este es solo el lugar

donde los días fueron atroces

y nos molieron a golpes,

donde me trenzaste el cabello

en señal de luto

y nuestro lecho se llenó de cenizas.


Marchémonos de aquí, Víctor,

no estamos destinados

a morir entre la nieve.

Para nosotros está reservada

la única muerte que es luminosa. 

[del poemario inédito "Cineraria" de Layla Martínez] 




premios literarios

quedaros con la esencia

con los pensamientos puros

con la custodia del arte

con la belleza y otras lindezas

con la estética y la ética

con lo divino y lo humano

con la sabiduría, el reconocimiento

la gloria, la fortuna, el amor y las riquezas

yo vengo a llevarme la bolsa

de ropa sucia 


[de "alguien tiene que limpiar la mierda" de José Pastor. (ediciones RaRo)] 



saltad la banca
la lucha más honesta
es la de los que no tienen nada que ganar 


  [de "Cuaderno de veredas" de José Pastor. (Piedra Papel Libros)]

domingo, 26 de noviembre de 2017

reseña "Vidas a la intemperie" Marc Badal

"Vidas a la intemperie" de Marc Badal está dividida en tres partes. En la primera parte "Los otros y los campesinos" se recogen opiniones, historias, teorías, citas... sobre la visión que se ha tenido y se tiene del campesinado. Visión que va desde el desprecio o el insulto, hasta la idealización y las buenas intenciones, pasando por tabúes, tópicos o ignorancia. En la segunda parte "Los campesinos y el mundo" se intenta aclarar las características del mundo campesino, acercándose teóricamente a la visión que la gente de campo tiene de sí misma. La tercera parte "Mundo clausurado" es una crítica fundamentada, al actual modelo productivo agrícola, basado en el monocultivo, y una apuesta por la biodiversidad y por una agricultura respetuosa con el medio y el ser humano. "Vidas a la intemperie" es un ensayo que propone, que da pistas, que cuestiona, que teoriza, que busca el debate, para intentar mantener un mundo rural vivo (con sus gentes, sus paisajes, sus miradas, sus voces, sus costumbres, su visión).
"Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino" (pepitas ediciones & cambalache)

AC/DC. homenaje a Malcolm Young

homenaje a Malcolm Young. El sótano (radio3)